Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

22 sept 2018

La conversación política............................... Joaquín Estefanía

El pacto es menos épico que la victoria o la derrota.

Dolores Ibarruri y el poeta Rafael Alberti en el Congreso de los Diputados.
Dolores Ibarruri y el poeta Rafael Alberti en el Congreso de los Diputados.
La conversación política en España va degradándose. Todos los días hay testimonios de ello.
 Ha vuelto la estrategia de la crispación. 
 Cuando aquella se deteriora tanto, surge en la sociedad la espiral del silencio, como la denomina la socióloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann: se aísla a los ciudadanos que expresan posiciones contrarias a las asumidas como mayoritarias, de tal forma que el comportamiento de la gente está influido por la percepción que se tiene del clima de opinión dominante.
Por ello, lo más importante del diálogo público que mantuvieron la semana pasada los expresidentes del Gobierno Felipe González y José María Aznar fue la conversación misma: el continente, no los contenidos. 
Con posiciones diferentes (o no tanto) sobre la reforma de la Constitución, recuperaron el mejor espíritu de los años de la Transición que describió la directora de EL PAÍS, Soledad Gallego-Díaz, con una escena que para nada es una anécdota: el 13 de junio de 1977, el día en que se constituía el primer Congreso democrático desde la Guerra Civil, Adolfo Suárez (presidente del Gobierno, de 43 años, proveniente del régimen franquista) acudió a las puertas del Parlamento para recibir a Pasionaria (de 82 años, totalmente vestida de negro, presidenta del Partido Comunista y el mayor símbolo vivo de la II República). 
Suárez —que necesariamente quiso que le fotografiaran y que todo el mundo lo viera— tendió la mano a Dolores Ibárruri y le dijo: “Bienvenida al Congreso, señora Ibárruri”.
 Y Pasionaria, dándole un fuerte apretón de manos, con una sonrisa escueta, murmuró: “Que tenga suerte, presidente”. 
 Aquella sesión parlamentaria fue presidida por los dos diputados de mayor edad: Pasionaria y Rafael Alberti.
 Cuando la primera, apoyada en el poeta, bajaba trabajosamente la escalera para incorporarse a la presidencia, era observada por Leopoldo Calvo Sotelo, sobrino de José Calvo Sotelo, el “protomártir” de la dictadura asesinado a tiros 41 años antes. 
La familia Calvo Sotelo había acusado en su momento a Ibárruri de ser la autora intelectual del asesinato, al pronunciar unas horas antes las siguientes palabras: “Este es el último discurso que pronuncia usted en esta Cámara”.
 Pasionaria lo negó siempre. 

La Transición no tuvo mapa previo, sino que su evolución dependió de la correlación de las fuerzas políticas.
 España y Portugal, los dos países vecinos cuyos regímenes fascistas tenían muchas similitudes, se transformaron más o menos al mismo tiempo y elaboraron transiciones a la democracia muy distintas. 
En sus exposiciones, González y Aznar hicieron suyo lo que había escrito Javier Pradera (La transición española y la democracia; Fondo de Cultura Económica): transformó la cultura política “desde el enfrentamiento violento hacia el diálogo tolerante, la voluntad de acuerdo, la negativa a transformar al adversario en enemigo, la capacidad de abstraer del presente las ofensas recibidas del pasado —en forma de años de cárcel, de torturas o de pérdida de seres queridos—, el estudio de la historia para no repetir los errores y la orientación hacia el futuro”.
La Constitución fue pactada, no impuesta, y esa fue su gran virtud, aunque el pacto tenga siempre menos épica que la victoria de unos sobre otros.
 Decía Santayana que un país que desconoce su historia está condenado a repetirla.
 La Constitución y la Transición fueron la respuesta de la sociedad española a la muerte de Franco.
 En su balance, el dictador dejó, además de tres décadas y media de cruel dictadura, las consecuencias directas de la Guerra Civil: al menos 150.000 muertos en combate, 100.000 víctimas de ejecuciones y asesinatos en la retaguardia entre los años 1936 y 1939, 23.000 republicanos fusilados en la posguerra, 500.000 exiliados y 270.000 reclusos políticos en 1939.
Recuperar la mejor conversación política fue la mayor virtud del debate de los expresidentes.
 Aunque quizá el principal problema de España sea la situación de sus jóvenes, y no Cataluña.
 Y sobre ellos no hicieron ninguna reflexión.

