Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

1 nov 2017

Isabel Sartorius y ¡César Alierta!, nueva pareja

Isabel Sartorius y ¡César Alierta!, nueva pareja


Pilar Eyre


Isabel Sartorius y ¡César Alierta! Los amigos de Zaragoza, donde su padre fue alcalde y tiene incluso una calle, no salen de su asombro: “En su vida solo ha habido una mujer, la suya… Sus últimos años fueron durísimos, porque tenía una enfermedad degenarativa y él la cuidó abnegadamente”.
Los presuntos nuevos novios se conocieron en un viaje solidario (atención, hermanas, una oenegé se revela como el mejor lugar para encontrar pareja), “porque César no va a fiestas, sus únicas devociones son el Real Zaragoza y el Papa”. 
Al papa Francisco lo conoce desde que fue cardenal en Buenos Aires, donde entablaron una estrecha amistad, “lo visita mensualmente, es su director espiritual y, como todo se lo consulta, seguro que le ha hablado de Isabel”. 
Y el Papa debe conocerla, porque sabemos por la prensa argentina que lee revistas del corazón por aquello de que “nada humano me es ajeno”. Holi, Papa.

Guardad para siempre las esteladas................Por Lluís Bassets

Esa enseña en sus diferentes versiones es una bandera imaginada para dividir y separar.

Esteladas en una concentración en favor de la independencia de Cataluña el pasado día 27.
Esteladas en una concentración en favor de la independencia de Cataluña el pasado día 27. REUTERS

 

Resetear..............................

Muchos no atisban a encontrar una salida del laberinto, cegados por el brillo de triunfadores vanos que confunden éxito con la aerodinámica de un modelo de deportivo.

Pablo Alborán en El Hormiguero el pasado mes de septiembre.
Pablo Alborán en El Hormiguero el pasado mes de septiembre. Cordon Press

 No importa que seas celebrity, celebrado o el último de la fila, a veces parar, pensar, volver a la esencia, se convierte en el único milagro posible para la vida que nos arrastra o nos imponen.

 Si Pablo Alborán —ese yerno que cualquier madre quisiera— famoso, halagado y vitoreado, hubo un momento en que no se encontraba a sí mismo, imaginemos qué pasa con el ejército de zombies que cada mañana se dirigen a un edificio de última generación, un taller o al penúltimo restaurante de moda, donde saben cuándo entran pero no cuándo salen. 

 Alborán tenía su piano, su guitarra y su genio creativo para chutarse pildorazos de poesía y ni así consiguió librarse del vacío que inocula la rapidez, tener por tener y vivir sin hacerlo.

Él lo supo reconocer, aunque fuera tras años de vorágine enredado en la fama y la falta de amor casero. 
Otros muchos no atisban a encontrar una salida del laberinto, cegados por el brillo de triunfadores vanos que confunden éxito y reconocimiento con la aerodinámica de un modelo de deportivo. Alborán volvió a ser Pablo al calor de su casa, de las risas con los suyos y de las miradas cómplices de quienes veían al hombre imperfecto y no al famoso irreprochable.
Hace falta coraje para alejar el miedo a elegir lo sencillo
. Qué importa que pocos entendieran a Pablo cuando buscó refugio en las raíces que hicieron de él el artista de las emociones. 
Como ocurre con la tecnología, resetear y reiniciar el equipo puede ser la salida para sortear el colapso.
 La vida no es siempre un camino recto. A veces se encuentra en los desvíos.
Hay que pensar que tres años de carrera musical y dos de vida sábatica, hacen que lo que gustó mucho se vaya olvidando y tu y tu y tu Pablo creo que te darás cuenta que eso no se puede hacer. Buscar el nido familiar porque te sientas desazonado por esas "cosas" de la vida que trae decepciones , esposible que si no empiezas ahora de forma distinta te diluyas como azúcar en el agua. No me gustó tu entrevista plañidera familiar, y las canciones si son como las de hace tres años aburren.....Ojala te vaya bonito!! este mundo no perdona.

