Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

7 oct 2018

La gran farsa del padre de Nadia..................... Jesús García

El fiscal vio tan claro el caso que incluso sopesó aumentar la pena de los progenitores de la niña.

Fernando Blanco y Marga Garau, padres de Nadia, el viernes en el juicio / VÍDEO: ATLAS

Tan convencido quedó el fiscal con las pruebas contra los padres de Nadia que hasta sopesó pedir un aumento de la pena. Finalmente se contuvo, y Fernando Blanco y Margarita Garau afrontarán seis años de cárcel por enriquecerse a costa de la enfermedad de su hija, Nadia Nerea, afectada de tricotiodistrofia.

 El juicio por estafa, celebrado esta pasada semana en la Audiencia de Lleida, fue un suplicio diario para Blanco, cuyas mentiras fueron evidenciadas por forenses, mossos y afectados. Su propia declaración y las preguntas de su abogado –“más propias de la acusación”, le reprochó el juez- fueron una fuente de alegrías para el fiscal.

La farsa tejida por Blanco durante años en platós de televisión y en conversaciones con sus vecinos de Organyà (Lleida) fue debidamente deconstruida en la sala de vistas.
 El acusado defendió lo imposible y agitó a su favor a Nadia, víctima y protagonista ausente del caso que lleva su nombre. Condenarle a él, dijo al hacer uso del derecho a la última palabra, era tanto como “condenar a Nadia”, que de todos modos, insistió, puede morir pronto porque su vida corre peligro.

La muerte inminente de Nadia. 
Blanco recaudó 1,1 millones con el principal argumento de que su hija iba a morir si no se la sometía a una intervención que siempre resultaba ser carísima y en el extranjero.
 Los forenses desmontaron esa coartada.
 La niña está enferma, sí: sufre una dolencia rara que le afecta al pelo, a la piel, y le produce además problemas de movilidad y una dificultad severa para el aprendizaje.
 Pero, aunque es más propensa a sufrir infecciones, la dolencia no disminuye su esperanza de vida ni mucho menos implica un riesgo inminente para su vida.
La búsqueda de tratamientos. En el juicio quedó claro que, desde el primer año de Nadia, los padres eran conscientes de que sufría tricotiodistrofia, una enfermedad genética para la que, según los advirtieron, no existía tratamiento. 
Blanco explicó que buscó segundas opiniones y que logró dar con expertos en Francia, Turquía y Estados Unidos para curar a la niña. Lo cierto, según la investigación, es que los padres apenas gastaron 2.700 euros en la niña; el resto sirvió para cubrir sus gastos ordinarios.
 
Los genes que entran y salen. Nadie fue sometida, según el padre, a diversas operaciones que “duraban muchas horas” para modificarle los genes.
 Lo explicó del siguiente modo: los médicos realizaban una punción en la nuca de la niña, le “sacaban los genes”, los “modificaban” y los volvían a introducir para “mejorar su calidad de vida”.
 Los forenses explicaron que todo eso es ciencia ficción. Sí hay estudios teóricos y experimentos sobre mutaciones genéticas que, “en un futuro”, ilustraron, podrían llegar a aplicarse en “embriones”, pero nunca en “personas adultas”.

Los hospitales de Houston y París. Blanco aseguró en el juicio que viajó cinco veces a Houston (EE UU) para operar a la niña. Tras su detención, dijo a los investigadores que uno de los centros se llamaba Houston Children Hospital.
 Pero ese nombre “no existe”, constató en el juicio uno de los mossos que lideró la investigación a preguntas, curiosamente, del abogado de Blanco. 
El acusado también mencionó otra operación en Francia, pero solo pudo concretar que tuvo lugar en “París”.

