La orden judicial que regula el tiempo que sus hijos deben pasar con el actor no afecta al mayor de ellos.
La
actriz Angelina Jolie pasea junto a sus hijos Maddox, Shiloh, Vivienne
Marcheline, Knox Leon, Zahara y Pax en París el pasado enero.Marc PiaseckiGC Images
Antes de comenzar a rodar su última película, Once Upon a Time con el director Quentin Tarantino en Hollywood, Brad Pitt
ha visitado Londres para pasar un tiempo con sus hijos, que viven
habitualmente con Angelina Jolie y están actualmente en la capital
británica mientras su madre graba la película Maléfica 2 y que
es quien tiene la custodia de sus seis hijos, Maddox, de 16 años, Pax,
de 14, Zahara, de 13, Shiloh, de 12 y los mellizos Vivienne y Knox, de
9. Precisamente este jueves, el polémico aunque acordado discreto divorcio de sus famosos padres ha vuelto a salir a la palestra debido a una información publicada por la revista People, que había tenido acceso a documentos judiciales que desvelaban que Jolie podría perder la custodia de sus hijos si no toma medidas para mejorar su relación con su padre. En la documentación del caso, que lleva abierta más de año y medio, el
juez advierte que “es importante que cada uno de los hijos tenga una
relación sana y fuerte con su padre y su madre”, y señala que Angelina
Jolie debe permitir que Pitt cuide esa relación.
Pero aunque la advertencia es válida para los seis niños, la medida no obliga a que Maddox, el mayor de los seis hijos de la pareja,
tenga que cumplir el detallado horario de visitas que establece el
juzgado y que especifica las horas que Pitt, de 54 años, pasará con cada
niño hasta el 29 de julio. Este hecho se debe a que el joven tiene ya
16 años de edad y el juzgado considera que Maddox ya tiene edad
suficiente para decidir por sí mismo cuánto tiempo quiere pasar con su
padre. Sin embargo, sus otros cinco hermanos deberán cumplir el estricto
horario impuesto por el juez respecto a las visitas con su padre. Los
documentos publicados por la revista especifican que si los menores
“continúan cerrados a relacionarse con su padre, y dependiendo de las
circunstancias que rodeen esta actitud, puede derivar en una reducción
del tiempo que pasan con Angelina Jolie y que el tribuna ordene la
custodia física para Brad Pitt”. El
actor Brad Pitt junto a su hijo Maddox Jolie-Pitt durante un partido de
la liga de fútbol americano en Nueva Orleans (EE UU) en 2010.
Getty ImagesChris Graythen Lo cierto es que es que, según afirman los expertos, es
“extremadamente raro” ver a un tribunal tomar una medida de este tipo y
que siempre se hace después de una evaluación profunda de la situación
de los menores. La resolución también recoge que cuando el actor regrese
a su hogar en California, se le permite decidir si los niños se quedan
en su casa en Los Ángeles, la antigua residencia familiar, y si Jolie
solo puede llamar una vez al día a una hora previamente acordada,
mientras los niños estén bajo el cuidado de su padre.
Un portavoz de la actriz ha manifestado que la filtración de estos
documentos les resulta “deplorable”. “Esta filtración engañosa no
favorece los intereses de los niños”, dice el comunicado del
representante de la actriz. “Desde el comienzo, Angelina
se ha centrado solo en la salud y necesidades de los hijos, por lo que
era importante que esta última audiencia judicial se hubiese realizado
en privado. Es deplorable que alguien, por sus propias razones egoístas,
haya filtrado partes selectivas de la decisión judicial para crear una
imagen inexacta e injusta de lo que realmente está sucediendo”.
Sánchez pospuso la destitución del ministro de Cultura para no perturbar
su reunión con sindicatos y patronal.
