Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

26 nov 2017

¿Cuál ha sido la mejor adaptación al cine de una novela de Agatha Christie? Publicado por Javier Bilbao

¿Cuál ha sido la mejor adaptación al cine de una novela de Agatha Christie?

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Solo la Biblia y la obra de Shakespeare la superan como autora más leída de todos los tiempos.
 Se consideraba una artista cuyo trabajo consistía en crear lo que agrade al público, un planteamiento humilde y muy digno que contrasta con el de tantos otros que parecen preferir aleccionarlo y aburrirlo de mil maneras. 
Su propia vida fue también una historia bastante entretenida, pues pasó parte de su infancia en París, fue enfermera durante la Primera Guerra Mundial (periodo que consideró especialmente gratificante y lleno de sentido), se volvió una entusiasta de la arqueología, se casó dos veces, tuvo una hija, protagonizó algún episodio público notablemente rocambolesco y recorrió de arriba a abajo el Imperio británico en innumerables viajes y estancias que influirían notablemente en sus novelas.
 Aprovechando que acaba de estrenarse con gran éxito una nueva adaptación en los cines, Asesinato en el Orient Express, recordaremos a continuación algunas de las más destacadas para que voten su favorita o añadan la que falta.

Testigo de cargo
Imagen de United Artists
El spoiler es una de las grandes lacras de la sociedad moderna, pisotea nuestras ilusiones arruinando el suspense con el que seguimos una historia y lo peor es que acecha en todas partes. Cualquier comentario en las redes sociales; un tráiler que empeñado en epatar incluya escenas cruciales; a veces la catástrofe puede sobrevenir incluso haciendo una cola y escuchando involuntariamente a los de atrás, pues así es como servidor se enteró del final de El sexto sentido días antes de verla en el cine. Pero este ardid del demonio no es un invento de ahora, la producción en conjunto de Agatha Christie se caracterizaba por plantear un misterio que era resuelto de forma sorprendente e ingeniosa. Un buen ejemplo lo tenemos en esta obra teatral que estrenó en 1953 y que cuatro años después tuvo su adaptación al cine, cuyo cartel precisamente solicitaba al espectador «¡No revele el final… por favor!»
. La cinta contó con Tyrone Power, Marlene Dietrich y Charles Laughton, mientras que la dirección corrió a cargo de un cineasta de trayectoria deslumbrante, que además con ella abría un periodo particularmente fecundo, porque la siguiente fue Con faldas y a lo loco, luego El apartamento y remató con Uno, dos, tres, Irma la dulce y Bésame, tonto. Casi nada.

Agatha
Imagen de First Artists
Esa febril imaginación para idear toda clase de crímenes y conspiraciones se ve que no siempre quedaba circunscrita a su obra literaria. Después de una agria discusión con su primer marido cuando este le pidió el divorcio en 1926, Christie simplemente desapareció de un día para otro. Según la versión oficial tuvo una crisis nerviosa, según otros quiso fingir su propia muerte o secuestro para vengarse de su pareja.
 El hecho adquirió una extraordinaria relevancia pública y movilizó en su busca un amplio despliegue con miles de personas que culminó con su aparición en un hotel once días después, afirmando que no recordaba nada de los días anteriores. 
Pues bien, en este episodio de su biografía que tiene algo de performance de sus novelas se centra Agatha, con Vanessa Redgrave encarnándola y Dustin Hoffman como un periodista americano que le sigue la pista.

Diez negritos
Imagen de 20th Century Fox
Sabemos bien gracias a autores como Christie que el asesino es el mayordomo, así que no es de extrañar que resultara el primer sospechoso a ojos del grupo de invitados en esta solitaria mansión. Todos tienen un pasado y uno a uno están siendo asesinados, así que recelan unos de otros y los espectadores de todos ellos. 
La novela, publicada en 1939, tuvo un éxito descomunal desde entonces y se estima que ha vendido más de cien millones de copias. Apenas seis años después tuvo la que es considerada la mejor adaptación, que ha pasado a ser de dominio público y pueden por tanto verla aquí.


