GEsta fotografía dice tanto de sí misma que resultaría ocioso comentarla.
E El papa Francisco, de otro lado, se retrata en ella con tal naturalidad
que nos deja mudos. En cuanto al grupo de mujeres, se las ve tan
felices que para qué amargarles la fiesta. El problema de tener en la
pared un corcho en el que vas clavando las imágenes que te llaman la
atención es que un día, tras leer lo de Pensilvania, levantas la vista y se produce un clic dentro de tu cabeza. Clic. Hablaba el periódico de 1.000 víctimas, 300 sacerdotes abusadores y
70 años de complicidad criminal por parte de las altas instancias,
incluido el Vaticano. Casi todo prescrito. Y nos referimos solo a un
trocito del mundo, pues la pederastia ha prosperado en la Iglesia como
los hongos en el estiércol. La red corrupta estaba tan organizada que
disponía de un manual donde al manoseo no se le llamaba manoseo, ni a
las penetraciones anales penetraciones anales, ni al sexo oral sexo
oral. La jerarquía, que sabía latín, había elaborado una lista de eufemismos para que las cosas no parecieran lo que eran. Algunos obispos alegaron en su defensa que los niños provocaban mucho. Que en una organización cerrada haya sexo nos parece normal, incluso si
se trata de una organización que lo prohíbe. Lo raro es su calidad.
¿Cómo es posible tal grado de perversión entre quienes abominan de ella?
Esa es la pregunta todavía sin responder por quienes, frente a la
evidencia, condenan ya sin subterfugios. Pero observen atentamente esta
foto y quizá dentro de su cabeza se produzca un clic semejante al que se
produjo en la mía.
El diagnóstico de las enfermedades se ha hecho tradicionalmente con
varones, y la inmensa mayoría de los fármacos se han desarrollado para
ellos.
ESTE VERANO, a raíz de un artículo de la revista onlineSaber Vivir,
ha circulado por las redes un tuit inquietante que nos informaba de que
las señales de infarto en las mujeres son distintas que en los hombres,
y que, según un estudio del doctor Fradejas Sastre, nosotras tardamos de media 237 minutos en llegar a urgencias,
mientras que los hombres llegan en 98 minutos. Teniendo en cuenta que
casi la mitad de los fallecimientos por infarto agudo de miocardio se
producen en las tres o cuatro primeras horas desde el comienzo de los
síntomas, este retraso resulta catastrófico: 237 minutos, les ahorro el
fácil cálculo, son prácticamente cuatro horas.
Resumiré esas diferencias: dolor agudo en el pecho que se irradia a
la espalda, o a los hombros, al cuello o la mandíbula (en el hombre se
irradia al brazo); vómitos; a veces el único síntoma es la falta de aire
y la dificultad al respirar; sudor frío; ansiedad inexplicable; presión
en el pecho y ardores en la parte alta del abdomen. Cuento todo esto
porque sin duda es útil, pero de lo que quería hablar en realidad es del
sexismo reinante en el mundo de la salud. Y de cómo las mujeres lo
tenemos doblemente difícil a la hora de enfermar. No sólo el diagnóstico de las dolencias se ha hecho tradicionalmente teniendo como modelo a los varones, sino que la inmensa mayoría de los fármacos se han desarrollado para ellos. Este sesgo machista puede alcanzar cotas asombrosas: en uno de los trabajos sobre la influencia del alcohol en la llamada viagra femenina se experimentó con 25 sujetos, 23 varones y 2 mujeres, aunque se trataba de una píldora que sólo usarían ellas.
Numerosas investigaciones demuestran que en la atención médica
primaria, ante los mismos síntomas, a las mujeres se les recetan más
ansiolíticos o antidepresivos y a los hombres más pruebas diagnósticas. O
lo que es lo mismo: a ellos los creen y a nosotras se nos considera
unas neuróticas. Según un informe de la Sociedad Española de Salud
Pública y Administración Sanitaria, el tiempo de espera de las mujeres
para acceder a una visita diagnóstica con un especialista es un 13,6%
más largo que el de los hombres.
