Llevo años
intentando involucrar a mi marido en fregar los platos y no lo he
conseguido. No tengo el carácter de María Dolores de Cospedal.
La ex secretaria general del PP María Dolores de Cospedal, sentada
en el Congreso, el 30 de octubre. EFE
En una escena de La mala educación, de Almodóvar,
sus protagonistas entran en un cine y uno de ellos dice: “Pienso que
todas las películas hablan de mí, de nosotros”. Es una frase
maravillosa, me encantaría escribir algo así. A mí me está sucediendo lo
mismo, pero con la actualidad, con esa realidad galopante y furiosa que
no hace más que enredarnos. Tanto que he terminado por creer que soy el
protagonista de cada noticia. Que tengo un poquito de juez del Tribunal
Supremo para cambiar una sentencia o una opinión. Que puedo empatizar
con María Dolores de Cospedal por pedirle a su marido que haga un trabajo sucio. O que intento asumir cómo Lecturas anuncia el divorcio de la infanta Cristina y ¡HOLA! lo refuta en menos de un cambio de sentencia. María Dolores de Cospedal, renunció el jueves a su escaño
no sin antes explicar, en diferido y con un elegante comunicado, que se
arrepiente de haber involucrado a su marido en un trabajo sucio para su
partido. Es asombroso, llevo años intentando involucrar a mi marido en
fregar los platos y no lo he conseguido. No tengo el carácter de María
Dolores. En alguna ocasión me identifiqué con Cospedal, somos del mismo
año y, como ella, también hubiera querido empezar mi carrera siendo Maja
o Miss. María Dolores ha llegado muy lejos en política y fue la
recuperadora de esa profética frase: “Que cada palo aguante su vela”,
que aunque no sea suya, supo como nadie llevarla a su terreno, igual que
hacen los cantantes de OT con las canciones de otros. Y ahora es coprotagonista de un dueto, en una de esas grabaciones con las que el comisario Villarejo
anima las tertulias y los salones, acompañando a su marido a pedir un
trabajito que descubra debilidades de sus archienemigos. ¿Soy el único
que se sorprende de cómo hablan los que figuran en esas grabaciones? A
excepción de la princesa Corinna,
cuyas cintas no serán investigadas, todos los demás se expresan con
palabras malolientes, oraciones enfangadas, una vulgaridad demoledora,
tan poco ejemplar y tan poco parecida a sus imágenes publicas, que te
hace sospechar que Villarejo les daba algo antes de grabar, como hacía
la pobre Amy Winehouse. Es eso o que vivimos gobernados por personas con múltiple personalidad.
Antes
vivíamos el cambio de tendencias, ahora también el de sentencias. El
Tribunal Supremo modifica su opinión, convirtiéndose en un influencer
más. En octubre estuvo en plan Robin Hood, reclamándole a los bancos
que se hicieran cargo de los impuestos de sus hipotecas y muchos
hipotecados nos sentimos eufóricos. Pero, empezado noviembre, la
Justicia, harta de ser ciega, se hizo voluble. Y ahora los bancos no tienen que pagar ese impuesto. Nosotros sí.
Se les ve ya "Ancianos" aparentando ser quinceañeros"
La primera vez que Mario Vargas Llosa
vio los camarones de un delicioso chupe arequipeño parece que lloró.
Luego, ese manjar de la gastronomía peruana se ha convertido en su plato
favorito.
Lo malo es que cuando suele regresar a la ciudad que le vio
nacer y donde sólo pasó el primer año de vida, resulta imposible
conseguir el ingrediente principal.
Hay veda en el río y no se pueden
pescar cangrejos. Trata de volver con frecuencia en la fecha de su
cumpleaños —el 28 de marzo— pero entonces no se cocina chupe ni ocopa a
base de crustáceos. Ahora, sí.
Es dueña de la picantería La
Nueva Palomino y se lo preparó a su gusto como gran especialidad de la
casa: queso, leche, zapallo, yuta, habitas, choclo, ajo, cebolla, papa,
repollo, arroz y camarones.
De ahí sale un delicioso y nutriente caldo
rojizo con el que el premio Nobel se chupa los dedos.
De hecho, en vez
de cualquier banquete en un restaurante de postín, Mario quiso celebrar
la conquista del galardón en la picantería de su amiga.
“Eso le define”,
afirma Parra, después de pasarnos sin que faltara detalle la receta.
A la comida le acompañó Isabel Preysler y convocó Penguin Random House,
su editorial.
Es la segunda vez que ella viaja con Vargas Llosa a
Arequipa. Aterrizaron el pasado jueves, se cambiaron y acudieron al
Monasterio de Santa Catalina (siglo XVI) para acaparar todos los flashes
en la inauguración de Hay Festival.
