Cacho, actual embajador en Australia, ha confirmado a este periódico que
nadie le consultó para usar este material.
"Es la primera noticia que
tengo", respondió en conversación telefónica.
La Moncloa ha asegurado a
EL PAÍS que se trata de "un error involuntario".
"Los coautores
únicamente pueden lamentar este hecho y comprometer su subsanación en el
más breve plazo. En las siguientes ediciones de la obra se incluirá
correctamente la cita", precisan.
Ocaña, coautor de la obra, no ha
querido hacer declaraciones.
Pedro
Sánchez, que entonces acababa de acceder a un escaño en el Congreso de
los Diputados, organizó aquel acto y ejerció de moderador en una de las
mesas redondas.
El libro La nueva diplomacia de la economía española,
de 229 páginas, firmado por Sánchez y Ocaña -de 38 años y hoy directivo
del Real Madrid- recoge la tesis doctoral del presidente leída en
noviembre de 2012, y añade nuevas aportaciones.
Es ahí donde se
encuentran al menos 18 páginas con pasajes de fuentes ajenas sin citar
ni referenciar.
El discurso de Cacho es el más llamativo, aunque hay al
menos cinco más de distinto origen, según ha comprobado EL PAÍS.
V arios fragmentos de ocho párrafos de la conferencia del embajador
coinciden con el texto del libro.
Hay incluso una errata -“ente” en
lugar de entre- en el discurso que se repite tal cual en el libro de
Sánchez en la página 65, al final de un largo párrafo idéntico a 16
líneas de la conferencia: “… se intercambian impresiones, ideas y se ve
desde ambos lados cómo se puede incrementar la colaboración empresarial,
cultural, académica… ente un país y el otro”.
Declaraciones de Pablo Iglesias tras conocerse que Pedro Sánchez y Carlos Ocaña copiaron párrafos en su libro (ATLAS)
La tesis doctoral de Sánchez fue objeto de polémica la semana pasada,
pero hasta tres programas informáticos empleados por este periódico no
hallaron indicios de obras ajenas sin atribuir. Sin embargo, no ocurre
lo mismo con el libro posterior del presidente y Carlos Ocaña. La
conferencia de Manuel Cacho es el caso más notorio. Las ponencias se
encuentran en un documento alojado en la web de la Camilo José Cela y la
universidad también confirma que se trata de la transcripción de las
intervenciones. Hasta cinco páginas del libro, de la 62 a la 66, en el
cuarto capítulo, reproducen gran parte del discurso del diplomático. Se
utilizan cinco de los siete folios de la intervención. Se desconoce qué
partes del libro, fuera de la tesis doctoral, son cosecha de Sánchez o
de Ocaña, que fue entre 2008 y 2011 jefe de gabinete del ministro de
Industria, Miguel Sebastián, autor del prólogo del libro. Ninguno de los
dos autores ha querido aclararlo. El actual embajador en Australia confirma a este diario que participó
en aquellas jornadas y que no leyó un texto escrito. “No tenía tiempo y
preparé un guion, fue una cosa improvisada. Después me enviaron unos
borradores de la universidad con la transcripción para publicar en su
página web”, explica Cacho. Desconocía qué parte de su intervención
había acabado en el libro de Sánchez. Nadie le pidió permiso para ello,
sostiene, aunque ha preferido no hacer valoraciones.
Otro pasaje del discurso, de 14 líneas, está incluido con leves
variaciones en el volumen, en la página 65. El final de este extracto es
el siguiente: “Finalmente, las fundaciones desarrollan colaboraciones
puntuales con distintas instituciones de los países para los que están
pensadas. Pienso por ejemplo en la colaboración con el China Club Spain o
con la Japan Foundation. Todo ello, en definitiva, lo que busca es el
acercamiento entre sociedades civiles”. El libro repite el párrafo con
pequeños retoques: “Finalmente, las fundaciones desarrollan
colaboraciones puntuales con distintas instituciones de los países. Así,
existe colaboración con el China Club Spain o con la Japan Foundation.
Todo ello, en definitiva, con el propósito de lograr el acercamiento
entre sociedades civiles”. Las partes copiadas de la intervención de Cacho componen el núcleo
argumental y la mayor parte del epígrafe 4.2 del libro, y el resto
coincide con lo publicado en la tesis doctoral de Sánchez. Están
insertadas entre fragmentos de un artículo del líder del PSOE, el
titulado La diplomacia comercial en el centro de la diplomacia comercial española,
que Sánchez publicó en septiembre de 2012. La transcripción del texto
es prácticamente literal, salvo en algunos giros y expresiones que en el
libro se cambian por sinónimos. Por ejemplo, esta frase de Cacho: “…
con los países de la Unión Europea tenemos canales de sobra…” se
convierte en “con los países europeos existen canales sobrados…”
Copias de otros textos
Además de esa conferencia, el libro de Sánchez y Ocaña también echa
mano de otros textos ajenos, sin atribuir la fuente ni incluirla en la
bibliografía final. Los más destacados, por su extensión, son cinco: un discurso en el pleno del Congreso del entonces ministro Miguel Sebastián (páginas 55 y 56 del libro); una respuesta parlamentaria (página 154 y 156); un informe del Ministerio de Economía (páginas 87 y 88); un teletipo de agencia de un acto oficial (páginas 146 y 147), y un comunicado de prensa del Consejo de Ministros (páginas 57 y 59). En cuanto a estos cinco textos, La Moncloa afirma que “está todo en
orden”. “Está permitida la utilización de iniciativas y documentos de
carácter parlamentario, que son de uso público”, argumenta dicha fuente. “Se trata de documentos que no generan derechos de autor por no tener
la consideración de obras, ya que son de uso público al formar parte del
debate político, el cual debe ser difundido a todos los ciudadanos”. El Gobierno sostiene que el artículo 33 de la Ley de Propiedad
Intelectual “excluye explícitamente los discursos pronunciados en
sesiones parlamentarias”. “Por tanto, son documentos públicos de
consulta abierta a todos, por lo que está todo en orden”, concluye La
Moncloa.
