Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

12 may 2018

Antonio Mercero, un sentimental discreto................... Marta Fernández

Tan buen tipo era Mercero que España le perdonó que matara a Chanquete.

 

Antonio Mercero, en 2005. Quality
En el imaginario de la televisión de los 70 había dos señales inequívocas que garantizaban el éxito.
 Una era la muy británica cúpula de la Catedral de San Pablo emergiendo de las aguas al ritmo de las ocho notas de la cabecera de Thames.
 La otra, la opción patria, la firma de Mercero. Mercero era en cierto modo el Hitchcock español.
 No solo por su afición a los cameos, sino porque como Hitchcock, había conseguido transitar del cine a la televisión sin perder el equilibrio ni el prestigio en la pirueta.
 Después de La Cabina, podría haberse consagrado como mago del suspense si le hubiera dado a Tobi, inquietante niño ángel, una pincelada más oscura.
 Pero optó por la ternura, un territorio en el que se movía con la comodidad de quien nunca ha dejado de ser del todo pequeño.
Antonio Mercero era un señor afable que se parapetaba bajo una pretendida seriedad cuando dirigía. 
No podía, sin embargo, esconder esa mirada comprensiva y hasta piadosa con la que se plantaba ante los personajes.
 El bisturí de su cámara diseccionaba sin herida. 
Tan buen tipo era Mercero que España le perdonó que matara a Chanquete.
 “Fue muy duro, pero necesario”, decía.
 Para que los niños aprendieran que hasta en el más azul de los veranos acecha el luto de la tormenta.
Nunca le reconoceremos lo suficiente haber inventado un género juvenil que luego triunfó en Hollywood: el de la alegre muchachada paseando en bicicleta. 
Mercero fue capaz de ver antes que nadie el poder galvanizador de la pedalada entre la chiquillería.
 Antes de que el Elliot de ET volara ante la luna sobre dos ruedas, antes de que los Goonies se lanzaran a la aventura con sus caballitos de hierro, los niños de Verano Azul ya habían recorrido su paraíso estival en bicicleta.
 Era Mercero en esto, como en otras cosas, un visionario sin presunciones.
Porque Mercero sabía mirar. 
Lo demostró en su primer trabajo para la televisión, una televisión que en la España de los 70 era todavía en blanco y negro en la forma y en el fondo.
 Con su cura, su Guardia Civil, su maestro, su alguacil y su cartero, Crónicas de un Pueblo era el retrato de una España en disolución que todavía no lo sabía.
 Tampoco sabía Mercero que estaba tendiendo el puente perfecto entre la plaza de Villar del Campo que esperaba a Mr. Marshall y el pueblo que tenía devoción por Faulkner de Amanece que no es poco.
 Ni sospechaba que estaba dejando para el futuro el retrato de una España que años después quedaría vacía.
 La serie se estrenó el 18 de julio de 1971.
 No podía ser otro día.
 Contaba Mercero que la idea partió de Carrero Blanco que, consciente del poder de la televisión, quería dar a conocer el Fuero de los Españoles entre el público.
 Pero el director fue más allá y supo poner su lupa intimista sobre unos personajes perfectamente reconocibles.
 Y cada domingo, los espectadores se quedaban ante la pantalla de la televisión única, para seguir las aventuras pequeñas y cotidianas de Puebla Nueva del Rey Sancho.
Decía Antonio Mercero que tenemos la televisión que nos merecemos.
 Un día, los espectadores merecimos un director como él, que supo ser incisivo sin maldad, tierno con la dosis exacta de melaza. 
Un sentimental discreto.
Fue Mercero un maestro en humanizar a personajes que en manos de otro habrían quedado reducidos a puro cliché. Y lo demostró años después en Farmacia de Guardia. Corrían ya los noventa y las familias eran distintas. Poco se parecía el matriarcado de la boticaria separada Concha Cuetos a aquellas parejas de Verano Azul en las que las madres cuidaban abnegadas de los niños mientras los padres tomaban el aperitivo. Quizá también en esto se adelantó a su tiempo.

11 may 2018

Risto Mejide denuncia amenazas de muerte por sus juicios en ‘Factor X’

La policía envía a su Unidad de Ciberdelincuencia una cadena de amenazas directas.

Risto Mejide, Laura Pausini, Jesús Vázquez, Xavi Martinez y Fernando Montesinos en la presentación de 'Factor X'.
Risto Mejide, Laura Pausini, Jesús Vázquez, Xavi Martinez y Fernando Montesinos en la presentación de 'Factor X'. GTRES

 El presentador y publicista Risto Mejide ha puesto en conocimiento de la policía que ha recibido amenazas de muerte tras sus juicios en el programa Factor X, del que forma parte del jurado junto a Laura Pausini, Xavi Martínez y Fernando Montesinos. 

