Con “una personalidad de una enorme proyección social”, como la definió el filósofo Javier de Lucas en la laudatio
con motivo de haber sido distinguida por la Universidad de Valencia por
su trayectoria académica y política en 2017, Alborch había sido
distinguida con distintos galardones como Officer dans l’Ordre des Arts
et Lettres del Gobierno francés, la Cruz de San Raimundo Peñafort, la
Gran cruz de Carlos III o la Gran cruz de la Orden del Mérito Civil.
Nacida en Castelló de Rugat (Valencia) en 1947, Alborch fue un referente
en el feminismo español, al que aportó varios libros como Solas, Malas o Libres,
con un fuerte compromiso en la lucha por la igualdad que la llevó a
denunciar que las mujeres estuvieran ausentes de los espacios de poder a
pesar de los años de desarrollo democrático en España. El pasado 9 de Octubre recibió la mayor condecoración valenciana, la Alta Distinción de la Generalitat. Allí, sacó fuerzas de flaqueza para defender sus ideas. Fue su último
acto público, rodeado de sus amigos y familiares, y en presencia del
presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. El feminismo "ha mejorado la
calidad de vida de todos los ciudadanos" y por ello "debería ser
declarado patrimonio inmaterial de la humanidad", afirmó en el Palau de
la Generalitat. La exministra socialista destacó que es "imprescindible
la lucha" y la "esperanza" por una sociedad mejor y más igualitaria, y
se mostró esperanzada de que el "efecto" contagio surgido en la sociedad
tras el movimiento feminista continúe, lo que ha permitido que "se
escuchen más voces diferentes" y la apertura de "más espacios" para las
mujeres y para los hombres "cómplices".
Polifacética, vitalista y con un poderoso carisma, Alborch iluminó la
sórdida Valencia que surgía de la dictadura. Lo hizo, primero, desde la
Facultad de Derecho como primera mujer directora del Departamento de
Derecho Mercantil y como primera decana, y luego desde la Consejería de
Educación y Cultura, adonde llegó de la mano del entonces consejero
Ciprià Ciscar. Tras comandar la Dirección General de Cultura de la
Generalitat valenciana y de poner en marcha el Instituto Valenciano de
las Artes Escénicas (IVAECM), fue nombrada directora del Instituto
Valenciano de Arte Moderno (IVAM). Su afición por la cultura venía de
lejos. Fue cofundadora de una galería de arte y era una presencia
habitual de cualquier acto cultural, primero en su ciudad, Valencia, y
más tarde en Madrid. Llegó al ministerio impulsada por la luz que irradiaba el IVAM, que
dirigió desde 1989 hasta que Felipe González la llamó a su lado en la
Moncloa en 1993. Con ella al frente y con un excelente equipo que supo
crear a su alrededor, encabezado por Vicente Todolí, exdirector de la
Tate Modern, el museo valenciano se convirtió muy pronto en un referente
nacional e internacional en el ámbito del arte moderno y contemporáneo. Tras dejar el ministerio, Alborch fue candidata por el PSOE al
Ayuntamiento de Valencia y senadora. Con “una personalidad de una enorme proyección social”, como la definió el filósofo Javier de Lucas en la laudatio
con motivo de haber sido distinguida por la Universidad de Valencia por
su trayectoria académica y política en 2017, Alborch había sido
distinguida con distintos galardones como Officer dans l’Ordre des Arts
et Lettres del Gobierno francés, la Cruz de San Raimundo Peñafort, la
Gran cruz de Carlos III o la Gran cruz de la Orden del Mérito Civil.
Cuando Pedro Sánchez formó el Gobierno, la eché mucho de menos, y me preguntaba a que se debería su ausencia. Era una gran mujer, una gran profesional yno sabía nada nada de ella. Resultó que estaba enferma y hoy nos dicen que murió. Su pelo rojizo, su forma de vestir y sobre todo su sonrisa la hicieron diferente. Descansa en paz, ya ves que no te olvidamos.
