Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

7 may 2018

Alejandro Sanz, a su hijo: “Te quiero pedir perdón delante de todo el mundo”

El cantante se disculpa con Alexander en Instagram por olvidarse de ir a su concierto de jazz.

Alejandro Sanz 
Alejandro Sanz en uno de sus conciertos en Las Vegas. Getty Images
"Te quiero pedir perdón delante de todo el mundo. Porque no hay nada que quiera más que tú".
 Así ha pedido perdón este domingo el cantante Alejandro Sanz en su cuenta de Instagram a su hijo Alexander por no acudir a su concierto.
 El menor, de 14 años, toca el trombón en una banda de jazz y su padre le había prometido que iría a ver su audición.
 Pero se le olvidó: "El otro día le prometí ir a ver su concierto de jazz pero le fallé y con mi maldita cabeza llena de cosas de trabajo olvidé su concierto".
El error es, según el cantautor, "un fallo imperdonable". 
Y para subsanarlo, Sanz ha pedido perdón públicamente a su hijo en la red social, en la que cuenta con más de dos millones de seguidores. 
"Eres un chico bueno, talentoso, inteligente y sensible y no te mereces que yo me olvide de tu concierto. Espero que disculpes a tu desmemoriado padre y que me permitas resarcirte siendo el papá que te mereces", ha afirmado. 

Alejandro Sanz ha terminado el mensaje con el hashtag #ASerPapaNoSeTerminaDeAprenderNunca. 
Alexander nació en 2003 y es fruto de una relación fugaz del cantautor con Valeria Rivera, una diseñadora de moda de Puerto Rico.
 El compositor desveló que había sido padre por segunda vez a través de un comunicado en 2006, cuando el menor ya tenía tres años: 
"Soy padre orgulloso de un niño de nombre Alexander de tres años de edad nacido fuera de mi relación por todos conocida". 
"Si este hecho no ha trascendido antes fue por un deseo expreso de la madre, una mujer totalmente ajena a la vida pública, por proteger la intimidad de mi hijo y porque nunca he aireado mi vida privada", explicó.
 Alejandro Sanz mantuvo durante seis años una relación con la modelo y actriz mexicana Jaydy Mitchel. 
Ambos se separaron a principios de 2005.
 Con ella, tuvo una hija en 2001 que se llama Manuela.
 El compositor tiene además otros dos hijos con su actual pareja, Raquel Perera: Dylan, que nació en 2011, y Alma, en 2014.

 

