Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

18 mar 2018

El teatro de la asesina confesa de Gabriel..........Manuel Jabois

Llantos exagerados, mentiras y maniobras burdas situaron a Quezada como única sospechosa mientras seguía conviviendo con el padre del niño.

Ángel Cruz y Ana Julia Quezada, en un acto de apoyo a la familia el pasado 9 de marzo en Almería. Atlas

 

 
El martes 27 de febrero Ángel Cruz denunció la desaparición de su hijo Gabriel, de ocho años, y se sumergió en un estado de shock del que salió días después para comunicarle a un agente de la Guardia Civil que algo no iba bien con su novia.
 No lo pensó de golpe tras reunir cinematográficamente todos los cabos sueltos. Lo que Ángel Cruz hizo fue preguntar si Ana Julia Quezada, su pareja podría haber tenido algo que ver en la desaparición de Gabriel. 
En palabras de los investigadores, “manifestó las rarezas” que había observado en la actitud de su novia. 
 Fue el viernes 10 de marzo. 
La respuesta que le dieron fue que a Ana Julia se le estaba investigando como a cualquiera, del mismo modo que se estaba investigando a los amigos del propio Ángel y a otras personas de su círculo íntimo. 
Por una razón muy concreta: la desaparición del niño había generado una situación diabólica según la cual el culpable se encontraba en un grupo reducido, probablemente de la máxima confianza, y con toda seguridad parte del dispositivo de búsqueda. Eso creó una atmósfera enrarecida en Las Hortichuelas, una pequeñísima pedanía del municipio de Níjar, en Almería.
 Por un lado estaba la solidaridad apabullante de familia, amigos y vecinos con los padres de Gabriel; por el otro, la sospecha de que el culpable se encontraba entre ellos.
"No se le dijo que ella era la primera sospechosa y que tenía que disimular.
 La reacción hubiera sido incontrolable. Sí le dijimos que tenía que seguir actuando igual respecto a todo el mundo, también respecto a sus propios sospechosos. 
Porque el objetivo no era tanto encontrar al culpable sino saber dónde escondía al niño”, dicen fuentes de la investigación.
Esa tarde, en la manifestación en Almería, el padre de Gabriel ya mantiene la distancias con su novia, que insiste en abrazarle y llorar con él.
 La madre, Patricia Ramírez, que luego reconocería que siempre sospechó de Ana Julia, se dirige a toda España con la mirada puesta en la primera fila, donde se sienta la mujer con una camiseta que tiene la cara impresa de su hijo
 “Que lo dejen en algún parque, nosotros no vamos a ser rencorosos con los que se lo haya llevado”. Cada intervención pública de Patricia, a veces con Ana Julia a su lado, era para tratar de que se compadeciese de ellos.
 "Tenía la esperanza de ablandarla”, dijo a la Cope después de que apareciese el niño.
 Ana Julia Quezada fue, junto a la abuela del pequeño, la última persona que vio a Gabriel.
 Y a diferencia de la abuela, que siempre contó la misma versión, ella fue cambiándola sin ton ni son.
 Después de que el niño se fuese a casa de unos amigos, ella se quedó unos diez minutos en el domicilio familiar antes de salir. ¿Qué hizo? Una vez dijo que hablar con su abogado, otra que llamar a su hermana, en una nueva versión dijo que enviar un audio de voz.
 Cuando la Guardia Civil reclamó todos los teléfonos móviles a la familia, Ana Julia dijo que el suyo no lo encontraba, que lo debía de haber perdido en la batida.
 Unos amigos la llamaron, el teléfono sonó entre unos matorrales, lo recogieron y se lo dieron.
 Cuando los agentes volvieron a reclamar más tarde su dispositivo, ella contó que lo había vuelto a extraviar.
 Los teléfonos móviles indican la posición de su dueño; al no facilitar la suya, Ana Julia Quezada se posicionó en el centro de la investigación. 