Pero lo que más me sobrecoge es la diferencia en el tratamiento del
dolor. Empezando porque los analgésicos se han experimentado casi
exclusivamente con ratones machos, como dice el investigador canadiense Jeffrey Mogil en un reportaje de Fermín Grodira en Público. Durante años se ha creído que el dolor se transmitía a través de la
microglía, células inmunes del sistema nervioso, y los fármacos se han
desarrollado partiendo de ahí. Pero Mogil ha demostrado que la microglía sólo funciona en los
machos. Los ratones hembras transmiten el dolor a través de otro tipo de
células, como los linfocitos T (pobres ratones, dicho sea de paso: no
puedo evitar ese pensamiento). Además de la menor efectividad de las medicinas, a las mujeres nos
dan menos calmantes. Según un estudio estadounidense, los pacientes
masculinos sometidos a una operación cardiaca recibieron más analgesia
que las pacientes femeninas. Otro trabajo realizado sobre 1.300 enfermos
con cáncer demostró que las mujeres tenían un 50% más de posibilidades
de ser inframedicadas contra el dolor. Un sesgo sexista que también se
da en la infancia: una investigación sobre el dolor posoperatorio en
menores reveló que los niños recibían más codeína, un potente analgésico
opiáceo, mientras que a las niñas se les daba más paracetamol, que no
tiene efecto antiinflamatorio y es de una eficacia muy limitada. Resulta
espeluznante. Sin duda habrá doctoras y enfermeras que participen de esa mirada
manchada, porque el sexismo es una ideología en la que nos educan a
todos. Aun así, parece que hay cierta diferencia. Según una
investigación norteamericana, los médicos dan más calmantes a los
pacientes masculinos y blancos y las médicas dan mayores dosis a mujeres
y negros.
Todos sabemos, en fin, que el color de piel y el nivel social
discriminan; pero me temo que prejuicios milenarios hacen que no
tengamos tan claras unas desigualdades de sexo como éstas que pueden
conducir al maltrato sanitario, a un mayor sufrimiento o incluso a la
muerte.
Doscientos cuarenta cargos del ‘Govern’ cobran más que Sánchez. Si la
“República” iba a ser “incorruptible y sin tacha”, es obvio que la
infección ha prendido en ella.
DESCUIDEN, DETESTO que me cuenten sueños, sobre todo en las películas
y en las novelas . En cuanto me aparece uno en imágenes, o me lo cuela
un escritor, me dan ganas de salirme del cine o de abandonar la lectura,
y lo hago si se reitera el latoso recurso. Así que el mío será
brevísimo: soñé, hace un par de meses, que me metían en la cárcel; tenía
que compartir celda con una señora de mediana edad, y mi mayor
preocupación era si me permitirían fumar a mis anchas o no. Eso es todo. Ahora bien, me quedé preguntándome por qué había soñado tal cosa, y en
seguida llegué a la conclusión de que no tenía nada de particular, dada
la grandísima cantidad de personas, en principio “respetables”,
repartidas por las prisiones o con visos de acabar en ellas, es decir,
inmersas en procesos que pintan mal, o ya condenadas y en libertad
provisional a la espera de sentencia en firme, o bajo elevada fianza
hasta que se inicie su juicio. Nos hemos ido acostumbrando y ya no nos
sorprende. Pero constituye una gigantesca anomalía una sociedad con las cárceles llenas de ministros
(pongan ustedes los “ex-”), presidentes autonómicos, alcaldes,
concejales, militares, sacerdotes, empresarios, constructores,
directores de bancos, miembros de consejos de administración variados,
directores del FMI (bueno, el único español que ha habido), presidentes de clubs de fútbol
y de federaciones deportivas, consellers catalanes y valencianos,
políticos andaluces y madrileños, insignes profesores, sindicalistas,
responsables del Liceu y del Canal de Isabel II, tesoreros de partidos, comisarios de policía, abogados, fiscales y jueces. Y hasta el cuñado del Rey. La mayoría de esta gente recibía excelentes sueldos, a diferencia de sus
conciudadanos, muchos de los cuales no pasan de mil euros al mes desde
hace años. Además, ejercían cargos vistosos e influyentes, que les daban
popularidad (a cada uno en su ámbito) y proyección social. Ninguno era
un “don nadie” frustrado o resentido con el mundo en general. Eran más
bien privilegiados, individuos con suerte (los méritos ya son
discutibles) y en todo caso bien relacionados, porque a nadie se le
otorga nada si no resulta de utilidad. Lo natural sería que se hubieran
estado quietos en sus magníficos despachos; que hubieran ejercido sus
respectivas tareas impecablemente, y aun agradecidos; que se hubieran
dado con un canto en los dientes cada mañana al levantarse y comprobar
lo bien que les iba en su mundo. ¿Cómo es posible que tantos de ellos se
hayan jugado sus carreras, su prestigio, su respetabilidad, su familia,
su dinero y su libertad por un exceso de ambición, de codicia, de
nacionalismo locoide o de salacidad?
