Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

23 oct 2018

Tina Turner habla sobre el suicidio de su hijo

La cantante confiesa que "aún no sabe qué llevó al abismo" a Craig Tuner, de 59 años, quien fue hallado muerto en su casa de Los Ángeles el pasado mes de julio.

Tina Turner, en el estreno del musical 'Tina' en londres, en octubre 2017.
Tina Turner, en el estreno del musical 'Tina' en londres, en octubre 2017. CORDON PRESS

 A Tina Turner aún le cuesta creer que su hijo se haya quitado la vida, y así lo ha demostrado en la entrevista que dió a BBC News, el pasado viernes. 

"Todavía no sé qué fue lo que lo llevó al abismo", confiesa la cantante, de 78 años

 "En ese momento me dijo que nunca había conocido a una mujer por la que hubiera sentido algo así", cuenta la ganadora de ochos premios Grammy, sobre la relación que mantenía su hijo Craig en los meses previos a su muerte.

 "La iba a traer para que la conociera en agosto, para su cumpleaños.

 Él había decorado el apartamento que le compré hace años. Había conseguido un nuevo trabajo en una importante empresa de bienes raíces en California, con el que estaba muy contento”, añade aún incrédula. 

Craig Raymond Turner, el hijo mayor de la artista nacida en Nutbush, Tennessee (Estados Unidos), apareció muerto el pasado 3 de julio en su domicilio en Studio City, un distrito al noroeste de Los Ángeles (California).

 Según declaró a The Hollywood Reporter Ed Winter, jefe asistente de la oficina del forense del condado de Los Ángeles, la víctima, de 59 años, murió de una herida de bala autoinfligida.

 

La intérprete de Proud Mary asegura que su hijo era bastante reservado, y sospecha que sufría de soledad. 
 "Creo que tuvo algo que ver con estar solo. Pero luego pienso, ¿por qué no llamó a esa nueva novia que le había levantado? ", se lamenta.
 Tina Turner admite que aunque no reconoció ninguna señal que la pusiera sobre aviso de lo que pensaba hacer su hijo, ahora admite que mirando hacia atrás, si recuerda algunas cosas que se le pasaron por alto.
 “Era una persona introvertida. 
Era muy tímido, así que no me di cuenta, pero ahora cuando escucho nuestras últimas conversaciones, noto un cambio. Las últimas veces que hablamos, las conversaciones fueron diferentes, y no me di cuenta hasta después del suicidio", revela.  

Los restos de su hijo fueron esparcidos en el mar pocas semanas después de su muerte.
 La artista decidió conmemorar el momento con un mensaje en las redes sociales: "Mi momento más triste como madre. El jueves 19 de julio de 2018, me despedí de mi hijo, Craig Raymond Turner, cuando me reuní con mi familia y amigos para esparcir sus cenizas en la costa de California. 
Tenía cincuenta y nueve años cuando murió trágicamente, pero siempre será mi bebé".
Tina Turner, cuyo verdadero nombre es Anna Mae Bullock, dio a luz a su hijo Craig en 1959, fruto de una relación con el saxofonista Raymond Hill, que tocaba en Kings of Rhythm, la banda del que acabaría siendo marido de Tina, Ike Turner. 
Ella tenía 18 años cuando nació Craig, adoptado posteriormente por Ike cuando se casó con Tina en 1962. 
En su infancia, Craig fue víctima de los malos tratos de su padrastro y fue testigo de los abusos a los que fue sometida su madre, una situación que llevó a Tina a intentar suicidarse en una ocasión, con pastillas para dormir.
 "Mi relación con Ike estaba condenada al desastre desde el día en que se dio cuenta de que yo sería su fábrica de dinero", escribió la artista en su último libro autobiográfico My Love Story
"Él necesitaba controlarme, económica y psicológicamente, para que no pudiera dejarlo nunca", lamentó.

Almudena Grandes, Premio Nacional de Narrativa 2018

La escritora consigue el galardón por 'Los pacientes del doctor García'.

La escritora y novelista Almudena Grandes.
La escritora y novelista Almudena Grandes.
El jurado del Premio Nacional de Poesía, reunido hoy en el Ministerio de Cultura y Deporte, ha propuesto a Almudena Grandes para ser galardonada con el Premio Nacional de Narrativa, correspondiente a 2018, por su obra “Los pacientes del doctor García” 
El premio, concedido por el Ministerio de Cultura y Deporte, está dotado con 20.000 euros. 
 