Diario de una teleadicta..................................... Natalia Marcos



Diario de una teleadicta

Del “¿qué ponen esta noche?” al “¿qué vemos esta noche?”. En los nuevos hábitos de consumo televisivo, el espectador elabora su propia parrilla.
 La nueva tele, en ‘streaming’ o bajo demanda, ya está aquí. Y el negocio es gigantesco. 
Relato en primera persona de una teleadicta.
Suena el despertador antes de lo habitual.
ES LUNES y ya hay disponible un nuevo capítulo de Juego de tronos.
 El gran fenómeno televisivo de esta era se emite de forma simultánea en buena parte del planeta Tierra y los spoilers campan a sus anchas por las redes sociales. 
Antes incluso de encender el móvil, veo el capítulo y escribo mis impresiones en el blog. 
En Twitter ya tengo tres mensajes sobre el episodio. En el camino al trabajo, empiezo un capítulo de una serie de Netflix descargada en el móvil.
 El metro llega a la estación antes de que haya terminado. En la redacción, los compañeros huyen como si fuera una apestada: “¡No cuentes nada! ¡No spoilers!”.
 Arranca un nuevo día para una tele­adicta en el siglo XXI.
Diario de una teleadictaYa no se ve la televisión como hace 20 años.
 Ni siquiera como hace cinco.
 El espectador no solo tiene el control del mando para elegir qué ver entre una oferta cada vez mayor, ahora también puede construirse una parrilla a su medida y no depender de los horarios que deciden los canales, de programas que terminan de madrugada o, en algunos casos, de esperar una semana para ver el siguiente capítulo.
 El espectador lo quiere todo y lo quiere ya, es decir, lo quiere cuando y como él decida.
 Ni siquiera necesita estar sentado ante el televisor para ver sus programas favoritos.
 El electrodoméstico en torno al que se reunían las familias comparte espacio con tabletas, smartphones y ordenadores. El salón de casa se ha sustituido en muchas ocasiones por la cama, el metro o la sala de espera del médico.
 Los canales tradicionales tienen en las plataformas de televisión en streaming y bajo demanda a nuevos competidores (y posibles aliados) en una batalla por atraer al espectador en la que nadie quiere faltar.
Ni siquiera compañías tecnológicas como Apple, Facebook o Google quieren quedarse fuera. 
Pero ¿qué es hoy la televisión: solo lo que se ve en el televisor o también todo ese contenido que se degusta en otras pantallas? ¿Si veo Juego de tronos en el móvil no estoy viendo televisión?
 En poco tiempo, el medio ha cambiado tanto que ya casi ni se reconoce a sí mismo.
 Según el último panel de hogares de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), correspondiente al primer semestre de 2017, 4 de cada 10 españoles ven contenidos audiovisuales online al menos una vez a la semana, y lo hacen sobre todo a través de plataformas de vídeo a la carta gratuitas, como YouTube o las de los canales tradicionales, y de pago.Diario de una teleadictaMientras que Movistar +, el servicio de televisión online de Telefónica, se mantiene como el que más usuarios suma según este medidor (2.007.000), destaca la fuerza con la que han entrado en el sector los internacionales Netflix —en seis meses duplicó su presencia, llegando a 1.163.000 hogares usuarios— o HBO —en sus primeros seis meses de actividad ya acumulaba 414.000 suscriptores—. 
No son los únicos. Amazon, Sky, Rakuten o Filmin también ofrecen contenido televisivo bajo demanda.
 El último informe anual de la consultora Barlovento Comunicación destacaba el sobresaliente incremento de los suscriptores a los servicios de televisión a la carta en España en 2017.
 Un 22,5% de los hogares con acceso a Internet ya está abonado a alguno de ellos, mientras que seis meses antes ese porcentaje era del 12%.
No es la televisión del futuro, sino la del presente.
 “El público cada vez tiene menos paciencia. 
A las nuevas generaciones no les digas que para ver una serie tienen que esperar a tal hora de tal día”, sostiene el analista Borja Terán. En Movistar +, el 17% de todo el consumo de televisión de sus casi cuatro millones de clientes (cifra proporcionada por la compañía) ya es en diferido.
 José Manuel Úbeda-Portugués, responsable de audiencias e investigación de contenido de Movistar, da a estos datos una gran relevancia al diferenciar entre consumo activo y pasivo, el que ha buscado y seleccionado el espectador frente al que se ha encontrado haciendo zapping, elegido por un programador.
 “El primero es el que se queda en el ideario de las personas y el que genera más satisfacción”, asegura Úbeda-Portugués. 
Netflix desembarcó en España en octubre de 2015. En noviembre de 2016 lo hacía HBO con su plataforma de televisión en streaming.
 Apenas un mes después era el turno de Amazon Prime Video, mientras que en septiembre de 2017 aterrizaba la última competidora por el momento, Sky. 
Cuatro grandes nombres con presencia internacional que se fijaron en las oportunidades del mercado de la televisión bajo demanda en España, donde ya estaban instalados Movistar +, Rakuten y Filmin, además de las plataformas de las cadenas en abierto.
“El negocio en Europa está evolucionando rápidamente, y el desarrollo de la televisión por Internet está alimentando ese crecimiento”, asegura Hervé ­Payan, consejero delegado de HBO Europa. 
“El modelo tradicional también está creciendo, pero la televisión online está experimentando un auténtico boom. La posibilidad de elegir dónde y cuándo disfrutar de tu contenido favorito es algo decisivo para que la gente lo contrate”.



 

El hombre de los tarros azules................. Thomas Schmid (Die Welt)

Alemania conmemora los 100 años de la muerte de quien hizo de la crema Nivea una marca global.

