Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

3 may 2018

Mercedes Milá regresa a la televisión en #0 de Movistar+

La presentadora conducirá 'Scott & Milà", en el que analizará la actualidad social española desde su personal perspectiva.

La periodista Mercedes Milá.
La periodista Mercedes Milá. GTRES

La periodista Mercedes Milá volverá en otoño a la televisión casi dos años después de su último programa con un formato personality, Scott & Milá, en el que analizará la actualidad social española desde su personal perspectiva para el canal #0 de Movistar+.
 Producido por Zanskar, Milá abordará en este espacio "temas universales desde la experiencia en primera persona, buscando soluciones, explicaciones y respuestas, escuchando a ciudadanos e involucrándose", explica la cadena en una nota.
 "Con la curiosidad de los 20 años, la experiencia de 44 años en televisión y la veteranía de los 67 ya cumplidos", aportará su mirada periodística, pero también la personal, para abordar temas cotidianos "desde un punto de vista informativo pero también emocional".
 Milá no pretende hacer "periodismo objetivo" sino aportar su mirada personal, lo que garantiza "humor y emoción", dice #0 sobre un programa cuya grabación ya ha comenzado.

La periodista ya cambió de registro con Convénzeme, programa que estrenó el canal Be Mad en noviembre de 2016 y con el que quiso contagiar a la audiencia su pasión por los libros a través de las recomendaciones de lectores anónimos.
A mediado de abril, Mercedes Milá se confesó ante Jordi Évole en su programa Salvados. 
 Recordando alguna de las entrevistas que ha realizado en su larga trayectoria profesional, la periodista de 67 desveló que dejó de presentar Gran Hermano a causa de una depresión que veía arrastrado desde hace tiempo.
 "Rompí con una pareja más joven que yo con la que llevaba cuatro años y a los pocos días comenzaba Gran Hermano
Me refugié en el trabajo y dediqué a él por completo.
 Solo vivía para trabajar. No tenía ganas de nada.
 Recuerdo ir en el AVE o en el avión llorando sin parar y tapándome con unas gafas para que no me viera... hasta que el cuerpo dijo basta".

Tras dejar el programa, la presentadora se fue a vivir a Barcelona donde con otros socios abrió una librería.
 Contó cómo la literatura y la meditación han sido sus tablas de salvación.

 

2 may 2018

Suicidas............................................... Luz Sánchez-Mellado

Hoy solo puedo despedir a los difuntos y rogar para que no suceda nada parecido demasiado cerca.

En la imagen Avicii.
En la imagen Avicii.
De entre todos los enterados que nos dan lecciones a los analfabetos de la vida, los que más me fastidian son los profetas a posteriori,los ungidos con la razón pura, los apóstoles del ya te lo dije.
 Les conozco bien porque hasta hace nada yo era una de ellos.

 Me pasaba media vida juzgando y sentenciando comportamientos ajenos y la otra media haciendo lo contrario, porque una de las prerrogativas del sabelotodo es estar exento del cumplimiento de lo que pontifica, que para eso está en posesión de la verdad absoluta.

 Otra es ilustrar al común de los mortales acerca de por qué suceden las cosas cuando ya han sucedido y de cómo se podían haber evitado bajo su docto criterio.

 Qué hartura.

El otro día se mató una niña de 14 años en el mismo barrio donde fui una adolescente rara y sufriente, como casi todos a ratos.

 Mi paisana se tiró por el balcón una mañana antes de ir al colegio, donde, dicen ahora, era sometida a acoso y derribo por sus iguales sin que sus padres tuvieran la menor idea al respecto. 

Al punto surgieron escandalizadas voces sobre cómo es posible que unos padres no detectaran señales de alarma en su cría. Que si los móviles, que si las redes, que si la incomunicación en la familia. 

Y digo yo: ¿qué sabe nadie qué le hace a alguien la vida insufrible?

 Si no sabemos qué se la hacía a Avicii, el multimillonario músico sueco que se sajó las venas con la misma botella que le tenía el páncreas deshecho por su insatisfacción interna, ¿cómo vamos a saber por qué quiere dejar de vivir alguien que aún no ha empezado?