Dos días después de la desaparición de Gabriel, tuvo lugar un incidente que no pasó inadvertido para nadie. 
Una periodista del programa Las mañanas de Ana Rosa, Lucía Valero, estuvo conversando con la familia en casa de la abuela de Gabriel.
 Después supo, por uno de los asistentes a ese encuentro que, tras marcharse, Ana Julia Quezada la insultó y pidió que no volviese a entrar en la casa. Ángel Cruz no le hizo caso: llamó a la periodista al día siguiente para dar una entrevista con la que reclamar más ayuda. 
Esa mañana, como en otras entrevistas, Ana Julia entra y sale de plano para consolar a su novio. 
 Al día siguiente, Ana Julia da una entrevista por la mañana a la periodista Viti González de la Radio Galega en la que dice que Gabriel “no se merece lo que está pasando”. 
“No sabemos quién lo tiene, qué le estarán haciendo, si estará comiendo, si estará bebiendo, cómo estará mi niño”, dijo.
Por la tarde ocurre el suceso que detona todo.
 En medio de la mayor búsqueda coordinada de un desaparecido en España, con 5.000 personas rastreando más de 600 kilómetros, alguien ha encontrado una camiseta del pequeño.
 ¿Quien? Su propio padre. 
La sorpresa y la inquietud crecen, pero no ha sido exactamente así. Se matiza que la han encontrado la pareja del padre, Ana Julia Quezada, y el propio padre, Ángel Cruz.
 Lo han hecho en una zona que ya había sido rastreada, la última vez el día anterior, y la han encontrado apenas húmeda a pesar de las precipitaciones que habían caido esa semana. 
Se ponen en marcha todo tipo de rumores.
 Unas imágenes grabadas por Antena 3 muestran a Ana Julia supuestamente rota de dolor sostenida por dos agentes dirigiéndose al puesto de mando de la Guardia Civil.
 Cuenta que ella y Ángel encontraron la camiseta, que ella se lanzó a por ella y se torció el tobillo.
 Que luego siguió desbrozando porque pensaba que allí podía estar Gabriel.
La casualidad podía tener algún sentido si antes la Guardia Civil no hubiese sospechado de sus versiones difusas, sus dos pérdidas de teléfono, su borrado de archivos en el ordenador cuando se lo pidieron, su sobreactuación cuando había cámaras cerca y, sobre todo, si Ángel Cruz no hubiese acabado matizando que juntos, exactamente juntos, no estaban: se habían separado un momento por sugerencia de ella y él no pudo ver cómo encontraba la camiseta del niño.
 Era suficiente. Ese día, sábado 3 de marzo, Ana Julia Quezada se convertía en la primera sospechosa de la Guardia Civil.
 Y lo sabía.
El runrún explota el miércoles 7 de marzo, cuando se pone en circulación la falsa noticia de su confesión, destrozada por los nervios, ante la Guardia Civil.
 Un periodista de El Periódico, Manuel Vilaseró, accede a la vivienda de la abuela de Gabriel para saber si es cierto y se la encuentra.
 “Dicen que estás detenida”. “Pues ya ves (...) Aquí estoy, sin esposas”. Ella le insiste en que no colocó la camiseta y que jamás podría hacer daño al niño.
 Intenta inculpar, eso sí, a su ex, del que dice que odia a los niños. Luego se echa para atrás:
 “No, no es capaz de tanto”.
Días más tarde Ana Julia se mete en un cuarto con su pareja, Ángel Cruz.
 Le dice que hay que subir la recompensa a 30.000 euros (Cruz había ofrecido al principio de la búsqueda 10.000 euros por pista fiable). El padre de Gabriel le responde que los investigadores creen que eso es inconveniente, que llamaría la atención de mucha más gente con ganas de llevarse el dinero e intoxicaría la búsqueda. Cuando Ángel Cruz le comunica esta conversación a los agentes, éstos la procesan con optimismo: Ana Julia quiere dinero, Gabriel probablemente esté vivo.

