Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

30 sept 2018

Julián Contreras, el ‘niño’ herido del clan Ordóñez............... Maite Nieto

El hijo pequeño de Carmina Ordónez vive su mes más contradictorio: estrena sección en TVE, le desahucian de su casa por impago y sigue sin hablarse con sus hermanos, Francisco y Cayetano Rivera.

Julián Contreras en la presentación de su colaboración con el programa 'Corazón' de TVE.  

Julián Contreras en la presentación de su colaboración con el programa 'Corazón' de TVE. GtresOnline
Es alto, grande, de físico rotundo, pero en sus ojos se atisba esa mirada de los animales abandonados, dolidos y ansiosos de caricias pero al mismo tiempo temerosos de volver a ser golpeados por la vida o por la traición.
 Es solo una impresión, pero Julián Contreras transmite por igual la tristeza más profunda y la rabia que se autoimpone en su lucha por sacar de una vez la cabeza para poder reír por fin abiertamente.
Julián nació en 1986 del matrimonio formado por Carmen Ordóñez, en aquel tiempo reina del papel cuché, y de su segundo marido, Julián Contreras.
 Ella era una de las dos hijas de Antonio Ordóñez, rondeño, torero y ganadero, un diestro purista entronizado como uno de los más importantes del siglo XX.
 También era la primera mujer de otro torero grande, Francisco Rivera ‘Paquirri’, convertido en mito por obra y gracia de Avispado, un toro que segó su vida en la plaza de Pozoblanco solo un año y cinco meses después de haberse casado con la cantante Isabel Pantoja y haber tenido con ella a su tercer hijo, Kiko Rivera. Carmen era guapa a rabiar, caprichosa y con un hambre de vida que le hizo estar en todos sitios y quizá demasiado rápido.
Su padre –Julián como él– es hijo de un profesor de Instituto, que estudió para aparejador porque no le dejaron dedicarse a la música y que en cuanto pudo abandonó su trabajo junto a un arquitecto sevillano para probar suerte en su pasión.
 Alto, como el hijo, más abiertamente simpático y atractivo, enseguida se movió con soltura en la noche sevillana y fue en El Rocío donde conoció a Carmen Ordóñez, que hacía cuatro años se había separado de Paquirri
 Cuando el eterno aspirante a cantante se divorció en 1994, diez años después de su boda con ella, resumió en un frase su trayectoria:
 “No me han respetado como persona ni como artista. Para la gente yo solo era el marido de Carmen Ordoñez”.

Esta mezcla explosiva de apellidos, divorcios, sueños, caídas y adicciones ha sido el líquido amniótico que ha alimentado a Julián Contreras desde niño.
 Aderezado con una exposición mediática que ha dado cuenta puntual de cada paso de su variopinta familia para bien y para mal. 
También con momentos de dispendios absolutos, como la época en la que vivió en Marruecos con sus padres, y necesidades perentorias, como la que atraviesa ahora mismo cuando le han desahuciado por segunda vez de la casa donde vive con su padre por no pagar el alquiler.
Carmen Ordónez y Julián Contreras en una imagen de archivo junto a Fran y Cayetano Rivera y Julián, el pequeño de los hermanos.
Carmen Ordónez y Julián Contreras en una imagen de archivo junto a Fran y Cayetano Rivera y Julián, el pequeño de los hermanos. GtresOnline
Julián Contreras es listo, tiene un alto coeficiente intelectual, y desde muy joven ha hablado como un niño viejo, sabio, contenido y correcto. Ha escrito cuatro libros, ha montado mil negocios, todos fracasados, y ha probado suerte en trabajos variopintos, de jardinero, a empleado en un túnel de lavado y coach, profesión a la que se dedica ahora además de su reciente estreno como colaborador en el programa Corazón de TVE con sección propia, Atrévete con Julián.
 A quienes se han cruzado con él en los platós de televisión no se les oye una mala palabra para juzgarle como persona, pero sus propias decisiones y las de su familia siguen siendo su mayor condena.
Él fue quien sujetó a su madre en sus últimos años cuando la adicción se apoderó de la existencia de Carmina. 
 Porque era el pequeño y el que estaba con ella.
 Sus dos hermanos mayores Francisco y Cayetano Rivera tenían su propia vida, adoraban a la madre, ayudaron al hermano, pero vivían lejos y atareados. 
También ha sido Julián el que se ha enfrentado a su propia depresión y a las reiteradas caídas en la misma enfermedad de su padre que nunca ha terminado de encontrar su sitio porque la música le negó un hueco en ella y los negocios fueron un fiasco con los que llegaron las deudas.

