Querétaro
acoge por tercer año consecutivo la fiesta literaria. La nobel de la Paz
Shirin Ebadi o la escritora mexicana Alma Guillermoprieto, entre los
ponentes.
Patti Smith vuelve a México estos días, justo un año después de su última visita, esta vez como invitada del Hay festival,
que celebra su tercera edición en Querétaro. Vuelve la gran poeta del
punk y no hay concierto a la vista. El Hay ha programado una charla,
conferencia, diálogo el sábado por la mañana y luego, por la noche, un
recital de poesía: quién sabe cómo acabará. Es, desde luego, uno de los
momentos más esperados del fin de semana. El festival empieza este jueves y acaba el domingo. Entremedias, decenas
de eventos con escritoras, periodistas, músicos y poetas. La voz de las
mujeres primará en esta edición del festival, que dedica dos mesas de
discusión al movimiento #Metoo. También aparecerán el nobel de Química Venki Ramakrishnan y la mexicana Alma Guillermoprieto.
Este jueves por la tarde, Lydia Cacho y el director de EL PAÍS
AMÉRICA, Javier Moreno, mantendrán un diálogo con el tema de la igualdad
de género de fondo. Hace apenas unas semanas, el Comité de Derechos Humanos de la ONU dio la razón a Cacho,
reconociendo las violaciones cometidas en su contra en 2005, cuando fue
detenida y torturada en México, a raíz de la publicación de su libro
Los Demonios del Edén. El viernes, la nueva responsable del Fondo de Cultura Económica,
Margo Glantz, conversará con la escritora argentina Elsa Osorio, autora
de Cielo de Tango y Callejón con Salida. También el viernes, Lydia Cacho
se subirá al escenario del Teatro de la República junto a la nobel de
la Paz, Shirin Ebadi. La abogada iraní, galardonada en 2013, fue la
primera mujer musulmana en ganarlo. Es el tercer año del HAY en Querétaro, después de otros tantos en
Xalapa, la capital de Veracruz. En 2015, la organización del festival se
vio obligada a cancelarlo ante el alud de peticiones de escritores e
intelectuales, críticos con la ola de violencia que azotaba al estado,
entonces bajo el mandato de Javier Duarte. Hoy, Duarte está en prisión,
acusado de lavado de dinero y asociación delictuosa y el HAY goza de un
nuevo florecer en la tranquila Querétaro, uno de los centros
industriales más importantes del país. A las 10.30 del sábado, Smith se subirá al escenario del Teatro de la
Ciudad junto a Diego Rabasa, responsable de la editorial Sexto Piso. La
artista frente al público, desprovista del micrófono, desprovista, al
menos, de su música: en esta ocasión se trata de hablar. La última vez que lo hizo en México fue en el Café La Habana
de la capital, en septiembre del año pasado. El Café La Habana, núcleo
bohemio, identitario, de los realvisceralistas de Roberto Bolaño,
retratado en la primera parte de una de sus obras maestras, Los
Detectives Salvajes. No es ningún secreto que Smith ha hecho de la obra de Bolaño su
propio evangelio. En 2011 acudió incluso a Girona, a la inauguración de
una calle dedicada al escritor. Smith cantó Wing: I was a wing, in
heaven blue... La visita del año pasado a México ocurrió en ese
contexto. No fue sólo el evento del Café La Habana. En esos días, Juan
Villoro leyó el poema que la artista dedicó al escritor chileno,
Hecatombe. Esta vez, en Querétaro, lo leerá Alma Guillermoprieto. Rabasa frente a Smith. La autora, superviviente de aquel Nueva York
ególatra de finales de la década de 1960 y principios de 1970, la ciudad
de Warhol, Lou Reed, The Velvet Underground, Television, el vértigo
interminable, imperio del ya y el ahora, frente a su pasado. ¿Qué le
preguntas a esta alturas a alguien así? Dice Rabasa: "Me causa mucha
intriga su relación con la literatura y las artes, porque el mundo en
que ella se desarrolló ya no existe. En aquel entonces vivían muy cerca
de la realidad y no estaba tan avanzado este asunto despiadado de la
mercantilización, que engulle todo, incluído el arte... Le preguntaría
cuál es su postura actual respecto a su trabajo, si tiene todavía un
vínculo tan próximo con su entorno concreto, o guarda una distancia
mayor".
Muere el actor Burt Reynolds, estrella de la década de los setenta, a los 82 años,
El
intérprete logró durante cinco años consecutivos que sus películas
fueran las más taquilleras y estuvo nominado al Oscar por su actuación
en 'Boogie Nights'.
Burt Reynolds, en 'Los caraduras' en 1977.