 Hasta hace nada, antes de que la vida y las muertes me bajaran los humos, yo misma hubiera despachado a Avicii como un harto de éxito y dado un tutorial a los iletrados sobre cómo evitar el suicidio de un niño.

 No hace tanto, habría sentado cátedra con tonito de yo ya lo dije. 

 Hoy solo puedo despedir a los difuntos y rogar para que no suceda nada parecido demasiado cerca.

El inesperado mensaje de Nuria Roca al hombre que le ha robado el móvil

Muchos no dan crédito. 

 

La presentadora y escritora Nuria Roca ha escrito un extraño mensaje en Instagram dedicado al hombre que le robó el móvil hace unos días. 
"Cuelgo esta imagen en homenaje al listo que perpetró el robo hace cuatro días... que me ha hecho pasar por diferentes estados: indignación, enfado monumental, agobio, mono, ansiedad, enfado suave y el actual, tranquilidad moderada", empieza diciendo la comunicadora.
Lo curioso llega ahora, cuando "agradece" al ladrón el robo: 
"Voy acabar dándole las gracias por hacer que este viaje y lo que queda de él sea más largo, por hacer que esté más pendiente de los que tengo al lado, por volver a mirar por la ventanilla, por ganar tiempo y por poder perderlo así, sin más". 

Y sentencia: "A partir de ahora, de vez en cuando me robaré el móvil para saborear el tiempo un poco más".
"Si me habéis mandado algún mensaje y luego os habéis arrepentido, tranquilos, nunca lo sabré", apostilla. 



La leyenda de Carlos Acosta.................................... Mauricio Vicent .

La leyenda de Carlos Acosta, de un barrio marginal de Cuba a primer bailarín del Royal Ballet de Londres.

El bailarín y coreógrafo Carlos Acosta, criado en el barrio marginal de Los Pinos en La Habana, se convirtió en una leyenda internacional de la danza. 

El bailarín y coreógrafo Carlos Acosta, criado en el barrio marginal de Los Pinos en La Habana, se convirtió en una leyenda internacional de la danza.
LA MOCHILA NEGRA que Carlos Acosta lleva consigo a los ensayos no es la de un bailarín normal.
 Además de las zapatillas, la camiseta y las mallas de rigor, en el morral este artista cubano de 44 años carga una infancia dura y repleta de piedras.
 Y también una trayectoria que deslumbra por sus éxitos, el último de ellos la compañía y la escuela de danza que fundó y dirige hace dos años en su Habana natal.
Hijo de un camionero de escasa cultura, criado en un barrio marginal de la capital llamado Los Pinos, desde muy pequeño sufrió la violencia y la división racial en su propia familia.
 Por parte materna estaban los blancos, que podían ir a la playa de Varadero y tenían pasaporte para emigrar.
 Él y su hermana Marilín eran los negros, hijos de Pedro Acosta, un hombre de carácter rudo, descendiente de esclavos —pero orgulloso de sus orígenes—, que desde pequeño trato de inculcarles que por ser negros y pobres tenían que esforzarse y luchar el triple que los demás.
La leyenda de Carlos Acosta, de un barrio marginal de Cuba a primer bailarín del Royal Ballet de Londres
Tras ser expulsado del colegio por sus continuas faltas e indisciplinas, después de que su padre le diera una paliza bestial cuando se enteró, fue enviado interno a una escuela de artes en la provincia de Pinar del Río. 
Allí se sintió abandonado. 
Pero su refugio ante la soledad y la frustración fue el trabajo duro. 
“Cada miércoles había visita familiar, venían todos los padres a ver a sus hijos y les traían comida y compartían ese rato, pero a mí no venía a verme nadie”, recuerda durante una conversación en La Habana. 
Toda su rabia y su dolor los volcó en su arte. “La danza era mi salvación y esa salvación nadie me la iba a quitar”. Dice Carlos Acosta que uno viene a este mundo con el don, pero la fuerza y todo lo demás viene del dolor.
 “Sí, el dolor: dolor del alma y dolores físicos, porque el ballet es dolor físico para amoldar el cuerpo a que haga tu deseo.
 Es una paradoja, porque del dolor sale el genio. 
 El castillo no te enseña nada, pero el desierto sí, y a mí me tocó el desierto.
 Yo no le deseo a nadie ese sufrimiento, esa sensación de soledad, pero es que ese sufrimiento al mismo tiempo es lo que me dio la rabia y la pasión”.