Los
expertos presentados por la Fiscalía de Tamaulipas (norte de México)
durante el juicio apuntan que hubo "incoherencias" en el relato del
marido de la víctima en los momentos posteriores a la desaparición.
Pilar Garrido con su hijo en la playa.FACEBOOK
El marido y presunto asesino de la española Pilar Garrido
se comportó de manera "inusual" y dijo "incoherencias" tras la
desaparición de su esposa, según testigos presentados este martes por la
Fiscalía. El juicio contra Jorge Fernández se inició el pasado 30 de
agosto en el Estado de Tamaulipas (noreste de México). Durante la audiencia, una experta en gestión de crisis, que atendió a
Fernández tras notificar la desaparición de su esposa en julio de 2017,
aseguró que este se mostró "inquieto" y que "hizo el intento de llorar"
sin lograrlo, según revela un informe de la Fiscalía al que EFE ha
tenido acceso este miércoles. Además, la testigo afirmó que en una visita a Fernández, encarcelado desde agosto de 2017,
lo encontró almorzando, algo que considera "muy inusual" porque las
víctimas indirectas de este tipo de delitos pierden el apetito. También
explicó que tardó hasta cinco horas en hacer la denuncia sobre la
desaparición de su esposa porque salía a "tomar el aire". Otro testigo, un especialista en negociación de secuestros, explicó que el presunto asesino "nunca se interesó por el rescate" y que "cambió la información" en varias ocasiones. Incoherencias de las que también habló un perito criminólogo durante la audiencia. El acusado de haber golpeado y estrangulado a su mujer sigue defendiendo su inocencia. En declaraciones a EFE este miércoles, su abogado, Martín Lozano, dijo
que los testimonios presentados por la Fiscalía no son concluyentes, al
basarse en "opiniones" subjetivas. Según Fernández, Garrido fue secuestrada por un grupo de hombres armados
cuando regresaban de la playa por una carretera del Estado de
Tamaulipas, uno de los más peligrosos del país. Unas semanas después,
encontraron restos óseos y jirones de ropa, y las pruebas de ADN determinaron que era Garrido. Fernández se enfrenta a una pena máxima de 50 años por feminicidio.
Los manuales de Historia deberán reescribir las últimas frases de la
biografía del gran pintor barroco Michelangelo Merisi, más conocido como
Caravaggio (1571-1610).
Un nuevo estudio llevado a cabo por un prestigioso centro hospitalario y universitario, el Instituto IHU Méditerranée Infection de Marsella, conducido por siete científicos franceses e italianos y publicado esta semana por la revista Lancet Infectious,
demuestra que el pintor italiano no murió de sífilis, como se creyó
durante cuatro siglos, sino por una infección que contrajo durante una
pelea en la que resultó herido con una espada.
Conocido por tener un
temperamento fogoso que le costó varios exilios en su vida, el pintor
moriría en una pequeña localidad de la Toscana solo unos días después, a
los 39 años.
El secreto se escondía en su dentadura.
El equipo que lideró la
investigación examinó la pulpa de sus muelas, caninos e incisivos, donde
abundan los vasos sanguíneos, para descubrir la causa real de su
fallecimiento. “Eso permitió detectar los microbios que contenía el
organismo del pintor en el momento de su muerte”, explicó ayer uno de
los autores del estudio, Michel Drancourt, profesor de microbiología
médica.
A partir de esa muestra extraída de sus dientes se examinó, en
primer lugar, la presencia de sífilis, paludismo o brucelosis, algunas
de las suposiciones más habituales sobre la muerte del pintor.
“Pero
todos los exámenes dieron negativo. Fue al utilizar métodos más amplios
de análisis del ADN cuando empezamos a obtener las pistas que nos han
llevado hacia esta conclusión”, añade Didier Raoult, director de este
instituto marsellés especializado en la llamada paleomicrobiología.
“Utilizamos técnicas propias de la policía científica para resolver
misterios del pasado”, resume. En este caso, el asesino era un
estafilococo dorado.