 

Dime la verdad.................................................. Boris Izaguirre

El expresidente Jose Maria Aznar en la Comision de Investigacion de la Financiacion irregular del PP en el Congreso.rn rn rn
El expresidente Jose Maria Aznar en la Comision de Investigacion de la Financiacion irregular del PP en el Congreso. EL PAÍS

Durante la comparecencia me fijé en que a José María Aznar le habían montado un 'show' de televisión para protagonizar un pulso con los nuevos líderes políticos.

Ha sido una semana de grandes declaraciones.
 Isabel Pantoja, con su voz y el brío de su cabellera hizo una llamada que partió en dos la historia de Telecinco. 
Y, casi como respuesta, José María Aznar, con esa liberalísima cabellera enmarcando su rocoso semblante, se presentó ante la comisión del Congreso que todavía investiga si hubo irregularidades en la financiación del PP. Y para rematar, la actriz y productora de cine porno, Stormy Daniels, famosa por su relación con Donald Trump, confesó que los genitales del presidente de Estados Unidos recuerdan intensamente a una seta. 

Confieso que la verdad se ha convertido en algo extraño.
 A veces tan vulgar como una seta.
 Siempre he pensado que la gente que llega a ser presidente tiene una genitalia de la que es preferible saber poco. 
Y es porque cuando era pequeño, al darme cuenta de que mis genitales no crecían igual que yo, me propuse ser presidente.
 Mi mamá me preguntó insistente si de verdad lo creía necesario y ante mi terca afirmación me hizo ver que necesitaría estudiar mucho, lograr un título universitario, acudir a un máster sobre algo en lo que no creía —en vez de hacerlo sobre el vestuario de Jacqueline Kennedy— y así consiguió quitarme la idea de la cabeza.
 A cambio, me hizo ver la importancia del estilo. 
Y por eso durante la comparecencia de Aznar observé lo lisa y despejada que está su frente ahora.
 Ni una sola arruga.
 Cuando llegó, casi de la mano del joven señor Casado, Aznar parecía su hermano. ¡Ya hay más arrugas en la frente del nuevo presidente del PP que en la de José María, como le llamó el diputado Rufián durante la comparecencia!
 Me fijé también en la camiseta reivindicativa que acompañaba al tono universitario del señor Rufián, con el rostro de José Couso, el cámara de televisión asesinado en la guerra de Irak, porque esa muerte coincidió con mi presencia en el Hotel Glam, un programa que hizo que Aznar, presidente, rugiera muy enfadado contra lo que llamó “telebasura”.
Ha pasado tanto tiempo y tanta basura desde todo aquello que no me extrañó que José María saliera diciendo que le había encantado la comparecencia, mientras, Rufián no recordaba lo que allí querían aclarar. 
Previsor, Aznar llegó luciendo el reloj Panerai que usó como un arma durante los días de la invasión de Irak. Reconozco muy bien ese reloj porque tengo uno igual que guardé cuando se lo descubrí al entonces bélico presidente. Al vérselo de nuevo me di cuenta: así como te aferras a tus relojes debes aferrarte a tus convicciones.

La exactriz porno Stormy Daniels, en California, el pasado mayo.  
La exactriz porno Stormy Daniels, en California, el pasado mayo. REUTERS
Este mundo te obliga a creerte una verdad y no varias, como hago yo.
 Por ejemplo cuando José María le aclaró al alborotado diputado Rufián que la monumental boda de su hija Ana (Francisco Correa asistió y contribuyó con los 30.000 euros del equipo de sonido) no era “su boda”. 
Ese es el tipo de verdad que Aznar maneja como nadie y de las que debemos aprender.
 Hay que aprender a mentir sin arrugarse. Durante la comparecencia, me fijé en cosas como esa porque me pareció que la habían montado como un show de televisión, y eso me interesa. 
Un especial para que José María pudiera protagonizar un pulso con los nuevos líderes políticos.
 Iglesias, más joven, se lo tomó más en serio mientras que Aznar, como puede suceder con la gente madura, pareció tomárselo más a broma. 
 