Muerte en el Nilo
Imagen de Paramount Pictures

El citado Charles Laughton fue el primer actor en encarnar a Hércules Poirot, pero el que asoció su rostro en el imaginario colectivo al sagaz detective belga fue Peter Ustinov
Este director de cine, guionista, columnista, presentador de televisión, rector universitario y actor se repartió en mil actividades, pero siempre fue fiel a este personaje al que interpretó en seis ocasiones. Como en el universo de Christie todo parece estar conectado por hilos invisibles, Ustinov estuvo casado con la hermana de Angela Lansbury, que no solo aparecía en esta y otras adaptaciones, sino que unos años después se consolidó como la protagonista de Se ha escrito un crimen, inspirada en el personaje de Miss Marple.
 De esta película, Muerte en el Nilo, acaba de anunciarse una nueva versión aprovechando el éxito internacional que ha tenido Asesinato en el Orient Express, con la que comparte fórmula, siendo un barco en lugar de un tren el escenario del crimen y la posterior investigación.

Muerte bajo el sol
Imagen de EMI Films
Si en la anterior Ustinov estrenó el personaje, en esta cinta de 1982 lo interpretó por segunda vez. Ahora la acción se sitúa en un hotel de los Balcanes (aunque en realidad se rodó en Mallorca), donde se ha cometido un crimen y hay nueve sospechosos, cada uno con sus particulares motivos para haber estrangulado a la víctima.

El espejo roto
Imagen de EMI Films
Esta vez es Angela Lansbury quien se pone en la piel de Miss Marple, acompañada de un plantel de estrellas considerable aunque ya en su ocaso, como Elizabeth Taylor, Rock Hudson o Tony Curtis. A un apacible pueblo inglés llega un equipo de Hollywood para rodar una película de época, uno de sus miembros muere envenenado y por ahí está Marple para investigar el asunto.

Asesinato en el Orient Express
Imagen de EMI Films
Concluimos con la versión de 1974 de la historia que ahora está en los cines. 
Entonces, igual que ahora, se logró reunir un reparto con grandes nombres de la historia del cine, como Lauren Bacall, Ingrid Bergman, Sean Connery o Anthony Perkins. Albert Finney fue quien dio vida a Poirot (cuatro años después rechazó el papel de Muerte en el Nilo, cediendo el sitio a Ustinov) y en la dirección estaba Sidney Lumet.
 Respecto al argumento, quién no lo conoce, probablemente la novela más celebrada de la autora tras Diez negritos. De nuevo un entorno claustrofóbico, un crimen, un grupo nada cohesionado en el que nadie inspira confianza y una ingeniosa solución que sabe trazar las conexiones entre pistas diseminadas.





Cuando tenías miedo de perder el billete de vuelta...... Iñigo Domínguez

Volar tenía antes algo de vivencia única.

 Hoy viajamos tanto que muchos ni miran por la ventanilla. Lo que era cutre ahora es normal, y lo normal es un lujo.

Vuelo de Transocean Airlines, pionera en los vuelos baratos entre  1946 y 1962.
Vuelo de Transocean Airlines, pionera en los vuelos baratos entre 1946 y 1962. Michael Ochs Archive (Getty)
Todo lo bueno que tenía antes viajar en avión hoy es pecado o engorda: hasta se podía fumar y te daban de comer.
 Ahora aquello forma parte de un mundo antiguo, borrado por la masificación o democratización del viaje, según se vea.
 Era algo romántico, maldita sea.
 Primero, porque era inalcanzable, una experiencia rara, algo que llegaba por supuesto con la mayoría de edad.
Se iba a la agencia, el único lugar donde tenían acceso privilegiado a un mundo oculto de compañías y destinos exóticos. 
Hasta tenías que conocer a alguien para que te buscara buenos precios. 
Aparecían anuncios de ofertas del último minuto en la primera página de este periódico.
 Ah, aquellos billetes de varias hojas con papel carbón.
 El pánico por perder el pasaje de vuelta, que se guardaba en lo más recóndito del doble fondo de la maleta.