En The Last Movie Star, una de sus últimas apariciones en las pantallas, Burt Reynolds
encarnaba a una exestrella en horas bajas, un macho alfa que medio
siglo antes había reinado en la taquilla y en los corazones de todo el
mundo. Ese actor recibía el homenaje de una panda de freakies
que le recordaban que aunque su cine y su comportamiento fueran de otro
siglo aún hay gente que disfruta de un guiño a destiempo, de una broma
censurable por la corrección política y de un pecho peludo. Reynolds se
estaba interpretando a sí mismo incluso cuando recordaba que durante
cinco años consecutivos, de 1978 a 1982, sus películas fueron las más
taquilleras. O que en octubre de 1979 se convirtió en el segundo hombre
en aparecer desnudo en la portada de Playboy (ya se había desnudado en 1972 en Cosmopolitan). Y aunque quedará leyenda –Reynolds nunca ganó el Oscar, pero
probablemente tampoco lo necesitó-, su cuerpo, el de Burton Leon
Reynolds Jr. se apagó ayer en Jupiter (Florida) a los 82 años, de un
paro cardíaco, ya que llevaba tiempo arrastrando problemas del corazón.
Reynolds, con o sin bigote, fue el macho entre los machos del cine de los setenta y ochenta.
Películas como Los caraduras, Rompehuesos, Los traficantes o Un caradura simpático
no se entienden sin la chulería de un actor que siempre supo de sí
mismo y que a la vez era famoso por montar broncas en los rodajes (Paul
Thomas Anderson y él acabaron por no hablarse tras Boogie Nights).
También sufrió en sus propias carnes el cambio de sensibilidades en el devenir de los tiempos y a finales de los ochenta
Tras convertirse en uno de los actores más apreciados del público con comedias como las antes mencionadas o Los locos del Cannonball; Hooper, el increíble o Por fin, el gran amor, los ochenta le devolvieron a la televisión.
Otros como Jack Nicholson sacaron partido a personajes que rechazó, como el de La fuerza del cariño o el de Alguien voló sobre el nido del cuco.
También con el tiempo consideró que uno de sus mayores errores vitales
fue no casarse con Sally Field, con la que salió entre 1977 y 1982.
En la última década ha seguido trabajando y aún no se ha confirmado si pudo completar su colaboración con Tarantino en Once Upon a Time in Hollywood,
en la que encarna al ranchero George Spahn, que alquilaba sus terrenos
para rodajes
. En una película que bebe del viejo Hollywood, ambientada
en Los Ángeles en 1969, su aparición sería mítico guiño final a una
larga carrera.
Contraportada y portada del libro titulado 'Dead in the Water', escrito por Penny Farmer.PENNY FARMER
Casi cuatro décadas después de que los cuerpos de una pareja de
jóvenes británicos fueran rescatados con signos de tortura en aguas del
Caribe, la hermana de una de las víctimas consiguió localizar al asesino
—y a la postre que fuera apresado— a través de Facebook. Así lo relata
Penny Farmer, hoy de 57 años, en un libro que ha dedicado a las
pesquisas en las que nunca cejó su familia desde la desaparición del
médico Christopher Farmer y su novia, la abogada Peta Frampton, durante
un viaje desde Belice a México. Los Farmer no dieron por perdido el rastro del hijo y su compañera,
embarcados en un largo periplo vacacional, hasta muchas semanas después
de su partida a principios de 1978. Lo precario de las comunicaciones de
aquel tiempo no avalaba, como sí sucede en la actualidad, el contacto
inmediato y constante entre las personas separadas por miles de
kilómetros. La extraña falta de noticias, después de tantos meses, acabó
sin embargo disparando las alarmas. La larga investigación que sucedió a
la certeza de que algo les había pasado acabó con el hallazgo de sus
cadáveres cerca de la costa guatemalteca y la identificación de un firme
sospechoso de la autoría del crimen: el estadounidense Silas Duane
Boston. Para entonces el individuo ya había emprendido la huida.
La pareja de novios Peta Frampton y Christopher Farmer.
De la mano del título Dead in the Water (Muertos en el Agua), Penny Farmer, intenta desgranar la anatomía de lo que en el mundo anglosajón se denomina cold case,
un caso policial e irresuelto del pasado cuya carpeta vuelve a ser
revisada varios años después. La del asesinato de su hermano volvió a
acapar la atención porque un otoño del 2015 Penny se decidió a teclear
desde su domicilio de Oxforshire (sudeste de Inglaterra) el nombre de
Boston en el buscador de Facebook. Y en la pantalla apareció la imagen
de un individuo con barba gris, gorra de besibol encarada y gafas de
sol. Tras muchos años a la fuga, había regresado a su California natal.
Valiéndose de las mismas herramientas digitales, la mujer también
consiguió localizar a los dos hijos de Boston que, una vez interrogados
por la policía de Sacramento, confesaron haber sido testigos no solo del
asesinato de Christopher y Peta sino también del de su propia madre. Eran solo unos niños cuando el progenitor invitó a la pareja a compartir
la travesía Belice-México en su barco. A resultas de una discusión
sobre su violento carácter hacia uno de los pequeños, acabó reduciendo a
golpes a los dos ingleses, les ató a una cuerda encadenada a maquinaria
pesada del barco y los arrojó al mar.
Silas Duane Boston fue detenido por la policía de Sacramento a
finales de 2016. Tenía 76 años cuando murió en la cárcel a raíz de la
propia decisión de interrumpir su tratamiento de diálisis. Penny Farmer,
que era una adolescente cuando su hermano fue asesinado, nunca pudo
llegar a ver celebrarse el juicio contra el perpetrador.