12 ene 2019
Un sueño hecho realidad.................................. Boris Izaguirre....
Cuando ves de cerca a Corinna te das cuenta de que es como los Alpes, un desafío.
Nos ha sorprendido a todos el comunicado de los abogados de Carlota Casiraghi desmintiendo rotundamente la separación
entre ella y el padre de su segundo hijo.
Noticia, ahora falsa, de la que escribimos la semana pasada guiados por nuestra preocupación por Carlota y por Mónaco.
Los hemos visto crecer, además ella me saludó de esa manera inolvidable aquella noche en el Thyssen, son muchas razones para que nos alegremos de que la separación era un rumor infundado.
Pero igual me preocupó la carta que le escribió el excomisario Villarejo al presidente Sánchez, reconociéndose ansioso por salir de prisión y amenazando con ocasionar la desestabilización “de las más altas instituciones del Estado”.
Por un momento, Villarejo me recordó a Lex Luthor, ese malísimo archienemigo de Superman que poseía todas las cualidades entre la demencia y la lógica con las que Marvel envuelve a sus mejores malhechores.
Pero también pensé en Pedro Sánchez, que ya tiene tanto lío y ahora tiene que agregar a Villarejo y su argumento de que todo lo que hizo, y ganó, fue por y para el país.
“Siempre he pensado que un hombre no es un hombre si no defiende a su país”,
escribe en un rapto casi napoleónico.
Releyendo la misiva, Villarejo luce como el primero de los llamados presos vips que se muestra ofendido por su situación y se rebela.
Esperemos que su ejemplo no cunda y la presidencia no se vea envuelta en una relación epistolar con Bárcenas, González, Rato, Urdangarin o Zaplana.
La diferencia de Villarejo con otros presos es ese archivo de más de un millón de notas sobre un número ignoto de personalidades. Imagino que estoy entre ellos porque si no me va a dar algo.
Y aunque no le envidio lo de estar en prisión, sí que me habría gustado tener esa agenda tan prometedora y tan repleta de vips. ¡Eso es una agenda!
Desde que el pequeño Nicolás hasta la princesa Corinna, todo por la patria.
Lo que le falló a Villarejo, quizás por una educación machista, fue creer que la princesa Corinna, por ejemplo, no iba a ser más lista que él. Es que muchos hombres de su generación no pueden creer que una mujer guapa pueda estar a su altura.
Cuando ves de muy cerca a Corinna, como me pasó a mí en el 2014 en Miami, te das cuenta de que es como los Alpes, un desafío. Bella. Fría. Peligrosa.
Intuyes que lo que se queda entre sus valles solo se descubre con el deshielo.
Ahora todo está bien en Mónaco.
Noticia, ahora falsa, de la que escribimos la semana pasada guiados por nuestra preocupación por Carlota y por Mónaco.
Los hemos visto crecer, además ella me saludó de esa manera inolvidable aquella noche en el Thyssen, son muchas razones para que nos alegremos de que la separación era un rumor infundado.
Pero igual me preocupó la carta que le escribió el excomisario Villarejo al presidente Sánchez, reconociéndose ansioso por salir de prisión y amenazando con ocasionar la desestabilización “de las más altas instituciones del Estado”.
Por un momento, Villarejo me recordó a Lex Luthor, ese malísimo archienemigo de Superman que poseía todas las cualidades entre la demencia y la lógica con las que Marvel envuelve a sus mejores malhechores.
Pero también pensé en Pedro Sánchez, que ya tiene tanto lío y ahora tiene que agregar a Villarejo y su argumento de que todo lo que hizo, y ganó, fue por y para el país.
“Siempre he pensado que un hombre no es un hombre si no defiende a su país”,
escribe en un rapto casi napoleónico.
Releyendo la misiva, Villarejo luce como el primero de los llamados presos vips que se muestra ofendido por su situación y se rebela.
Esperemos que su ejemplo no cunda y la presidencia no se vea envuelta en una relación epistolar con Bárcenas, González, Rato, Urdangarin o Zaplana.
La diferencia de Villarejo con otros presos es ese archivo de más de un millón de notas sobre un número ignoto de personalidades. Imagino que estoy entre ellos porque si no me va a dar algo.