"O abandonas este país tu solo con tu hijo o no apareces más por televisión (...) Tienes una semana" o "Voy a por ti, tu vida me importa una mierda", son algunos de los tuits amenazantes que ha recibido y que el propio Mejide ha colgado en su cuenta oficial de Twitter. 

La Unidad de Ciberdelincuencia de la Policía Nacional se ha hecho cargo del asunto.

 

Mejide pidió ayer ayuda a la policía con su peculiar estilo, el que le ha hecho decir en entrevistas que es "un especialista en caer mal". "Hola, policía, como seguramente no tenéis trabajo, he pensado: ¿qué mejor manera de entreteneros la tarde?", escribió en un tuit, del que colgó como imágenes los mensajes amenazantes que ha recibido, especialmente del usuario @Leyendadre.

"Voy a acabar contigo aunque sea lo último que haga en la vida", empieza otra de las amenazas, del citado usuario, que minutos después publicó otro tuit:
 "Tú no vas a acabar conmigo por muchos huevos que tengas a pagar un sicario, porque lo único que vas [a] hacer es traerme un arma y luego te haré sufrir el doble".

La policía contestó a Mejide con diligencia y humor. 
"Tenemos un par de cosillas para esta tarde (poca cosa)... pero ahora mismo pasamos esto a nuestra Unidad de Ciberdelincuencia. Estamos en contacto". El publicista contestó casi en el acto: "Gracias".
También a través de Twitter, la policía ha aclarado que había contactado mediante mensaje directo con Mejide "para indicarle los pasos" a seguir, ya que para denunciar el delito es necesario acudir a comisaría.

La profesora del acta falsa denuncia presiones del entorno de Cifuentes: “Dadnos un Trabajo de Fin de Máster”

Una asesora de la consejería de Educación madrileña y amiga personal de la expresidenta llamó una decena de veces a la profesora Cecilia Rosado, secretaria del tribunal inventado.

Cristina Cifuentes durante la rueda de prensa en la que anunció su dimisión como presidenta de la Comunidad de Madrid el pasado 25 de abril.
Cristina Cifuentes durante la rueda de prensa en la que anunció su dimisión como presidenta de la Comunidad de Madrid el pasado 25 de abril. EFE

 
El caso del máster de Cristina Cifuentes, que provocó su dimisión –junto a un vídeo de la expresidenta de la Comunidad de Madrid llevándose dos cremas de una tienda sin pagar-, ha perdido fuelle político pero sigue adelante en los tribunales. 
Hoy viernes la titular del juzgado número 51 de Instrucción de Madrid, Carmen Rodríguez-Medel, ha llamado a declarar a Cifuentes como investigada por los delitos de prevaricación y cohecho.
La expresidenta, durante las semanas que precedieron a su dimisión, repitió un mantra: si había alguna irregularidad en el máster en derecho autonómico y local que cursó en la Universidad Rey Juan Carlos, era un problema de los profesores y del centro. Ella, según decía una y otra vez, no sabía nada, fue a defender su Trabajo de Fin de Máster (TFM) el 2 de julio de 2012 con total normalidad y, más allá de eso, lo que hubiera sucedido era achacable a la universidad.
 Sin embargo, la profesora que elaboró el acta que avalaba falsamente la presentación de dicho TFM declaró el jueves ante la juez que lleva el caso que una amiga de Cifuentes la presionó durante toda la mañana del 21 de marzo –cuando eldiario.es destapó el caso- para que elaborara el acta falsa, para que le redactaran un TFM (algo que jamás llegó a suceder) y, finalmente, para que le pasaran referencias bibliográficas de un trabajo inexistente con las que poder defenderse de las acusaciones. 
Las declaraciones del jueves son las que han determinado la imputación de la expresidenta.
La amiga de Cifuentes es María Teresa Feito Higueruela, asesora del gobierno de la Comunidad de Madrid asignada a la consejería de Educación y profesora titular de Filología Inglesa de la Universidad Rey Juan Carlos –en comisión de servicios desde 2015-
. Ya se conocía el dato de que esa mañana Feito había acudido a la universidad para interesarse por el tema antes de que el rector, Javier Ramos, saliera a dar su primera rueda de prensa.
 Pero lo que no se sabía es que había hablado directamente casi una decena de veces con Rosado, que fue quien elaboró el acta falsa a petición del catedrático y director del Instituto de Derecho Público Enrique Álvarez Conde, para dirigir sus movimientos.
La profesora asegura que le dijo frases como “Cristina os va a matar a todos” o “Tenéis que darnos un TFM".
 Cuando ella le respondió que no había tal, Feito le pidió entonces unas referencias bibliográficas.
 La docente tiene el registro de llamadas entre su teléfono y el de Feito. 
 La última, 20 minutos después de que el acta falsa sea enviada por correo electrónico al rector, quien después la reenvía al entorno de Cifuentes. Rosado, que declaraba en calidad de investigada, contestó a todas las preguntas y aseguró que no hubo TFM; que ella y sus compañeras Alicia López de los Mozos y Clara Souto jamás se reunieron como tribunal ni evaluaron a Cifuentes; que el acta se elaboró el 21 de marzo de 2018, no el 2 de julio de 2012; y que todo fue dirigido y encargado por Enrique Álvarez Conde.
 Las tres coinciden en estos puntos.
Rosado reconoció que fue ella quien elaboró el acta y puso su firma y las de sus dos compañeras, López de los Mozos y Clara Souto. Todas, colegas del área de Derecho Constitucional. 
Lo hizo porque se lo pidió Álvarez Conde y porque sus dos compañeras le habían enseñado a través de videollamada su DNI para que viera su firma y pudiera copiarla.
 Así lo reconoció también López de los Mozos en su declaración ante la policía el pasado 10 de abril, aunque aseguró que no sabía para qué era el DNI.
Souto, por su parte, que sigue de baja médica, también admitió el jueves que enseñó su firma a Rosado, pero afirmó que era una práctica tan habitual en el Instituto de Derecho Público que no supo para que se iba a usar en ese caso concreto. 
Aseguró que como la universidad tiene varios campus en distintas localidades, muchas veces lo hacían para facilitar las cosas.
 La profesora declaró como testigo, sin abogado, y no ha sido imputada.
López de los Mozos, sin embargo, que también comparecía como testigo, pasó a ser investigada por prevaricación administrativa. Durante su declaración le preguntaron por la nota que había puesto a Cifuentes en una asignatura y respondió que no recordaba haberla evaluado.
 Como aparecía su firma, la juez decidió seguir la investigación sobre estos hechos.

