La Guardia Civil localiza el cadáver de Diana Quer.
Tanto tiempo "Perdida" se sabía un final que no
queríamos creer.
El Chicle
confiesa que la atropelló y la mató y conduce a los agentes al lugar
donde ocultó el cuerpo, una nave abandonada en el municipio coruñés de
Rianxo.
Agentes de la Guardia Civil trasladan el cuerpo de la joven Diana Quer a una furgoneta en la nave abandonada en Asados.OSCAR CORRAL | ATLAS
La Guardia Civil ha localizado a las cinco de la mañana el cadáver de Diana Quer, la joven madrileña desaparecida en agosto de 2016, después de que José Enrique Abuín Gey, alias El Chicle, se haya derrumbado esta madrugada y haya confesado el crimen. Según informan fuentes policiales, El Chicle, que era el principal sospechoso del crimen y con antecedentes por tráfico de drogas y agresión sexual,
ha señalado a los agentes el lugar donde ocultó el cuerpo, un pozo
situado dentro de una antigua nave industrial abandonada en Rianxo, el municipio coruñés del que es natural y donde vive. Los investigadores están seguros de que el
cuerpo es el de Quer, que en el momento de su desaparición tenía 18
años, a falta de los análisis que confirmen definitivamente la
identidad. Sobre las diez y media de la mañana se ha producido el levantamiento del cadáver, que ha
salido de la nave en una furgoneta una hora después, sobre las once y
media, hacia el Instituto Forense Gallego, en Santiago de Compostela. A la nave se habían desplazado a primera hora buzos de los Grupos
Especiales de Actividades Subacuáticas (GEAS) de la Guardia Civil, que
han sido los que han recuperado el cadáver y que se encuentran a estas
horas recogiendo todas las pruebas que el presunto autor del crimen
hubiera podido arrojar en su interior. Las primeras identificaciones visuales del cadáver han reafirmado a los investigadores de que se trata del cuerpo de Diana. A las 10.40, el autor confeso del crimen ha abandonado el
lugar de regreso a la Comandancia de la Guardia Civil de A Coruña en un
coche del instituto armado entre gritos de "asesino" de los numerosos
vecinos que hay concentrados tras el cordón policial. A las 13.10, ha
llegado a estas dependencias del instituto armado, donde permanecerá
hasta pasar mañana a disposición judicial en el juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 1 de Ribeira (A Coruña), que había cerrado el caso por falta de avances. El cuerpo ha sido descubierto después de que los agentes
trasladaran al hombre, de 41 años, a Rianxo desde dicha Comandancia,
donde estaba detenido y donde ayer fue interrogado. Estaba previsto para
la tarde del sábado un registro en la vivienda que comparte con su
pareja en el lugar de Outeiro (en la parroquia de Taragoña, en el mismo
municipio de Rianxo), pero el interrogatorio de El Chicle se prolongó
más de lo previsto y, al caer la noche, los investigadores decidieron
posponerlo hasta primera hora de la mañana de este domingo. Aunque en un
principio iba a centrarse en la casa, custodiada desde el viernes, el
registro ha acabado conduciendo a los agentes a la vieja nave. La
vivienda de la pareja también ha sido registrada esta mañana. De momento, han trascendido pocos detalles de la confesión de El Chicle. Según fuentes de la investigación, el detenido, que ya fue interrogado
en su día por este caso y que encabezaba la lista de 80 sospechosos
cuyos móviles los situaban en la zona de la desaparición el día y la
hora exactos, ha asegurado a los agentes que lo hizo solo. También ha
contado en su primera confesión que la mató atropellándola, al parecer
con su propio coche. Los investigadores no descartan que la causa real
fuera otra y subrayan que será la autopsia la que lo determine, porque
el detenido puede estar mintiendo u ocultando datos. Se trata, según detallan las mismas fuentes, de un escondite
que las bandas de narcotraficantes usan para el trapicheo. Además, era
frecuentada por los niños y chavales de la zona para jugar, beber y
fumar. El edificio fue primero una fábrica de gaseosas, después albergó
una tienda de muebles y llevaba unos cinco o seis años en desuso después
de que quebrara el negocio. Los vecinos cuentan que estaba embargado y
era de un banco. Llegó a estar en venta, pero hace unos meses se quitó
el cartel. También hace apenas unos meses, se acometieron unas obras en
la nave tras las protestas de los vecinos, que se quejaban de que
entraban los chavales y de que podría ser peligroso por su estado.
