Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

8 ene 2019

El arcoíris que pintan las series........................... Natalia Marcos

El debate sobre el tono homófobo de 'Friends' está abierto. ¿Cómo ha cambiado el retrato del colectivo LGTBQ en la ficción televisiva?.

Fotograma del episodio de 'Friends' en el que dos mujeres se casan, emitido en enero de 1996. Fotograma del episodio de 'Friends' en el que dos mujeres se casan, emitido en enero de 1996

En 2004, tras 10 temporadas, Friends se despidió en la cadena NBC dejando atrás una serie que marcó época y al grupo de amigos más mítico de la televisión.
 Han pasado 14 años desde entonces, pero las vidas de Rachel, Monica, Phoebe, Ross, Joey y Chandler siguen despertando interés y alimentando debates.

La televisión ha cambiado y también sus espectadores, pero Friends permanece como una de las comedias más populares —es una de las series más vistas en Netflix—, y no solo por la nostalgia. Muchos espectadores que no la vieron en su momento se están acercando a ella ahora
Y han descubierto un programa que, como con los productos culturales, es hijo de su tiempo, con todo lo que eso conlleva.
 En un vídeo titulado Homophobic Friends, la cineasta Tijana Mamula recopiló en 2011 muchos de los chistes y situaciones homófobas de la serie.
 Y no son pocos: el vídeo, disponible en YouTube, dura casi una hora. 
La exmujer lesbiana de Ross o el padre transgénero de Chandler dan lugar a recurrentes chistes poco apropiados. 
 Sin embargo, la periodista Kelsey Miller defiende en su libro I’ll Be There For You. The One about Friends (Hanover Square Press) que esas bromas son fruto del momento social en el que se emitió la serie.
Miller destaca en su libro que en Friends se vio la primera boda entre dos mujeres en horario de máxima audiencia en Estados Unidos. 
Fue el 11 de enero de 1996, en el capítulo que recogía el enlace entre Carol, exmujer de Ross (y madre de su hijo), y Susan, un episodio que fue visto por casi 32 millones de espectadores en directo.
 La cadena NBC, temerosa de la reacción del público, contrató personal extra para atender la centralita en previsión de un aluvión de llamadas de protesta.
 Pero solo dos personas llamaron para quejarse.
La de Friends no fue la primera boda entre personas del mismo sexo en la televisión estadounidense.
 En 1991, la serie Roc, sobre una familia negra residente en Baltimore, mostró el enlace de un tío de la familia que acababa de salir del armario y que dejaba en evidencia la incomodidad del protagonista ante la situación.
 En diciembre de 1995, otra comedia, Roseanne, mostró la boda de un conocido de la protagonista con su pareja hombre en un capítulo con constantes bromas homófobas. 
En el caso de Friends, David Crane, uno de los creadores, aseguró: “No intento que los espectadores se sientan cómodos ni incómodos. Los homosexuales tienen vidas, como cualquiera. 
Y esas bodas son parte de ello”. Como dice Kelsey Miller, el episodio de la boda gay en Friends “se alza como un incómodo recordatorio de un tiempo, no hace tanto, en el que los chistes sobre gais eran mucho más aceptados en la pantalla que la propia gente gay, por no hablar del matrimonio homosexual”.
Mucho han cambiado las cosas desde entonces para los personajes LGTBQ (Lesbianas, Gais, Trans, Bisexuales y Queer —poco usual, en inglés—) en la pequeña pantalla, tanto en el número como en la forma en la que son mostrados.
 El último informe anual de GLAAD (siglas en inglés de la Alianza de Gais y Lesbianas contra la Difamación) correspondiente a la temporada 2018-2019 y publicado el 25 de octubre recoge que en EE UU el 8,8% de los personajes con presencia regular en series de prime time de los principales canales en abierto pertenecen al colectivo LGTBQ. 
Es el porcentaje más alto desde que GLAAD comenzó a hacer este informe hace 14 años. 
“Mientras se debaten políticas anti-LGTBQ, las historias y personajes televisivos son más importantes que nunca para el entendimiento y la aceptación”, dice la presidenta de GLAAD, Sarah Kate Ellis. 
El informe resalta que en 2018 se ha hecho historia con la emisión de la serie con el mayor número de personajes transgénero (Pose, creada por Ryan Murphy)
Además, destaca la incorporación a la ficción Supergirl del personaje de Dreamer, interpretado por Nicole Maines, que en esta temporada está narrando su camino para convertirse en la primera superheroína transgénero.
El recorrido hasta aquí está marcado por hitos memorables.
 Uno de los más recordados es la salida del armario de la protagonista de Ellen, interpretada por Ellen DeGeneres
 El 30 de abril de 1997 se emitió el episodio en el que Ellen Morgan (el personaje de ficción) aceptaba su condición sexual y la hacía pública ante 44 millones de espectadores. 
La emisión había levantado gran expectación tras la salida del armario, dos semanas antes en la portada de Time, de la propia DeGeneres. 
El capítulo ganó el Emmy al mejor guión de comedia. 
Un año después, en 1998, arrancó Will & Grace, comedia sobre un abogado homosexual y su mejor amiga, heterosexual. 
La producción de NBC se mantuvo ocho temporadas y regresó en 2017 (ahora se emite su décima temporada).
 Su relevancia ha sido tal que el exvicepresidente de EE UU Joe Biden dijo en 2012, al apoyar el matrimonio gay: “Will & Grace hizo más por educar al público estadounidense que casi cualquier otra cosa”.
 