Lo que ocurría realmente era que Ana Julia, al igual que hizo encontrando la camiseta, buscaba confundirlo todo. 
Lo insólito de esta situación psicológicamente infernal es que cuando repite una y otra vez: “Gabrielillo va a aparecer, ya veréis cómo va a aparecer” hace pensar a los que sospechan de ella que les está diciendo retorcidamente que todo se va a solucionar, que sólo hace falta dinero.
 Por eso los padres y los investigadores apelan al buen corazón de los que retienen al niño y advierten de que que no habrá venganza pensando en que, si es ella la autora, está recibiendo el mensaje. Ana Julia, mientras tanto, insiste en privado que quizás haya que subir la recompensa.
 Es, prácticamente, como si estuviesen negociando mediante mensajes subliminales.
Unas circunstancias tan explosivas no pueden prolongarse.
 Si se mantiene el equilibrio es porque nadie más que Ana Julia, de ser la culpable, sabe dónde está Gabriel. Pero el domingo, desbordada, la mujer aprovecha un momento en que se queda sola y va a la finca en la que ha enterrado al niño para trasladarlo.
 Ese mediodía, cuando es detenida en mitad de la calle y grita: “¡Yo no he sido, he cogido el coche esta mañana!”, se confirma que Ana Julia Quezada mató al hijo de su novio y pasó doce días con su pareja consolándole y dándole esperanzas de que estaba vivo, primero como enamorada y luego como sospechosa.


Eugenia Martínez de Irujo, de tal palo tal duquesa

Amiga de artistas más que de aristócratas, ha hecho un 'cameo' en la serie de Paco León y se casó vestida de Marilyn Monroe.

Eugenia Martínez de Irujo, duquesa de Montoro.
Eugenia Martínez de Irujo, duquesa de Montoro. GTRESONLINE

   

A punto de cumplir el medio siglo, Eugenia Martínez de Irujo, la hija menor de la duquesa de Alba, ha decidido dar el salto a la pantalla. 

La también duquesa, pero en este caso de Montoro, título que le regaló su madre, ha participado en la grabación de Arde Madrid, serie ideada por Paco León y su mujer, la guionista Anna Rodríguez Costa, que cuenta las aventuras de Ava Gardner en la capital. 

En este proyecto de Movistar+, la aristócrata interpreta a su propia madre. 

 Aparece en una escena en la que se recrea el bautizo de Antonio Flores, hijo de Lola Flores y Antonio González El Pescaílla, en el que estuvo Ava Gardner y otros muchos famosos de aquella época.

 La hija menor de la duquesa de Alba ha dicho sí, entre otras cosas, porque es amiga de Paco León como lo es de muchos otros artistas.

 A su grupo de íntimos pertenecen Fernando Tejero — con quien ahogó sus penas tras la muerte de su madre— y Pepón Nieto.

 Con Jose Coronado tuvo incluso una breve pero intensa relación. Entre sus íntimos también están Antonio Carmona y Mariola Orellana. Y es que Eugenia Martínez de Irujo se siente más cómoda con una pandilla de artistas que entre los aristócratas.

Mujer de pequeña estatura posee un gran carácter.

 Hay quien incluso la tacha de cabezota. Es tímida, pero a la vez amable. Con el tiempo ha logrado manejarse bien con la prensa.

 No vende su vida pero no se esconde. Incluso apoya causas como cuando en diciembre fue portada de Shangay para reiterar su compromiso con el colectivo gay.

A su madre, debido a su intensa vida social y a su interés por el arte, también se la relacionó con artistas y personalidades, desde Jackie Kennedy hasta Grace Kelly e Yves Saint Laurent. Una de sus grandes pasiones fue el flamenco y destacó por sus dotes para el baile teniendo como maestro, entre otros, a Antonio Ruiz Soler, Antonio El Bailarín, uno de sus grandes amigos.