Un especial para que José María pudiera protagonizar un pulso con los nuevos líderes políticos. Iglesias, más joven, se lo tomó más en serio mientras que Aznar, como puede suceder con la gente madura, pareció tomárselo más a broma. Y me dio la impresión de que el expresidente consume más televisión de lo que quiere reconocer. Muchas de sus salidas evidenciaban que entre los miles de espectadores que nos quedamos pegados a la pantalla durante “La Llamada” de Isabel Pantoja a Telecinco, estaba José María Aznar. Quizás preguntándose cuál es el secreto de la cantante para ser ese pegamento que aglutina España y que él no pudo ser.

No falto a la verdad si digo que mi papá insistía en recordarme que Poncio Pilatos le preguntó a Cristo si él era la verdad y que Cristo le respondió que la verdad no existía. 
A pesar de eso considero que Stormy Daniels sí está siendo sincera y poética en su libro, Full Disclosure, sobre su affaire con Donald Trump.
 Me gustaría rezar para que pueda promocionar a gusto esa autobiografía.
 Pero, saber que Trump no es un superdotado, ¿afectará su presidencia? Probablemente no mucho.
 Ocurre que la verdad, cuando al fin la vemos, no nos parece verdad.

 

 

Kiko Matamoros: de vender la vida de otros a vender la suya

Ha pasado de ser representante de Mar Flores y Carmina Ordóñez a personaje estrella de Telecinco, a cambio de vender sus miserias, en medio de una millonaria deuda con Hacienda.

Kiko Matamoros, en un debate de 'Supervivientes'.
Kiko Matamoros, en un debate de 'Supervivientes'. GTRES

 Mientras su exesposa se derrumbaba en la casa de Gran Hermano recordando el día en que se casaron, su hijo le acusaba en el programa Sálvame de ser un monstruo y de haber sido infiel decenas de veces, y él, Kiko Matamoros (Madrid, 1956), concedía una entrevista a una revista del corazón para contar que está abierto al amor.

 Un panorama que sitúa al colaborador en el trono de los personajes del universo Telecinco y de parte de la prensa rosa. Matamoros no es un simple superviviente de una peculiar generación de famosos nacida a finales del siglo pasado en programas como Tómbola, Salsa Rosa o Crónicas Marcianas. Controló parte del negocio del papel cuché y ha triunfado rotundamente en televisión, pero también ha pasado por varias crisis y aún sigue pendiente de resolver una deuda millonaria con Hacienda. 

Pese a ello, o quizás precisamente por ello, sigue en plena forma a la hora de hacer caja aireando los trapos sucios de su vida, y en esto ni siquiera un lazo paternofilial supone límite alguno.

 Hasta los más curtidos en programas como Sálvame han comentado que la entrevista (en formato polígrafo) el sábado pasado a Diego, el único hijo varón de los cinco que tiene Kiko Matamoros, fue de lo más duro que se veía en tiempo. 

El presentador, Jorge Javier Vázquez, intentó frenarle, pero él respondió: “Es un monstruo que no conocéis”. 