Y aunque no le envidio lo de estar en prisión, sí que me habría gustado tener esa agenda tan prometedora y tan repleta de vips. ¡Eso es una agenda!
Desde que el pequeño Nicolás hasta la princesa Corinna, todo por la patria.
Lo que le falló a Villarejo, quizás por una educación machista, fue creer que la princesa Corinna, por ejemplo, no iba a ser más lista que él. Es que muchos hombres de su generación no pueden creer que una mujer guapa pueda estar a su altura.
Cuando ves de muy cerca a Corinna, como me pasó a mí en el 2014 en Miami, te das cuenta de que es como los Alpes, un desafío. Bella. Fría. Peligrosa.
Intuyes que lo que se queda entre sus valles solo se descubre con el deshielo.
Ahora todo está bien en Mónaco.
Pero no así en Malasia, que también
es una monarquía, pero rotatoria, y federal, de manera que cada cinco
años se elige a un rey diferente para que todas las poblaciones del país
estén representadas.
Resulta una solución innovadora que podría
estudiar José Antonio Zarzalejos.
Es una monarquía electoral que, como
todas las otras monarquías del mundo, funciona bastante bien hasta que
el amor se interpone. El actual monarca, Mohamed V de Kelantan, se ha enamorado y casado con una modelo rusa, Oksana Voevodina,
que ostenta el título de Miss Moscú 2015.
Con ese título, ese
matrimonio ha generado recelos y cierta amenaza sobre la feliz monarquía
rotatoria.
Por eso, finalmente, Mohamed abdicó la semana pasada, dos años antes de lo programado.
Por supuesto se ha señalado a Oksana como la causante, porque la
integración como reina de Malasia no cuajaba.
Lo que se puede traducir
en que mandaba mucho, un poco como le pasa a Meghan Markle. Imagino que
al disponer de menos tiempo de reinado la integración debería haber sido
más rápida.
Pero no pudo ser.
Asumo estas noticias en la antigua ciudad de Pompeya.
Un sueño hecho realidad, desde los ocho años quise pisar Pompeya.
De ella me atrae todo: su perfecta urbanidad con gimnasios, termas y tiendas.
Y también un lupanar donde se exhibían, como un catálogo, todas las posturas eróticas en oferta.
Estaba allí, de pie, en lo que fuera su Ayuntamiento, rodeado de columnas rotas, pensando en Carlota, Villarejo y el Rey emérito cuando una hoja de The New York Times voló hacia mis pies. Informaba de que los estudios sobre los cantos de las ballenas se han vuelto más fiables y, por eso, es posible confirmar que las ballenas jorobadas cantan para seducir a su amante.
Al analizar las grabaciones han descifrado su lenguaje. O sea, conversaciones.
Antiguas y recientes conversaciones que ahora salen a la luz.
Un sueño hecho realidad, desde los ocho años quise pisar Pompeya.
De ella me atrae todo: su perfecta urbanidad con gimnasios, termas y tiendas.
Y también un lupanar donde se exhibían, como un catálogo, todas las posturas eróticas en oferta.
Estaba allí, de pie, en lo que fuera su Ayuntamiento, rodeado de columnas rotas, pensando en Carlota, Villarejo y el Rey emérito cuando una hoja de The New York Times voló hacia mis pies. Informaba de que los estudios sobre los cantos de las ballenas se han vuelto más fiables y, por eso, es posible confirmar que las ballenas jorobadas cantan para seducir a su amante.
Al analizar las grabaciones han descifrado su lenguaje. O sea, conversaciones.
Antiguas y recientes conversaciones que ahora salen a la luz.
La herencia sentimental de Palomo Linares desata la ‘guerra’ familiar
Los hijos del torero fallecido en abril de 2017, enfrentados por la compra de la finca El Palomar.
El intento de compra de la finca El Palomar por uno de los hijos del diestro fallecido Sebastián Palomo Linares a sus actuales propietarios, los hermanos Lozano (Pablo, José Luis y Eduardo), parece que ha abierto un nuevo enfrentamiento entre los tres descendientes
del torero, Sebastián, Miguel y Andrés, que no mantienen buenas
relaciones entre ellos, como ya se puso de manifiesto en el entierro de
su padre, fallecido el 24 de abril de 2017.
