Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

12 nov 2017

Impaciencia y caso omiso..........................Javier Marías

Cada vez hay más gente avasalladora e impaciente, dispuesta a tocar todas las teclas aunque sepa que la mayoría no van a surtir efecto.
Javier Marías
HE HABLADO muchas veces de la imparable infantilización del mundo y de cómo se están fabricando generaciones de adultos mimados que no toleran las frustraciones ni las negativas ni las imposibilidades. 
Lo más grave es que esta actitud se haya trasladado a la política y a las colectividades, y buena prueba de ello es la ya agotadora crisis de Cataluña: una parte de la población anhela una cosa (le “hace tanta ilusión”, como arguyó hace mil años una aspirante a escritora empeñada en obligarme a leer sus textos), y ha de conseguirla por encima de la voluntad de todos, mediante trampas infinitas si es menester, y en contra del principio de realidad.
 Cada vez hay más gente avasalladora e impaciente, dispuesta a tocar todas las teclas aunque sepa que la mayoría no van a surtir efecto. 

Mi casa tiene dos puertas, una detrás de otra. 
La primera da a un pasillo que comparto con una vecina, largo y en forma de L. Junto a esa primera puerta hay dos timbres.
 En uno se lee “JM” y en el otro “CC”. 
Obviamente mi vecina no es JM ni yo soy CC, lo cual no impide que un buen porcentaje de los que la visitan a ella pulse el timbre de JM y otro notable de los que me visitan a mí pulse el de CC. Una y otra vez nos disculpamos recíprocamente por las molestias, y sólo nos explicamos el fenómeno así: muchos individuos son tan impacientes que, incapaces de esperar unos segundos a que ella o yo lleguemos a esa puerta primera, prueban a llamar al otro timbre creyendo que con eso lograrán su propósito (logran que se les franquee el primer paso, pero no el segundo, que es de lo que se trata). 
Bien, un señor al que no conozco de nada, y que por lo visto utiliza la misma máquina Olympia Carrera de Luxe a la que me he referido en varias columnas, telefonea a mi gran amiga Mercedes López-Ballesteros, que también me echa una mano en mis tareas, y la interroga implacablemente sobre cómo hacer para que tal o cual tecla lo obedezca, o cómo comprar cintas y demás, como si ella —o yo, por extensión— fuéramos un manual de instrucciones o unos proveedores, y además no tuviéramos otra cosa que hacer. 
 Ella le contesta que no tiene idea, que quien usa la Olympia soy yo y no ella (que trabaja con ordenador), y que no lo puede ayudar. 
Al señor en cuestión eso le da igual: quiere ver su problema resuelto a toda costa y le insiste. “¿No entiende usted que yo no le sirvo?”
 No, no lo entiende y continúa explicándole, impertérrito, la función supuesta de la tecla rebelde.
 Está a lo suyo y nada más, engrosando las filas de los que en sentido figurado llamamos “autistas” (según el DLE: “Dicho de una persona: Encerrada en su mundo, conscientemente alejada de la realidad”; esa definición que tanto indigna a los enfermos de autismo y que exigen prohibir, sin darse cuenta, una vez más, de que la gente dice lo que le parece y da a las palabras el sentido que quiere, y que el Diccionario está obligado a reflejarlas sin más).

Sea como sea, más vale que quien quiera algo de mí, no haga caso omiso de sus palabras y la trate con exquisitez
A Mercedes, que atiende los mails y me imprime los que yo deba ver, a menudo se la llevan los demonios.
No sé, a la petición de que vaya a un sitio a dar una charla, contesta, por ejemplo, que estoy terminando una novela y no me añadiré viajes hasta que la acabe, o que estoy en plena promoción de la novela recién publicada y sin tiempo para nada más, o que estaré fuera durante tal y cual meses.
 Con frecuencia recibe una respuesta que hace caso omiso de la suya y le dice, quizá: “Preferiríamos que el señor M viniese un jueves, porque ese día no hay Copa de Europa y acude más gente a este tipo de eventos” (la estúpida palabra “eventos” por doquier). Mercedes se desespera y se pregunta cómo leen y cómo funcionan las cabezas de sus interlocutores.
 Otras veces alguien pide algo (un bolo, una entrevista, lo que sea). Acepto, y propongo tal o tal fecha a tal hora. 
“Es que esos días no me vienen bien”, es con frecuencia la contestación.
 “Mejor el domingo a las ocho de la mañana”. La persona que pide algo olvida al instante que la interesada es ella y no yo.
 Que yo no le he solicitado nada, sino al revés, y que más le valdría coger pájaro en mano, si tanto es su interés. 
Así, no es nada raro que quien ruega algo, luego ponga trabas y lo dificulte.
 Hoy había reservado la tarde para contestar por escrito a una entrevista mexicana. 