La escuela de las exclusivas, aprendida por vía materna, ha hecho el resto.
 Las ideas y venidas de un grupo familiar que mezcla los apellidos, Ordoñez, Rivera y Pantoja, tiene un precio.
 Y cuando la situación económica se vuelve perentoria, sentarse en un plató a contar verdades y miserias puede resultar una idea aceptable aunque sea con intervenciones contenidas.
 Así lo ha hecho Julián Contreras en no muchas, pero sí en suficientes ocasiones.
 Para defender a su madre, para relatar su lucha contra la depresión o para quejarse de ser Cenicienta en el Olimpo de sus hermanos.
En primer plano Cayetano Rivera y detrás, Julián Contreras con su padre y otro familiar en el Rocío el día que depositaron las cenizas de Carmina Ordóñez.
En primer plano Cayetano Rivera y detrás, Julián Contreras con su padre y otro familiar en el Rocío el día que depositaron las cenizas de Carmina Ordóñez. GtresOnline
La muerte de la madre o probablemente cómo cumplieron con ella cada uno durante sus últimos años, los distanció.
 Y la prisa con la que Julián padre e hijo abandonaron la boda de Cayetano Rivera con Eva González para sentarse en un plató a contar que les habían tratado como segundones en una celebración a la que acudieron con ilusión de reconciliación definitiva, terminó por abrir la brecha que ya existía. 
Tampoco ha debido ayudar que los Rivera prestaran dinero a su hermano y éste no se lo haya devuelto, como él mismo ha reconocido.

Algunas frases de Contreras resumen la situación: "No tengo nada que reprochar a mis hermanos". "La ausencia de relación no significa que haya mala relación". 
"Mis hermanos están dolidos conmigo y no quieren retomar el contacto y yo lo tengo que aceptar". "Quiero tener con ellos una conversación para pedirles perdón".
Unos y otros tendrán razones que apoyen sus posturas, pero resulta inevitable que el niño viejo convertido en hombre sin suerte despierte esa empatía que nos acerca a los perdedores que tratan de salir una y otra vez del agujero. 
Julián Contreras Jr. ha pedido ayuda en su cuenta de Instagram para encontrar un piso tras ser desahuciado de la casa en la que vive junto a su padre.
 Y su silencio en los medios puede anunciar una nueva exclusiva que le saque momentáneamente del agujero.
 Pero él está ilusionado porque ha interiorizado sus enseñanzas de coach, porque tiene espacio televisivo en el que se enfrenta a retos semanales que le dan adrenalina y porque dice haber encontrado su camino.
 Queda por ver si los vericuetos que se vaya encontrando no le hacen desviarse de sus buenas intenciones y si es capaz de volver a encontrarse a lo largo de él con sus dos hermanos. 
 




 

Los secretos de El Corte Inglés: el 41% de lo que vende es a plazos

El grupo desvela claves de su negocio en el folleto enviado a los inversores por la emisión de bonos.

 
Entrada de uno de los centros de El Corte Inglés en Madrid.
Entrada de uno de los centros de El Corte Inglés en Madrid. EFE
Tradicionalmente, El Corte Inglés no ha sido una empresa demasiado comunicativa. 
Al no ser cotizada, guardaba con celo sus secretos y apenas publicaba una vez al año sus resultados, sin demasiado desglose. Pero estos días ha tenido que hacer una excepción, una especie de desnudo casi integral con motivo de la emisión en Irlanda de bonos corporativos por 600 millones de euros que cerró el viernes con un cupón del 3% y una demanda dos veces superior a la emisión.
 Para poder hacer este debut en el mercado de valores, ha tenido que hacer un ejercicio de transparencia sin precedentes en sus casi 80 años de historia y mostrar en detalle a los inversores sus debilidades y fortalezas, además de hacer una reflexión en profundidad de los riesgos que acechan o pueden aparecer en el horizonte.
Lo hace en un documento de 560 páginas que constituye una radiografía de una empresa monopolística en grandes almacenes en España, que acapara alrededor del 7% de todas las ventas minoristas en el país y que se lanza al mercado para obtener fondos que usará para hacer frente al vencimiento de pagarés de los empleados.
 Bien es cierto, como señalaron las agencias de calificación y admite la empresa, que los 15.939 millones de euros de facturación (en el ejercicio terminado el último 28 de febrero) se concentran casi exclusivamente en España, con lo que depende en exceso de las condiciones económicas nacionales, pero la firma también afirma que esa concentración reduce la exposición al efecto divisa (el 90% de sus compras y el 99% de sus ventas son en euros y solo un 2% de la facturación viene de fuera de la UE).