Al parecer, Miguel, el hijo mediano –un exitoso empresario inmobiliario– habría decidido comprar la finca que su padre adquirió en 1981 y que años más tarde se vio obligado a vender a los hermanos Lozano –ganaderos, empresarios, apoderados taurinos y protectores del torero desde sus inicios– para hacer frente a los embargos de dos entidades bancarias y de la Agencia Tributaria.
No obstante, el torero y su familia mantuvieron allí su residencia por deferencia de los nuevos propietarios, por lo que El Palomar –que consta de 72 hectáreas de terreno y una vivienda de 1.335 metros cuadrado, situada a 60 kilómetros de Madrid, entre Seseña y Aranjuez– forma parte sustancial de la vida de los tres hermanos.
La venta de la finca ha sido confirmada por los hermanos Lozano, dueños desde 1997, pero esta herencia sentimental se ha convertido en un nuevo motivo de guerra entre los vástagos de Palomo Linares.
Se desconoce el precio de la transacción, pero se ha publicado que podría rondar los cuatro millones de euros.
Antes de que la operación se hiciera efectiva por Miguel Palomo, los otros dos hermanos habrían comprado el 70% entre ambos.
No está claro, entonces, si el problema ha surgido ante un fallido intento de recompra por parte de Miguel a sus hermanos, que podrían haber elevado sus pretensiones económicas.
Sea como fuere, lo cierto es que los problemas vuelven a aparecer en el seno de una familia golpeada por el infortunio provocado por una tempestuosa separación matrimonial de una pareja aparentemente modélica entre un torero famoso, Sebastián Palomo Linares, y una colombiana, Marina Danko, heredera de una fortuna cafetera y aficionada a las joyas.
“Palomo carecía de patrimonio; cuando murió solo tenía a su nombre una modesta cuenta bancaria; vivía en El Palomar por decisión de sus propietarios, los hermanos Lozano, y sus ingresos se limitaban a su trabajo como pintor y a sus colaboraciones en la televisión de Castilla-La Mancha; sus hijos no tendrán herencia que repartir”.
Este era el testimonio de una persona del entorno del torero en las fechas posteriores a su fallecimiento.
Palomo Linares había muerto días antes de cumplir los 70 años, disfrutaba con la pintura y sonreía al lado de la jueza Concha Azuara, la mujer con la que mantenía una relación sentimental desde hacía cuatro años.
Pero esa sonrisa del torero escondía una triste pesadilla.
Conoció a Marina –hija de un jugador de fútbol húngaro, Inre Danko, que se casó con la hija del rey del café de Colombia– en 1970 cuando la colombiana, de solo 15 años, estaba de vacaciones con sus padres en Palma de Mallorca.
A pesar de la oposición familiar, la historia de amor acabó en boda el 26 de abril de 1977 en la iglesia madrileña de Los Jerónimos ante una multitud de invitados.
El matrimonio –una de las parejas más glamurosas del panorama social español– se separó en 2011, 34 años después, aquejado por graves problemas económicos, y los esposos se convirtieron en enemigos irreconciliables.
El conflicto familiar afectó a la relación del torero con sus tres hijos, con los que mantuvo un trato conflictivo desde entonces.
“He sido siempre radical y mal perdonador”, confesó el torero en mayo de 2015, cuando se descubrió en la plaza de toros madrileña un azulejo que recordaba el rabo que cortara en ese ruedo en mayo de 1972.
En aquel acto se mostró como un hombre de fuerte carácter y amor propio, avispado y rebelde, nada fácil, aparentemente, para la convivencia.
“Quien me hace una faena me la hace para toda la vida, porque no doy segundas oportunidades”, insistió.
Algunos de sus amigos aportaron entonces más datos de su personalidad: fue un hombre generoso y manirroto también; un mal gestor de su patrimonio, que no acertó en sus inversiones empresariales y recibió con frecuencia los requerimientos de Hacienda.
Este comportamiento del torero y el modo “muy diferente de ver la vida” que tenía los miembros del matrimonio, según sus allegados, podrían explicar que tuvieran que vender El Palomar a sus padres adoptivos, los hermanos Lozano, y que dilapidaran la fortuna que Palomo Linares ganó en los ruedos.
