En una
nueva biografía, la cantante relata que trató de quitarse la vida en
2014 tras ingerir 200 pastillas por sus problemas matrimoniales.
La cantante Mel B el 31 de agosto de 2018 en Los Ángeles (California).GTRESONLINEMel B, componente de las Spice Girls, la célebre banda femenina de los años noventa, está en una situación vital delicada. A su complicado proceso de divorcio se une que, a finales de agosto, ingresó en rehabilitación de forma voluntaria por su adicción al alcohol y las drogas, como ella misma contó. Ese periplo vital lo contará en su próximo libro, la autobiografía Brutally Honest (Brutalmente honesta)
que verá la luz el próximo mes de noviembre. Sin embargo, algunos
medios ya se han hecho con un adelanto del mismo y han podido conocer
que Melanie Brown, de 43 años, intentó suicidarse. De hecho, esos
intentos tuvieron lugar en dos ocasiones: cuando era una adolescente de
apenas 14 años y también en 2014, cuando ingirió más de 200 pastillas
(mirándose en el espejo del baño mientras lo hacía) y tuvo que someterse
a un lavado de estómago de urgencia. Ese intento de suicidio tuvo lugar en un momento complicado para el
matrimonio entre Brown y su entonces marido, el productor Stephen
Belafonte. Entonces, según apuntan ciertos medios, él le estaba siendo
infiel, algo de lo que la cantante le ha acusado en más de una ocasión.
Pero fue precisamente Belafonte quien salvó a Brown en ese momento,
puesto que descubrió a su mujer en el baño y pudo ayudarla. Ese intento
de suicidio fue lo que impidió a Mel B asistir a la final de Factor X en su edición estadounidense, de la que es jurado, según la revista francesa Closer .
Stephen Belafonte y Melanie Brown, en agosto de 2016.CORDON
La publicación también ha dado detalles de cómo está siendo el
complejo proceso judicial que rodea a la separación, que se está
dirimiendo en Los Ángeles. Si la cantante ya arrancó de su piel un tatuaje con el nombre de Belafonte, ahora busca sacarle a él completamente de su vida: ya le acusó de maltrato y chantaje y logró una orden de alejamiento. Su pareja no se ha quedado atrás en cuanto a acusaciones. Según han
publicado algunos medios, Belafonte ha acusado a Mel B de no cuidar de
sus hijas a causa de su adicción al alcohol. El productor asegura que no
quiere impedir que la cantante vea a las niñas, pero una vez que
consiga curarse; él busca la custodia total. Por otra parte, la antigua niñera de la familia
ha asegurado que la cantante es "la peor madre del mundo" y que
invitaba a diferentes hombres a casa a menudo y cuando estaban sus hijas
presentes. También ha dado cuenta de sus adicciones, entre ellas la
cocaína y los medicamentos, y de cómo la mandaba a comprar más de una
docena de botellas de vino, cerveza y alcohol que consumía en pocos
días desde las 10 de la mañana hasta caer rendida por la noche.
El cantante inscribe a sus hijos en un colegio privado de la capital mexicana.
Miguel Bosé en un concierto en Madrid el 23 de junio de 2017.GTRESONLINEMiguel Bosé se
muda a México. El cantante ha decidido tramitar su residencia en el país
latinoamericano dos meses después de haber aparecido en la lista negra
de morosos del fisco español, al que debe 1,8 millones de euros (casi
2,1 millones de dólares). El popular cantante ha inscrito ya a dos
de sus hijos en un colegio privado de la Ciudad de México, que ya han
empezado las clases. Bosé es padre de cuatro niños a los que los protege
de los focos, otro de los motivos por los que no vive en España. Diego y
Tadeo nacieron en marzo de 2011, e Ivo y Telmo llegaron a su vida siete
meses después, aunque tardó un tiempo en revelarlo a los medios de
comunicación. En los últimos tiempos —hasta su marcha a México—, su vida transcurría a caballoentre
Madrid y Panamá su país natal, donde nació hace 62 años. Posee una
baraja de pasaportes: italiano y colombiano, además de español, pero
está obligado a tributar en los países donde desarrolla su trabajo. Eso
sí, él se define a sí mismo como madrileño. En su mudanza a la capital mexicana, Boséha
elegido Interlomas, una de las zonas de mayor poder adquisitivo, para
la educación de sus hijos. Aproximadamente a una hora al oeste del
centro de la ciudad, la zona se caracteriza por tener algunas de las
casas más caras de la ciudad y escuelas bilingüesy exclusivas. Se desconoce, por el momento, el área de la capital en la que residirá La llegada de sus hijos supuso un punto y a parte en su vida, como él
mismo contó el pasado mes de febrero cuando participaba en el Festival de Viña del Mar. "Alcohol, vamos, me he bebido todo el que he podido; todo el que ha
dado tiempo a beberme y el mejor, el malo también. Fumar y el resto
también, todo. He tenido mis momentos", reconoció el cantante.