Carlos Acosta, con su madre.
Carlos Acosta, con su madre.
Con 16 años, ganó la medalla de oro en el Grand Prix de Lausanne y aquel niño pobre de Los Pinos empezó a romper moldes.
 En un mundo donde los príncipes y los Romeos eran blancos, donde todo era elitismo y el color de la piel sí importaba, él fue el primero en imponerse y demostrar que la danza era cuestión de capacidades, no de razas, abriendo el camino a otros bailarines negros.
“Nadie puede imaginarse lo que se siente cuando tú estás parado en un salón de ensayo y hay 80 bailarines blancos y solo dos negros, y viene alguien y te mira así, de arriba abajo, y sigue caminando. Es muy intimidante…Esa mirada puede decir millones de cosas, o nada, tú no sabes, pero como ya estás predispuesto piensas de todo, y te dices, coño, esto va a ser muy duro, esto me va a costar mucho más que a los demás”. Lo contrataron a los 18 años como primer bailarín del English National Ballet
 Pasó después una breve etapa en el Ballet Nacional de Cuba, donde se sintió menospreciado y se marchó.
 “Yo ya era primer bailarín, había bailado con grandes figuras, y al venir para acá me pusieron como tres categorías por debajo”. 
Y luego, cinco años más como figura principal del Houston Ballet. 
En 1998, Anthony Dowell lo llamó para entrar como primer bailarín del Royal Ballet de Londres. 
Allí desarrolló una carrera deslumbrante, convirtiéndose también en coreógrafo.
Acosta en el Bolshói.
Acosta en el Bolshói.
En 2006, “como una terapia y para aprender a perdonar”, escribió No Way Home, donde relata los avatares de su impresionante carrera. 
El libro, un éxito de ventas, sirvió de inspiración al cineasta Paul Laverty para elaborar el guion de Yuli —el apodo de Acosta en su niñez—, que Iciar Bollain acaba de filmar en La Habana, Londres y Madrid, y en la que Carlos se interpreta a sí mismo.
La ficción, ahora en proceso de montaje, transcurre en la actualidad, cuando el bailarín regresa a La Habana a montar una coreografía sobre su vida, alrededor de la cual se teje la historia.
 “Revivir mi pasado, actuarlo, bailarlo durante el rodaje ha sido una experiencia intensa y dolorosa”, confiesa en la sede de Acosta Danza, la compañía que fundó en septiembre de 2015 tras despedirse del ballet clásico y regresar a vivir a La Habana. Hoy vive con su esposa y sus tres hijas en una hermosa casa de Siboney y allí guarda en un viejo cajón cientos de fotografías de su vida: está su primera actuación en el Bolshói, en 1994, cuando interpretó El corsario —“era la primera vez que allí habían visto bailar a un negro”—; en el Royal Albert Hall, con el príncipe Carlos, después de haber bailado Don Quijote con Tamara Rojo; 
en una foto amarillenta, a los 17 años, preparándose en La Habana con su profesora Ramona de Saa para un concurso de París…
 “Ella fue la que me dio la oportunidad de medirme con los más grandes”.
Imagen del rodaje de 'Yuli', de Iciar Bollain, basada en su vida.
Imagen del rodaje de 'Yuli', de Iciar Bollain, basada en su vida.
Aparece de pronto una foto con su padre, figura vital en su vida y uno de los ejes principales de la película.
 Estaban las palizas, la dureza en el trato, “pero al mismo tiempo entre ellos hay una increíble historia de amor, y esa relación padre-hijo tan especial está en el corazón de Yuli”, comenta Bollain.
 “La estrella de mi vida es mi padre, sin él yo hubiera sido un delincuente, o estaría en Miami, o me hubiera convertido en un muchacho ordinario que hubiera ido a la escuela local, que es lo que yo quería. 
En el mejor de los casos me hubiera decidido a ser ingeniero, o a lo mejor nada.
 Muchos de mis amigos de Los Pinos se fueron en balsa o están presos, y eso iba a ser yo”.