La historia no tuvo un final feliz.
Se acabó el amor de la pareja, los tres hijos pagaron las consecuencias de los problemas familiares y ellos mismos ampliaron las desavenencias con enfrentamientos personales.
Palomo murió inesperadamente cuando la sonrisa volvía a su semblante, sin patrimonio y enfrentado a su familia.
Ahora, sus descendientes quieren recuperar la memoria sentimental de sus vidas, pero parece que las heridas les impiden recomponer la convivencia.
Al parecer, Miguel, el hijo mediano –un exitoso empresario inmobiliario– habría decidido comprar la finca que su padre adquirió en 1981 y que años más tarde se vio obligado a vender a los hermanos Lozano –ganaderos, empresarios, apoderados taurinos y protectores del torero desde sus inicios– para hacer frente a los embargos de dos entidades bancarias y de la Agencia Tributaria.
No obstante, el torero y su familia mantuvieron allí su residencia por deferencia de los nuevos propietarios, por lo que El Palomar –que consta de 72 hectáreas de terreno y una vivienda de 1.335 metros cuadrado, situada a 60 kilómetros de Madrid, entre Seseña y Aranjuez– forma parte sustancial de la vida de los tres hermanos.
La venta de la finca ha sido confirmada por los hermanos Lozano, dueños desde 1997, pero esta herencia sentimental se ha convertido en un nuevo motivo de guerra entre los vástagos de Palomo Linares.
Se desconoce el precio de la transacción, pero se ha publicado que podría rondar los cuatro millones de euros.
Antes de que la operación se hiciera efectiva por Miguel Palomo, los otros dos hermanos habrían comprado el 70% entre ambos.
No está claro, entonces, si el problema ha surgido ante un fallido intento de recompra por parte de Miguel a sus hermanos, que podrían haber elevado sus pretensiones económicas.
Sea como fuere, lo cierto es que los problemas vuelven a aparecer en el seno de una familia golpeada por el infortunio provocado por una tempestuosa separación matrimonial de una pareja aparentemente modélica entre un torero famoso, Sebastián Palomo Linares, y una colombiana, Marina Danko, heredera de una fortuna cafetera y aficionada a las joyas.
“Palomo carecía de patrimonio; cuando murió solo tenía a su nombre una modesta cuenta bancaria; vivía en El Palomar por decisión de sus propietarios, los hermanos Lozano, y sus ingresos se limitaban a su trabajo como pintor y a sus colaboraciones en la televisión de Castilla-La Mancha; sus hijos no tendrán herencia que repartir”.
Este era el testimonio de una persona del entorno del torero en las fechas posteriores a su fallecimiento.
Palomo Linares había muerto días antes de cumplir los 70 años, disfrutaba con la pintura y sonreía al lado de la jueza Concha Azuara, la mujer con la que mantenía una relación sentimental desde hacía cuatro años.
Pero esa sonrisa del torero escondía una triste pesadilla.
Conoció a Marina –hija de un jugador de fútbol húngaro, Inre Danko, que se casó con la hija del rey del café de Colombia– en 1970 cuando la colombiana, de solo 15 años, estaba de vacaciones con sus padres en Palma de Mallorca.
A pesar de la oposición familiar, la historia de amor acabó en boda el 26 de abril de 1977 en la iglesia madrileña de Los Jerónimos ante una multitud de invitados.
El matrimonio –una de las parejas más glamurosas del panorama social español– se separó en 2011, 34 años después, aquejado por graves problemas económicos, y los esposos se convirtieron en enemigos irreconciliables.
El conflicto familiar afectó a la relación del torero con sus tres hijos, con los que mantuvo un trato conflictivo desde entonces.
“He sido siempre radical y mal perdonador”, confesó el torero en mayo de 2015, cuando se descubrió en la plaza de toros madrileña un azulejo que recordaba el rabo que cortara en ese ruedo en mayo de 1972.
En aquel acto se mostró como un hombre de fuerte carácter y amor propio, avispado y rebelde, nada fácil, aparentemente, para la convivencia.
“Quien me hace una faena me la hace para toda la vida, porque no doy segundas oportunidades”, insistió.