Clara Souto también había aprobado una asignatura a Cifuentes, pero en una clase que impartía a medias con Álvarez Conde en la que ella daba muy pocas clases y era él quien evaluaba y le decía la nota correspondiente de cada uno. Por este motivo no fue declarada investigada.

Convalidaciones y notas

Las diligencias de la titular del Juzgado de Instrucción 51 de Madrid se abrieron no por el acta del TFM, sino tras una querella presentada por una catedrática de la Universidad de Salamanca, Ángela Figueruelo, por unas convalidaciones en las que aparece su firma –que ella asegura que ha sido falsificada-.
 Se trata de un escrito de convalidación del mismo curso de Cifuentes (2011-2012) en el que aparecen distintas firmas, también la de López de los Mozos.
 A esta investigación se unió la del acta relativa al TFM después de que la Fiscalía de Móstoles, que era quien llevaba el caso en origen, remitiera las actuaciones al juzgado de Madrid para que se investigue todo conjuntamente.
En relación a estas convalidaciones, tanto José Antonio Lobato ( responsable de la unidad de posgrado de la Rey Juan Carlos) como Pilar Trinidad (jefa de Inspección de la universidad), que declaraban como testigos, aseguraron que no les constaba que se hubieran usado; es decir, que esas convalidaciones se hayan trasladado a las notas de los alumnos. 
Si esto fuera así, no habría delito aunque se hayan falsificado firmas, puesto que el delito exige que la falsificación se introduzca en el tráfico jurídico.

El acta de TFM

Sobre el acta del TFM, en su declaración ante la policía el pasado 10 de abril López de los Mozos aseguró que sobre las 12 de la mañana del 21 de marzo, el día que se publicó el caso, Álvarez Conde “le dijo literalmente ‘te tengo que meter en esto’, si bien no le dio explicaciones de la actuación exacta que requería”, según señaló la docente, que asegura que ella le pidió “que no la metiera en el asunto”. 
 Él, siempre según su versión, le respondió que “iba a buscar a otras personas, pero que de no encontrarlas tendría que acudir a ella”.
López de los Mozos declaró que lo siguiente que vio fue la rueda de prensa en la que el rector de la Rey Juan Carlos, Javier Ramos, dijo su nombre como presunto miembro del tribunal, que Álvarez Conde no la atendió hasta las tres de la tarde y que en ese momento le dijo que “estaban recabando información del máster” y que tenía que darle a Cecilia todo lo que esta le pidiera.
 Posteriormente ella contactó con la profesora Rosado. 
Según su versión, no le quiso dar su firma pero más tarde le enseñó por videollamada su DNI, aunque según su relato “en ningún caso” la autorizó “a plasmarla en ningún documento”.