Había accedido siempre y cuando tuviera las preguntas hoy como tarde, para poder cumplir durante el fin de semana. 
No han llegado, claro está, pero seguramente pretenderán que las conteste cuando ya no disponga de tiempo o me venga fatal, y se soliviantarán si no los complazco cuando decidan ellos. 
Mercedes “se venga” inconsciente y discretamente: al entregarme los mails impresos, a veces añade algo a mano: “Este es un pesado”, o “Este es un grosero”, o bien “Este me da pena” o “Este es encantador”. 
No voy a negar que esas observaciones me influyen, aunque ella no las haga con esa intención, sino sólo con la de “comentar”.
 Sea como sea, más vale que quien quiera algo de mí, no haga caso omiso de sus palabras y la trate con exquisitez.

11 nov 2017

¿Cuál fue el mejor chiste de Chiquito de la Calzada? Publicado por Javier Bilbao

Imagen: Antena 3.
A Gregorio Esteban Sánchez Fernández le sobrevino la fama a una edad algo tardía, con sesenta y dos años, pero tal vez debió ser así.
 Para entonces ya tenía una larga trayectoria a sus espaldas como cantante flamenco, había vivido en Japón —un país donde «una barra de pan costaba como un empaste y un filete la entrada de un piso»— e incluso tuvo esporádicas intervenciones televisivas como en la serie Vacaciones en el mar
 Fue la suya una vida sujeta a influencias muy diversas, pero como el gran artista que era supo absorberlas todas para inventar algo nuevo que creó escuela.
 Su estilo era único, pero no inimitable, porque desde su conversión en una celebridad en el programa Genio y figura en 1994 millones de españoles repetíamos como posesos su peculiar idiolecto, entonación y andares.
 En sus intervenciones nos enseñó que en un chiste lo importante no era el desenlace sino la manera de contarlo y para ello parecía contar con recursos ilimitados, como si el talento no le cupiera en el cuerpo y se desbordara de forma incontrolada: se inventaba palabras o daba un nuevo significado a las ya existentes, arrancaba con un cante, recurría a la mímica o en mitad de un chiste se ponía a contar otro. 
Al final no sabíamos bien qué estaba contando pero daba igual.
 Su mirada vivaz y su acento malagueño apuntalaban el carisma de alguien que, aunque no pudiéramos conocerlo personalmente, sabíamos que era un hombre bueno.
 Ahora se nos ha ido, ya lo único que nos queda es solicitar a la RAE que incluya «fistro» en el diccionario y volver a disfrutar de sus mejores momentos.
 Voten su favorito o añadan el que deseen.

Muere el humorista Chiquito de la Calzada a los 85 años en Málaga

Cantaor durante medio siglo, Gregorio Sánchez logró enorme popularidad gracias a un programa de chistes en televisión.

Muere Chiquito de la Calzada.

 “Lo pasé muy mal”, había declarado. 

“Dormía con un cuchillo porque una vez me robaron la cartera, y era carísimo, una barra de pan costaba como un empaste”, contaba con la misma gracia que mostraba en los platós.

Sin embargo, tuvo que ser la televisión la que lo catapultó a la fama en Genio y figura
 Fue el productor y director Tomás Summers quien lo descubrió durante una comida en la que oía en otra mesa a alguien contando chistes sin parar. 
Chiquito de la Calzada protagonizaba divertidas interpretaciones en las que empalmaba un chiste tras otro mientras caminaba dando pasos largos y saltitos de un lado al otro del escenario.
Sus movimientos, sonidos guturales y juegos de palabras difíciles de entender atrapaban a los espectadores.
 Una vis cómica que estaba más en cómo contaba los chistes, alargados hasta el extremo. 
Los televidentes amaron aquel fenómeno trajeado, de cara simpática, calvo y con patillas largas, que derramaba un estilo entre lo surrealista y lo casposo.
 De inmediato le surgieron muchos imitadores, en público y en privado, incluido el rey Juan Carlos, como aseguró en una entrevista. 
Él admiraba a Cantinflas, del que le gustaba “cómo movía el culillo”, decía. 
En sus puestas en escena, Chiquito tiraba mucho de improvisación. Sus dichos y chascarrillos le venían a la mente mientras caminaba y hablaba solo por las mañanas en su casa del paseo marítimo de Málaga.
 Entonces anotaba en un pequeño cuaderno esas frases que le servían como arranques de sus gags. 

Meses después del pelotazo de Genio y figura, que en una emisión llegó a reunir cinco millones de espectadores, se lanzó un vídeo con sus mejores chistes que generó tres millones de euros en ventas.
 El showman Andreu Buenafuente subrayaba que, "pasado el momento friki, llegó el cariño y el respeto por Chiquito".
 Fue lo que suele calificarse un fenómeno sociológico, que él vivió como "una experiencia maravillosa", dijo.
 "Me ha dado en muy poco tiempo la fama que me negaron los escenarios en 50 años".
 