Algunos de sus amigos aportaron entonces más datos de su personalidad: fue un hombre generoso y manirroto también; un mal gestor de su patrimonio, que no acertó en sus inversiones empresariales y recibió con frecuencia los requerimientos de Hacienda.
Este comportamiento del torero y el modo “muy diferente de ver la vida” que tenía los miembros del matrimonio, según sus allegados, podrían explicar que tuvieran que vender El Palomar a sus padres adoptivos, los hermanos Lozano, y que dilapidaran la fortuna que Palomo Linares ganó en los ruedos.
La historia no tuvo un final feliz.
Se acabó el amor de la pareja, los tres hijos pagaron las consecuencias de los problemas familiares y ellos mismos ampliaron las desavenencias con enfrentamientos personales.
Palomo murió inesperadamente cuando la sonrisa volvía a su semblante, sin patrimonio y enfrentado a su familia.
Ahora, sus descendientes quieren recuperar la memoria sentimental de sus vidas, pero parece que las heridas les impiden recomponer la convivencia.
El riesgo de suicidio se multiplica tras un diagnóstico de cáncer
Un análisis de más de cuatro millones y medio de pacientes muestra que las posibilididades de autolesión son mayores en pacientes con cáncer de páncreas o pulmón.
El riesgo de que una persona se suicide en el primer año después de recibir un diagnóstico de cáncer se multiplica por 2,5 respecto a la población normal.
Los resultados, publicados en la revista CANCER, muestran también diferencias dependiendo del tipo de tumor.
El mayor incremento se observó en los de páncreas y los de pulmón y algo menos en el colorrectal.
En otros tipos de cáncer con mejor diagnóstico, como el de próstata o el de mama, no se observó un incremento significativo del riesgo de suicidio.
La concienciación entre los médicos para vigilar el riesgo de suicidio y dirigir [a los enfermos] a los profesionales de salud mental es importante para mitigar ese riesgo y salvar vidas, especialmente durante los primeros seis meses tras el diagnóstico”, apuntó Alfaar. “Además, los familiares y los cuidadores deben ser entrenados para proporcionar apoyo a sus parientes enfermos”, ha añadido.
En España, donde se registran alrededor de 3.600 suicidios al año, no se ha cuantificado cuántos de ellos pueden ser achacables a un diagnóstico de cáncer.
Sin embargo, según explica Ruth Vera, presidenta de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), los médicos toman en cuenta ese riesgo.
“Cuando hacemos la primera visita en el servicio de oncología, se tienen en cuenta los antecedentes médicos del paciente, incluidos los antecedentes psiquiátricos, si ha tenido depresión, por ejemplo”, explica.
“Y cada vez se incorpora más la figura del psicooncólogo, no solo por el tema del suicidio sino por todo el impacto emocional que puede tener un diagnóstico de este tipo”, añade.
“Hay personas que quieren luchar más que otras después de recibir el diagnóstico, pero después de muchos años, cuando hay mucho sufrimiento, se produce un agotamiento, porque el dolor desgasta mucho”, continúa.
“Las personas van cambiando y hay que adaptarse”, señala.
La forma de afrontar el cáncer, que hasta hace no tanto era
un monstruo innombrable, ha cambiado y eso puede mitigar su impacto
emocional.
“Cada vez hay más cultura.
Hace quince o veinte años te
encontrabas a mucha gente que te pedían que no les informases, que no
explicases, que tomases la decisión que mejor te pareciese, pero sin
decir nada.
Casi pedían que no se nombrase la palabra cáncer o la
palabra quimio”, recuerda Vera.
“Todavía se dan casos así, pero el
paciente tiene cada vez más información y participa más en el proceso de
decisión”, indica.
Tanto Vera como Rodríguez consideran que el problema es
importante y recalcan que el apoyo psicológico es fundamental, sin
embargo, ninguna de las dos especialistas, con amplia experiencia, han
vivido muchos casos de suicidio entre sus pacientes.
Vera cree que habrá
tenido uno o dos casos en toda su carrera y Rodríguez no recuerda
ninguno.
“En una ocasión, hubo un paciente al que vi mal y yo misma le
acompañé a urgencias para asegurarme de que no se hiciese daño”,
concluye.
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