En las series españolas, la situación de los personajes LGTBQ ha cambiado también mucho en poco tiempo.
 Como explica Beatriz González de Garay, profesora de Comunicación Audiovisual en la Universidad de Salamanca y miembro del Observatorio de los Contenidos Audiovisuales, “la homosexualidad en la ficción pasó de estar oculta a estar arrinconada en los márgenes, antes de saltar al primer plano;
 ahí la sociedad tuvo que confrontarla y por último, hoy, aceptar que está dentro de ella”. 
González de Garay destaca que en los años noventa empieza en la televisión española “el discurso de la tolerancia” en las series, con personajes de clase media alta, jóvenes, atractivos, como los que interpretaron José Conde en Médico de familia o Alejo Sauras en Al salir de clase.
 Con el cambio de siglo y la legalización en 2005 del matrimonio homosexual en España, el peso argumental de los personajes gais ya no recae en su orientación sexual, sino que es una característica más. 
 Serían los casos de Mauri (Luis Merlo) y Fernando (Adriá Collado) en Aquí no hay quien viva, o de Maca (Patricia Vico) y Esther (Fátima Baeza) en Hospital Central.
 A partir de 2010, González de Garay destaca la búsqueda de una “diferenciación con respecto al modelo integrador heteronormativo y hegemónico”, con personajes con rasgos positivos y negativos, diferentes etnias, edades más avanzadas…, como en Vis a vis o Élite.
Según un estudio de González de Garay y Juan Carlos Alfeo, solo el 2% de los personajes de las series españolas emitidas en abierto en horario de máxima audiencia son homosexuales y solo hay un personaje transexual (Alba Recio en La que se avecina).
Aunque desde aquella boda de Friends se ha recorrido mucho en la representación del colectivo LGTBQ, todavía quedan capítulos por escribir.

Para esta profesora especializada en estudios de género y diversidad sexual en la ficción televisiva, España ha ido a la zaga con respecto a EE UU en la representación de la realidad ­LGTBQ, “pero ha recorrido mucho camino en relativamente poco tiempo”. En los dos países la industria televisiva ha evolucionado de forma similar: 
“Los primeros ejemplos estaban fuertemente estereotipados y los personajes tenían intervenciones episódicas o secundarias, y después se fue transitando hacia imágenes más positivas, mayor diversidad y peso narrativo”.

 

 

La ficción española sobre el narco despega................. Juan Carlos Galindo

Con una mirada que bebe de la realidad local y se alimenta del periodismo, literatura y televisión se suman a una tendencia global.