Tapiaron y cerraron ventanas, pero no tocaron el aljibe donde se
encontraba la chica, que usaban los dueños para el suministro de agua. El edificio no está aislado, sino que se encuentra rodeado de casas y
muy cerca de la iglesia, por lo que es una zona muy concurrida. Según precisan fuentes de la investigación, el lugar no
había sido registrado hasta ahora en el marco de esta investigación,
aunque sí figuraba en el listado de edificios abandonados que los
ayuntamientos habían facilitado a la Guardia Civil. Los agentes peinaron
otros muchos lugares de la lista, pero no este, que está a apenas 200
metros de la casa de los padres de El Chicle. Es una zona que él conoce muy bien porque se crió allí con sus tres hermanas. A su familia —el padre es marinero retirado y la madre trabajó en una
fábrica de conservas— se la conoce por el apodo de Os Lanchós. Anoche, la Guardia Civil puso en libertad a Rosario Rodríguez,
la mujer de Abuín Gey, después de que cambiara por la tarde su versión
sobre la noche en la que desapareció Diana. Durante las pesquisas
iniciales sobre el caso, aseguró que la noche del 22 de agosto de 2016
estuvo con su pareja. Ayer reconoció que su marido salió y que ella no lo acompañó.
Rodríguez pasará a disposición judicial en los próximos días. Este
cambio en la coartada del sospechoso precipitó que confesase, ya de
madrugada, el lugar donde escondió los restos de Quer. Según la Guardia
Civil, a las cinco de la mañana, "tras reconocer el detenido ante
letrado la autoría de la muerte y desaparición del cuerpo, ha conducido a
los investigadores a un pozo en Rianxo, donde se han verificado la
existencia de restos humanos, a falta de confirmación de ADN". La pareja fue detenida el viernes, en un principio por un intento de robo y secuestro a una joven en Boiro (A Coruña) la noche de Navidad, pero ayer el delegado del Gobierno en Galicia, Santiago Villanueva, confirmó que estaban siendo investigados oficialmente por la desaparición de Diana Quer. La mujer de El Chicle fue la primera en comparecer ante los agentes
ya que, según apuntaban fuentes de la investigación, su testimonio era
fundamental para dilucidar la relación de su marido con lo
ocurrido. Sobre las 14.00 de ayer sábado, comenzaba la declaración del
Chicle, que se prolongó durante cuatro horas y que fue realizada por
agentes especializados en delincuentes correosos.
Con el sumario archivado judicialmente en abril
y después de interrogar a 200 personas, comprobar centenares de
matrículas y cruzarlas con otros tantos números de teléfono, fue el
posicionamiento de un móvil, hasta ahora desvinculado del sospechoso, lo
que hizo que comenzaran a encajar las piezas. La relación con el
detenido de ese teléfono, hasta entonces sin usuario conocido, sirvió
para señalar “ya con pruebas contundentes” a Abuín Gey. La reconstrucción del recorrido realizado por ese terminal de El Chicle la madrugada del 22 de agosto lo sitúa en A Pobra do Caramiñal (A Coruña),
el municipio donde se vio por última vez a Diana, en un movimiento
coincidente con la ruta que también marca el teléfono de la muchacha. Los investigadores buscaban el Alfa Romeo que se supone conducía Abuín
Gey aquella noche y que fue captado por una cámara de la autovía que
recorre la comarca. Pero es ese número de móvil que ha reactivado las investigaciones
el que tenía que servir, según la Guardia Civil, para desmontar la
coartada que esgrimió El Chicle cuando fue interrogado por la
desaparición de Diana Quer. El ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, ha felicitado a
la Guardia Civil por su labor. Se ha reunido esta mañana con el
teniente general del cuerpo, Laurentino Ceña y el general jefe de
Policía Judicial de la Guardia Civil, Pedro Ortega, para tratar sobre el
dispositivo desplegado y analizar la información que ha propiciado la
detención.
La nave abandonada donde Diana Quer llevaba oculta más de
500 días se encuentra en la parroquia de Asados, una aldea del municipio
de Rianxo, a cinco kilómetros del lugar donde se le perdió la pista al
móvil de la chica y de Outeiro (parroquia de Taragoña), la aldea del
autor confeso del crimen.
Según la neurociencia, el gesto de sonreír mejora el ánimo de la gente.
Así pues, frente al rencor y la violencia, intentemos escoger nuestra
mejor parte.
