10 sept 2018
Olivia Newton-John confirma que tiene cáncer por tercera vez
La protagonista de 'Grease' superó la enfermedad en 1992 y en 2013.
La protagonista de Grease se encuentra en esta ocasión batallando por vencer un tumor en la base de su columna vertebral.
Al ser preguntada si tiene miedo, la actriz contestó: "Mentiría si digo que nunca lo pienso". La actriz de 69 años añadió:
"Hay momentos. Soy humana, así que si me permito pensarlo, puedo crear fácilmente un miedo enorme.
Pero mi esposo siempre está allí, siempre está apoyándome, y yo creo que voy a superarlo. Esa es mi meta".
Su primer acercamiento a a la enfermedad fue en 1992 al ser diagnosticada con cáncer de mama.
Tras vencerlo, la australiana se volvió un ejemplo mundial y se dedicó a mejorar la visualización de la enfermedad. Para ello el Centro de Bienestar e Investigación del Cáncer Olivia Newton-John, en Melbourne (Australia).
En esta ocasión, prefirió mantenerlo en secreto. "La primera vez hablé libremente sobre el tema y la segunda vez pensé:
'No necesito compartir esto, es mi vida', así que decidí quedármelo para mí misma", ha desvelado la actriz.
Actualmente la actriz ha tomado un camino más natural a la hora de afrontar el tratamiento.
Para combatir el tumor está mezclando medicina moderna y terapias naturales, a la vez que controla su dieta rebajando el azúcar y consume marihuana medicinal para controlar el dolor, una alternativa que espera pueda ser legalizada en Australia.
"En California es legal cultivar una cierta cantidad de plantas para fines medicinales propios.
Entonces él [su esposo] me hace tinturas. (...) Mi sueño es que pronto en Australia esté disponible para todos los pacientes con cáncer".
A pesar de todo, la ganadora del Grammy asegura sentirse afortunada.
"Sabes, hay otras personas que están mucho, mucho peor que yo.
Soy una persona muy privilegiada, y estoy muy consciente de eso.
Vivo en este hermoso lugar, tengo un esposo maravilloso, tengo todos los animales que adoro y tengo una carrera increíble No tengo nada de qué quejarme realmente ".
Un plumilla llamado García Márquez............. Winston Manrique Sabogal
Hace 70 años el Nobel colombiano empezó a ejercer un oficio que le sirvió para su exploración literaria. Ahora se publica una antología de sus artículos
En una noche de viernes de parranda, donde antes había sido un
arrabal de esclavos en Cartagena de Indias, se encendió la mecha del
periodismo y del futuro en Gabriel García Márquez.
Tenía 21 años, estaba sin trabajo y el destino le había arrebatado sus planes de estudiar Derecho y escribir cuentos para ofrecerle un porvenir que él vio aterrorizado cuando un amigo, con la música a todo timbal, le propuso probar suerte como periodista.
“Supo aprender el oficio y poetizarlo desde aquellos días del origen del reportero ligado al escritor y al novelista que se está buscando a sí mismo”, explica Dasso Saldívar, autor de su biografía El viaje a la semilla.
Pasajes de esa geografía periodística-literaria están en El escándalo del siglo (Literatura Random House), con prólogo de Jon Lee Anderson, una antología de medio centenar de crónicas, reportajes y artículos seleccionados por Cristóbal Pera.
Tenía 21 años, estaba sin trabajo y el destino le había arrebatado sus planes de estudiar Derecho y escribir cuentos para ofrecerle un porvenir que él vio aterrorizado cuando un amigo, con la música a todo timbal, le propuso probar suerte como periodista.
“Supo aprender el oficio y poetizarlo desde aquellos días del origen del reportero ligado al escritor y al novelista que se está buscando a sí mismo”, explica Dasso Saldívar, autor de su biografía El viaje a la semilla.