 

ESP AME BRA CAT ENG Newsletter Suscríbete EL PAÍS BLOGS Mira que te lo tengo dicho Por JUAN CRUZ El ‘president’ desleído

Si persiste en decir que la España que hay merece el exilio, menosprecia gravemente esa palabra.

Carles Puigdemont, este martes en Bruselas.
Carles Puigdemont, este martes en Bruselas. REUTERS

Juan Marsé pintó en un relato suyo una figura, el escritor desleído, que se puede calcar ahora sobre los andares belgas del expresident Carles Puigdemont. 

El de Marsé era "un escritor de ficciones que durante 30 años se había negado a aparecer en televisión.

 Un día se deja convencer y es entrevistado. En la pantalla aparece un fantasma, y en la vida real también tiende a desaparecer". 

El president inició en Bruselas esa fuga hasta el desleimiento. Para correr hacia la desfigura utiliza armas increíbles, en sentido estricto. 

No huye de España, es que no se fía del juicio que viene. Además, dice desde la capital de Europa que aquí se pega.

 Para decir esto no es preciso viajar a Bruselas, basta con enviar una carta: "España me pega". 

Va con un mensaje por esos mundos: aquí se tortura, se persigue, y allí pide amparo.

 Un compañero de Marsé, Ángel González, tiene un poema que le vendría bien leer al president desleído: 

 "Para que yo me llame Ángel González,/ para que mi ser pese sobre el suelo,/ fue necesario un ancho espacio y un largo tiempo:/ hombres de todo el mar y toda tierra,/ fértiles vientres de mujer, y cuerpos/ y más cuerpos, fundiéndose incesantes/ en otro cuerpo nuevo".

Esa España es la que se ha ido haciendo, también sobre el suelo que ha pisado Puigdemont, hasta el momento mismo en que viajó a Bruselas y pretende desde allí ennegrecer el presente, perjudicando también el futuro.
 Pues si persiste en decir que la España que hay merece el exilio, su exilio, está menospreciando gravemente esa palabra digna y terminal, y triste, que fue el exilio que tuvieron otros protagonistas, algunos de los cuales, como Antonio Machado, pasaron por Cataluña o fueron muertos de hambre o de duelo o bien se hicieron, como escribe Jordi Soler, "rojos de ultramar".

Palabra tan grave el exilio, y ahora él se la pone en la solapa.
 De esa figura desleída se caen todas las palabras, pues él no las dice para que pesen, sino para convertirlas en parte de su sonrisa de perseguidor perseguido. 
Ahora está en Madrid Claudia Piñeiro, la escritora argentina de La viuda de los jueves, que ayer presentó un libro que quizá debió llevarse consigo el desleído viajante.
 Se titula Las maldiciones, va de la audacia de los políticos que vienen a salvar el mundo y se adornan de la ambición y del engaño, y contiene esta frase:
 "Alguien puede llegar a la política por muchos motivos.
 Unos más legítimos, otros menos.
 También por error, por desidia. O por no saber decir que no". Puigdemont se ha desleído condicionado por todas esas circunstancias. 
Y ahora es un transeúnte en busca de quien le escriba, incapaz de decir a tiempo no a su propia impostura.
 Claudia Piñeiro contó ayer lo que decía Raúl Alfonsín, presidente de Argentina tras la dictadura: al pueblo no hay que hacerlo sufrir con disyuntivas.
 Había que huir del plebiscito, buscar el consenso. Buscar el sí o el no deshace a los pueblos.
 De ese escenario es responsable Puigdemont, rompió en dos Cataluña. 
Y ahora duerme en Bélgica esa pena moral.
Y, finalmente, otro colega de Juan Marsé y Ángel González, José Manuel Caballero Bonald, le presta a esta columna esta frase sobre la madre de toda esta batalla: "El nacionalismo es un provincianismo sin pretensiones".
 Si se acostumbra a viajar quizá al president desleído le vuelva el color a la cara.