 Solo tenía 17 años cuando conoció a un veinteañero Pepe Luis Vázquez.

 Cuando quiso tener con el torero algo más, el duque mandó a su hija a Londres. También conoció y admiró a Manolo Vázquez, Miguel Báez Litri, Manolo González, Antonio Ordóñez y José María Manzanares. 

A Eugenia Martínez de Irujo también le interesaron como a su madre los toreros.
 Fue novia de El Litri, pero contrajo matrimonio con Francisco Rivera Ordóñez con quien tuvo a su única hija Cayetana, de 18 años.
Hace tres meses, la duquesa de Montoro desveló en las redes sociales que se había vuelto a casar.
 Esta vez con Narcís Rebollo, el productor musical más importante de nuestro país y presidente desde 2015 de Universal Music para España y Portugal, compañía a la que está ligado desde 2010.
 El éxito de Alejandro Sanz, Antonio Orozco, David Bustamante, Pablo López, David Bisbal o Luis Fonsi está ligado al trabajo de Rebollo.
La boda esta vez no fue en la catedral de Sevilla como cuando se casó en 1998 con Rivera Ordóñez con Televisión Española retransmitiendo en directo el enlace, sino en una capilla en Las Vegas y con Bisbal como testigo.
 Ella, vestida de Marilyn Monroe y él, de Elvis Presley.
 Según sus mensajes, el enlace se celebró el 17 de noviembre tras acudir a los Grammys Latinos. 
Tres días después sus hermanos inauguraban en Sevilla el monumento erigido en memoria de su madre, coincidiendo con el tercer aniversario de su muerte. 
 Al ser preguntada por su ausencia, Eugenia Martínez de Irujo argumentó que no necesita gestos como esos para recordar a su madre.
 Un comentario que evidenció que tras la muerte de la aristócrata sus hijos llevan vidas dispares. Eugenia se relaciona con todos pero con quien más se deja ver es con Fernando.
 Con Cayetano, antes inseparable, no ha roto amarras pero no se entiende como antaño.
Lo que ahora está por ver es si Eugenia Martínez de Irujo y Narcís Rebollo se deciden a hacer oficial su unión en España. 
Pero ellos, según sus amigos, se sienten casados. Fue en un concierto organizado por Universal donde la pareja se conoció. Ella estaba soltera y él se acababa de separar de Anna Turrón, con quien tuvo dos hijos.
Los aristocráticos Alba están encantados con la relación de la más artista de la familia y también Tana, la hija de Eugenia.
 La joven ha acompañado a la pareja hace dos semanas a un viaje a Egipto. Una asignatura pendiente en la agenda de la duquesa de Montoro que, igual que su madre, adora viajar.
 De todo ello ha dado buena cuenta en sus redes sociales en la que es muy activa. Queda por saber qué hubiera hecho la duquesa de Alba con un Twitter.

Tamara Falcó desvela los secretos de los amores de su madre

La hija de Isabel Preysler y Carlos Falcó habla de Julio Iglesias, Miguel Boyer y asegura que Mario Vargas Llosa es "una maravilla".

  

tamara falco
Tamara Falcó, durante la charla con Bertín Osborne.