Pregonero

Al galope de aquella popularidad, Chiquito participó en programas de radio, fue pregonero en su ciudad y se multiplicó en galas y actuaciones en fiestas de pueblo y privadas.
 Más allá del escenario, Chiquito se colaba en cualquier reunión de amigos con ganas de juerga, en la que se contaban sus chistes:
 "Me he comido un solomillo más duro que el wonder bra de la Dama de Elche". 
Así, le llegó la oferta para hacer cine. 
En 1996, protagonizó la infumable pero exitosa Aquí llega Condemor, de Álvaro Sáenz de Heredia, ambientada en el Oeste. Con el mismo director repitió al año siguiente en Brácula: Condemor II y Papá Piquillo (1998). 
Después hizo cameos en Franky Banderas (2004), de José Luis García Sánchez, y El oro de Moscú (2003), de Jesús Bonilla; participó también en Torrente 5 (2014), de Santiago Segura, otro de sus seguidores.
Además de en programas de entretenimiento, en televisión se le pudo ver en las series Señor alcalde (1998), de Telecinco, y ¡Ala... Dina!, de TVE, emitida en 2000. 
Aunque, como curiosidad, su primera y brevísima presencia televisiva fue de palmero en un episodio de la popular serie estadounidense Vacaciones en el mar (The Love Boat), en 1985.
Chiquito, que ya llevaba años retirado, vivía solo y entristecido desde que, en marzo de 2012, había fallecido su esposa, Josefa García Gómez, con quien estuvo más de 50 años.
 "Pepita era mis pies y mis manos, lo era todo, lo perdí todo". El matrimonio no tuvo hijos.

El pasado 14 de octubre, fue ingresado en el Hospital Regional de Málaga, tras ser rescatado por los bomberos, que entraron en su casa, alertados por la familia, que no lo localizaba. 
El humorista estaba en el suelo sin poder moverse por una caída. Como no podía ser de otra forma, Chiquito se tomó con humor su percance.
 En una cuenta de Twitter atribuida al humorista, publicó que había tenido “una pequeña caidita de Roma, pero la cosa pinta bien”. Tras recibir el alta, recayó dos semanas después por una angina de pecho, hasta su fallecimiento, ocurrido este sábado.
 Con Chiquito de la Calzada y su humor blanco y popular se marcha un hombre para quien lo importante era "Haceles felices a ustedes!”.

“A candemor e narrr”

El humor de Chiquito de la Calzada se caracterizó, sobre todo, por el uso de frases y expresiones distorsionadas, muchas veces incomprensibles, con las que aderezaba sus larguísimos chistes. Estos son algunos ejemplos de su particular y surrealista lenguaje: “¡Pecador!”, “¿Te dah cuen?”, “¡Fistro!”, “Quietorr”, "¡No puedor, no puedor!", “¡No te digo trigo por no llamarte Rodrigo!”, “¡Duodeno sersuá!”, “Norrl”, “¡A candemor e narrr!”, “¡Cobarde!”, “¡Al ataquerrrr!”, “¡Me cago en tus muelas!”, “¡Jarl!”, “¡Hasta luego Lucasss!”, “¡Por la gloria de mi madre!”, “Eres más peligroso que un tiroteo en un ascensor”, “¡Es usted un torpedo!", “Trabaja menos que el sastre de Tarzán”, “¡Cuidadín, quietorl!” y “Se mueve uhté mah que los precioh!”.


10 nov 2017

"Muchos dicen que nos están haciendo las maletas para irnos"


"Muchos dicen que nos están haciendo las maletas para irnos"

Mila Ximénez

En el punto de Mila

"Muchos dicen que nos están haciendo las maletas para irnos"

Mila Ximénez
Mila Ximénez 

Detesto la poca disciplina que tengo con las promesas que me hago a mí misma.
Cada día que me pongo a escribir este blog, intento pasear por la actualidad vestida de indiferencia. 
Pero no puedo. El cuerpo siempre me pide que teclee para mojarme hasta el fondo de cualquier océano que esté dispuesto a tragarme. 

Ha sido una semana complicada en el programa y yo la he vivido con arañazos en mi caos emocional. 
Me aconsejan que vea las cosas con más lejanía. Pero ni quiero ni puedo.
 Me gusta ver la función en primera fila para no perderme ni un gesto. Aplaudir cuando me revuelven las emociones y reconocer el tedio en un texto aprendido desde la memoria hueca de un operario. Esta semana hemos levantado el telón de la auténtica función de ‘Salvame’.
 Un estreno sin ensayo y sin guión. De esto solo salen victoriosos los que sacan las entrañas al sol, aunque sean devoradas por los depredadores que siempre vuelan buscando el desmayo en la debilidad de su presa.
 Estos días he presenciado auténticos vahídos y reacciones de defensa donde han sacado armas de juguete.
 No ha sido una semana agradable. 
Pero sí, ha sido muy esclarecedora para descubrir los auténticos perfiles de compañeros que estaban refugiados en escondrijos de amparo.
 Algunos han sumado respeto. Otros han restado credibilidad. Siempre he sabido que el miedo te hace bailar con pasos torpes, y la coreografía de esta semana ha sido algo carnavalesca.
Muchos dicen que nos están haciendo las maletas para irnos. Es posible.
 Pero lo que también es cierto es que, a la hora de la despedida, algunos llevarán sus alforjas cargadas de experiencia y otros vacías de crecimiento personal.  
Mucho me temo que los cuchillos estarán en alto un tiempo para intentar abrirse paso.
 Pero mi experiencia me ha enseñado que la única forma de vencer en crisis es armarte de sonrisas y reconocerte en el triunfo.