Viajar sin pasaporte. Otro dato sorprendente es que pudiera viajar a todos esos países sin pasaporte.
 Los Mossos constataron que ni él ni Nadia disponían de ese documento en aquellas fechas.
 El fiscal le preguntó, por ejemplo, sobre un supuesto viaje a Brasil y cómo era posible que no tuviera el sello en el pasaporte.
 Blanco alegó que viajaba allí desde Turquía, de modo que no lo necesitaba.
El cáncer de páncreas. La estrategia de la lástima fue esencial en la captación de fondos entre los vecinos de Organyà, que llegaron a colocar huchas en multitud de espacios para ayudar a la niña.
 Los vecinos, de hecho, acusaron a Blanco en el juicio de “jugar con los sentimientos” de la gente a costa de una niña enferma. 
Para añadirle dramatismo, Blanco les contó que sufría un cáncer de páncreas terminal y, para darle verosimilitud, se rapó el pelo.
 En el juicio, afirmó que nunca había dicho todo eso –pese a que también lo mencionó a un medio de comunicación-, aunque matizó que le detectaron “tres tumores al lado del hígado” que “resultaron ser benignos”.
El vendedor de vinos. La fiscalía argumenta que, desde 2009 –año en el que pusieron en marcha la asociación de apoyo a Nadia- los padres carecían de ingresos.
 La defensa trató de cuestionarlo y aludió a una tienda de vinos abierta por Blanco en Organyà. 
Pero los Mossos destaparon que el establecimiento no tenía actividad alguna y que el hombre se limitó a comprar unas cuantas cajas de vino.
 También se presentó como empleado de Vega Sicilia y afirmó que había sido enólogo. 
Nada de ello es cierto, según la investigación, y por eso el fiscal interpreta que Blanco, sin oficio ni beneficio, convirtió la enfermedad de su hija el medio de vida de su familia.

La huida a Toulouse.

 En diciembre de 2016, después de que EL PAÍS las incoherencias de su relato y los Mossos iniciaran una investigación, Blanco se vio acorralado y huyó a Francia.

 La policía catalana lo supo porque ya tenía su teléfono intervenido. 

Esa es una de las razones –riesgo de fuga- que llevó al juez a ordenar su ingreso en prisión provisional, donde permanece desde entonces.

 Un mosso detalló en la vista que, al regresar a Cataluña, Blanco utilizó carreteras secundarias y caminos de tierra para evitar los controles policiales.

 Como en todo, el presunto estafador dio una explicación alternativa: se marchó a Toulouse a buscar a un amigo, con el que se encontró fortuitamente en un bar, y que podía ayudarle a corroborar que todos los tratamientos a los que se había sometido Nadia eran ciertos. 

 No aportó ninguna prueba. Y dijo que sí, que hizo maniobras pero no para evitar a la policía, sino a la prensa, que había iniciado ya “una cacería” contra él.

Elegancia eterna...........

Lana, cuero, terciopelo y charol. El poder del negro impone su dominio en la nueva temporada.

 Vestido con cristales de colores de Christopher Kane, pendientes en forma de luna y maxiperla de SafSafu y base de maquillaje All-In-One Glow, de Yves Saint Laurent.

 

Sobrevestido de lana de The Row; vestido y cinturón de cuerorncon tachuelas, ambos de Hermès, y gafas de sol de Moschino. En las mejillas, colorete Couture Blush, de YSL. 

Sobrevestido de lana de The Row; vestido y cinturón de cuero con tachuelas, ambos de Hermès, y gafas de sol de Moschino. En las mejillas, colorete Couture Blush, de YSL.

  Vestido de punto de Esteban Cortázar, sombrero con pañuelo floral de Maison Michel, y broche y pendientes de Chanel. En los labios, bálsamo Top Secrets Lip Perfector, y en las uñas, La Laque Couture 1, ambos de Yves Saint Laurent. 

 Vestido de punto de Esteban Cortázar, sombrero con pañuelo floral de Maison Michel, y broche y pendientes de Chanel. En los labios, bálsamo Top Secrets Lip Perfector, y en las uñas, La Laque Couture 1, ambos de Yves Saint Laurent.

  Vestido verde de Prada, maxipendientes de perlas de SafSafu y labial mate The Slim, de YSL. 

 Vestido verde de Prada, maxipendientes de perlas de SafSafu y labial mate The Slim, de YSL.

Vestido con vuelo de Molly Goddard, jersey de cuello vuelto de Miu Miu, pañuelo estampado de Hermès, gafas de sol geométricas de Prada, pendientes con perlas de Ellery, anillos dorados de Jupiter by Bornay, zapatos de lentejuelas de Miu Miu y base de maquillaje All Hours Foundation, de YSL.  

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  • Vestido de terciopelo de Salvatore Ferragamo, gargantilla de piel de Hermès y corrector Touche Éclat, de Yves Saint Laurent.