Màxim Huerta, durante el anuncio de su dimisión.CLAUDIO ALVAREZ I ATLAS
Nunca tuvo opciones Màxim Huerta, escritor y periodista, de mantener
la cartera de Cultura y Deportes más allá de los seis días que la había
llevado. El presidente del Gobierno
supo de la información que iba a publicar elconfidencial.com la noche
anterior, el 12 de junio. Pedro Sánchez, economista de formación, se
alarmó inmediatamente al conocer que el problema que Huerta había tenido con Hacienda
le ponía de inmediato fuera de la primera línea de la política. Una
infracción fiscal, incluso ya saldada, no es compatible con estar en el
Consejo de Ministros. Todo lo que ocurrió durante el día, hasta que a las 19.00 del miércoles
Màxim Huerta anunció su dimisión, entre la amargura, la rabia y la
denuncia, no cambió un ápice el desenlace. Huerta iba a ser sustituido y
antes del mediodía ya estaba decidido que su sustituto era el gestor
cultural, José Guirao Cabrera. Pero el guion siguió su curso. La noticia saltó y el todavía titular
de Cultura se puso en contacto con el presidente del Gobierno para darle
explicaciones de sus avatares con Hacienda. En ningún momento el jefe
de Gobierno dijo al afectado que no había ningún problema y que con sus
explicaciones todo quedaba zanjado, según aseguran fuentes conocedoras
de los hechos. Pero desde el entorno del presidente sí se le pidió que
diera explicaciones en los medios de comunicación. A las 9.45 el todavía ministro de Cultura
empezó la ronda en Onda Cero y siguió con la Cadena Ser. La escucha
atenta de sus declaraciones deja a la vista que nunca sostuvo que el
presidente había aceptado sus explicaciones: es él quien manifiesta que
ha tranquilizado a La Moncloa porque no hay nada reprochable. “Nunca le
dio esperanzas”, aseguran las fuentes consultadas. Su punto de vista
no era el del presidente. La tributación a través de una sociedad
cuando se trata de una persona física, y no jurídica, no es asumible
para Sánchez, que ha sido muy crítico con quienes incurren en esas
prácticas. Además, los expertos, que en las últimas horas se han referido a esa
forma de tributación, explican que siempre fue irregular y no solo
cuando Hacienda “cambió de criterio” y no permitió que cientos de
creadores, periodistas y artistas utilizaran la fórmula de crear una
sociedad para pagar menos. Mientras Huerta hacía declaraciones, en La Moncloa
se pensaba en su sustituto, aunque desde media mañana el candidato
preferido era José Guirao Cabrera, gestor cultural, exdirector del Museo
Reina, de Casa Encendida y otros ámbitos culturales de prestigio.
Cita con el sustituto
A primera hora de la tarde, este almeriense experto en arte, estaba
ya en Moncloa cara a cara con el presidente del Gobierno, señalan las
fuentes consultadas. ¿Por qué el presidente del Gobierno no cortó antes las expectativas
que pudieron crearse en la opinión pública respecto a que Huerta se
mantendría? La reunión a media mañana que tenía programada en La Moncloa
con los agentes sociales era para él de la máxima relevancia. A toda
costa se quiso evitar que la dimisión de Huerta interfiriera en el
primer encuentro del jefe de Gobierno con la patronal y los sindicatos. En su entorno le aconsejaron que Huerta
retrasara la comunicación de su dimisión hasta avanzada la tarde, como
así hizo. Mientras Sánchez, junto a la ministra de Trabajo, Magdalena
Valerio, se reunía con los presidentes de la CEOE y de Cepyme, Juan
Rosell y Antonio Garamendi, y los secretarios generales de UGT y CC OO,
José Álvarez y Unai Sordo, en su equipo se ponían en contacto con
Guirao. El ruido fuera era ensordecedor. Los dirigentes del PP y de Unidos
Podemos pedían la dimisión del ministro, pero esperaban que aguantara
para poner el foco en Pedro Sánchez, según el análisis de La Moncloa.
Esto lo vio con claridad el todavía ministro de Cultura que incluyó este
ingrediente para elaborar el relato sobre su dimisión.
Desde el PSOE, la unanimidad era absoluta, informa Elsa Garcia de Blas. Su dimisión era improrrogable.
Nunca lo dudó. Desde el amanecer del miércoles supo que tenía que buscar sustituto.