Uno entiende el delito de quien ante sí ve un negro futuro sin
posibilidad de mejorar, de quien poco posee y nada tiene que perder. No,
en cambio, el de quienes tienen tantísimo que perder. El extraño
fenómeno se ha achacado a la sensación de impunidad dominante
entre “los importantes”. Esa explicación tal vez valga para los
primeros casos, pero no para el resto, para cuantos ya habían visto las
barbas del vecino puestas a remojar. ¿Qué raro virus atraviesa nuestra
sociedad, que ni siquiera tiene la excusa de estar visiblemente
amenazada por mafias, como la italiana? Sea cual sea, ese virus no ha remitido pese a los escarmientos
acumulados. Pedro Sánchez ha alardeado demasiado pronto de “Gobierno
ejemplar”. Está por ver. Lo cierto es que, sin cometer delito por ello,
en sus primeros 54 días de Presidencia el BOE publicó 484 decretos de
ceses y nombramientos. Según contó aquí Carlos Yárnoz, los relevos
afectaron a casi todas las empresas y entes públicos: Hunosa, Sepi,
Tragsa, RTVE, Renfe, Adif, Correos, Instituto Cervantes, Cetarsa,
Navantia, Sociedad de Caución Agraria, Red Eléctrica, Paradores, Agencia del Medicamento… ¿Tantos funcionaban mal? Algunos de
los agraciados con los nuevos cargos son amigos de Sánchez o gente que
le ha servido bien. Algunos están remunerados con 200.000 euros anuales o
más. La medida será sin duda legal, y es la misma que antes tomaron
Rajoy, Zapatero y Aznar, nada más ocupar el poder. Pero es muy fea y
huele fatal, a todo menos a “ejemplar”. En cuanto al remedo de
“República Catalana pura y sin mácula” en que ya está convertida la
semidictatorial Generalitat, 240 cargos del Govern (240, no 24) cobran más que el propio Sánchez. Frente a los 81.000 euros anuales de éste, Torra el Tenebrós percibe
147.000, y encima tiene a su servicio 413 “personas de confianza” —413—
con sus abultados salarios. Los consellers reciben 110.760 euros, un 55%
más —un 55%— que los ministros del Gobierno estatal. Los directores de
TV3 y de Catalunya Ràdio, Vicent Sanchis y Saül Gordillo, no les van a
la zaga, con 109.080 cada uno. No es extraño que actúen como felpudos.
También son cuantiosos los sueldos para los famosos fugados: 82.210
euros para Meritxell Serret, 85.000 para Lluís Puig, etc, etc. El virus demuestra que Cataluña es tan brutalmente española como
Andalucía o Madrid.
Si la “República” iba a ser “incorruptible y sin
tacha”, es obvio que la infección ha prendido en ella con aún más
virulencia que en ningún otro lugar.
Los
políticos tienen que encontrar una salida a esto de la titulitis, lo de
tener un título sin esforzarte mucho, haciendo creer que eres una
persona muy importante.