Dicen Bollain y Acosta que Yuli es más que la simple historia de un bailarín, o una historia de superación personal.
 “Está todo eso, pero Yuli, sobre todo, es una gran historia de amor: amor de un padre a su hijo; amor a la danza, que fue la que me hizo; amor hacia mis hermanas y hacia el pasado que viví.
 Y también, del amor de este Carlos Acosta que ahora regresa a su país y quiere sembrar en Cuba. 
La danza está ahí pero no es lo principal…”, opina el creador de Acosta Danza, la compañía que ahora le roba el sueño.
“Yo podía haberme dedicado a una vida de ocio y olvidarme de todo, pero no regresé a Cuba para eso”, prosigue, mientras los bailarines ensayan en un salón al lado. 
“Ahora tenemos este espacio y también funciona aquí la escuela, pero mi gran sueño es salvar el fabuloso edificio de la Escuela de Ballet del Instituto Superior de Arte [construido por el arquitecto italiano Vittorio Garatti en los terrenos del antiguo Country Club] y hacer allí la sede del proyecto”
.El objetivo de su escuela es preparar bailarines versátiles y capaces de abrazar la dualidad de técnicas, la clásica y la moderna, y que sirvan de cantera a Acosta Danza. 
Ahora mismo hay 11 alumnos, 6 chicas y 5 chicos. 
Todos son graduados de nivel elemental de danza cuando entran, con 14 o 15 años. 
“Yo los formo para mi compañía, pero cuando se gradúen, con el perfil que salen pueden hacer una carrera clásica o contemporánea. 
En mayo se realizarán las audiciones para el próximo curso, en el que habrá 10 cubanos y por primera vez 10 extranjeros que hemos seleccionado, gente con talento pero sin recursos cuya formación será sufragada por mi fundación”.

En el Royal Albert Hall, saluda a Carlos de Inglaterra con Tamara Rojo.
En el Royal Albert Hall, saluda a Carlos de Inglaterra con Tamara Rojo.
Las coreografías de la película, impresionantes, son de la catalana María Rovira. 
Es el mismo bailarín el que interpreta este papel de Acosta maduro, y durante el rodaje hubo muchos momentos difíciles. “Fue una experiencia que me drenó tremendamente.
 Mi infancia y mi vida han sido duras, y eso de escarbar en los recuerdos siempre me ha resultado doloroso.
 Ya mis padres fallecieron, mi hermana falleció y yo trato de no mirar atrás.He desarrollado una especie de mecanismo de defensa para bloquear ese pasado. Ahora he vivido de nuevo todo aquello, lo he bailado, lo he actuado, me he explicado una vez más cómo fue…”.
Cuando tuvo que interpretar la coreografía de la paliza brutal que le dio su padre con un cinturón el día que se enteró de que no iba a clase, lo pasó fatal: 
“Fue una escena tremenda, realmente allí estaba el espíritu de mi padre. 
Era danza, pero en medio del baile todo cambió…, empecé a hablar, a irle arriba al bailarín que me interpretaba dándole cintazos, se fue la danza pal carajo y aquello se convirtió en otra cosa, yo llorando y todo el equipo llorando…
 Hubo que repetir, y llegó un momento en que le dije a Iciar:
 ‘Lo siento, pero no puedo vivir esto de nuevo…”.
 
La leyenda de Carlos Acosta, de un barrio marginal de Cuba a primer bailarín del Royal Ballet de Londres
Algunos amigos le aconsejaron no implicarse tanto y dejar la interpretación de su vida en manos de un actor profesional.
 Él prefirió asumir el reto, pero no por ego, sino por compromiso con su pasado
. Del mismo modo, mucha gente en Cuba trató de disuadirle de sus proyectos. “Me dicen que no me desgaste, que no voy a conseguir nada; sin embargo, hasta ahora las autoridades han priorizado mis ideas y mis planes y eso me da esperanza”. 
En estos momentos la situación de la enseñanza artística es preocupante, asegura. “El rigor que existía cuando yo estudié no es el mismo, todo está muy deprimido y depauperado .

Uno habla con Carlos Acosta y se da cuenta de que más allá de sus éxitos sigue siendo ese niño rebelde y sensible que jugaba en las calles de Los Pinos.
 No ha olvidado su raíz y las enseñanzas de su padre. 
El desierto, no los castillos, fue lo que le dio la pasión y es por eso que hoy está aquí y sigue adelante.