Volar tenía antes algo de vivencia única y placentera, desde ser tratado con deferencia por una especie de mayordomos de uniforme hasta ver las nubes como un espectáculo irrepetible. 
 Hoy viajamos tanto que la gente prefiere el pasillo y muchos ni miran por la ventanilla.
 En cuanto a la atención, digamos que se ha convertido en un simple servicio de venta cuando no en una banda de atracadores organizados.
Cuando anunciaron que cobrarían por comer a bordo sonó como una cosa increíble e incluso intolerable.
 Al menos yo pensé que nadie pasaría por el aro, aunque también creí que el palo-selfie estaba condenado al fracaso. 
Recuerdo el primer vuelo bajo esas normas: fue asombroso descubrir que la gente estaba dispuesta a pagar, y precios astronómicos, por algo de picar. 
 Pero es que el low cost llegó a España en otra época, cuando creíamos que éramos ricos. 
 El despegue y aterrizaje de las líneas baratas, en sus etapas de fascinación, saturación y normalidad, ha coincidido con el auge y caída de la economía española.
 Un ciclo del que hemos salido como en todo lo demás: lo que era cutre, ahora es normal, y lo que era normal, ahora es un lujo. Somos nosotros los low cost.
Sí, hubo un momento de efervescencia inicial muy comprensible, porque aquello era realmente increíble: tenías amigos que de repente se iban a Londres por 1 euro.
 O aparecían en Tallin, Estonia, por 15 euros, sin que en su vida se hubiera planteado ir a tal sitio, en el caso de que hubieran sabido de su existencia, y mucho menos por ese precio. 
Una vez alcanzado el destino, quizá se preguntaban qué demonios se les había perdido allí, un tipo de situación en la que se encontró mucha gente en aquella época.
En su mayoría eran jóvenes, y era divertido. 
España estaba en un momento de euforia económica y esto de viajar donde te diera la gana como un millonario formaba parte del pack.
 El dinero ya no era un problema.
 Aunque había un precio, claro: había que hacer carreras para coger sitio, eran vuelos ruidosos, te volvían loco con la megafonía y había mucha letra pequeña, tenías que saberte los trucos. 
Además, por ese mismo espíritu de los tiempos, rápidamente tomó forma la idea de que ibas en esos aviones solo si no podías pagarte otro, era una cosa de adolescentes.
Enseguida quedó claro que había un cierto tipo de gente, bien vestida, señores y señoras de toda la vida, que no se veía en esos vuelos mezclándose con la chavalería y fijándose en los detalles de la reserva. 
Se hablaba de estos vuelos con horror, como si fuera transporte de ganado, hasta que llegó la crisis y quedó claro que muchísima gente, en efecto, no podía pagarse otro vuelo.
Fue precisamente entonces cuando algunas de estas compañías se volvieron malas, de maldad, quiero decir.
 Cuando para mucha gente viajar así no fue una elección, sino que no tenían más remedio.
 Ahí estas líneas aéreas se frotaron las manos y se pusieron chulas. De repente ya no eran empresas de colorines enrolladas, no, llegaron a ser un pelín nazis.
Te llegaban historias terribles de azafatas bordes con las maletas, controles sádicos en la puerta de embarque, viajeros abriendo equipaje en el suelo, sacando calzoncillos y bragas a la vista de todos, porque superaban el peso admitido en algunos nanogramos. Se veía que lo hacían con mala leche, con voracidad recaudatoria, y sospechabas que tenían directrices claras de ir a pillar a los incautos. Sí, debo confesar que en algún momento yo mismo monté pollos e hice necesaria la presencia de la Guardia Civil.
 Porque, en cuanto protestabas, estos tipos llamaban a seguridad. También he visto cómo una mujer vomitaba porque se sentía mal, pedía un vaso de agua y se lo cobraban.
Prueba más de la perversidad humana, las compañías de toda la vida empezaron a copiar estas técnicas, porque vieron que colaban. 
Empezó a diluirse ese estatus de clase que les diferenciaba, esos aires que se daban de que ellos eran otra cosa.
 Como en muchos otros ámbitos, nunca sabremos si fue la crisis o se aprovecharon de ella.
 Así conocimos el síndrome de la clase turista, que te daba el telele por ir encogido con las rodillas en el esternón durante dos horas.
Como colofón, los atentados del 11-S cambiaron definitivamente lo que era viajar: empezamos a despelotarnos todos en los controles de seguridad y un día no nos dejaron ni el agua.
 Al ver esas montañas de botellas y botecitos confiscados, todos hemos pensado que en cada aeropuerto del mundo se han mantenido decenas de familias con un fructífero mercado negro de bebidas, cosméticos y colonias 