Antonia Dell´Atte en el photocall de 'Masterchef Celebrity' en 2018. WireImage
Masters of the Universe es, según Wikipedia, “una franquicia de
Mattel”, que reunía personajes de ficción en torno a una serie de
televisión que representaba luchas contra enemigos que podían alterar el
orden universal. He citado y puesto en comillas para no incurrir en
ningún error que ponga en peligro la credibilidad de mi artículo, que es
un poco lo que hemos aprendido estos meses con las tesis y másters de Cristina Cifuentes, Carmen Montón, Pablo Casado y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez,
acusados de plagio en distintos grados. Y que a Cifuentes y Montón les
costó el puesto y ha alterado el orden universitario, colocando a la Universidad Rey Juan Carlos en una posición incómoda otra vez: resulta ser más reconocida como la universidad de los másteres vip que por ser una universidad seria. Bueno, ¿qué es serio hoy día? Desde luego un máster no. A menos que sea MasterChef Celebrity. El programa de TVE se estrenó arrasando en audiencia, probablemente su especial mezcla de esfuerzo físico y el humor del buen casting permitió un desahogo a los espectadores, que premiaron al programa con un 24,8 de share, que es un diez en cualquier máster. Los celebrities
somos los favoritos del público porque en el programa “nos mostramos
como somos”, como ha dicho uno de los aspirantes. Quizás a los políticos
los desnuda mucho más el tema máster de lo que hubieran deseado. Tienen
que encontrar una salida a esto de la titulitis, lo de tener
un título sin esforzarte mucho, haciendo creer que eres una persona muy
importante. Y sería una buena prueba intentar entrar a MasterChef Celebrity del próximo año. A ver si los aceptan. Mientras escucho Gracias a la Vida de Mercedes Sosa, reflexiono
sobre la guerra de los másteres. Y, doy gracias a mi vida que, pese a
sus barrancos, es maravillosa y además sin título ni nobiliario ni
universitario. Una vida sin títulos pero con titulares. Mientras veo a
todos estos políticos preocupados por sus másteres más me alegro de no
haber pisado la universidad. Tenía un historial académico mediocre por
falta de concentración y excesivo daydreaming (soñar despierto)
que cuando me suspendieron por mala nota en la clase de dibujo técnico,
me dije hasta aquí y me empeñé en hacer mis sueños realidad, que es la
esencia de una celebrity. Lo que nadie te advierte es que
algunos sueños se solapan con otros, por ejemplo quieres ser estrella de
televisión pero también formar parte de un gran escándalo sentimental y
entonces el sueño se convierte en sueño a medias. Por eso el máster en
cómo ser una celebrity es difícil pero más transparente que los
de la Universidad Rey Juan Carlos, porque sucede delante de tu público,
que, si quiere, puede ayudarte. U olvidarte.
Victoria Federica Marichalar en septiembre 2018.G3online
Regresando por un momento a Masters of the Universe, ha llamado la atención la ausencia de los Reyes en el cumpleaños de Victoria Federica,
su sobrina. Quien sí asistió fue la tía Cristina, que acudió con sus
hijos como indicando que hay una nutrida corriente de primos alternativa
a la princesa Leonor y a la infanta Sofía. Sería otro máster: “Los que sí encajan en Zarzuela”. Es que en realidad
España es un máster sobre las personas que encajan y las que no. Por ejemplo, Jaime Marichalar, padre de Victoria la cumpleañera, no
encaja en el cumpleaños en Zarzuela y Soraya Sáenz de Santamaría terminó
por no encajar en la nueva ejecutiva de su partido y renunció a la política
tras haber sido durante diez años la mujer que más poder acumuló. No
debió ser fácil para Soraya encajar que no encajaba, pero todo empezó
cuando, sin darse cuenta, decidió colocar su bolso Loewe en el escaño de
Mariano Rajoy durante su ausencia del debate de la moción de censura
que expulsó a ambos del poder. Y en la familia real, está claro que
siguen sin ver a Jaime de Marichalar como un invitado en ese edificio de
titularidad pública que es la casa de sus suegros. ¿Por qué, si es el
más monárquico de toda la familia? Es otro máster por estudiar. Mientras esperamos la segunda entrega de MasterChef Celebrity, una de sus integrantes, Antonia Dell´Atte, afirma en Lecturas
que denunciara a sus compañeros por acoso. Es algo que Pedro Sánchez
podría hacer contra la prensa o sus compañeros del Congreso. Al final
los másteres se solapan. Y terminan pareciéndose peligrosamente. Como si
el verdadero interés fuera cómo ser una celebrity.