Tamara Falcó, hija de Isabel Preysler y Carlos Falcó, recibió el viernes en Villa Miraflores, la emblemática casa familiar de la reina de la prensa del corazón, a Bertín Osborne dentro del programa Mi casa es la tuya. 
Con una naturalidad pasmosa desgranó muchos de los secretos de una de las familias más mediáticas. 
Tamara, de 36 años, relató la vida sentimental de su madre desde su primer matrimonio con Julio Iglesias a su actual relación con Mario Vargas Llosa
 "Mario le hace mucho bien a mami. Ella era de ir en opulencia en opulencia y él le hace coger un taxi e ir al cine.
 Mario le hace vivir la vida".
Ella es la única de los cuatro hijos de Isabel Preysler que convive con Preysler y Vargas Llosa. 
"Me admira la disciplina de Mario.
 Es muy madrugador. Todos los días hace una hora de ejercicio, una especie de gimnasia oriental, luego se ducha y está escribiendo hasta la 1.
 Yo pensaba que vivir con un premio Nobel era un aburrimiento pero no.
 Como es escritor, le gusta hablar con todo el mundo, con el jardinero".
La hija de Isabel Preysler en el hall de la casa de su madre.
La hija de Isabel Preysler en el hall de la casa de su madre.
Tamara en ese tono de naturalidad sin filtros contó cómo Vargas Llosa un día preguntó si "tío Miguel", por Boyer, estaría contento desde el cielo de que él estuviera con su madre ahora. 
"Yo pensé con lo celoso que era, sacaría el bazoca". 
También desveló cómo se enteró de que su madre mantenía una relación con el Nobel.
 "A mami es muy difícil sacarla del camisón los sábados, pero un día dijo: 'niñas hoy viene a comer un amigo'. 
Y la vi con un pantalón negro ajustado y dije: aquí hay tomate. Se lo dije a Ana y no se lo creía".
La hija de Isabel Preysler desveló a qué se debe que llame tíos a los maridos de su madre. 
"Fue ella la que me dijo que lo hiciera.
 En Filipinas tío es alguien próximo a la familia.
 Llamé tío a Julio [Iglesias] y a Miguel [Boyer] pero a Mario no, ya soy suficientemente mayorcita".

Tamara, en el momento del almuerzo con sus invitados. 
 Tamara, en el momento del almuerzo con sus invitados.

Solo se puso seria cuando habló de la soledad que sintió cuando sus padres se separaron "eran muy diferentes". 
Ella tenía solo 3 años y de vivir con sus tres hermanos de madre y dos de padre - luego llegaron dos más- se quedó sola en casa.
 "Pero como era hija de padres separados me convertí en una consentida".

Tamara Falcó desveló que su madre se enamoró como "una loca" de Miguel Boyer. 
Sobre sus fuertes convicciones religiosas contó. 
 "Vivía con tío Miguel que era ministro socialista y ateo pero yo me fui al campo con mi padre con una Biblia y un rosario y tuve una llamada muy fuerte". 
Incluso pensó en meterse monja "si hay demonio pensé que era lo más seguro". También confirmó que lleva agua bendita que utiliza con frecuencia. 
Tiene una perra caniche a la que llama Jacinta por la pastorcita a la que se le apareció la Virgen.

A sus ocho hermanos, cuatro de madre y cuatro de padre los considera hermanos, no medio hermanos. "Enrique ha mutado desde que es padre, es increíble".
Boris Izaguirre, que introdujo la entrevista como amigo de la familia, definió a Tamara Falcó como una "persona envolvente y divertida". 
La entrevista fue tan surrealista que efectivamente resultó divertida. "Espero que mi madre no me mate cuando la vea", concluyó la protagonista de la noche.

"Estoy encantada con mi madre. Es un icono. Nos reímos mucho. No es de discutir es de implementar lo que ella dice", explica.

 

 

Aguas de marzo......................................... Boris Izaguirre...

Mientras los embalses vuelven a llenarse gracias a las lluvias, la gente discute sobre el lujo.

Givenchy con Audrey Hepburn en 1983.
Givenchy con Audrey Hepburn en 1983.
Mientras los embalses vuelven a llenarse con ese lujo líquido que es el agua, en lo seco la gente discute sobre el lujo. 
La asociación de empresarios Fortuny, que preside el Marqués de Griñón, agrónomo y padre de Tamara Falcó, aprovechó la alegría que le provocan estas aguas de marzo para abrir el grifo y regar el debate sobre los significados que la Real Academia Española otorga a la palabra “lujo”
 Según nuestro diccionario, el lujo es “abundancia de cosas no necesarias” o “demasía en el adorno, en la pompa y en el regalo”.