Entre todas estas mezquindades, mi favorita es la de reclamar, un camino a lo desconocido donde era posible no llegar a hablar nunca con un ser humano. Una vez me carteé durante semanas con un robot de Iberia —tenía nombres, apellidos y cargo, pero estoy seguro de que era un robot—. Fue inútil intentar razonar con este ser o entidad. IIntuyo que en algún momento en estas compañías se dieron cuenta de que se estaban pasando tres pueblos, ellos que habían acercado puntos del mapa tan extraños como Girona —­si bien haciéndola pasar por Barcelona— y Chisináu
 Y otra vez, de repente, cambió el trato. 
Fue hace unos años. Se dejaron de ver broncas en las filas. 
También debió de ser porque nos fuimos acostumbrando, obedeciendo, y ya no nos reñían: cualquiera se sabe ahora de memoria medidas y kilos autorizados de las maletas.
 Han logrado crear un tipo de viajero algo malhumorado que es capaz de reducir al máximo su número de camisas y hacer fila una hora antes.
 Ha costado, pero ya funciona todo como un reloj, y es verdad que podemos ir a cualquier sitio.
 También es verdad que ya todos los lugares se parecen, hacemos más o menos los mismos viajes y no te apetece nada ir a Tallin, Estonia.
 Quizá sea el momento de ir.

 

Cachondeo con esta confesión sexual de Terelu Campos en 'Sábado Deluxe'

Los espectadores no dan crédito. 

Terelu Campos se ha convertido en uno de los rostros más mediáticos de Telecinco.
 La hija de María Teresa Campos se ha ganado, gracias a sus apariciones en Sálvame y el reality de Las Campos, un hueco en la parrilla televisiva.
La hija mayor de la exreina de las mañanas se sentó en el famoso polígrafo para hablar de su vida privada.
 En un momento dado, desde el programa quisieron saber si había practicado sexo telefónico.
La respuesta de Terelu fue un sí rotundo y contó cómo fue el asunto. 
Pero además de la pregunta lo que más cachondeo causó fue lo que dijo la presentadora: "Cuando yo mantengo sexo telefónico no existían ni los teléfonos móviles".

 

José Luis Perales: “García Márquez era mi fan”............. Luz Sánchez-Mellado

El cantautor más prolífico y versionado en español presenta novela y banda sonora y confirma que el velero llamado 'Libertad' está en dique seco.