Antes de proceder al análisis, hubo que dar con el esqueleto de Michelangelo Merisi da Caravaggio. Un equipo dirigido por el microbiólogo italiano Giuseppe Cornaglia
logró localizarlo en un cementerio de Porto Ercole, la localidad de la
Toscana en la que murió tras huir de Nápoles. Ese equipo hizo una criba
de los restos mortales encontrados, seleccionando solo los esqueletos
correspondientes a un varón de 1,65 metros de altura y entre 35 y 40
años de edad en el momento de su defunción. Se encontraron nueve en
total, pero solo uno de ellos databa del siglo XVII, según la prueba del
carbono 14. “Una comparación genética con los habitantes de Porto
Ercole que llevan el mismo apellido que Caravaggio [Merisi o Merisio]
permitió confirmar que se trataba, con altísimas probabilidades, del
esqueleto del pintor”, suscribe Drancourt. El análisis de cuerpos de otros siglos no es solo anecdótico, sino
que permite entender mejor las epidemias del presente. “Observar lo que
sucedió en el pasado nos puede ayudar a combatir lo que sucede hoy en
lugares como Madagascar”, señala Drancourt, en referencia al reciente
brote de peste bubónica y neumónica en la isla africana. “En realidad,
no tenemos un gusto específico por los personajes históricos. El 98% de
los estudios se hacen con los cuerpos de personas anónimas”, afirma el
experto. Me parece malsano ponerse a buscar esqueletos en cementerios”, ha
señalado Curie, partidario de dejar a los cadáveres tranquilos, aunque
no cree que las investigaciones sobre el pintor desaparezcan. “Habrá
otras en el futuro, porque no sabemos gran cosa sobre su vida. Caravaggio es un personaje que se nos escapa. Y tal vez sea mejor así,
porque eso nos permite proyectar lo que queramos en la obra de este gran
pintor”. Su leyenda tiene, desde este miércoles, un final distinto.
La nueva hipótesis sobre la muerte del artista no entusiasma en
exceso a Pierre Curie, gran especialista en la pintura italiana del
siglo XVII y conservador del Museo Jacquemart-André de París, que este
jueves inaugurará una muestra que reúne diez obras de Caravaggio,
procedentes de los mayores museos italianos. “Es fruto de un fetichismo
que no aporta demasiado ni a la gloria del artista ni a la historia del
arte
Hubo un tiempo, mucho antes de que a las reinas de Instagram les
salieran los dientes, en el que no empezaba oficialmente el verano hasta
que Ana Obregón regalaba al mundo su tradicional posado en biquini en la playa.
Al principio, en su calidad de símbolo sexual refrendada por sus largos
años aclamada como la mujer más atractiva de España.
Luego, como la
viva encarnación de la doña añosa que no acaba de hacerse a la idea de
que la adolescencia tiene un límite en el calendario.
Siempre, como la
alegría de la huerta en persona.
Después, le fueron cayendo encima todas
y cada una de sus décadas y sus circunstancias, como a toda hija de
vecina, solo que ella parecía seguir emperrada en llevarle la contraria.
Al tiempo. Y a sus zarpas.
Entonces, vinieron la mofa, la befa y el escarnio despiadado de la
persona y el personaje por parte de muchos y muchas presuntamente
limpios de polvo y bótox y de no pocas ni pocos que tenían bastante por
qué callar al respecto.
A ella parecía resbalarle bastante el asunto.
Sospecho, incluso, que le divertía echar periódicamente más leña a su
propia pira alardeando en los medios de sus extensiones cada vez más
largas, sus shorts cada vez más cortos y su manga cada vez más ancha.
Anita la Fantástica, la llaman desde siempre, aludiendo a su acreditada
querencia a adornar y/o aumentar una realidad, la suya, que nunca le fue
realmente adversa.
Niña bien, señora bien, mamá bien, todo bien.
La Obregón de las revistas tenía hasta hace nada o poco de qué quejarse más allá de lo injusta que es la vida así, en general, o sea, te lo juro.
Lo cierto es que, más allá de su propia leyenda, Obregón ha sido pionera
en algunos campos.
De las divorciadas civilizadas, de las mujeres
maduras con novio joven, de las madres coraje que ma-tan por sus hijos
y, sobre todo, de las señoras que hacen lo que les da la real gana con
su vida diga lo que diga el gallinero.
Esa es la Ana Obregón que amamos y
odiamos. La que se reía de todo y de todas, la primera, me juego el
tipo, de su propia sombra.
La que no se callaba ni debajo del jacuzzi,
aunque se ahogara en su propia cháchara.
Por eso conmueve aún más si
cabe el clamoroso silencio en que se hallaba sumida desde que enfermó
gravemente Álex, el idolatrado niño de sus ojos.
Ayer lo rompió ella misma en Instagram
para informar de que su hijo sigue bregando con un cáncer tan cruel y
tan injusto como todos los cánceres, solo que este es el de la sangre de
su sangre.
En la foto se la veía tan joven o tan vieja como uno quiera
verla.
Pero algo ha cambiado para siempre en su mirada. A veces, la vida
nos echa encima de repente todos los años del DNI y algún siglo extra y
te haces mayor de una vez por todas tengas la edad que tengas.
Le ha
pasado a Ana Obregón, como a tantos antes.
Y eso no hay agujas ni
implantes ni afeites que lo remedien.