El músico ha asegurado que ya ha abandonado estas prácticas. "Yo
ahora no hago nada porque ya lo he hecho todo", ha dicho. "Lo que pasa
es que desperté un día y dije: '¿Y ahora qué? ¿Cuál es el chiste? ¿Para
qué me sirve todo esto?", ha explicado el cantante, quien ha indicado
que se dio cuenta de que debía cambiar de hábitos justo cuando nacieron sus dos primeris hijos, en 2011. Gran parte de la carrera de Bosé se desarrolló en México, un lugar
que siempre lo ha acogido con mucho cariño y por el que él también
siente devoción. El máximo reconocimiento del público mexicano llegó en
2007 con el lanzamiento de su obra Papito, cuádruple disco de platino en el país latinoamericano. El artista es presidente honorario de la Fundación Patrimonio Indígena MX, y se ha declarado gran admirador de la cultura maya. "Tengo una deuda muy grande con este país y creo que jamás voy a
poder pagarle, pero esta es una manera de hacer algo por su historia,
sus raíces, su diversidad y su riqueza", dijo Bosé a medios locales
mexicanos en febrero de 2017.
Se estima
que 150.000 venezolanos tienen VIH. La falta de antirretrovirales,
sumada a la grave crisis que sufre el país, empuja a los enfermos a
emigrar.
Un paciente recibe cuidados en una clínica venezolana.AFP
En diciembre de 2017, Leonard Delgado recibió el diagnóstico de VIH
positivo y la receta de antirretrovirales que debe tomar en medio de la
peor crisis de abastecimiento de estos fármacos en Venezuela.
Con el
resultado también le dieron una indicación tácita de que debía irse del
país.
A los dos meses de iniciar su tratamiento, la medicina que debe de
tomar de por vida se acabó.
Este mes emigrará a México para poder tratar su enfermedad.
Contactó con una ONG en Querétero a través de la cual podrá obtener los
medicamentos y realizar de forma gratuita los exámenes de CD4 y de
carga viral, que deben hacerse cada seis meses para medir la resistencia
del virus en la sangre, pero que hace dos años dejaron de hacerse en el
sistema público venezolano.
“Quedarme en Venezuela es morirme de sida. Yo no me quiero ir porque aquí tengo trabajo,
todavía gano bien, quiero a mi país, pero ahora solo pienso en mi salud
y por eso me voy. Tengo un amigo que se fue en marzo y ya tiene
tratamiento y sé de otros que se han ido a Perú y Chile por esta
situación y allá están mejor”, cuenta este hombre de 31 años desde la
recepción del Servicio de Infectología del Hospital General del Oeste
(HGO), una planta de aspecto abandonado en el que se acumulan camas
viejas y equipos averiados y donde unos 1.500 pacientes acuden a
consulta. La grave crisis humanitaria que se vive en Venezuela
ha potenciado un enorme éxodo que las Naciones Unidas ya ha comparado
con el que la guerra de Siria empuja en el Mediterráneo. Según los datos
de la agencia un total de 2,3 millones de venezolanos han huido del
país desde 2014, dirigiéndose principalmente a Colombia, Ecuador, Perú y Brasil. La grave situación económica y el desabastecimiento de alimentos y de
medicinas, que en el caso de los antirretrovirales llegó a ser total en
abril pasado, expulsa a los venezolanos a otros países, aunque el
Gobierno de Nicolás Maduro ha insistido en negar la situación y el
propio mandatario ha dicho que los que emigran se van engañados por los
medios de comunicación.