 

Luis Zahera y José Coronado en una escena de la serie 'Vivir sin permiso'. En vídeo, tráiler de 'Vivir sin permiso'.
De Algeciras a las Rías gallegas España es el gran punto de entrada de la droga en Europa.
 Del silencio y la impunidad de los años ochenta y las grandes operaciones judiciales posteriores se ha pasado a un narcotráfico globalizado y local al mismo tiempo, expansivo y poblado de personajes de película como el clan de Los Castaña en Campo de Gibraltar.
 Una realidad infrarrepresentada en la ficción española, que, salvo contadas excepciones, prefería mirar a países con una intensidad criminal menor –piensen en la moda de la novela negra nórdica– o a Estados Unidos.
 Hasta ahora.
¿Qué ha cambiado? La fuerza de un nuevo relato periodístico que ha permeado las fronteras de la ficción y el interés por fenómenos locales han colocado el relato sobre el narcotráfico en España en la pista de despegue. 
Su desarrollo es distinto en el cine (escaso, con excepciones como El niño), la literatura (incipiente) o la televisión (más consolidado). ¿Moda pasajera o tendencia llamada a permanecer?
 Hablamos con escritores, productores y expertos para saber hacia dónde va el fenómeno.
“El abrumador éxito de Narcos ha distorsionado un poco la percepción que se pueda tener.
 Siempre ha habido series y películas sobre droga y crimen porque el conflicto que plantean es un caladero inagotable.
 Quizá lo novedoso ahora es que las narcoseries han puesto el acento en las particularidades locales del narcotrafico, como ocurre con Fariña”, asegura Aitor Gabilondo, responsable de series como El príncipe o Vivir sin permiso, basada en un texto homónimo de Manuel Rivas (publicado por Alfaguara) y una prueba sólida de la retroalimentación entre esas dos expresiones. 

“Hay una relación de fecundación por la que detrás de cada serie hay un embrión literario.
 Es un camino de ida y vuelta.
 Las series, en vez de sepultar la literatura nos obligan a ir más allá”, afirma el escritor gallego, uno de los primeros en llevar a sus páginas esta realidad.

Una ventaja del narco tal y como se trata ahora en la ficción es que entra de lleno en la relación entre el dinero y el poder y la corrupción que de todo ello se deriva, algo con lo que el público español está muy familiarizado. 
“Los productores se han puesto a mirar a la realidad, le han dado la mano al periodismo, que es lo que lleva pasando mucho tiempo en otros países y que en España parecía una asignatura pendiente”, asegura Nacho Carretero, periodista de EL PAÍS y autor de Fariña (Libros del K.O).
En la realidad se ha producido un cambio del que sí ha sabido sacar rédito la literatura, obligada a paliar un déficit arrastrado desde hace tiempo. 
“Ya no es fácil reconocer Algeciras o La Línea en esa mirada casi romántica, de delincuentes y aventureros al estilo de El Vaquilla, que propone Arturo Pérez- Reverte en La reina del sur [una de las novelas pioneras en la narcoficción española].
 Tras la crisis económica, el Campo de Gibraltar ha evolucionado hacia una realidad criminal más sofisticada y más cruel en su esencia, con grupos jerarquizados, redes clientelares, enfrentamientos abiertos con la policía... 
El narcotráfico se ha transformado en un problema más complejo, inspira historias distintas y demanda un tratamiento literario diferente”, afirma Jerónimo Andreu, que debuta en la novela con En el vientre de la roca (Salamandra), un potente thriller sobre el narcotráfico en el sur del país.
Es cierto que la televisión había tratado ya este tema –no se olvide, por ejemplo, el abrumador éxito comercial de Sin tetas no hay paraíso– pero no con el enfoque, la intensidad o el prestigio con que se hace ahora.
 “Hay series recientes que tratan el tema con una vocación mucho más realista y cercana y que no se desarrollan en Madrid, sino en lugares poco frecuentados por la ficción española.
 Situarlas en Ceuta, Barbate o la costa gallega les da un autenticidad que hace que el producto final sea más atractivo, tanto local como internacionalmente”, reflexiona Concepción Cascajosa, profesora de Comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III. 
¿Qué pasaba hasta ahora? 
“En España ha habido un déficit y un desenfoque. 
Nos ha faltado coraje a los que escribimos para adoptar la mirada insurgente”, reflexiona Rivas, quien ha reflejado los efectos del narco en Galicia en novelas con un toque poético cercano al realismo mágico como Todo es silencio (Alfaguara).
 “No sé si la infrarrepresentación tiene que ver con esas realidades o con la inhibición de los autores.
 En la historia de España hay un conflicto colonial con decenas de miles de muertos y apenas hay media docena de libros de cierto porte literario sobre la guerra de Marruecos.
 Con el narco ha pasado algo parecido”, incide Lorenzo Silva, quien en en su última novela, Lejos del corazón (Destino) lleva a su pareja de guardias civiles, Bevilacqua y Chamorro, al Campo de Gibraltar y sus alrededores para reflejar el panorama criminal y la sociedad desestructurada de la zona.
Un hombre con una camiseta con el rostro de Pablo Escobar en Medellín.
Un hombre con una camiseta con el rostro de Pablo Escobar en Medellín. AFP/Getty Images
Se puede dar la paradoja de que esta explosión temática se dé con retraso y que el público español se canse por el camino, merced a producciones foráneas y libros que ya abordan el tema. ¿Hay hartazgo? 
“Parece evidente que la literatura de ficción y no ficción es un referente cada vez más claro para la ficción televisiva, no sólo en España sino en todo el mundo”, afirma, sin embargo, Cascajosa. "Llegará un momento en que casi todo esté contado y el foco de interés se traslade a otros asuntos. 
Pero ahora mismo todo lo relacionado con el narco genera un interés bestial", sentencia Carretero.