Han pasado ya seis meses, pero Édouard sigue sin creerse que su ídolo, Johnny Hallyday,
esté muerto. “Voy a cumplir 52 años y lo llevo escuchando desde los
siete”, contaba este seguidor incondicional: camiseta y chaqueta con la
esfinge del Elvis francés —asegura que tiene más de 40 camisetas de
Johnny en casa, igual que tazas, calendarios y pósters—, cruces al pecho
como las que solía ponerse su ídolo, anillos de roquero en las manos. Édouard y su novia, Emilia, se quedaron este viernes sin poder entrar en
la iglesia parisina de la Madeleine donde seguidores del cantante
conmemoraron con una misa muy particular, salpicada de canciones del
artista, el que debería haber sido el 75 aniversario del músico, fallecido en diciembre de un cáncer de pulmón.
La muestra más visible de la batalla que ha dividido al clan Hallyday
por un multimillonario patrimonio —mansiones en tres países, recuerdos
y, sobre todo, derechos de autor de un artista que vendió más de cien
millones de discos en más de cinco décadas de carrera— era la ausencia
de sus familiares más próximos en el principal homenaje público a
Hallyday desde su funeral.
Admiradores del cantante francés Johnny Hallyday acuden a una ceremonia de homenaje al artista.CHARLES PLATIAUREUTERS
Porque entre los que gritaban “Johnny, Johnny” en la Madeleine y cantaban sus éxitos
con tanto entusiasmo que se habrían podido escuchar desde fuera de la
iglesia aunque no se hubieran instalado altavoces para seguir el
homenaje, no había ni uno de sus seres queridos más próximos. Ni su
última esposa, Laeticia, ni los dos hijos de sus matrimonios previos, el
también músico David Hallyday y la actriz Laura Smet, nacidos de las
relaciones que Johnny mantuvo con las icónicas Sylvie Vartan y Nathalie
Baye, respectivamente.
Laeticia optó por permanecer en Los Ángeles, donde se instaló desde
la muerte de su marido, para conmemorar su cumpleaños acompañada solo de
sus dos hijas pequeñas y de un puñado de amigos, según la prensa
francesa. Laura Smet y David Hallyday, que han acudido juntos a la
justicia para disputar el testamento de su padre que les dejó sin
herencia —según su último testamento, Johnny consideraba que ya les
había ayudado lo suficiente en vida— prefirieron rendir homenaje a su
padre a través de mensajes en las redes sociales. Laeticia y los hijos mayores de Johnny Hallyday están enfrentados
en una batalla judicial que ha llevado a los magistrados a congelar los
bienes del artista hasta que se diriman las disputas por la herencia. La pelea ha provocado también que el álbum póstumo del roquero, que
debería haber salido con ocasión del 75 aniversario de Hallyday, haya
sido postergado hasta el otoño. Más allá de los tribunales, la batalla
se ha realizado a través de los medios franceses usados por ambos bandos
para lanzarse acusaciones y reproches. El último episodio tuvo lugar
este mismo viernes, a través de la revista Elle que publica una
entrevista a Laura Smet en la que esta evoca la relación con su padre y
asegura que no se esperaba la enorme “violencia” que ha rodeado el
litigio. La pelea también ha dividido a los amigos de Hallyday y hasta sus
seguidores, como se pudo sentir cuando, durante la misa del viernes, el
primo del roquero, Michael Ketcham Halliday, rindió un homenaje a
Laeticia: solo una parte del público aplaudió, mientras muchos
admiradores silbaban y negaban con la cabeza, enfadados. “¡Y todo por el dinero, qué pena!”, lamentaba Elianne, una admiradora
sexagenaria de Hallyday que quiso acudir este viernes al homenaje. También Anita y Sylvain, que viajaron desde Perpiñán para participar en
la cita de la Madeleine, sacudían la cabeza con tristeza. “Esto estropea
su imagen, lamento que haya llegado a este nivel, todas las familias
tienen problemas, pero esto es demasiado”, decía Sylvain, para quien la
disputa está manchando la imagen de un artista que “ha sido un ídolo
para muchas generaciones”.
Antiguos
compañeros de televisión se hacen ministros. Los gobiernos se parecen a
los 'realities' y los 'realities' se convierten en series.
El ministro de Cultura y Deportes, Màxim Huerta, en el primer Consejo de Ministros del nuevo Gobierno celebrado en Moncloa.ULY MARTIN / atlas En el momento que se anunció la composición del nuevo Gobierno,
mi móvil colapsó debido a la histérica cantidad de mensajes y memes
diciendo: "Màxim Huerta, ministro de Cultura y Boris Izaguirre, de
Festejos". Ya lo dijo hace días Antonio Caño: "Todos somos presa en
estos tiempo de un clima emocional que lo distorsiona todo". Al
principio me dio risa hasta que luego pensé que esa no era manera de
darle la enhorabuena al señor Huerta. "Cualquiera puede ser ministro de
Cultura", escuché decir en el andén de la estación de tren de León.