HENOS AQUÍ lanzándonos otra vez al vértigo de un nuevo año. Sí, ya
sabemos que el calendario es una convención arbitraria, pero el
sentimiento de renovación asociado a estos días es algo muy antiguo y
muy profundo, está en nuestra memoria social y en nuestros genes, en la
historia heredada y en el latido del animal que somos. El sol lleva
muriendo y renaciendo en el solsticio de invierno desde que éramos
reptiles y cientos de pueblos han celebrado ritos en estas fechas, desde
el nacimiento de Mitra de los antiguos persas hasta las Saturnales y el
festival del Sol Invictus de Grecia y Roma. Los humanos hemos festejado
desde siempre el triunfo de la luz sobre la oscuridad, cosa que por
otra parte estoy segura de que también hacen los pájaros, los jabalíes,
los chimpancés y todas las demás criaturas diurnas, cada una a su
manera. Así que aquí estamos, pisando el umbral del tiempo. Resulta
inevitable hacer un recuento mental de lo que el año fue y sentir cierta
expectación, una mezcla de temor y deseo, ante lo que viene. En lo
colectivo, 2017 ha sido muy duro, 12 meses de sobresaltos y de
incredulidad ante lo que estaba sucediendo, y una creciente marea
mundial de crispación y enfrentamientos. El odio engorda por doquier. No es una buena base para esperar lo mejor de 2018. Y sin embargo… El otro día estuve dando una charla en la localidad
cacereña de Navalmoral de la Mata, un lugar culturalmente muy activo
para su tamaño (19.000 habitantes). Al final firmé unos cuantos libros, y
una mujer todavía joven se acercó a mí, me dijo dos o tres frases
afectuosas y luego, mientras se retiraba, en un arranque claramente no
premeditado, porque lo hizo cuando ya se iba, soltó un llavero que
llevaba enganchado a su bolso y me lo dio. Era un corazón del tamaño de
un albaricoque, un precioso corazón de peluche color vino. Aquí lo tengo
ahora, encima de mi mesa, mientras escribo.
Verán, cuento esto porque sé bien que no es algo que en puridad me haya
ganado yo. Hay una situación que he experimentado más de una vez, en
actos públicos o ferias del libro, que ha servido para bajarme la cresta
de gallito. La cosa es que se te acerca un hombre o una mujer y empieza
a decirte lindezas: qué bien escribes, qué honesta eres, qué profunda,
qué inteligente… Y así sigue un buen rato, hasta que al fin concluye:
“Vamos, que tú y Fulanito de Tal sois los dos escritores que más me
gustan”. Y resulta que a ti Fulanito de Tal te parece un autor horroroso
de malo, además de deshonesto, superficial y lerdo. Y no es que ese
maravilloso lector o lectora carezca de criterio, sino que ha proyectado
sobre nosotros su propia veracidad, su propio sentido de la belleza. Todos hacemos lo mismo: leer es reescribir con el autor el libro que
lees. Le adjudicamos al novelista aquellas cualidades que deseamos y que
necesitamos encontrar. O los demonios que nos persiguen. Nuestras
filias y nuestras fobias tienen mucho que ver con quienes somos. Debo decir que el gesto de esa mujer me conmovió. Fue tan natural y tan
sencillo, y al mismo tiempo tan metafórico: con qué facilidad me dio su
corazón. Me sentí rozada por la suave caricia de la buena gente, de esa
multitud de personas generosas y discretas que sostienen el mundo y que
hacen de la realidad algo habitable. Pues bien, en este momento
necesitamos esos corazones amables más que nunca. ¿Sueno quizá algo
cursi? Leyendo el magnífico libro Incógnito, del
neurocientífico David Eagleman (Anagrama), me enteré de que el hecho de
sonreír, es decir, el gesto físico de sonreír, aunque sea forzado,
mejora de verdad el ánimo de la gente, cosa que me dejó pasmada, porque
siempre creí que el énfasis de los manuales de autoayuda
en la actitud beatífica era una petardez. De manera que, si sonreír
cambia nuestra sopa química, ¿por qué no creer que un acto generoso
puede cambiar la química social? Frente al rencor y la violencia,
intentemos escoger nuestra mejor parte. Pido a la mucha gente buena que
hay en el mundo que dé un paso adelante; e incluso les pido a los
malvados que se dejen tentar por el gramo de bondad que seguramente
guardan en algún recoveco. A ver si entre todos logramos enderezar el
nuevo año.