Desde la escasa relación que he podido tener con el lujo —en plan cara a cara—, el último significado lo encuentro, cuanto menos, antipático y gruñón. 
El lujo no es un problema. El problema es la falta de recursos económicos que impide acceder a él.
 Por eso con el Plan Marshall, después de la Segunda Guerra Mundial, ya se empezó a hablar de la democratización del lujo.
 Y se llamó prêt à porter
Lujos hay muchos. Y para todos los gustos.
 Para Carlos Falcó, marqués de Griñón, el lujo es “una experiencia”. Y recuerda un momento junto a su hija Sandra con quien, “al aire libre en un día soleado del pasado diciembre”, cocinó una tortilla de patatas con el primer aceite de su cosecha. “Esto es un lujo y hay que mantener esa definición”, proclamó.
 Y así maridó el término con algo singular, con una emoción, con lo irrepetible. 

La suerte es poder hacer esa tortilla de patatas con un castillo detrás y una finca de 100 hectáreas de olivo delante.
 Otro lujo puede ser estirar hasta fin de mes los 700 euros de una pensión cocinando una tortilla con el aceite del marqués.
 Quizás yo sea demasiado caribeño para entender todo esto, pero sigo creyendo que el lujo es comprar cosas caras.
 A mí eso de la experiencia, de la emoción, del aire libre y la tortilla no lo veo tan lujoso.
 En cambio, lo del castillo y la finca, sí. De hecho, me encantaría comprarme un castillo. O dos.
 Y llenarlos de experiencias irrepetibles.

Otra experiencia irrepetible, y muy emocional, fue el estreno de Torrente hace 20 años.
 El tiempo también es un lujo. Igual que el éxito. Pero la celebración por este aniversario, como no, se ha visto un poquito embarrada por el rifirrafe entre el director del filme, Santiago Segura, y la actriz Neus Asensi, que participo en tres de las entregas de la saga.
 La pelea en sí es muy Torrente. Neus, que es un lujo de persona, se arrepiente de haber participado en la experiencia del rodaje de Torrente. 
Como consecuencia, Segura se dio el lujo de bloquearla de sus redes sociales.
 Puedo entender cualquier torrente emocional, pero yo no me pondría así. 
Neus estuvo estupenda en sus tres interpretaciones y Santiago consiguió avizorar muchas de las experiencias que hemos vivido en España por creernos menos Torrente de la cuenta.
A título personal, encuentro un lujo estar viajando por España en la promoción de mi nueva novela.
 Para mí, España es un lujo. Con sus tortillas, sus rifirrafes, y esa sensación de que todos los días pasa algo.
 A muchos les parecerá exagerado o una abundancia de cosas o palabras no necesarias, pero ahora que invierto mucho tiempo en Estados Unidos, valoro muchísimo lo entretenido que es vivir aquí. Mientras que en USA todo es más controlado y mecánico, en España cada cosa es una emoción y tiene significado.
 También conseguir ser quien quieres ser pese a todos los obstáculos, es un lujo.
 Por eso lamentamos la marcha en la misma semana de Stephen Hawking y Hubert de Givenchy, hombres que trabajaron la ciencia y el lujo. 
 Jamás me imaginé que Hawking, pese a la precariedad de su salud, fuera a morir pronto.
 Casi parecía que lo haría yo antes. Y en cierta manera pensaba lo mismo del sofisticado y encantador diseñador Givenchy.
 Su irrepetible experiencia profesional junto a Audrey Hepburn creó un estilo que unificaba belleza, sencillez y elegancia que sirvió para hacer más accesible la posibilidad de ser como Audrey.
 De rozar otro lujo: verte bien sin parecer exagerada o demasiado adornada. 
Hawking nos hizo sentir que poseíamos el lujo de comprender el universo. Y Givenchy nos dio ese pequeño traje de cóctel negro, que ofrece a las mujeres una armadura moderna con la que enfrentar muchas batallas, muchas aguas de marzo.