"Imagínense, Pedro Duque,Màxim Huerta y Marlaska", dijo otro viajero, "eso mas que un gobierno parece Masterchef Celebrity". Y todos lo celebraron con una carcajada. Sí,
las noticias reflejan en exceso el clima emocional de mi realidad.
Antiguos compañeros de televisión se hacen ministros. Los gobiernos se
parecen a los realities y los realities se convierten
en series. Mientras me afeitaba con el cacareo de la radio al fondo,
llegué a la conclusión de que Màxim Huerta debe saber mucho de política
porque su primer trabajo en televisión fue dar noticias acerca de ella y
luego, en sus largos años junto a Ana Rosa Quintana, entrevistó y
analizó a todos los políticos de diferentes gobiernos y partidos y
también a Bibiana Fernández,
que es tan fuerte como la oposición que promete hacer el PP. Quizás sea
atrevido de mi parte, pero así como a cocinar se aprende escuchando y
mirando, creo que con la política sucede lo mismo. Aparte de eso, muchos
otros miembros del nuevo gobierno tienen en común que llegan al
servicio público a través de sus méritos, como bien lo puntualizó, con
una voz más aterciopelada que de costumbre, Pepa Bueno desde la radio de
la cocina. Y Màxim tiene buena voz y un as en la manga de su traje
nuevo: modificar el impuesto del cruel 21% de IVA con el que el gobierno anterior castigó a la industria cultural. El nuevo Gobierno nos enfrenta al cambio y se suma a Ana Botín en su
declaración de que Europa “tiene que cambiar y tiene que hacerlo
rápido”. Pues el cambio ya está aquí. Y ese cambio te da alas y trae
novedades. Como el anuncio de que en Miss América se acabó para siempre el desfile en bañador,
quizás uno de los resquicios rijosos más anquilosados de occidente. Reconozco que cuando me tocó presentarlo en el certamen de Miss
Venezuela sentí bochorno al repetir, candidata tras candidata, sus
medidas siempre perfectas y verlas avanzar con coloridas y diminutas
fantasías textiles robadas a la natación sincronizada. Después de
recitar aquellas medidas, que eran el resultado de la suma del alto
rendimiento deportivo y del avance tecnológico, tenías que agregar sus
estudios académicos, su currículum como "experta en el estudio del
planctón marino" o "experta en comunicación social". Chirriaba y celebro
que su final sea producto del movimiento Me Too y en la misma semana que el Tribunal Supremo de ese país exculpa a un pastelero que se negó a hacer una tarta
para un matrimonio gay por razones religiosas. Las religiones han
estado detrás de muchas guerras, ojalá este sea el comienzo de la
batalla definitiva contra el azúcar y la cursilería. Cambiemos el menú
de las bodas en los matrimonios gais. En vez de pastel nupcial,
recuperar la gelatina, la macedonia o una espuma como alternativas. Desde que el cambio llegó, rezo por el bolso Loewe de 2.000 euros
que Soraya Sáenz de Santamaría usó en su último día como vicepresidenta
y que ocupó el escaño del presidente Mariano Rajoy durante su ya mítica
ausencia. Temo por que Soraya le coja manía y lo relegue al fondo de un
armario. O intente una reventa en los comercios vintage online.
Ese bolso tiene que ir al Museo del Congreso después de salir orgulloso
de su armario. Comprendí a Soraya porque muchas veces también he
guardado un puesto o dos en bodas caraqueñas, que no son con asientos
asignados, y al llegar las señoras colocan su bolso en el sitio que
territorializan. Por eso la imagen de Soraya al lado de su bolso me
enterneció, porque la reconocí provinciana como yo. En el fondo es una
tradición que necesitaba un cambio. Pero Soraya, mi amor, no la pagues
con ese bolso, porque vendrá de perlas para cruzar cualquier puerta
giratoria o para dar una entrevista pícara y divertida cuando todo esto
vuelva a cambiar.