 Con el auge literario del true crime, el buen estado del periodismo de largo aliento y las miradas del mundo criminal global puestas en las oportunidades que ofrece España no parece que la veta esté agotada. 
Y falta una película que produzca el impacto de Fariña o un libro que cautive y denuncie como El poder del perro
La realidad, testaruda, seguirá ahí cerca.

Cuáles son los puestos directivos más buscados y mejor pagados de 2019

Cuáles son los puestos directivos más buscados y mejor pagados de 2019
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Comienza un nuevo año, y las expectativas sobre el mercado del trabajo continúan siendo las mismas: la necesidad de más y mejor empleo. 
 Ante este panorama, Spring Professional, la consultora de selección de mandos intermedios, medios y directivos del Grupo Adecco, ha presentado sus previsiones sobre cuáles serán los perfiles más demandados y cotizados del mercado español durante el nuevo ejercicio.
 En su XIV Informe Los + Buscados, la empresa avisa también de cuáles son las aptitudes más demandadas por las compañías.
 Es importante que los profesionales tengan un perfil multidiscilplinar, con una gran polivalencia, capacidad analítica y orientación a resultados.
También se valoran los perfiles que sepan retener y fidelizar a los trabajadores, que tengan conocimiento y desenvoltura tecnológica y que dominen un liderazgo enfocado a la I+D+i. 
Estos son, según la consultora de Adecco, los perfiles más buscados y mejor pagados en cada uno de los principales sectores empresariales. 

Sector Teleco

  • El más buscado es el especialista en Cloud.
  •  Las tecnologías están a la orden del día en cualquier industria, y prácticamente todo lo que rodea al empleado genera datos que pueden ser utilizados para aportar valor.
  •  Por eso es necesario disponer de perfiles que sepan crear esos espacios en los que toda la información puede almacenarse. 
  • Para ello, se requiere una titulación de una ingeniería técnica o superior en Informática o telecomunicaciones.
  •  Como apunte, se valora una experiencia previa de entre tres y siete años.
  •  Estos ejecutivos reciben una retribución que parte de los 40.000 euros brutos anuales.
  • Banca