Kiko Matamoros y Makoke, en un concierto en julio en Madrid. rn  
Kiko Matamoros y Makoke, en un concierto en julio en Madrid.
Marián Flores, la mujer de Matamoros de 1984 a 1998, es la madre de Diego y otras tres hijas con el colaborador, Lucía, Laura e Irena, pero también es la hermana de la modelo Mar Flores.
 Fue su famosa excuñada la que abrió las puertas de la farándula a Matamoros.
 Él fue su representante durante años, aunque desde hace tiempo no se hablan y viven una auténtica guerra de declaraciones en los medios. 
Fue su hermano Coto Matamoros el que filtró las fotos del escándalo de la portada de Interviú en la que Mar Flores aparecía en la cama junto al conde Lecquio
 Uno de los mayores hitos de la prensa del corazón y un terremoto que afectó a personalidades como el empresario Fernando Fernández Tapias y Cayetano Martínez de Irujo
 Aún así, Kiko tuvo a su representada estrella en Carmina Ordóñez. Junto a ella, Matamoros vivió su época dorada en los platós de Salsa Rosa.
 Carmina confesaba en Crónicas Marcianas ante una audiencia millonaria que su exmarido Ernesto Neyra la maltrataba mientras el dinero corría a espuertas y las apariciones en platós se multiplicaban.
 El pasado 23 de julio, fecha del 14 aniversario de su fallecimiento, la recordaba en Instagram. 
“Catorce años de nostalgia feroz; catorce años decorando tu ausencia con los mejores recuerdos. Te queremos”.
 
Sofia Suescun, Carlos Lozano, Jorge Javier Vazquez  y Kiko Matamoros durante la gala de 'Gran Hermano', el pasado 14 de septiembre. 
Sofia Suescun, Carlos Lozano, Jorge Javier Vazquez y Kiko Matamoros durante la gala de 'Gran Hermano', el pasado 14 de septiembre. ©GTRESONLINE
El protagonista terminó siendo él. 
Uno más de los “nuevos famosos” o “colaboradores”, ni periodistas ni artistas, ni de la nobleza o realeza, pero que acapararon tanta o más popularidad que ellos.
 Catorce años después de la muerte de Carmina, Kiko Matamoros sigue omnipresente en la tele hablando de su vida. 
Tras idas y venidas de Sálvame, finalmente ha renovado esta temporada con un papel de “defensor de la audiencia”. 
Otro de sus grandes problemas es que ha vuelto a aparecer en la última lista de morosos de Hacienda con una deuda de algo más de un millón de euros
Necesita ingresar dinero y ha negociado su entrada en varios realities, pero no ha conseguido la cifra deseada, que normalmente oscila entre 6.000 y 25.000 euros semanales.
 Con tal perspectiva, el futuro más inminente para él pasa por rentabilizar al máximo su divorcio y el conflicto con su hijo.
 El tren en el que viaja Kiko Matamoros es de los que no para.

Editorial Tusquets: así se hizo....... ...... ...Juan Cruz

El sello fundado por Beatriz de Moura cumple medio siglo el año que viene. Su archivo es un retrato plural de la literatura contemporánea.

De izquierda a derecha, Ana Bohigas, Oscar Tusquets, Antonio López Lamadrid, Beatriz de Moura, Salvador Dalí y el editor francés Jean-Jacques Pauvert.
De izquierda a derecha, Ana Bohigas, Oscar Tusquets, Antonio López Lamadrid, Beatriz de Moura, Salvador Dalí y el editor francés Jean-Jacques Pauvert.

 

Albert Camus la puso a pensar sobre la vida. Toni López, su compañero, la ayudó a hacer de Tusquets una empresa.
 Y Gabriel García Márquez salvó su editorial del naufragio un año después de su fundación en Barcelona.
Beatriz de Moura llamó a su amigo Gabo, que era un muchacho al que había conocido antes de la fama, en algún local nocturno de Barcelona.
 “Gabo, tú eres muy rico y Tusquets necesita dinero”. De pocas palabras, el que luego sería Nobel colombiano, que ya disfrutaba de la miel de Cien años de soledad, le respondió: “Te voy a hacer un regalo que te hará rica”.