La fiesta congregó a más de mil
asistentes a los largo del espacio que es patrimonio de la humanidad y
recibió a la pareja entre pisco y cumbia.
No había ojos para Shalman
Rushdie o Helen Fielding, autora del Diario de Bridget Jones, otras dos estrellas del festival.
También su casa
natal, hoy museo, en la Avenida Parra 101. Fue allí, en ese cruce hoy
bullicioso, antaño más campestre, donde el autor vino al mundo en el
segundo piso alquilado del edificio, en 1936.
Allí pasó sus primeros
meses de vida ante la imponente vista del Misti y el Chachani, dos de
los volcanes que rodean la ciudad, con 5.822 metros de altura el primero
y 6.057, el segundo.
Mario Vargas LLosa posa en Arequipa junto a su hija Morgana y sus nietas Isabella y Anais.Daniel Mordzinski
De hecho, el día de su nacimiento, la radio tronaba con la acechante
actividad del Ubinas, otra boca de fuego de los alrededores. Apenas
afectó la labor de Miss Pitzer, la comadrona más reconocida de la
ciudad, aunque quizás sí los dolores de parto de Dorita, su madre, con
quien un año después partiría junto a él y sus padres a Cochabamba
(Bolivia) tras certificar que su marido los había abandonado. Mario volvió a Arequipa
de niño en sucesivas visitas familiares. Con tiempo para aficionarse
allí al chupe de camarones que le prepararon por primera vez en casa de
su tío Eduardo García. También para palpar con los pies y la mirada toda
la iconografía del recuerdo que atrapaba a su madre y a sus abuelos
cuando salieron hacia Bolivia, aquejados de frecuentes ataques de
nostalgia. Pero hoy, el lugar no es un triste pozo de memorias para
Vargas Llosa. Más bien una ciudad que lo celebra como a uno de sus
nativos ilustres y a quien esta semana esperaban con orgullo.
El Hay Festival lleva cuatro años celebrándose en la ciudad blanca, que
llaman, tallada a base de piedra volcánica y recia pese al embate
frecuento de los terremotos. Se ganó el apelativo por su impacto
reluciente en mitad de un agreste valle desértico, como un oasis
atravesado por varios ríos de cuencas habitualmente secas. El autor
participó en el impulso inicial del evento cultural junto a su entonces esposa, Patricia Llosa. Ella ha acudido a todas las ediciones anteriores, como también lo ha
hecho en esta ocasión. El divorcio no propició un acercamiento del
escritor en las fechas que se suele celebrar el evento literario pero el
viernes ambos acompañaron a su hija Morgana en la inauguración de Indomables, su exposición fotográfica en el festival. Este año, Vargas Llosa
es el invitado estrella. “Tenía una deuda con nosotros”, comentó en la
apertura del Hay la gobernadora de la región, Yamila Osorio. Ahora ha
cumplido. Además de conversar en público hoy sábado con Rushdie, ayer
viernes lo hizo con la periodista cubana Yoani Sánchez y junto a
escritores peruanos de generaciones posteriores a la suya como Santiago
Roncagliolo, Jeremías Gamboa, Karya Adaui, Mariana de Althaus y Renato
Cisneros.
Una agenda apretada que no le impedirá pasearse por la amplia Plaza
de Armas o perderse de nuevo por el asombroso laberinto sacro en
perfecto estado de conservación del Monasterio de Santa Catalina. Con
rumores de boda desde no hace muchos días, después de que la pareja
apareciera en las portadas de varias revistas sin ataduras y listos para
un nuevo compromiso.
Tras el
sensacional éxito de 'Manual para mujeres de la limpieza', se publica
una nueva colección de relatos y un volumen con escritos biográficos y
cartas de la escritora,
Fotografía tomada por Budd Berlin de su esposa la escritora Lucia Berlin y su hijo David en Alburquerque en 1963. Literary Estate Lucia Berlin
Prácticamente desconocida hasta 2014, el rotundo éxito de la escritora Lucia Berlin llegó 10 años después de su muerte. Manual para señoras de la limpieza, una amplia recopilación de sus relatos reunida por Stephen Emerson y prologada por Lydia Davis, pronto se convirtió en un fenómeno literario de primer orden.
Crítica y público quedaron arrebatados por esa voz inteligente,
tiernamente observadora y llena de humor que era capaz de volver
candorosamente digeribles incluso crudas historias de adicción y caídas
en picado. Berlin rebosaba vida, claros y oscuros, asombraba,
enganchaba, y helaba la sonrisa. Los derechos de aquella antología se
han vendido a 30 países, y la traducción en español —una de las más
exitosas en el mundo— apareció en el sello Alfaguara en 2015 y ya va por
la 16ª edición. El fulgurante ascenso de Berlin vino rodeado de un cierto aura de
misterio. ¿Dónde había estado esta prodigiosa escritora hasta entonces?