  • El más demandado es el analista en banca privada, que suministra al cliente soluciones financieras y de inversión personalizadas, asesorándole sobre dónde y cómo invertir.
  •  Suelen ser licenciados en ADE, Economía o similares. Necesitan, eso sí, una certificación especial para poder ejercer. 
  • Se valora haber asesorado de forma directa a clientes en este tipo de productos. 
  • La banda salarial oscila entre los 34.000 y los 44.000 euros.
  • El más cotizado es el director general en banca de inversión, la figura de mayor rango jerárquico dentro del día a día de un banco de inversión. 
  • Es responsable de conocer a la entidad y a sus clientes, y ha de tener la capacidad de evaluar y detectar las oportunidades para la empresa. Están formados en ADE, Economía o similares, suelen tener un MBA o máster de otro tipo, y requieren la misma certificación que sus anteriores compañeros. La experiencia previa necesaria ronda entre los seis y los 10 años, y se mueven entre los 165.000 y los 190.000 euros anuales.
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  • El más cotizado es el CISO, o chief information security officer por sus siglas en inglés. 
  • El director de seguridad de la información es el que supervisa y protege la confidencialidad de los datos, para evitar su robo y sus filtraciones.
  •  Se requieren graduados en Ingeniería Informática, Sistemas de la Información o telecomunicaciones similares. 
  •  Se valora experiencia previa, y la banda salarial de estos perfiles se mueve entre los 60.000 y los 90.000 euros brutos.

Marketing

  • El más solicitado es el director general de marketing, ya que este área ha pasado a ser una de las principales de las compañías, convirtiéndose en parte de su estrategia digital. 
  • Este ejecutivo es el encargado de diseñar e implementar un plan de marketing digital alineado con el resto de la compañía.
  •  Se valora la formación universitaria en Marketing, Publicidad, Comunicación o ADE. 
  • Son necesarios de tres a cinco años de experiencia, y el sueldo se mueve entre los 40.000 y los 70.000 euros al año.
  • El mejor pagado es el especialista en automatización de marketing, un perfil encargado de optimizar las ventas y aprovechar la inversión en plataformas como Selligent, Hubspot o Mautic.
  •  Se valora una formación universitaria similar a la anterior, con al menos tres años de experiencia. 
  • Este perfil tiene una horquilla salarial condicionada por el tamaño de la empresa y del equipo, pero se mueve entre los 35.000 y los 75.000 euros.
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La última comunión de la Pasionaria.................. Jesús Ruiz Mantilla

La madre Teresa fue testigo del regreso a la fe católica de la dirigente del PCE, cuando esta volvió a España, de la mano del padre Llanos.

(Esto no nos lo contaron los que debieron hacerlo)


La madre Teresa, monja del barrio de El Pozo del Tío Raimundo, en Madrid.
La madre Teresa, monja del barrio de El Pozo del Tío Raimundo, en Madrid.

Hace tiempo que los jesuitas dejaron El Pozo del Tío Raimundo, en el barrio madrileño de Entrevías.
  Pero la madre Teresa sigue allí.
 A sus 93 años vive sola en un piso cuyo balcón da directamente a la ventana donde residía el padre José María Llanos en sus últimos años.
 Hoy, en su bloque, conviven gitanos evangélicos, musulmanes, ortodoxos y católicos como ella: 
“Tan a gusto, sin problema.
 Aquí ejercemos el ecumenismo real sin tensiones”, asegura.