La cosa empezó en una presentación, continuó con un hombre que me
confundió con un cura y acabó con un tegucigalpense demasiado sincero.
HAY SEMANAS llenas de pequeños sinsabores o incidentes que lo mueven a
uno a la risa, más que al enfado. Ojalá fueran todos así. La que hoy
termina ha sido una de esas. La cosa empezó en la presentación de la última novela de Pérez-Reverte. En el escenario, el autor y tres mujeres, entre ellas nuestra magnífica
editora Pilar Reyes, afanándose por dialogar e interesarnos. A mi
izquierda, un par de individuos, con calva moderna y media barba, que no
paraban de cuchichear como posesos. Una incontinencia verbal fuera de
serie. “¿Qué diablos hacen aquí”, me preguntaba, “en un sitio al que se
viene a escuchar, no a rajar desenfrenadamente? ” Claro que el panorama
general del patio de butacas no era alentador: la mitad de los
asistentes estaban a lo suyo, es decir, mandando y recibiendo whatsapps
y chistes, haciendo fotos y vídeos con sus aparatos estúpidos, sin
prestar la menor atención a lo que se hablaba arriba . La mala educación
de mucha gente está alcanzando niveles disuasorios: ya no se puede ir al
cine, ni a un concierto. Pero al menos los del móvil “interactuaban” en
silencio, más o menos, mientras que los calvos modernos no descansaban:
chucu-chucu, chucu-chucu, un bisbiseo inaguantable. Aun así aguanté cuarenta minutos, limitándome a mirar con estupor al que
tenía al lado. Hasta que no pude más. Ya he escrito aquí sobre los
peligros de llamarle hoy la atención a nadie. Poco después de hacerlo
hubo dos víctimas más: un anciano le afeó a un coche, a distancia,
haberse saltado un paso de cebra, y el conductor se detuvo, se bajó, le
pegó un puñetazo al viejo y lo dejó seco en la calzada; y otro sujeto
que meaba en la calle respondió a la recriminación de un vecino sacando
una pistola y metiéndole un tiro. Así que me jugué la vida al decirles:
“Oye, ¿vuestra tertulia la tenéis que tener aquí?” A lo que el de más
allá me contestó altanero: “Es que podemos hacer las dos cosas, escuchar
y hablar”. “Ya”, le respondí sin discutirle la falsedad, “pero
molestáis a los demás, que no somos tan hábiles”. Pararon un poco, sólo
un poco. Tres días después, Pérez-Reverte estaba informado: “Ya sé que
casi te pegas con unos amigos míos”. “Pues vaya amigos, no sé por qué no
escogieron la cafetería”. “Son dos grafiteros que me echaron una mano
con una novela. Desde entonces van a todo lo mío, por lealtad personal,
pero se aburren. Eso sí, me dijeron que eras chulo”.
“¿Chulo yo? Para nada, fui muy modoso”. Comprendí que, en efecto, me
había jugado la vida con tipos de acción, y encima amigos de un amigo.
A los dos días vino hacia mí un mendigo con la cara desnortada, en la
calle de Bordadores. Y me gritó: “¡Padre, padre, deme algo, padre!” Él
no podía saberlo, claro, pero que me confundan con un sacerdote —quizá
un sacerdote chulo— es de lo peor que puede pasarme. Digamos que no es
el gremio que mejor me cae, y como ahora van disfrazados de civiles (lo
cual me parece fatal, un engaño a la gente), el mendigo no tenía por qué
distinguir. Me detuve y le dije: “¿Por qué me llama ‘padre’? ¿Me ve
usted a mí cara de cura? No me diga que sí, por favor”. Lo mismo se lo
llamaba a todos. El hombre se disculpó, me dijo que no, que me veía cara
“normal”. La cosa me divirtió como para deslizarle cinco euros.
Al día siguiente, reunión en la Academia con académicos
latinoamericanos de visita. No tuve mucha ocasión de departir con ellos,
sólo durante el recreo entre dos plenos severos. Un académico de Tegucigalpa me cuenta: “Invitamos a su padre para hacerlo honoris causa,
pero no pudo venir y en seguida murió”. “Ya, qué lástima”, contesté,
pero no pude por menos de pensar: “Pues sí que tardaron. Mi padre murió a
los noventa y un años, así que se lo debieron de proponer a los
noventa”. El tegucigálpico pasó a otra cosa: “Su mejor novela de usted”,
me dijo, “es la primera”. Sí, me temo que se refería a la primera de
verdad, Los dominios del lobo, publicada a mis diecinueve años. Como le tengo simpatía, no vi inconveniente: “Sí, estoy de acuerdo”.