¿Cómo había pasado desapercibida su voz? Calificada como “el secreto
mejor guardado de las letras estadounidenses”, la imponente belleza de
la autora, su accidentada vida —tres maridos y cuatro hijos antes de los
30 años— y la dura batalla contra el alcoholismo en la que estuvo
metida más de una década, añadían cierto malditismo a su figura, pero no
zanjaban las preguntas. La más acuciante para sus editores pronto pasó a
ser: ¿qué más sorpresas escondía la bella Lucia? Aunque permanecía
inédita en otras lenguas, los relatos de Berlin habían sido publicados
en varios libros por editoriales independientes en EE UU. “Muchos de
ellos quedaron reunidos por su buen amigo Emerson en Manual,
pero esa era su selección. Por otro lado, no queríamos sacar simplemente
lo que había quedado fuera”, explica en conversación telefónica desde
Nueva York Devon Mazzone, del sello Farrar, Strauss & Giroux. Unos
textos autobiográficos que conservaba la familia, y en los que Berlin
trabajaba cuando murió, fueron el eje para armar dos nuevos volúmenes
que ayudan a completar el retrato de la escritora. “Esos textos
dialogaban con los cuentos y permitían conocer más a la autora”, dice
Mazzone.
Así, esta semana se han publicado simultáneamente en el mercado anglosajón las dos novedades: la colección de relatos Una noche en el paraíso y Bienvenida a casa,
libro que reúne apuntes autobiográficos, una selección de cartas y
fotografías. “En algún momento pensamos en sacar un solo libro, y hay
algunos países que quieren hacerlo así, pero nosotros finalmente optamos
por mantener cuentos y biografía separados”, explica Mazzone. Las
versiones en español y en catalán (editadas en Alfaguara y L'Altra,
respectivamente) también han apostado por esta fórmula, pero además han
decidido espaciar los dos volúmenes: el libro biográfico saldrá el
próximo octubre. “Creo que para los lectoras será agradable saber que
aún queda otro Lucia Berlin el año que viene”, dice Pilar Álvarez, de
Alfaguara. Mientras tanto, esta semana han llegado a las librerías los 22 relatos de Una noche en el paraíso
prologados por Mark Berlin, que falleció un año después que la
escritora, en 2005. El mayor de los dos hijos que Berlin tuvo con su
primer marido, el escultor Paul Suttman, recuerda a su madre contándoles
historias: “No importa qué cuento fuera, porque cada noche traía una
historia con su dulce tonada, un acento mezcla de Texas y Santiago de
Chile”.
Berlin, en Oakland, California, en 1975.Literary Estate Lucia Berlin.
Nacida en Alaska en 1936, hija de un ingeniero de minas y un ama de
casa, Berlin tuvo una infancia itinerante por Idaho, Kentucky, Montana,
Arizona y Texas, donde pasó la Segunda Guerra Mundial con su madre y sus
abuelos, antes de recalar en Chile en la adolescencia. En la
Universidad de Nuevo México fue alumna del novelista Ramón J. Sender
y se enamoró de un mexicano, episodio que indignó a sus padres y que
acabó llevándola a casarse con Suttman, en parte para evitar ser enviada
a Europa. Sus dos siguientes esposos fueron los músicos Race Newton y
Buddy Berlin, este último padre de sus dos hijos menores y adicto a la
heroína. Siguió itinerante por Nueva York, México, Guatemala, Nuevo
México y, más adelante, California, ya separada de Berlin, antes de
dejar el alcohol y obtener gracias a su amigo Emerson una plaza como
profesora en Colorado. “Hubo momentos duros, incluso peligrosos”,
escribe Mark. “Mi madre escribía historias verdaderas; no necesariamente
autobiográficas, pero por poco”. La autoficción que muchos lectores intuyen en las páginas de Lucia
Berlin es uno de los factores que, según Mazzone, han contribuido de
alguna manera a su fenomenal éxito en un momento en el que este género
está en auge. “Berlin no escribe sobre vidas perfectas, cuenta
experiencias duras, pero no victimiza a la mujer. Son relatos cortos,
pero con muchas capas de significado”, apunta. “Los lectores y la
crítica sintieron que eran muy contemporáneos. El redescubrimiento de
voces literarias femeninas y las estupendas reseñas de Manual ayudaron mucho”. El editor cita la novela Stoner
como precedente de obra olvidada y redescubierta que causó sensación.
También habla de la “eulogía colectiva” que la reedición de Berlin
provocó, con muchos de sus amigos escribiendo sobre ella. La leyenda ha
seguido creciendo, pero al fin como Lucia decía a sus hijos “la historia
es lo que cuenta”.