Desde este miércoles permanecía sedada en su casa en Valencia.
La exministra Carmen Alborch. SAMUEL SÁNCHEZLa exministra socialista Carmen Alborch
ha fallecido este miércoles a los 70 años víctima del cáncer que
padecía desde hace un año. Desde este miércoles permanecía sedada en su
casa en Valencia a la espera del irremediable desenlace. Su desaparición
deja un profundo vacío en el ámbito cultural y político tanto
valenciano como español. Alborch fue la musa de la modernidad de
Valencia, hasta el punto que el Gobierno de Felipe González la tomó como
santo y seña de su política cultural nombrándola ministra en 1993,
cargo que ocupó hasta 1996. Alborch fue la primera decana de la Facultad
de Derecho de la Universidad de Valencia y directora del Institut
Valencià d'Art Modern (IVAM).
El pasado 9 de Octubre recibió la mayor condecoración valenciana, la Alta Distinción de la Generalitat. Allí, sacó fuerzas de flaqueza para defender sus ideas. Fue su último
acto público, rodeado de sus amigos y familiares, y en presencia del
presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. El feminismo "ha mejorado la
calidad de vida de todos los ciudadanos" y por ello "debería ser
declarado patrimonio inmaterial de la humanidad", afirmó en el Palau de
la Generalitat. La exministra socialista destacó que es "imprescindible
la lucha" y la "esperanza" por una sociedad mejor y más igualitaria, y
se mostró esperanzada de que el "efecto" contagio surgido en la sociedad
tras el movimiento feminista continúe, lo que ha permitido que "se
escuchen más voces diferentes" y la apertura de "más espacios" para las
mujeres y para los hombres "cómplices". En su currículum figuran numerosas distinciones por su lucha por la
igualdad entre mujeres y hombres, como Premio de Mujeres Progresistas,
Premio Meridiana de la Junta de Andalucía, Premio Rosa Manzano 2007 o
Premio de Gabriela Sánchez Aranda 2009. Es socia de honor de la
Asociación Clásicas y Modernas y de la Asociación de mujeres
investigadoras y tecnólogas (AMIT). Además, ha recibido también el
Premio Generando Arte 2015 concedido por la Asociación Generando Arte de
mujeres artistas.
Las más de
100 piezas pertenecientes a la reina francesa y sus familiares han
estado ocultas durante más de 200 años. Sotheby’s no desvela quién ha
sido su último propietario.
Presentación de la subasta de unas joyas que pertenecieron a María Antonieta, en Nueva York.JUSTIN LANEEFE
Las joyas de la reina francesa María Antonieta (1755-1793), que han
permanecido ocultas durante más de 200 años, ven la luz por primera vez
ante el público y lo hacen para ser subastadas.
Se trata de una de las
colecciones reales más importantes en salir a la venta y cuenta con el
indudable atractivo de haber pertenecido a una de las monarcas más famosas de la historia europea, la reina destronada, ejecutada
en 1793 en la guillotina al grito de “¡Viva la República!” ante un
pueblo, azotado por el hambre, que no soportaba su despilfarro y
opulencia.
La casa de subastas Sotheby’s ha anunciado que presentará más de 100
piezas históricas el próximo 14 de noviembre en Ginebra, en una jornada
que anuncia batir todos los récords. Diez de ellas han pertenecido a
María Antonieta y las demás son de sus familiares.
Sotheby’s subraya que
las piezas “trazan la saga de una dinastía que conectó a las familias
dominantes más poderosas de Europa”, incluyendo las de Francia, España,
Italia y el Imperio austro-húngaro, todas ellas conectadas con María
Antonieta.
La historia que arrastran supera cualquier ficción.
Fueron
precisamente las perlas, rubíes y diamantes de la reina uno de los
desencadenantes de la revolución y la caída de la opulenta monarquía.