Si Dolores Ibárruri, Pasionaria, a quien la madre Teresa conoció, fuera su vecina, la contaría entre los católicos.
 Porque esta mujer, forjada en todas las batallas de la lucha de barrio desde los años cincuenta hasta hoy, fue testigo de algo que se realizó en su día con toda discreción: cómo la dirigente comunista abrazó la fe católica al final de su vida.
 Ocurrió de la mano del padre Llanos.
 Él se sacó el carné del PCE y de Comisiones Obreras; ella comulgó. 
Ambos simbolizaron así la síntesis perfecta entre el Evangelio y el marxismo.
Nunca vio los expolios a la Iglesia con buenos ojos.
 De hecho, Lamet cuenta como a su regreso a España devolvió a un convento de madres reparadoras en Madrid una imagen de la Virgen y un crucifijo incautado en la guerra por milicianos.
 La relación con Llanos, el más conocido de los curas obreros españoles, duró hasta su muerte. 
Era el único miembro del partido que iba a verla al hospital, se quejó Dolores en su día, un tanto abandonada por los suyos.
Él, mientras, afirmó públicamente que la encontraría en el cielo. Poco más se sabe de aquel episodio.
 “Todo se llevó con una enorme discreción”, comenta Lamet. 
Hoy, incluso, en su casa del Pozo, la madre Teresa, testigo directo de aquello, lo recuerda pero insiste en que se trató de algo muy privado. 
“Llegó al padre Llanos por medio de la orden de las reparadoras de la calle Torrija.
 Vivió desde muy dentro su conversión. Yo creo que sencillamente deseaba una buena muerte.
 Hablaba del asunto y se llevó a Dios con ella: estoy convencida”. De entonces, solo guarda recuerdos agradables: 
“Era una mujer muy delicada y educadísima. 
Eso siempre se nota en la conversación.Era Asturiana y son muy educadas y amables, pero casi todo el mundo era Republicano. 
Alli los franquistas hicieron mucho daño, físico y mental. También muy creyente y devota de la Virgen”.(No lo creo, o se lo callaron o temiendo que su enfermedad de Alzheimer lo quisieron guardar en secreto
A la madre Teresa aun la tratan de monja sus vecinos. Siempre ha sido así. Pero lo cierto es que en su día salió del convento para convertirse en seglar. “No sé ni cómo llegué aquí. Tampoco por qué me he quedado. Son esos misterios de Dios”, afirma. Quizás se interpuso la salud: “Tuve un cáncer de matriz y dejé la orden de las carmelitas de Toledo, donde estaba”.

Lo cuenta también Pedro Miguel Lamet en su biografía sobre el cura jesuita: Azul y rojo. José María de Llanos (La esfera de los libros). Allí relata cómo ambos vivieron una intensa relación en la que se intercambiaban visitas, cartas, misas, canciones de alabanza al Altísimo y comuniones. Ibárruri fue católica de gran devoción en su niñez y juventud. Pero se apartó de la fe al hacerse dirigente comunista en los años treinta. Dejó antes por necesidad sus estudios de magisterio para trabajar como criada y costurera. Se casó con un minero ateo y cambió la hoja parroquial en la que ya firmaba como Pasionaria por sus artículos en Mundo Obrero. Pero sin abandonar el seudónimo.

En las últimas décadas, ha observado y contribuido a la transformación del barrio. 
De la tutela de los jesuitas y la agitación de partidos y sindicatos de izquierda, El Pozo ha pasado a una convivencia tranquila con las distintas religiones que van asentando consigo los inmigrantes. Sin sobresaltos.
 La madre Teresa toma el mejor café en el bar de unos armenios ortodoxos.
 Los evangélicos la invitan a leer las escrituras en sus templos y contempla cómo los marroquíes se buscan la vida sin crear problemas más graves que el resto.
“Este es hoy uno de los mejores barrios marginales de Madrid. Se venden muchos pisos”. 
Lo proclama Teresa con una naturalidad que no cae en la cuenta de la paradoja. 
Se refiere en comparación a los tiempos de la sarna y los techos provisionales de uralita, de las chabolas y la parroquia, donde un día te encontrabas colaborando a un joven Javier Solana con el padre de Gallardón, cuando se pasaban a ver al padre Llanos. Donde una tarde cruzaba por ahí El Lute, que no pasaba desapercibido en ese entorno activo de asambleas vecinales y reivindicaciones de base. 
“El hombre, hasta nos saludaba, aquí había mucho carterista, pero él tenía entonces cierta fama”, comenta Teresa.
Ella se entregaba entonces y ahora la cuidan los vecinos del barrio como una reliquia en vida: 
“Creo que sigo siendo monja. No lo sé, ni me interesa. Nadie me pide cuentas, solo las rindo a Dios, bajo mi responsabilidad”.