Pasajes de esa geografía periodística-literaria están en El escándalo del siglo (Literatura Random House), con prólogo de Jon Lee Anderson, una antología de medio centenar de crónicas, reportajes y artículos seleccionados por Cristóbal Pera.
Todo empezó hace setenta años.
García Márquez (Aracataca, 1927-Ciudad de México, 2014) se sentía en un callejón sin salida.
A regañadientes comenzó a escribir en el periódico El Universal, de Cartagena de Indias, y a convertir el periodismo en campo de pruebas y laboratorio de su vocación literaria que continuaría en medios como El Heraldo, de Barranquilla, y El Espectador, de Bogotá.
“Los habitantes de la ciudad nos habíamos acostumbrado a la garganta metálica que anunciaba el toque de queda”.
Con esta frase inauguró su mundo periodístico en un artículo del viernes 21 de mayo de 1948.
Desde entonces se centró en originales temas diarios, enfoques, estilos y búsqueda de frases que atraparan al lector desde la primera línea hasta convertirse en un maestro de arranques novelísticos y títulos de obras que han sido copiadas, imitadas y trucadas hasta el aburrimiento:
El coronel no tiene quien le escriba, Cien años de soledad, El otoño del patriarca, Crónica de una muerte anunciada, El amor en los tiempos del cólera, El general en su laberinto, Del amor y otros demonios…
El periodismo “le enseñó a dar la noticia con un principio que atrajera al lector.
Una especie de golpe que despertara la curiosidad en la gente y siguiera leyendo”, explica Elena Poniatowska, periodista mexicana, Premio Cervantes 2014 y quien fuera amiga del Nobel colombiano. Uno de los célebres comienzos que menciona es el de Cien años de soledad:
“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía, había de recordar el día en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.
Piedad Bonnett, poeta y narradora colombiana, opina que sus arranques “tienen el don de los mejores leads de noticias.
Pero hay más: en novelas como El Coronel no tiene quien le escriba o Crónica de una muerte anunciada el lenguaje tiene un grado de economía enorme, una sequedad que no equivale a simplicidad ni a pobreza sino a contención, pero cargada de poder comunicativo y de sentido”.
Tras pasar por El Universal y El Heraldo, García Márquez regresó a Bogotá a trabajar en El Espectador donde, señala Jon Lee Anderson en el prólogo, pronto adquirió un gran nombre “con su dramática crónica serializada Relato de un náufrago, de 1955”.
Un estilo con menos adjetivos y más verbos
Para Gerald Martin, su biógrafo inglés, “su nuevo estilo tenía menos que ver con los sustantivos y los adjetivos y mucho más con los verbos: el tránsito desde nombrar y describir hasta narrar”, escribió en Gabo.
Periodista, editado por Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano que el autor creó en 1994.
Uno de los mejores ejemplos de simbiosis de periodismo y literatura es Crónica de una muerte anunciada:
“El día que lo iba a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo”.
Esta novela, recuerda Saldívar, tiene que ver con la antología que se va a publicar porque el reportaje El escándalo del siglo, que da título al volumen, es su antecedente.
La novela recrea el asesinato de un conocido de su madre y da una visión de la sociedad del pueblo, mientras en El escándalo del siglo García Márquez reconstruye, en 1955, con lujo de detalles la misteriosa muerte de Wilma Montesi en 1953 en Roma y ofrece un panorama de la sociedad italiana.
Fue su primer gran texto desde Europa, y después de Relato de un náufrago.
“Lo más fuerte” que el escritor le dejó a Wendy Guerra, escritora cubana que conoció al autor, fue pedirle “SIEMPRE que al leer su obra supiera que establecía un paralelo con la realidad, pero que no perdiera de vista una premisa: que fuera verdad no siempre hace verosímil una historia”.
Una verosimilitud que el escritor aprendió de autores como Daniel Defoe y su Diario del año de la peste, según Saldívar.
E, incluso, de Robinson Crusoe por la abundancia de detalles, descripciones y datos que trasladan al lector al lugar.