Ese regalo fue Relato de un náufrago, que salió en 1970, un año después de fundada Tusquets, por Oscar Tusquets y por ella, y del que se llevan vendidos millones de ejemplares de más de un centenar de ediciones. 
Salvó a Tusquets, como si a ella misma también la rescatara de un naufragio.
Ahora lo cuenta ella en la oficina del Fondo Antonio López Lamadrid, que ha acogido hasta ahora el grueso del legado recopilado por ella a lo largo de medio siglo de historia editorial. Perfectamente clasificado (por el departamento de manuscritos que dirigen los responsables del departamento, Javier Docampo y María José Rucio) ahora esa historia, repleta de correspondencia y de documentos editoriales, reposa donde ella ha querido, la Biblioteca Nacional de España.
 Está aún en proceso de clasificación y tardarán algún tiempo los investigadores en tener acceso completo a la historia de esta mujer, que, parafraseando a Gabo en el título de su reportaje más famoso, es “una editora que estuvo cincuenta años en Tusquets y a veces en La Balsa [un restaurante de Toni en Barcelona], fue convertida en heroína, [no] se hizo rica y fue recordada para siempre”.

Correspondencia de Beatriz de Moura con Mario Vargas Llosa.
Correspondencia de Beatriz de Moura con Mario Vargas Llosa.
Ella no ha sido rica, ni falta que le hizo, pero su experiencia es el tesoro de una de las más audaces editoras de la historia contemporánea española. 
En el despacho de su oficina, a la que ella llama El Palomar, recuerda ese suceso mayor con Gabo.
 En los documentos que ya están en la BNE hay un riguroso, y cuidado, manuscrito en el que García Márquez escribe a lápiz (que no se ha despintado) el primitivo título del libro. “Cuando llegó a Barcelona él venía de la miseria más absoluta, y Cien años de soledad le solucionó la vida”.
  Por eso, cuando Tusquets estaba en peligro de naufragar, le hizo aquella llamada de socorro.
 Y el regalo que, según él, la haría rica fue la historia del náufrago. “Vino un día, en efecto, me entregó unos recortes del periódico El Espectador, me dijo que había publicado esa historia de un náufrago y que por eso se tuvo que ir de su país. Entonces me propuso que lo publicáramos”. Él sabía dónde: en la colección Marginales, una idea que traía Beatriz de Moura de su paso por Lumen (con Esther Tusquets, entonces su cuñada, hermana de Óscar, su compañero en aquel tiempo).
 A Gabo ella lo presentaba, cuando aún no lo nimbaba la fama, como “este colombiano que dice que es escritor”. 
“Mi llamada fue franca, y su respuesta también, 'te voy a hacer un regalo que te hará rica…'. Me trajo unos trozos de periódico, empiezo a leer la aventura, 'es divertidísimo, ¿lo tienes todo?', le dije. '¡Claro, si me hice rico gracias a este reportaje!', me soltó. '¿Crees que se puede publicar sin pagarle nada al periódico?', seguí. 'De eso me encargo yo”.
El mejor amigo de Gabo, Álvaro Mutis, envió todos los reportajes. Quizá fue la propia Beatriz la que mecanografió el conjunto. 
Nunca se escribieron, pero ese texto mecanografiado y el papel en el que Gabo escribió de su puño y letra el título que quería para el libro reposan como el simbólico rescate que Gabriel García Márquez hizo de una joven editora que naufragaba entonces entre las dudas de su mesa camilla en Barcelona.

Marina Curiá, Gabriel García Márquez y Beatriz de Moura, en el Price en 1969. 
Marina Curiá, Gabriel García Márquez y Beatriz de Moura, en el Price en 1969.
De Mario Vargas Llosa, el otro intrépido sudamericano que trajo el boom bajo el brazo a Barcelona, sí hay correspondencia entre los donativos de Beatriz de Moura.
 Entre esas cartas, “una preciosa, de despedida, cuando yo decidí dejar la editorial en las manos de Juan Cerezo y del grupo Planeta”. En esa carta “Mario expresaba una cierta tristeza porque él consideraba mi adiós como una especie de abandono… Yo le conté la crisis que había entonces, 2009, con cuarenta personas a mi cargo y con la ausencia de Toni, que nos había dejado un año antes”. 
El Nobel peruano tiene una intensa relación de amistad que Tusquets pero un solo libro, Elogio de la madrastra, en su catálogo.
“Él vino personalmente de Londres a entregarnos el manuscrito. Seguía viaje a Lima, para presentarse a las elecciones.
 Quería que su libro saliera en 1990, cuando empezaba su campaña. ¡Y nos entrega un libro que quería que apareciera en la colección erótica, La Sonrisa Vertical! ¡Quiere ser presidente y publica erotismo! Mario es así”. -¿Qué sintió al dejar toda esta documentación en Biblioteca Nacional?
-Alivio. Permitía que ese fondo tuviera su espacio propio.