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La modelo Shujing Zhou lleva americana con ribete azul y maxipendiente circular, ambos de Loewe; camisa de organza de Olivia Vintage y maquillaje de YSL. 

 

  • Vestido con cristales de colores de Christopher Kane, pendientes en forma de luna y maxiperla de SafSafu y base de maquillaje All-In-One Glow, de Yves Saint Laurent. 
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  • Sobrevestido de lana de The Row; vestido y cinturón de cuerorncon tachuelas, ambos de Hermès, y gafas de sol de Moschino. En las mejillas, colorete Couture Blush, de YSL. 
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  • Vestido de terciopelo de Salvatore Ferragamo, gargantilla de piel de Hermès y corrector Touche Éclat, de Yves Saint Laurent.
    Vestido de terciopelo de Salvatore Ferragamo, gargantilla de piel de Hermès y corrector Touche Éclat, de Yves Saint Laurent.
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    La modelo Shujing Zhou lleva americana con ribete azul y maxipendiente circular, ambos de Loewe; camisa de organza de Olivia Vintage y maquillaje de YSL.
  • Abrigo de charol de Miu Miu, pañuelo con detalle de pelo de Loewe, pendientes de Chanel; anillos con forma de estrella y luna, ambosrnde Dior; anillos pequeños de Jupiter by Bornay, sandalias de pelo de Stella Luna y perfume Black Opium Sound Illusion, de Yves Saint Laurent. 
    Abrigo de charol de Miu Miu, pañuelo con detalle de pelo de Loewe, pendientes de Chanel; anillos con forma de estrella y luna, ambos de Dior; anillos pequeños de Jupiter by Bornay, sandalias de pelo de Stella Luna y perfume Black Opium Sound Illusion, de Yves Saint Laurent..
    Poncho irregular de paño de Ports 1961, camisa de organza de Olivia Vintage y pendientes dorados de Ellery. En los párpados, Couture Palette, de YSL. 
    Poncho irregular de paño de Ports 1961, camisa de organza de Olivia Vintage y pendientes dorados de Ellery. En los párpados, Couture Palette, de YSL.  

Para iluminar nuestra historia..............................Juan José Millás

Para iluminar nuestra historia Juan José MillásPOR QUÉ NO EXISTE un museo de la llama? Tal es lo que nos preguntamos al contemplar este museo en llamas.
 Acostumbrados, pongamos por caso, a la del mechero, ya hemos olvidado cómo era la del mixto de cera, incluso la del fósforo de madera. 
Ha habido a lo largo de la historia una sucesión de llamas que no tenemos dónde revisitar porque no se encuentran ya en ninguna parte. 
En mi infancia, por ejemplo, había muchos cortes de luz, por lo que en las despensas de los hogares se guardaba un atado de velas, a las que llamábamos bujías, cuya llama minusválida ilumina aún nuestra memoria, aunque nos resultaría imposible mostrarla a nuestros hijos.
 Cada siglo ha tenido sus llamas. ¿Cómo eran las del medievo, cómo las Renacimiento, las de la Ilustración, las del Romanticismo? ¿A la luz de qué clase de fuego se llevaron a cabo las pinturas rupestres? 
 Aparte de la que producen en la actualidad las cocinas de gas, ¿qué otras llamas de las inventadas por el hombre resultaría interesante recuperar para exhibirlas como cuadros en una pinacoteca?
Cierro los ojos y recorro las salas de ese museo imaginario donde tropiezo con la llama furiosa de la soldadura autógena, la llama naranja del testigo del calentador de gas, la llama promisoria del cóctel molotov, incluso la simbólica llama del amor.
 Todas podríamos hallarlas en ese museo que iluminaría nuestra historia del mismo modo que el chorro de agua de la manguera de la foto parece que da luz al incendio del Museo Nacional del Brasil, pobre. 
¿Qué clase de pirómano, por cierto, osaría prender fuego a un museo de la llama?

La llegada del ‘Homo pasmado’...........................Rosa Montero..