El jurado ha elegido esta obra por “ser la cuarta entrega de un ambicioso proyecto narrativo que lleva por título Episodios de una guerra interminable.
 En su novela, que se centra en la historia de la posguerra española, con aportaciones a las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, ha conseguido un difícil y preciso equilibrio entre lo imaginado y la lealtad a la verdad histórica”. 
Solo seis mujeres habían ganado hasta la fecha este premio.
 La primera fue Concha Espina en primero 1927, bajo la acepción de Premio Nacional de Literatura, y después en 1950 inaugurando una década que daría otros dos galardones femeninos:
 Carmen Laforet (1956) y Ana María Matute (1959).
 Es el mismo número de premiadas en una década que en el medio siglo siguiente cuando lo han ganado Carmen Martín Gaite (1978), Carme Riera (1995) y Cristina Fernández Cubas (2016).

 

La Reina que quiere ser bella Pero nunca lo será con postizos.

Las impactantes pestañas postizas de la reina Letizia.

En su aparición en los Premios de Periodismo Francisco Cerecedo sorprendió con un maquillaje protagonizado por unas pestañas enormes y un vestido de Carolina Herrera con escote en 'V'.

Las impactantes pestañas postizas de la reina Letizia
La reina utilizó pestañas postizas en los Premios de Periodismo. Foto: Getty
 
Parece que los Premios de Periodismo Francisco Cerecedo se han convertido en la cita favorita de la reina Letizia para lucir looks arriesgados.
 Si el año pasado sorprendió –copando infinidad de titulares– con un minivestido de la diseñadora catalana Teresa Helbig repleto de flecos e inspirado en los años 20, en esta 35 edición celebrada anoche en Madrid sus pestañas acapararon toda la atención.
 La Reina, que presidió junto al rey Felipe el acto celebrado en el hotel Palace de Madrid, apostó por centrar la atención en sus ojos con unas impactantes pestañas postizas de grandes dimensiones.

Letizia es fanática de utilizar extensiones permanentes para alargar su mirada, pero nunca suele decantarse por un acabado tan marcado, curvado y prolongado.

El look de belleza más comentado de la Reina. Foto: Getty

Si bien de frente el efecto resultaba un poco más discreto, cuando Letizia bajaba la mirada el resultado era verdaderamente llamativo y podía apreciarse que se había colocado un juego de pestañas postizas, de esas que se pegan marcando, sobre todo, la parte externa del ojo y que muchas celebrities suelen lucir en alfombras rojas y eventos nocturnos. 
Kim Kardashian, por ejemplo, suele atreverse con las opciones más extremas, mientras que infinidad de actrices son fieles a este recurso en sus versiones más imperceptibles.
 La Reina ya había utilizado este tipo de accesorios en otras ocasiones pero, como explicaba a S Moda el maquillador Oscar Morillo, solía apostar por las que “no van en bloque, sino que son muy discretas, de las que se pegan una a una al final del ojo para darle amplitud”. 
Esta vez, sin embargo, prefirió optar por un acabado deliberadamente artificial y marcado. 
En el mercado existen varias posibilidades para conseguir el mismo efecto, aunque muchas veces los maquilladores optan por recortar un poco la longitud de los modelos para favorecer la naturalidad.
Uno de los modelos de pestañas postizas para imitar el look de la Reina. Foto: Visionary Lashes / Nordstrom
Letizia completó su elección con un vestido con escote en ‘V’ de Carolina Herrera –también muy comentado y aplaudido por la prensa británica– adornado con una discreta banda blanca en uno de los laterales y zapatos bicolor de Magrit, una de sus firmas de calzado fetiche.
 Los pendientes, en forma de aro, son de la marca española de joyería Coolook y el bolso de Bottega Veneta.
 Su melena, que cambió el liso que suele lucir por unas ondas de acabado natural, pone el broche a uno de sus looks de belleza más sorprendentes.
La Reina eligió un vestido de Carolina Herrera. Foto: Getty




 

22 oct 2018

Antoni Miralda, Premio Velázquez de Artes Plásticas


Miralda en una de sus última exposiciones en el MACBA.  Miralda en una de sus última exposiciones en el MACBA.



El jurado le ha destacado “por una trayectoria artística sólida y transdisciplinar, desde los años 60 a la actualidad, que evidencia el carácter político y crítico de su obra”.


Antoni Miralda ha sido galardonado este lunes con el Premio Velázquez de Artes Plásticas 2018. 
El jurado le ha destacado “por una trayectoria artística sólida y transdisciplinar, desde los años 60 a la actualidad, en la que ahonda en el concepto de ritual y fiesta, con un sentido lúdico y participativo que evidencia el carácter político y crítico de su obra”. 
Y ha añadido en su motivación que “sus acciones colectivas, que involucran gran parte de la población, tanto a audiencias vinculadas al mundo artístico como también agentes de la vida cotidiana, exaltan en particular su capacidad de seducción estética, el carácter organizativo de su práctica, y su incansable trayectoria”.