“Tengo una enorme gratitud hacia el periodismo porque creo que sería un novelista diferente si no tuviera la experiencia del periodismo”, confesó García Márquez, en 1993, a los alumnos de la Escuela de Periodismo de EL PAÍS y la Universidad Autónoma de Madrid.
Una labor que García Márquez hizo con la realidad desde aquel mayo de 1948 cuando el destino lo empujó a trompicones hasta ese oficio en el que no creía, para luego reconocer:
“Yo, que tengo bastantes motivos para decir que el mejor oficio del mundo es el del novelista, creo de verdad, sigo creyéndolo, que es el del periodista”.
Jane Fonda: “He llegado a no sentirme real”.................. Rubén Amón
Un documental de HBO profundiza en la personalidad de una actriz, mito sexual, activista política y feminista enconada.
Se aviene Fonda a mirar al otro lado del retrato de Dorian Gray y acepta mostrar una coqueta decreptitud, no tan extrema como la de Gloria Swanson (El crespúsculo de los dioses) o la de Bette Davis (Que fue de Baby Jane), pero ilustrativa de un ejercicio de sinceridad en el umbral de los 80 años.
Los cumplió el pasado mes de diciembre con todos los síntomas de un pacto mefistofélico y conservan la actualidad en el documental que estrena HBO el 25 de septiembre en España con la implicación absoluta de la diva. No representa los 80 años y se ha esmerado el maquillaje y la ilum
inación para edulcorar los atisbos de ancianidad, pero la biografía accidental permite a la propia Jane Fonda rescatarse de su propia confusión:
“He llegado a no sentirme real”, confiesa en un pasaje introspectivo de la entrevista.
Y reconoce que la única manera de afrontar el último acto de su vida consiste en saber quién ha sido ella en los anteriores porque no está segura
Una actriz carismática y pluricondecorada —dos Oscar, cuatro Globos de Oro—, un mito sexual transgeneracional, una activista política, una feminista enconada, una mujer emancipada y superviviente, incluso una madrina del aerobic en la estética ochentera de los calentadores.
No le servía su propia versión de los hechos.
La tiene recogida en un best seller que repercutió en su talento como escritora —(My life so far, 2005)— y que atribuía a la devoción de Cristo el mérito de haberla transformado.
Fonda se describía orgullosa de cómo ha sido y arrepentida de sus errores, pero no le concedía la iniciativa del retrato a una voz exterior con cualidades inquisitivas.
Es el interés que reviste el documental de HBO, sustraerla a su espacio de confort, confrontarla con el criterio de otros protagonistas —Robert Redford, entre ellos— y someterla a una mirada retrospectiva en la que se le aparecen sus tres maridos: Roger Vadim, Tom Hayden y Ted Turner.
“Ninguno de mis matrimonios fue democrático porque se esperaba de mí que fuera de una cierta manera.
Tenía que comportarme no tanto como Jane Fonda, sino con la idea que ellos tenían de cómo debía ser Jane Fonda.
Tenía que ser perfecta para ser amada”, evoca en el documental, sin miedo a “reconocer” el perfeccionismo de las operaciones quirúgicas.
Guerra de Vietnam
Era Hanoi Jane el apodo que le atribuyeron cuando se opuso a la guerra de Vietnam.Volvió a expresarlo en la guerra de Irak y se ha multiplicado en el inventario de las causas justas, no solo desde la militancia y el idealismo, sino como remedio al solipsismo de la vida interior.
Jane Fonda tenía 12 años y tuvo que esperar casi otros tantos para desmentir la teoría del ataque al corazón que le había contado el patriarca.
Es el acto oscuro, igual que la crisis de bulimia.
O que la violación de la que fue víctima siendo niña.
O que su batalla contra el cáncer de mama.
No habría llegado a la plenitud sin haber tocado fondo. Y se observa a los 80 años Jane Fonda en la posición de loto, mascullando una conclusión hermética de la propia existencia: “Soy quien soy”.
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