Aunque en España no sería necesario recordarlo, a lo largo de todo el documento El Corte Inglés presume de marca ante los inversores:
 “Somos una marca célebre en España, asociada a la calidad, el servicio y la innovación”, con una relevancia sin igual “best in class”, dice, “opción predilecta” o “destino principal de compras para consumidores españoles y turistas” debido a que bajo un mismo techo pueden encontrar una extensa gama de productos que ofrece, desde productos de lujo (presume de un equipo multilingüe en árabe, ruso o chino) moda de hombres, mujeres o niños hasta alimentación, pasando por productos para la cultura y ocio, hogar o viajes.
 Esa amplitud de oferta le diferencia de otros minoristas, afirma, porque le permite “servir a toda la población española de todos los segmentos sociales” y ayuda a “reducir la volatilidad de los ingresos”.
¿En qué se traduce esa relevancia? En 700 millones de visitas a sus grandes almacenes en el año acabado el pasado 28 de febrero.
 Y seis de cada diez de esas esas visitas se convierten en compras, según afirma El Corte Inglés en base a una estudio interno realizado en mayo.
 Esa tasa de conversión, un dato que los minoristas suelen guardar como oro en paño, se eleva al 70,1% entre los titulares de la tarjeta de El Corte Inglés.

Esa tarjeta es, como afirma la empresa, uno de sus tesoros.
 La tienen 11 millones de personas (un 28,7% de la población española mayor de edad) y constituye “una ventaja competitiva ante otros minoristas digitales y físicos” y una puerta de “acceso a una gran cantidad de datos de los clientes, incluyendo información sobre sus preferencias”.
 En suma, “una visión de 360 grados de los hábitos de compra de los clientes” que posibilita campañas de publicidad dirigida y detectar tendencias.
 En 2017, los titulares de la tarjeta financiaron con ella 4.600 millones de euros en compras (un 28,8% de la facturación). 
A ello se suma la venta a plazos, que ascendió a 1.600 millones. 
En ambos casos, la financiación corre a cargo de Financiera El Corte Inglés, de la que la empresa que dirige Jesús Nuño de la Rosa posee el 49% y el Banco Santander el resto. 
En total, el 41% de las ventas del año 2017 fueron de alguna forma aplazadas. 
Otra ventaja frente a otros competidores, entiende la empresa, aunque también un riesgo, si algún acontecimiento o regulación le afecta negativamente.
El Corte Inglés se vende como un gigante mundial del comercio, con más de 600 establecimientos (entre ellos, 94 grandes almacenes, 41 hipermercados, 56 supermercados, 176 Supercor, 157 tiendas Sfera, 64 Bricor, 108 Óptica 2000 y 527 agencias de viaje).
 Muchos de estos puntos de venta –sin contar con los 3.200 que le ofrece el acuerdo con Repsol para surtir sus gasolineras- son propios.
 En total, una cartera inmobiliaria propia tasada en 17.147 millones de euros –según la tasadora Tinsa; El Corte Inglés advierte que esa tasación puede ser “incorrecta”- con 10 millones de metros cuadrados, el 40% de superficie comercial. 