Este galardón lo concede el Ministerio de Cultura y Deporte desde 2002 para otorgar el reconocimiento institucional a un creador cuya obra sobresale con especial significación en el ámbito de las artes plásticas. 
Se recompensa así la meritoria labor del galardonado a través de la concesión de un premio dirigido a destacar su aportación sobresaliente a la cultura española e iberoamericana por la totalidad de su obra.
 Está dotado con 100.000 euros.
Formado desde comienzos de 1960 en los más prestigiosos y diversos centros artísticos de Barcelona, París, Londres y Nueva York, Miralda es quizás el creador español más versátil, de los últimos 40 años. 
 Permanentemente involucrado en el arte participativo, es autor de una obra de carácter público y lúdico. 
El estudio de la memoria inmaterial es uno de sus ejes temáticos más significativos, resaltando la comunicación como un aspecto de gran importancia en toda su trayectoria. 
Ha trabajado con objetos, mixed-media, happenings (siempre relacionados con la idea de la fiesta, las liturgias ceremoniales, los ritos florales, las procesiones…) para dedicarse ya en 1967-1968 a la alquimia de las metamorfosis con sus “objetos comestibles”, como paisajes o banderas que recrea desde entonces en su obra, mostrando una precoz preocupación antropológica por el ritual. Este lenguaje le permite reflexionar sobre la capacidad de transformación que el arte posee más allá de los recintos museográficos cerrados.
Antoni Miralda es, pues, autor de una obra arriesgada, consolidada a lo largo de más de cuarenta años, fruto de un lenguaje muy personal en permanente investigación. 
A lo largo de su trayectoria, la comida se ha mantenido como referencia permanente por su condición de elemento esencial de cohesión comunitaria. 
También ha realizado numerosas instalaciones que han significado
auténticos retos y que le han permitido llevar su proceso creativo a numerosos emplazamientos del ámbito internacional.

Su obra forma parte de importantes colecciones, ha expuesto en numerosos museos y ha estado presente regularmente en galerías de todo el país así como en las principales citas artísticas internacionales.
 Su obra y su participación se han podido ver en Venecia, Hannover, París, Londres, Nueva York, Miami, Shanghái, Milán, Caracas, Lima, Bogotá, Ciudad de México, La Habana,
Montevideo, Buenos Aires, Atenas, Ámsterdam, Berlín, Bruselas, Copenhague, Dublín, Estocolmo, Helsinki, Lisboa, Luxemburgo, Roma, Viena y, por supuesto, en muchas ciudades españolas.

Dentro de sus primeros trabajos, Soldats Soldés (1967-72), se conocen como objetos “assemblages” partiendo de la acumulación de soldados de plástico blanco. 
Vive en el París de los sesenta, donde empieza a realizar proyectos introduciendo el ceremonial de la comida como elemento creativo a partir del color y su simbolismo.
 Reside en Nueva York de los setenta a los noventa, donde trabaja incidiendo en el espacio público y participativo alrededor de lo comestible.
 Cabe destacar Fest für Leda, Documenta 6, Kassel (1977); Wheat & Steak, Kansas City (1981); Santa Comida, Nueva York, Miami, Paris (1984-89); la creación junto con Montse Guillén del reconocido restaurante El Internacional en Tribeca, Nueva York (1984-1986) y el proyecto Honeymoon (1986-92), que celebra la boda imaginaria de la Estatua de la Libertad con el Monumento a Colón de Barcelona, explorando así la fusión cultural entre el Nuevo y Viejo Mundo con intervenciones en Nueva York, Barcelona, Venecia, Tokio, París, Miami o Las Vegas.

 A mediados de los años 90, partiendo del concepto “comida como cultura”, crea el FoodCulturaMuseum, un “museo sin paredes”, con el objetivo de explorar, coleccionar, preservar, documentar y difundir las conexiones entre comida, cultura popular y arte. 
El proyecto cuenta con una amplia trayectoria de actividades y exposiciones, entre las cuales se encuentran la creación del Food Pavilion para la Expo 2000 de Hannover, los proyectos Power Food y Sabores y Lenguas, que proponen reflexionar en torno al poder y la energía de la comida, la memoria culinaria, los intercambios y la riqueza gastro-cultural de diversas ciudades latinoamericanas, europeas y asiáticas. 
En 2010, el Reina Sofía presenta De gustibus non disputandum, una retrospectiva de su obra en el Palacio Velázquez del Parque del Retiro, en Madrid.
 En Expo Milano 2015 realiza para el pabellón español la instalación El viaje del sabor.
 En 2017 presenta en MACBA MiraldaMadeinUSA.