Pero al hombre no le bastó: “Todo lo que ha escrito luego, sí, muchas
idas y venidas, un habilidoso artesano, pero sin la frescura de
aquella”. Huelga decir que nadie le había preguntado su opinión, pero
eso no le impidió soltar la palabra más hiriente para cualquier autor,
“artesano”. La verdad es que encontré cómico lo gratuito y veloz del
hundimiento, en dos minutos me había crucificado. “Pues nada”, contesté
sonriente, “no he hecho sino empeorar a lo largo de cuarenta y pico
años”. Mi compañero Manuel Gutiérrez Aragón asistió al breve diálogo, y
para mí que se quedó helado (y admirado de mi templanza, espero). Sólo
acertó a decir: “Caray, no hay nada como la sinceridad”. El hondureño se
despidió con una amenaza: “No pudimos llevar a su padre, pero a usted sí, en breve”. “Gracias,
pero no crea”, le contesté: “detesto los vuelos transoceánicos”. Bien es
verdad que, aún muerto de risa (para mis adentros), acompañé la
disculpa de este pensamiento: “Ni en pintura me van a ver en
Tegucigalpa, visto lo visto”. Feliz año a todos, incluidos los
grafiteros, el mendigo miope y el señor académico tegucigalpense. Esta vez Sr. Marias me ha hecho reir porque relata cosas que me suelen suceder y no sé muy bien como tomarlas, no sé si alguien pueda leer esto pero si que una vez una señora me dijo "Estás tan guapa que no te habia reconocido" pues eso, no sé como me lo tomé....una sonrisa nunca está de más.
En las navidades de 1991, España se preparaba para lo que
iba a ser el gran año de su recién adquirida modernidad. En unos meses
iban a comenzar los Juegos Olímpicos de Barcelona, más tarde la Expo de Sevilla
y el país estaba listo para viajar a la alta velocidad que permitía
hacerlo el AVE. Pero antes había una cita aun más importante: el
especial de Nochevieja de Martes y Trece en TVE. Aunque un año antes
habían nacido las esperadas cadenas privadas (Antena 3, Telecinco y Canal +) y también existían las autonómicas, la elegida por la mayoría de la audiencia para despedir el año era la primera cadena, como se conocía entonces. Y, por supuesto, ahí estaban Josema Yuste y Millán Salcedo, que comenzaron a alegrar el cambio de año en 1988 (con el simpático título de ¡Hola, hola 89!) y que lo harían durante nueve más, hasta que en 1997 se despidieron con el especial Adós (sic). Solo en 1993 la cadena pública confió el programa a Cruz y Raya. Para
este año clave en la historia reciente de España, el dúo de humoristas,
que antes había sido un trío, eligió el título El 92 cava con todo, poniendo en práctica uno de esos clásicos juegos de palabras que les hicieron famosos. Junto con las imitaciones, los playbacks de canciones de moda, la empanadilla de Móstoles y su gusto por el disfraz y el travestismo.
El especial de 1992 congregó frente a la pantalla a 10.106.000 de espectadores
(70,6% de share). Una cifra de vértigo, la más alta desde que se
contabilizan las audiencias de ese día. Lógico que por entonces Martes y Trece fueran los humoristas más populares del país. El relevo de los chistes y gags de Nochevieja se lo dieron a Cruz y Raya. Otro dúo con el que guardaban similitudes, pero que llevó el humor a un
terreno (todavía) más popular. O, según los gustos, más facilón . Los
Morancos también tuvieron un par de incursiones esporádicas y redujeron
aun más el nivel de genialidad. Desde hace unos años, el programa que va después de las
campanadas (y del anuncio mejor pagado del año) lleva el sello de José
Mota. No olvidemos, el 50% de los desaparecidos Cruz y Raya. Bienvenido, Mister Wan-Da, que así se llama el espacio de este año, promete ser según su creador un homenaje a Berlanga y su clásico Bienvenido, Mr. Marshall, pero cambiando a los americanos por chinos. En fin, habrá que estar atentos a lo que tiene preparado José Mota. Mientras, recuperamos algunos sketches
y programas con los que todo el país (tus padres también) se partían de
risa hace más de una década. Algunos de ellos son joyas del humor
surrealista y otros, directamente, han sucumbido por su mediocridad al
paso del tiempo.