Presume de dar entrada en ella a 1.500 marcas de terceros (140 en exclusiva), sin contar las de gran consumo, que aportan el 70% de los casi 5.000 millones de ingresos del área de moda, el más importante para El Corte Inglés.
 La empresa afirma que sus grandes almacenes son “la mejor puerta de entrada al mercado español” para esas marcas, puesto que proporcionan “acceso inmediato a toda la población”, al tiempo que le sirve para reducir riesgos, toda vez que son esas marcas las que gestionan su propio inventario y pagan a 18.500 dependientes de sus corners en los grandes almacenes.
 Revela asimismo que ha puesto en marcha un nuevo contrato para las concesiones a estas marcas, que incluirá a partir de ahora un “mínimo retorno garantizado por metro cuadrado” de esos corners, independientemente de las ventas, además de la habitual comisión por cada venta.
De esas 1.500 marcas de terceros, 290 están presentes en la tienda online de El Corte Inglés, que le proporcionó alrededor de 547,5 millones de euros el último ejercicio (15.000 repartos al día, más de medio millón al año, con un precio medio de más de 100 euros, dice la empresa).
 Esas cifras colocan a El Corte Inglés como el segundo mayor vendedor minorista online de España, con un 9,1% de cuota de mercado, solo por detrás de Amazon, con el 12,7%. 
Frente a la competencia del gigante estadounidense, saca pecho de su red de distribución, tres centros logísticos y los 94 grandes almacenes y demás locales, situados en las mejores zonas de las principales ciudades de España, incluídas las Canarias. 
En total, El Corte Inglés vende online 1,5 millones de referencias, un tercio de ellas en el servicio de entrega en dos horas, presente en 54 ciudades y que pretende extender a más en los próximos meses con una nueva aplicación móvil.


 

 

Historia de una primera vez....................................

Historia de una primera vez
PENSAR EN el contenido de un bolso permite imaginar un móvil, una cartera, unas llaves o una agenda. 
En el de la fotografía cabe también la historia de una primera vez. 
Casi un año después de convertirse en director creativo de la línea femenina de Salvatore Ferragamo, Paul Andrew se ha estrenado como diseñador de bolsos para la marca con base en Florencia.
 El modelo Studio Bag respeta las líneas tradicionales de Ferragamo y recupera la esencia de la casa italiana gracias a un estampado rescatado de sus viejos archivos. 
Fabricado de manera artesanal en piel y rematado con el icónico cierre Gancini brillante, su precio es de 2.415 euros.
 La reinterpretación contemporánea de un fuerte legado, que no descuida la funcionalidad. 
El equilibrio perfecto entre la utilidad y la elegancia.

Tamara de Lempicka, el exceso es un arte................. Borja Hermoso.

Tamara de Lempicka y Salvador Dalí, en Nueva York, 1941.
Tamara de Lempicka y Salvador Dalí, en Nueva York, 1941.
Amiga —cuando no amante— de reyes exiliados y aristócratas de alta y baja estofa, perpetradora de fiestas y orgías, cocainómana y cazadora nocturna en busca de marineros que llevarse a casa, fiera bisexual, trabajadora impenitente, amante y militante del lujo y la decadencia burgueses, inspiración de modistas y diseñadores, icono pop e influencer adelantada a su tiempo, todo en la vida de Tamara de Lempicka resulta excesivo. 
Empezando por el propio personaje, que sin duda aplastó a la artista. “El personaje mató a la artista, más bien”, asegura Gioia Mori, profesora de arte medieval y moderno en la Academia de Bellas Artes de Roma y comisaria de la exposición Tamara de Lempicka, reina del art déco, que abrirá sus puertas el próximo viernes en el Palacio de Gaviria de Madrid.
Exceso puro, pues, y sin embargo todo queda envuelto, en el caso de la autora del celebérrimo Autorretrato en el Bugatti verde (1929), en esa especie de inmaterial halo de seda que suele rodear a los personajes de lejanías, aparentemente furiosos en su vida social y en realidad enclaustrados en sus conflictos psicológicos.
Ni siquiera el frío dato biográfico está claro en esta mujer sin par que reinó durante algún tiempo en el templo del art déco, el movimiento que sirvió de espejo estético a la efervescencia de los locos años veinte o lo que algunos dieron en llamar la Edad del Jazz.