En su declaración del jueves ante la juez, que fue suspendida más tarde cuando fue declarada investigada, aseguró que se había sentido muy presionada para mentir por Enrique Álvarez Conde.
 A la policía le había asegurado que tenía grabaciones que así lo acreditaban, pero ayer señaló que no encontraba el pen drive y que había borrado los whatsapps.
Cecilia Rosado, por su parte, contradijo su versión, asegurando que López de los Mozos sabía perfectamente para qué le estaba enseñando su firma, y que nunca lo hubiera hecho sin su consentimiento.
 En el caso de Clara Souto señaló, sin embargo, que no recordaba si habían hablado del asunto, que ella lo dio por hecho, y confirmó que hacer firmas de compañeros era práctica habitual en el Instituto de Derecho Público.


 

Despertar sin poder moverte: así son las parálisis del sueño

Son terroríficas, pero inofensivas.

 



    Recuerdo la primera vez que me pasó, hace ya unos cuantos años. Desperté de una siesta en casa de mis padres. 
    Estaba de lado, mirando al respaldo del sofá. 
    Y no podía moverme.
     Nada: ni darme la vuelta, ni mover los brazos, ni girar la cabeza. Ni siquiera podía gritar, y ganas no me faltaban.
     Solo podía mover los ojos.

    No sabía qué me ocurría, pero en ese momento lo que más miedo me daba era que mis padres no se dieran cuenta de que ya estaba despierto y pasara horas inmóvil, con la mirada fija en el respaldo del sofá, antes de que nadie llamara a un médico.
    Al cabo de unos segundos pude moverme de nuevo.
    Lo que me había pasado no era nada raro, a pesar de aquel mal rato de angustia: fue un episodio de parálisis del sueño. 
    Tal y como explica a Verne el doctor Francisco Javier Martínez Orozco, de la unidad del sueño del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, esta parálisis transitoria no es más que “un despertar incompleto” que se produce durante la fase REM del sueño.
    Una de las características de esta fase es “la ausencia de tono muscular.
     Hay una parálisis de la musculatura estriada, que es la que permite los movimientos”. 
    Siguen funcionando, claro, músculos como los que permiten nuestra respiración, pero por lo demás “estamos completamente paralizados.
     No está claro por qué se produce, pero podría ser para protegernos del contenido del sueño”.
     Así no nos hacemos daño si nos movemos mientras pasamos por una pesadilla.
    En ocasiones despertamos antes de recuperar el tono muscular, y es cuando ocurren estas parálisis del sueño. 
    Además, “frecuentemente se da una sensación de peso en el pecho, que se produce porque tenemos los músculos de las costillas paralizados”. No solo eso: “No es raro que haya alucinaciones”, que pueden ser tanto visuales como auditivas y táctiles. “El cerebro sigue procesando imágenes del sueño, que se superponen a las imágenes reales”.
    Es muy divertido, como se puede apreciar.
    Que no cunda el pánico
    Pero no hay nada que temer.
     La parálisis del sueño es inofensiva. Y, por suerte, breve: “Normalmente dura pocos segundos. La recuperación es rápida y espontánea”. 
    Eso sí, “cuanto más se angustia uno, más puede durar”. No más de uno o dos minutos, aclara el doctor, pero, como es comprensible, “se hacen eternos.
     Uno no sabe qué está pasando, si se está quedando paralítico o se está muriendo”.

    Cualquiera puede pasar por algún episodio de este tipo a lo largo de su vida. 
    Según escribe el psicólogo Richard Wiseman en su libro Paranormality, hasta un 40% de las personas explica haber pasado por una experiencia similar.
    Aunque lo normal es que se trate de episodios aislados, la gente con un sueño más inquieto puede ser más propensa a pasar por esta divertida experiencia. 
    “Cuando se dan microdespertares durante la fase REM, podemos pasar por una parálisis del sueño”, añade el doctor Martínez Orozco. 
    El estrés no ayuda: “Cualquier circunstancia estresante puede propiciar que haya más microdespertares a lo largo de la noche”.
    No suponen ni un peligro ni un problema.
     Con una excepción: pueden ser un síntoma de la narcolepsia. “En este caso no son esporádicas, sino muy frecuentes y asociadas a alucinaciones muy complejas”.
    Es decir, las parálisis del sueño no tienen más consecuencia que el mal rato y “revierten esporádicamente”. 
    Martínez Orozco recuerda que cuanto más nos angustiemos más durarán, así que lo mejor es intentar relajarse.
     Si dormimos con alguien y sospechamos que le está ocurriendo algo así -tiene los ojos abiertos, pero no se mueve- podemos ayudar: “Basta con tocarle para que recupere el tono muscular de forma casi instantánea”.
     Para prevenir estas parálisis en caso de que estemos pasando por una pequeña racha de despertares incompletos -que puede pasar-, lo mejor es evitar cualquier excitante que pueda interferir o alterar el sueño, como el café, el té, los refrescos con cafeína y el chocolate. También es recomendable mantener una higiene del sueño correcta, con regularidad en las horas y evitando el uso de las pantallas antes de dormir.