Puede que a José Luis Perales le horrorice el titular de esta entrevista, o puede que no tanto.
 Cierto es que no pronunció literalmente esa frase.
 Pero también que dijo lo mismo con alguna más de las cinco palabras que caben en el maldito corsé de esa línea. 
Así es Perales. 
Un hombre que no se da importancia pero tampoco se la quita si se le cuestiona. 
Tan lejos de la falsa modestia como de la ostentación vacua.
 El cantante y autor de canciones más versionado en español, uno de los más prolíficos y puede que de los más ricos podría tener jets, barcos y cochazos, pero lo que dice tener es una casa en su pueblo, un coche práctico, una colección de arte, un huerto de tomates rosas y un taller de alfarero donde modela barro por el placer de hacer algo con las manos.
 Ah, y la libertad de hacer lo que le da la real gana. A lo mejor ese es el verdadero lujo.
 Dijo en un concierto en el Teatro Real que tiene fama de triste. Así no se va a quitar el sambenito.
Lo que soy es tremendamente tímido, me tomo muy a pecho, y la gente lo interpreta como que soy un triste. 
Y no lo soy. Mis amigos dicen que soy un cachondo.
Lo que sí es, o lo parece, es la antítesis de la estrella del pop.
Posiblemente. Nunca lo quise ni soñé con serlo. 
Simplemente, hago música porque me encanta, pero lo de estrella no lo acabo de entender, nunca jugué a eso.
Pero tendría mitos de joven
Sofía Loren.
 Esa cara, esa boca tan sensual, esos ojos. Esa cosa tan tremenda, tan frescachona, tan italiana, me encantó siempre.
Igual es por ser de un pueblo tan seco y austero como el suyo.
Es una tierra áspera, hostil y dura, marginada. 
Nos decían que las montañas que la rodean eran el fin del mundo. Fui un niño solitario y era feliz en el desván, donde miraba la vida con el catalejo de mi abuelo.
 He escrito mis canciones allí, en una casa en mitad de la nada. Y cada semana tengo que volver para palpar la tierra.
Hay quien le tacha de tibio. pero la letra de ' Marinero de luces', —” alma de fuego y espalda morena”—su tema para Isabel Pantoja es supertórrida para una mujer.
No lo sé, porque no soy mujer.
 Pero sí sé que contiene toda la carne y todo el drama sin caer en lo burdo ni lo obvio. 
Es pura pasión, deseo, el grito desesperado del que acaba de perder lo que más ama. 
Y puede ser la Pantoja, o tú, o yo. Es una canción sexual, sí, pero sin herir sensibilidades.
Puaf si lo canta la Pantoja no cuente conmigo para valorar ninguna de sus canciones. No me gusta.
 
La gente se sabe sus canciones aunque no sepa que las sabe. ¿Cómo lleva ser el rey del karaoke?
No me disgusta. Es un honor. Si se las saben será por algo.
¿Sabe cuándo le sale un 'hit'?
Sí, se intuye.
 Lo he notado con muchas canciones, la verdad. 
Por decirte una, con Y tú te vas.. Ese ritmo, ese vals, sabía que ese algo estándar tenía que gustar, y fue uno de los hitos de mi carrera.
¿Se siente poderoso al emocionar a la gente con su música?
No, me siento útil.
 Cuando ves a la gente de la primera fila emocionarse, te emocionas tú y no te quieres bajar nunca de ahí.
 Es una vanidad, sí. 
Y es adictivo, si no tienes a alguien que te pone los pies cuando sales del teatro.

Creo que García Márquez le declaró su admiración en persona. ¿Cómo se sobrevive a eso?

 Me dijo alguien que él había escrito en un periódico de México que daría cualquier cosa por resumir como yo en tres minutos lo que él hacía en un libro. 
Le llamé, nos tomamos un whisky, me enseñó mis discos, y le dije que la envidia era mía. Que ojalá pudiera convertir los tres minutos de una canción en una buena novela.
Bueno, es lo que ha intentado ahora con 'La hija del alfarero'.
Sí, tenía esa espinita de no poder hacer canciones más largas. y he hecho una de 300 páginas.
 Ha sido un placer de los grandes.
Veleros, gaviotas, estelas.. ¿El 'mundo Perales' es de este ídem?
La lluvia, el jardín, las estelas. 
Me salen solos, no puedo evitarlo.
 Mis hijos me decían, papá, eso ya lo has cantado. Hay una canción, Mis tópicos en que me río de eso. Y me encantan mis imitadores.

¿Y el velero llamado 'Libertad'?

Varado en el garage de mi casa. Estaba en Buendía, pero se seco y y está esperando a que llueva.

 Porque lloverá. Siempre llueve.. 

Y esa canción desesperada porque su amor se va o lo deja por otro.....

Y como es él.....y en qué lugar se enamoró de ti.....es un ladrón que me ha robado todo. Nos Parece muy cursi pero la han puesto de moda esos chicos que quieren ganar concursos, "¿A qué dedica el tiempo libre? muy masoca me parece.