Oscar Troplowitz.
Oscar Troplowitz.
La alemana Beiersdorf es una potencia europea en productos sanitarios.
 Con una facturación que en 2017 superó los 7.000 millones de euros, la firma tiene marcas tan potentes como Tesa (especializada en pegamentos y cintas adhesivas), Hansaplast (gasas y curativos) y La Prairie (cosméticos premium, un mercado que crece a ritmos superiores a 10% al año gracias a la demanda asiática). 
Pero todo empezó con una crema en una lata azul y al vigor de un empresario, Oscar Troplowitz, de cuya muerte prematura se cumplen 100 años.
Procedente de una familia judía de vinateros de la Alta Silesia (hoy en la República Checa) e hijo de un arquitecto, Troplowitz quería ser historiador del arte, pero fue precisamente su padre el que le hizo elegir la carrera de farmacia. 
Tras concluir los estudios, emprendió su propio camino.
 Retomó el bachillerato, estudió química, física y botánica en Heidelberg con Robert Bunsen —disciplinas que más tarde le serían útiles en su vida profesional— y se doctoró.
 Entonces volvió por un breve periodo a su antiguo oficio en la farmacia de un tío suyo en la que hoy es Poznan (Polonia).

Troplowitz quería hacer carrera y buscaba la manera de lograrlo. 
En 1890 descubrió un anuncio en la Gaceta farmacéutica.
 Un tal Paul Carl Beiersdorf quería vender el laboratorio que había fundado hacía ocho años en el suburbio hamburgués de Altona, así como un almacén químico farmacéutico, por motivos personales (el suicidio de su hijo). 
 Beiersdorf, que era más científico que empresario, producía en colaboración con un dermatólogo de Hamburgo una gasa adhesiva inocua para la piel que se vendía muy bien.

Con dinero prestado por su tío, Troplowitz se hizo con la empresa, pero no le cambió el nombre: no solo porque, en una época de rampante antisemitismo, era mejor idea mantener un nombre más “gentil” —en 1910, el empresario se convertiría al protestantismo junto con su esposa— sino también porque el empresario creía en serio en la posibilidad de colaborar con Beiersdorf. 
Pero no funcionó. Troplowitz quería apostar por el naciente negocio de la publicidad, y eso no convencía a su socio: le parecía que era tirar el dinero en charlatanerías poco serias. 
“Ni tengo ni sé lo que es tener una cuenta de publicidad”, afirmaba Beiersdorf.
 “Mis anuncios son los estudios científicos de los dermatólogos sobre mis preparados”.
Troplowitz siguió colaborando con especialistas (sin abandonar los antiguos productos, Troplowitz empezó a investigar otros nuevos: jabón, crema, dentífrico), pero su discreta publicidad no le parecía suficiente.
 Quería llegar a un mayor número de clientes y fue uno de los primeros empresarios en utilizar las superficies publicitarias de los autobuses y en poner anuncios en periódicos y revistas. 
Contrató a dibujantes y redactores y destinó importantes sumas a la publicidad.
 En 1913, los gastos publicitarios ascendieron al 18% de la facturación.

Sus carteles eran exigentes desde el punto de vista estético. Hablaban a la razón, pero, sobre todo, a la emoción. 
Su objetivo era seducir. Para su dueño, la empresa necesitaba liberarse de su imagen clínica; quería transmitir a sus productos el encanto del lujo y la buena vida.

El químico Isaac Lifschütz (1852-1938), también judío, se convirtió en su principal colaborador. 
Basado en un emulsionante de su propia invención a base de lanolina (cera de lana de oveja), fue el primero en fabricar una crema con propiedades hidratantes.
 Siguiendo la tradición de la empresa, Lifschütz quiso dar un uso médico al nuevo producto, pero Troplowitz tenía ideas muy diferentes; en contra del criterio de su creador, la presentó como un cosmético para la piel y, sobre todo, de belleza.