Descansan ahí cincuenta años de historia.
 No todo ha sobrevivido; los faxes, maldición que sepultó correspondencias, se ven mal, pero hay registrado abundante intercambio literario, personal o editorial, con escritores como Milan Kundera (muy abundante), Jorge Semprún, Fernando Aramburu, Almudena Grandes, Javier Cercas, Luis Landero o Carlos Castilla del Pino… 
No hay cartas con Marguerite Duras, cuyo El amante fue un suceso mundial y, para Tusquets, una especie de reedición del éxito de Relato de un náufrago… 
“Con Marguerite Duras la correspondencia era por teléfono. Oía su voz, potente, llena de su historia de alcohol y cigarros.
 Fui a visitarla varias veces porque me di cuenta de que era un personaje arisco.
 Tengo cartas enormes de su propio editor, Jerôme Lindon, en las que me contaba las crisis personales que él mismo pasaba… Pero con la Duras la relación era telefónica”.
Esa relación con Lindon la acercó a la Duras. 
“Él me recomendaba, era 1990, que no aumentara el tamaño de Tusquets. 
Pero ya habíamos empezado a vender libros en América, gracias a las gestiones de Toni, y se estaba produciendo un crecimiento lento de la editorial.
 Ahí es cuando entra en escena Marguerite Duras, a la que yo apreciaba como escritora. Ella pedía fortunas.
 Y acababa de escribir El amante, que aún no se conocía. 'Prepárense a pagar mucho dinero si la quieren', nos advirtió Lindon. 
Fue una lotería, y Toni era muy aficionado a las apuestas. Ella no hablaba de dinero, pero le interesaba mucho, y también se interesaba por lo que habíamos publicado.
 Le gustó. El acuerdo se firmó cuando ella salía de su segunda cura de alcohol”.
Correspondencia de Beatriz de Moura con Milan Kundera.
Correspondencia de Beatriz de Moura con Milan Kundera.
La escena en la que se establece la portada es casi tan emocionante como aquel regalo de Gabo.
 Estaban Toni y Beatriz con la autora de El amante ante una mesa llena de fotografías que la Duras había puesto allí para que fuera elegida la que sería adecuada para la cubierta. 
“Era un libro duramente autobiográfico, requería una fotografía suya”.
 Y de pronto Beatriz de Moura ve asomar lo que parecía un retrato de la joven Duras, de la época en que sucede esa tremenda historia de amor. 
“Su cara se iluminó. La foto era de aquella cara suya, era ella verdaderamente, una niña atenta y temerosa del mundo. '¿Está dispuesta a poner su cara en la portada?', le dije. '¿Y la de quién si no?', me dijo. 
Y entonces nos hizo levantar para que fuéramos a la calle a comer”.
Con Milan Kundera, otro de los éxitos buscados con ahínco por la editora a la que Gabo salvó en 1970, sí hay mucha correspondencia, risueña o profesional. 
“Personalmente era histriónico, hacía teatro. No era, cuando lo conocimos, una persona muy conversadora, expansiva o franca”. Pero en sus cartas (y en sus postales), avanzada la relación, ya era chispeante. “En un principio era como suelen ser los emigrantes del Este, un emigrado que anda con pies de plomo.
 Para él Chequia, su 'pequeño país', como le decía, era historia del principio de Europa, la cuna de la que partió todo.
 Me estudié esa historia, y también aprendí a no hablar ante él de política, '¡esa mierda!”
En la primera carta que subsiste en la historia de la correspondencia Moura-Kundera la editora le explicaba su deseo de publicarlo, le ofrecía su catálogo y le decía que estaría dispuesta a ir (con Toni, que era el gerente de Tusquets) a verle en París.
 Kundera la llamó por teléfono, “se quedó encantado con mi voz, le gustó mucho que en nuestro catálogo estuvieran Samuel Beckett y Czeslaw Milosz, aunque a este lo consideraba un mal escritor…”. Y se fueron a ver a Kundera, “¡como quienes se ponen a escalar el Everest!”. 
Histriónico, teatral, irónico, risueño. ¿Su carácter se transparenta en su correspondencia? “Muy poco. 
 Iba muy al grano, no se salía del tema que tocaba, corregía cosas, preguntaba por las traducciones”. Ese fue el primer escollo de la relación: Kundera quería traducciones rigurosas, y ella le garantizó esa pureza, y le demostró que la traducción francesa a la que había sido vertida su obra no le hacía justicia, esos periodos tan largos para alguien que escribía como Kafka. 
“Ahí me pidió que yo fuera la que lo tradujera.
 Me tocó. Creo que él se había informado, sabía que yo había traducido del francés”. 
Fue amiga de Kundera, sí. “Lo fui mientras él quiso… Fue muy claro. Había firmado una carta diciendo que mientras estuviéramos al frente sus libros serían de Tusquets
Él sintió como una catástrofe cuando le fuimos a decir qué podía suceder con la salud de Toni.
 En los últimos tiempos creo que, de todos los editores que tiene, solo se ve con Gallimard”. 