Un retrato de Maria Antonieta realizado por Marie Louise Élisabeth Vigée Lebrun.getty images
Hasta ahora han estado en manos de la familia
Borbón-Parma y, aunque no han desvelado la identidad de los propietarios
actuales, al menos parte de la colección podría haber permanecido en
España las últimas décadas, en manos de Alicia de Borbón-Parma y Habsburgo-Lorena,
tía del rey emérito Juan Carlos, fallecida el año pasado, y sus hijos.
El misterio siempre ha rodeado esta colección.
La firma apunta que
fueron guardadas en una “noche frenética” de 1791 en el Palacio de las
Tullerías de París, mientras el rey Luis XVI y su mujer María Antonieta
se preparaban para escapar. Envueltas en algodones y embaladas dentro de
una caja de madera, fueron enviadas secretamente a Bruselas y después a
Viena.
Con el tiempo llegaron a María Teresa de Francia, conocida como
Madame Royale, la hija de María Antonieta, que las donó a su hija
adoptiva Luisa de Francia.
Siempre escondidas, terminaron en manos de su
hijo Roberto I, último duque de Parma, fallecido en 1907. Ahí se les
perdió la pista.
Todas ellas son símbolo del poder, del esplendor y
de la autoridad de las monarquías europeas de los siglos pasados y
tienen un significado, porque están relacionadas con nacimientos,
matrimonios y cumpleaños.
Para Daniela Mascetti, vicepresidenta de
Sotheby’s, la colección representa “una historia conmovedora”. “Nunca ha
sido mostrado al público, este extraordinario grupo de joyas ofrece una
mirada cautivadora en las vidas de sus dueños, yendo atrás cientos de
años”. Mascetti también destaca la belleza de las gemas, una “artesanía
excepcional” y el estilo del conjunto, que combina el diseño francés del
siglo XVIII y del XIX con la belle époque. En concreto, afirma
que un broche de diamantes con forma de lazo y un collar con tres filas
de perlas “podrían haber sido un modelo para el célebre estilo de las
guirnaldas de Cartier”.
Colgante de María Antonieta expuesto en la Casa de Subastas Sotheby's en Londres el pasado 19 de octubre.ANDY RAINEFEAntes de la subasta oficial en Ginebra, Sotheby’s ha realizado una
exposición por Hong Kong, Dubái, Nueva York y Londres, con más de una
veintena de joyas que incluyen broches, pendientes, tiaras, anillos y
collares, adornados con diamantes, perlas naturales, zafiros y rubíes.
La verdadera joya de la corona es un colgante con una perla natural de
un tamaño “excepcional”, con un valor de entre 875.000 y 1,7 millones de
euros. También de perlas, la verdadera pasión de María Antonieta. Hay
un collar con 119 perlas repartidas en tres hileras y un cierre de sus
adorados diamantes, que podría venderse por más de 262.000 euros. Una
tiara del siglo XVIII que recibió la archiduquesa María Ana de Austria
(1882-1940) en su boda, tasada por entre 70.000 y más de 105.000 euros, y
otra perteneciente al rey Carlos X (1757-1836), último monarca de
Francia, supera los 300.000 euros.
Dos joyas lo dicen todo de su dueña original.
Son
un anillo de diamantes con las iniciales MA (de María Antonieta) que
contiene un mechón de su pelo, y otro de diamantes, con un retrato de la
monarca. “Una joya de la reina María Antonieta tiene, sin duda, la
mayor procedencia que puede existir en el mundo de la joyería. Quedan
muy pocas joyas de su colección personal”, asegura la casa de subastas
al describir las alhajas. Quienes ya han podido verlas y tocarlas
describen una asombrosa ilusión. La experta en joyas Vivienne Becker ha
comentado, a través de un comunicado difundido por la firma, que sintió
“estar tocando la historia” al probarse el anillo con el monograma de
diamantes de la famosa reina guillotinada.