Por su blanco deslumbrante, Troplowitz la comercializó como Nivea, un derivado de nivis, la palabra latina para nieve.
 A diferencia de hoy en día, entonces el bote de la crema no era azul, sino amarillo.
 Con Nivea, Troplowitz apuntaba a un público de clase media acomodada, y su publicidad iba dirigida a las mujeres.
Un reformista conservador que temía el ascenso de la socialdemocracia, Troplowitz iba a contracorriente de la burguesía de su ciudad, que ignoraba las penosas condiciones sanitarias de muchos de sus trabajadores.
 Cuando el pionero de la bacteriología Robert Koch visitó la ciudad en 1892 para inspeccionar los barrios de viviendas y las conducciones de agua, se quedó consternado.
 "Se me olvida que estoy en Europa", declaró.
Troplowitz creía que debía a sus trabajadores una mejora de sus condiciones sociales para evitar la conflictividad.
 Redujo gradualmente la jornada laboral de sus empleados de 60 horas a la semana a las 48 de 1912 e introdujo las vacaciones pagadas.
 Además, estableció un fondo de apoyo para casos de accidentes laborales que completaba el seguro médico obligatorio, creó una caja de ahorros, y en 1916 fundó una caja de pensiones, todo ello en el marco de la empresa.
 A diferencia de lo habitual entonces, no despedía a las embarazadas, sino que incluso abrió una sala de lactancia para mujeres solteras a cargo de una enfermera.
Como muchos otros empresarios prósperos, Oscar Troplowitz también se aficionó al arte. 
Empezó a comprar obras asesorado por un famoso pintor de la época. 
Primero adquirió cuadros de artistas del norte de Alemania.
 Luego viajó a París y conoció el ambiente artístico de la ciudad.
 Al final, su impresionante colección incluía obras de van Aeist, Corot, Sisley, Renoir, Liebermann, además de La bebedora de absenta, de Picasso, que el artista pintó en 1902, en su época temprana.
 Muchos de esos cuadros están hoy en la Kunsthalle de Hamburgo.
Cuando, en 1914, estalló la Primera Guerra Mundial, se opuso a ella desde el primer momento. 
Pero no llegó a vivir el final de la guerra. 
Murió de una apoplejía seis meses antes de que acabara, el domingo, 27 de abril de 1918, a la edad de 56 años.
Este tema se ha publicado a través de LENA, la Leading European Newspaper Alliance, de la que forman parte EL PAÍS. Traducción de News Clips.

 

LIBROS RECOMENDADOS DE Elvira Lindo

LIBROS RECOMENDADOS DE Elvira Lindo

Autores que han marcado a Elvira Lindo.

 

Imagina una casa española de finales de los sesenta y comienzos de los setenta. 
Una de esas casas en las que no se compraban muchos libros y en la que la relectura era una acción constante.
 La niña que vivía entre aquellas cuatro paredes y que leía una y otra vez los libros que tenía a su alcance se llamaba Elvira. 
Elvira Lindo.
 La escritora, que se agarraba a las novelas como escape y refugio, contó esta y otras anécdotas en un encuentro organizado por Librotea el pasado 21 de marzo en la Casa del Lector de Madrid.

Durante algo más de una hora de charla Lindo reflexionó sobre los libros y autores que la han convertido en escritora. 
Mientras se formaba como lectora, en la infancia y la adolescencia, visualizó por primera vez a una mujer dedicada a las letras. 
Con Mujercitas, de Louisa May Alcott, descubrió que los libros no salían de la nada, que había alguien que se dedicaba a ello, al oficio de escribir.
 A ello se dedicaba Edna O’Brien, que se enfrentó a la ultracatólica moral irlandesa con la publicación de Chica de campo.
 Lo que le gusta a ella de Elvira Lindo es que supo cambiar de registro, como ella.
 Lindo se ganó al público con las aventuras de Manolito Gafotas y con sus Tintos de verano -los artículos de opinión que publicaba en El País- pero exploró otros registros haciendo suya aquella frase de Chéjov: “el humor sigue estando en mí, pero déjame que me exprese como yo quiera”. 
El autor ruso es otro de los imprescindibles de Elvira Lindo.
Cita la escritora a otras dos mujeres que la han marcado: Simone de Beauvoir y Grace Paley. 
De la francesa resalta no solo lo que decía, sino cómo lo decía, las bellas palabras que empleaba en sus textos.
 De Paley le gusta la forma que tuvo de ejercer el feminismo.
 La autora neoyorquina acuñó una frase que permanece vigente: “las mujeres han comprado libros escritos por hombres desde siempre, y se dieron cuenta de que no eran acerca de ellas.
 Pero continuaron haciéndolo con gran interés porque era como leer acerca de un país extranjero.
 Los hombres nunca han devuelto la cortesía”.