 La mayoría de autores sostienen que Tamara Gurwik-Górska nació en 1898 en Moscú, de familia polaca.
 Pero otros lo sitúan en Varsovia y en 1895.
 Hay incluso expertos en su obra que hablan de 1906.
 “Ni su propia familia supo nunca cuándo y dónde vio la luz”, explica Gioia Mori, “estoy en permanente contacto con sus nietas y me han asegurado que nunca han visto documentos que puedan acreditarlo.
 A ella misma le gustaba decir que había nacido a principios del siglo XX, pero eso es imposible, lo hizo a finales del XIX”.
 Falleció en 1980 en Cuernavaca (México). Su certificado de defunción decía que tenía 82 años.
Sus cenizas fueron esparcidas, como ella había pedido, en el cráter del volcán Popocatépetl por su hija Kizette y por el escultor mexicano Víctor Manuel Contreras.  
 
El retrato inacabado de Alfonso XIII atribuido a la artista ruso-polaca. Fue pintado en 1934.
El retrato inacabado de Alfonso XIII atribuido a la artista ruso-polaca. Fue pintado en 1934.
La exposición que ha montado Gioia Mori en Madrid —la primera gran muestra española sobre Lempicka desde la organizada en la Casa das Artes de Vigo hace 11 años— llega con una pequeña exclusiva artística bajo el brazo: el pequeño retrato inacabado del rey Alfonso XIII atribuido a Lempicka, propiedad de un coleccionista privado de París, Jean-Claude Dewolf. 
Los expertos en la obra de la artista ruso-polaca siempre hablaron de esta pintura, pero su paradero era desconocido hasta ahora.
“El retrato fue pintado en 1934. 
La primera noticia que tenemos de él fue en esa carta de aquel mismo año, y la segunda, en un texto sobre una exposición celebrada en Estados Unidos en 1939 escrito por la artista, donde da cuenta de que ha pintado al rey.
 Y finalmente, pocos días después de la muerte de Alfonso XIII en Roma el 28 de febrero de 1941, ella habla en una entrevista sobre su relación con él, al que califica como ‘un personaje muy simpático y locuaz”, detalla la comisaria.
 El pequeño retrato (33×28 centímetros) nunca había sido expuesto hasta ahora.
 Gioia Mori estima que, “más allá de su indudable interés histórico”, la cotización de la pintura podría alcanzar hoy día el millón de euros. 
 Será sin duda uno de los ingredientes más atractivos de la exposición en el Palacio de Gaviria, que no incluirá el Autorretrato en el Bugatti verde, la obra más popular de la artista.
 La pintó en 1929 por encargo del semanario alemán Die Dame para su portada. El cuadro pertenece a una familia de coleccionistas suizos.
 “Tienen tantos problemas de herencia entre ellos que es imposible que lo presten”, lamenta la comisaria de la muestra.
Autorretrato en el Bugatti verde, de 1929, la obra más célebre de Tamara de Lempicka, propiedad de un coleccionista suizo.
Autorretrato en el Bugatti verde, de 1929, la obra más célebre de Tamara de Lempicka, propiedad de un coleccionista suizo.
Es una pintura que simboliza toda la fuerza del pretendido mensaje feminista avant la lettre atribuido por algunos expertos a la obra de Lempicka.
 Una mujer al volante de su automóvil (aunque la artista no tenía un Bugatti, sino un Renault, y no era verde, sino amarillo), decidida a la vez que etérea, la mirada confiada a la par que serena, uno más de los personajes fríos y metálicos que salieron de su paleta.
 La misma mujer que jugó en los años veinte y treinta a hacer más o menos lo que le vino en gana; la devoradora de hombres y de mujeres; la pintora amiga de Picasso, Cocteau, Gide, Orson Welles, Tyrone Power, Greta Garbo y Dalí (con quien compartió galerista, Julien Levy); 