Pasillo de un centro hospitalario venezolano.AFP
“Cada semana se me mueren dos pacientes. Están llegando ya en fase de
sida y esos casos de recién diagnosticados están muy inmunosuprimidos. Esto ha incidido en un aumento significativo de las muertes por VIH. Estos meses hemos tratado la crisis, discriminando entre aquellos
pacientes que están mejor, repartiendo dosis para una semana de
tratamiento, usando los fármacos que van dejando los pacientes fallecen o
recetando el esquema incompleto, aunque estamos conscientes de que eso
favorece la aparición de VIH resistente. La situación ha sido tan grave
que yo he recomendado a los pacientes emigrar o, si tienen la
posibilidad de que se los traigan de afuera que lo hagan, pero eso es
algo insostenible para muchas familias”, dice Pérez, que desde hace 20
años trata a pacientes con VIH.
Luis Meneses emigró hace siete meses Colombia. Es activista por los
derechos de la comunidad LGBTI y desde hace dos meses trabaja con su
fundación, Fuvadis, para apoyar a los venezolanos con VIH
que han emigrado a ese país, donde es difícil ingresar al sistema de
salud. En dos meses ha registrado a 35 seropositivos en Barranquilla,
donde está instalado. Les ayuda a insertarse en el sistema sanitario
colombiano y les consigue donaciones de medicinas, suplementos
alimenticios y atención. El plan es elaborar una base de datos en el
resto de los departamentos colombianos. En poco tiempo también han
contabilizado muertes. “Esta semana lamentablemente falleció uno de los
pacientes que estaba en nuestro registro. Pasó cuatro meses sin
antirretrovirales en Venezuela y acá todavía no se los habíamos
conseguido. En agosto tengo el reporte de otros cuatro casos de
venezolanos con VIH fallecidos en Colombia”.
Un año sin comprar fármacos
En Venezuela se calcula que hay 150.000 pacientes con VIH,
de los cuales solo 73.000 están inscritos para recibir tratamiento a
través del Ministerio de Salud. Esta última cifra se redujo en 10.000
con respecto al año pasado entre los fallecidos y las personas que han
emigrado, asegura Eduardo Franco, secretario general de la Red Gente
Positiva, que agrupa a las personas con la enfermedad. Se trata de una
estimación a ciegas porque el Gobierno no publica información
epidemiológica desde hace años y este 2018 el despacho de salud eliminó
su portal web.
“Tenemos más de seis meses con una escasez total, el Gobierno no ha
comprado nada y tampoco hay noticias de que vaya a comprar. Muchos
pacientes con VIH y con otras patologías crónicas se han ido para poder
salvarse en países como México, Brasil, Argentina, Chile y Perú, donde
los sistemas de salud tienen mayores facilidades de acceso, pero esta
carga da problemas a esos Estados y por eso es parte de la emergencia
migratoria que hay. Muchos otros se han muerto en el camino”, dice
Franco. La presión de las ONG ha hecho que desde la Organización Panamericana de la Salud
se haya enviado un lote de antirretrovirales que sumado a otras
donaciones han paliado los tratamientos de algunos, pero no alcanzan
para todos. El Gobierno venezolano cumple este septiembre un año sin
hacer las compras regulares de antirretrovirales para dotar el Programa
Nacional de VIH-Sida. Con las muertes de pacientes, que Franco calcula en 5.000 en lo que va
de año, crece también otra cifra, la de los nuevos infectados, que
superan los 11.000 al año y van en aumento, advierte. “Tememos un
repunte entre los jóvenes y también en adultos mayores, porque no hay
campañas de prevención y en medio de esta crisis es muy costoso adquirir
condones”, agrega el activista.
En el consultorio de Pérez no hay diplomas colgados. Un cartel
escrito a mano muestra su mayor preocupación: “Sin medicamentos para el
VIH todos mis pacientes tienen sentencia de muerte”, indica el letrero
pegado detrás de su escritorio. La falta de reactivos para pruebas de
despistaje y de control hacen que solo se pueda brindar una atención
presuntiva [aproximada] del paciente. Los diagnósticos se están haciendo
muy tarde cuando el paciente ya requiere ingresar a una emergencia,
añade. Tratar otras enfermedades en estos pacientes, como tuberculosis,
citomegalovirus y neumonía, también es una tarea cuesta arriba en
hospitales prácticamente inoperativos. “Y cada vez quedamos menos
infectólogos en el país”, remata.