Creemos que las nuevas tecnologías nos facilitan la vida. Que nos ahorran trabajo y nos liberan. Pero en realidad sucede lo contrario.
ME ACABO de pasar cerca de tres horas intentando sacar por Internet un abono para cuatro espectáculos en un teatro de Madrid. En primer lugar el procedimiento es ridículamente complicado, pero además, y para mi desgracia, ha ido dando errores todo el rato. Traté de corregirlos una y otra vez con progresiva irritación hasta que, desesperada, me rendí. 
He pagado el maldito abono pero no he conseguido una sola entrada, y siento esa desesperación algo kafkiana que sólo se experimenta ante las pifias electrónicas o los servicios de telefonía robotizados. 
Es como darte de cabezazos contra un caos ciego y sordo. 
Se me ocurrió hacer la gestión por Internet por la facilidad que ello supone, pero lo cierto es que habría sido mucho mejor haberme acercado a pie hasta el teatro, dando un higiénico y agradable paseíto de media hora; sacar allí mis entradas de papel tan ricamente, tomarme un café con hielo en alguna terraza y regresar andando.
Todo ello en menos tiempo del que he empleado en aporrear con creciente furia y frustración este maltratado teclado en el que escribo.
Soy una apasionada partidaria de las nuevas tecnologías y sigo creyendo que nos proporcionan avances increíbles;
 pero, por otro lado, lo digital ha invadido nuestras vidas de una manera tan profunda y tan rápida que los humanos ni siquiera somos conscientes de lo que hemos cambiado.
 En el mundo hay 7.000 millones de personas, y más de 5.000 millones poseen un móvil.
 Si pensamos que sólo 4.500 millones tienen acceso a baños, podemos ir haciéndonos una idea de cómo los smartphones se han convertido en una especie de virus. 
Es una pandemia y no lo sabemos.
 Hablando de baños: un reciente estudio en Inglaterra demostraba que el 41% de los jóvenes elegirían dejar de lavarse antes que abandonar el móvil (lo cuenta Mariana Vega en unocero.com). Sospecho que un buen número de ellos preferiría no bañarse en cualquier caso, al margen de tener o no teléfono, pero, en fin, incluso descontando a los guarros sin más, el porcentaje es abultadísimo. 
Diversos estudios señalan que nos pasamos entre cuatro y cinco horas al día mirando el móvil (Apple demostró que los usuarios del iphone desbloqueamos de media el terminal 80 veces al día).
 Es una cifra tan bárbara que no me extraña que los cines cierren y las novelas no se vendan.
 No nos da el tiempo para nada más que para estar amorrados a la pantalla. 
Y en este cómputo no estamos incluyendo las horas que añadimos ante el ordenador.
Y hay algo aún peor. 
Creemos que las nuevas tecnologías nos facilitan la vida. Que nos ahorran trabajo y nos liberan. 
Pero en realidad sucede lo contrario. Con el e-mail y los whatsapps no terminas jamás de trabajar
 Antes, sacar adelante un tema suponía quizá una carta de papel al mes y tres llamadas. 
Hoy son decenas de correos electrónicos y de mensajes.
 Antes podías cortar tu dedicación laboral a una determinada hora. En estos momentos no cortas jamás.
 Por no hablar de las preciosas horas que he quemado hoy intentando sacar unas entradas.
Todo esto está alterando las costumbres, la salud y el cerebro. Numerosas investigaciones hablan del insomnio causado por la luz de los terminales, de alteraciones en la producción de hormonas, de quizá un mayor riesgo de cáncer (este punto es polémico), sobre todo en niños menores de dos años, los cuales, según todos los indicios, no deberían ni tocar una tableta. 
Pero hay algo que creo que está clarísimo, y es la disminución de la capacidad de concentración. 
Pero hay algo que creo que está clarísimo, y es la disminución de la capacidad de concentración. 
Con la mano en el pecho, debo confesar que mi cabeza, siempre tendente a las corrientes de aire, tiene hoy más agujeros que nunca. La mente aletea de acá para allá con más facilidad, hambrienta de nuevos estímulos.
 Tengo la sensación de que los smartphones son como hechiceros que nos han hipnotizado, creando una Humanidad de seres distraídos y confusos. 
Hay estudios que señalan que el uso del teléfono mientras conduces, incluso en manos libres, provoca cada día nueve muertes y cerca de mil heridos en Estados Unidos.
 Otro trabajo realizado en Manhattan indicó que el 42% de los peatones ignoraban los semáforos en rojo por estar enfrascados en su móvil.
 Ya digo. Somos las primeras generaciones del Homo pasmado.