la fiera nocturna que de vuelta a casa, ya de madrugada e incrustados en su cuerpo y en su mente los efluvios de los sucesivos paraísos artificiales, se ponía a pintar veloz, obsesivamente, en su estudio de la Rue Méchain de París. Olvidando a sus sucesivos amantes y a sus sucesivos maridos, olvidando a su hija Kizette —a quien, sin embargo, retrató a menudo—, robándoles la pareja a las incautas mujeres que se le pusieran por delante (como hizo con la bailarina española Nana de Herrera, a quien le arrebató el amor del barón Kuffner, con quien finalmente se casó), la amiga de aristócratas encerrados en su mundo y de escritores fascistas, como Marinetti o Gabriele D’Annunzio, a quien por cierto ridicu­lizó hasta la saciedad, dejándole con un palmo de narices ante sus continuas aspiraciones carnales… 
“Vivo en los márgenes de la sociedad, y las reglas de la sociedad normal no se pueden aplicar a aquellos que viven en el límite”: eso sí que es todo un autorretrato
Tamara, piel, joyería, cigarro, del fotógrafo Joffé Monneret, de 1938.
Tamara, piel, joyería, cigarro, del fotógrafo Joffé Monneret, de 1938. 
Tampoco estarán en Madrid los retratos de Tamara de Lempicka en manos de coleccionistas famosos como Jack Nicholson o Madonna. 
“El caso de Nicholson es complicado, porque está bastante enfermo, aunque prestó varias obras para la última exposición en Roma. Madonna jamás ha prestado una obra de Lempicka, con ella es imposible”, explica Mori. 
La cantante es una de las grandes coleccionistas mundiales de la obra de Lem­picka; ha utilizado reproducciones de sus pinturas en sus vídeos y en sus giras, y se ha inspirado en su estética a la hora de vestirse. 
Otro de los grandes coleccionistas de su obra en el ámbito mundial es el magnate mexicano Carlos Slim, que ha prestado para la muestra madrileña una decena de los lempickas que habitualmente se exhiben en el Museo Soumaya-Colección Slim de Ciudad de México.  

El resto de préstamos proceden de colecciones privadas de todo el mundo y de diversos museos europeos.
Tamara de Lempicka, el exceso es un arte
Tamara de Lempicka, el exceso es un arte
De arriba a abajo, La bella Rafaela, de 1927; L´écharpe bleue (La bufanda azul),; y la Bailarina rusa (1924-1925).
De arriba a abajo, La bella Rafaela, de 1927; L´écharpe bleue (La bufanda azul),; y la Bailarina rusa (1924-1925).
Gioia Mori no esconde su deseo de que la exposición de Madrid haga renacer a la Lempicka-artista para dejar atrás al personaje mundano y al icono pop por la vía de millones de pósteres vendidos por todo el mundo con su imagen en el Bugatti verde. Fue una pintora inclasificable que bebió de las fuentes del Renacimiento italiano, influida por Ingres y por el cubismo sintético de su maestro André Lhote, una artista de estética personal e intransferible (estética de la decadencia, podría decirse) que tuvo a sus pies lo mismo a cientos de amantes que a los más importantes coleccionistas de los años veinte y treinta, pero que, sin embargo, nunca interesó demasiado a los responsables de los grandes museos, incluido el Pompidou de París, a quien donó varias obras que no suelen exhibirse en la colección permanente.
 Grandes del mundo de la moda como Krizia, Dolce & Gabanna, Prada, Karl Lagerfeld, Gianni Versace o Elie Saab le hicieron sendos homenajes en sus creaciones. 
Vivió en Moscú y en San Petersburgo, de donde huyó de la Revolución Rusa con su esposo, Tadeusz Lempicki, y sucesivamente en Lausana, Copenhague, Roma, París, La Habana, Beverly Hills, Nueva York, Boston y Cuernavaca. Fue baronesa, se comió la vida, el arte fue para ella lo más importante, no se puso reglas morales, fue una mujer ambigua llena de luces y sombras, medio polaca y medio rusa, una estrella mundial en su tiempo luego caída en el olvido y finalmente resucitada en la gran exposición que el galerista Alain Blondel montó en París en 1973.
 Tamara de Lempicka entre el oro y el fango. Puro exceso.
Tamara de Lempicka y la modelo Cecilia Meyers, ante la obra Suzanne au bain. Beverly Hills, 1940.
Tamara de Lempicka y la modelo Cecilia Meyers, ante la obra Suzanne au bain. Beverly Hills, 1940.
No me gustan esas mujeres que resucitan al mundo para ellas. todo es excesivo y no sé que interés puede tener su obra, no me gusta esteticamente, no me gusta tanto de tanto. Supongo que nunca tendré un cuadro de esas mujeres rompedoras....pero rompedoras junto a tanta ambiguedad y dinero. Reyes que posan para ella. no sé si nuestro Rey posaría para una pintora, no creo que Letizia le dejaría.....todo es una broma .y esta pintora no creo que se tomase a ella misma muy en serio.