Antonio López Lamadrid y Milan Kundera, en Mallorca en 1985. 
Antonio López Lamadrid y Milan Kundera, en Mallorca en 1985.
El otro patrón de Beatriz de Moura, en este caso de trascendencia ética, espiritual, es Albert Camus, en cuyo país, Argelia, ella vivió en la infancia, con su padre diplomático. 
Y la correspondencia que se conserva en su legado con la hija del autor de El extranjero, Catherine Camus, explica esa relación filial con el escritor y fraternal con su descendiente.
 La conoció por casualidad, y por casualidad Tusquets es editor de un libro decisivo de Albert Camus: el último. 
Se habían encontrado en Fráncfort, en un bar; a Catherine le sorprendió escuchar español.
 La amistad (y la proximidad a la literatura del Nobel de origen argelino, y menorquín) los llevó a la casa de Catherine.
 Por casualidad, Beatriz vio que ella y su marido de entonces, Robert Gallimard, trabajaban en un manuscrito, que resultó ser El primer hombre.
Fue un revoltijo de emociones que dieron de sí otro de los grandes éxitos de la editora que se salvó del naufragio.
 Era, dice, como hablar con Camus. ¿Y qué sentía, en esa correspondencia que ahora está en la BNE, hablando con su hija? “¡Como si me estuviera escribiendo con él! Todas las cartas de esa época de la edición que preparamos juntas tenían que ver con el libro. 
Con mucho cuidado, con mucho respeto. Cuando Robert y ella me decían que se quitaba o se mantenía determinado párrafo, yo pensaba en él, y maldecía o me alegraba, según”.
Argelia marcó la infancia de Beatriz de Moura. Aquel sol que reinó sobre la época en que Camus sitúa El primer hombre es ahora, cuando lo evoca en la humedad mediterránea de Barcelona, como una luz que viene de lejos.
La donación está llena, claro, de nombres españoles.
 El descubrimiento “gozoso” de Luis Landero, los esfuerzos tremendos (“qué talento, qué rigor de esta gran mujer trabajadora”) de Almudena Grandes, “el dolor secreto” de Jorge Semprún, la prosa de Fernando Aramburu (“creo que me di cuenta de que venía Patria"), la fortaleza literaria, y humana, de Cristina Fernández Cubas, de sus grandes amigas… 
Y, ay, la ruptura con Javier Cercas, cuyo Soldados de Salamina fue otro de los éxitos que cosechó esta editora cuyo gusto por leer resplandece en la historia de la edición en lengua española.