Si uno sigue la cuenta
de Instagram de Frances Bean Cobain sabrá que se ha pasado el verano
escuchando a Blur, que le fascina el escritor/artista de Penguin Harland
Miller y que se ha paseado por París esta semana junto a su madre,
Courtney Love para presencial el homenaje a Pierre Bergé en el desfile
de Saint Laurent. Ahora, gracias a People,
también podemos saber cuánto ingresa al mes la hija de Kurt Cobain a
sus 24 primaveras por la herencia de su padre. Según los documentos
relativos a su divorcio con Isaiah Silva, Frances Bean Cobain gana unos
100.000 dólares al mes (unos 85.000 euros) y de esa cifra, 95.000
dólares provienen de derechos publicitarios y otros 6.500 de dividendos. Su fortuna está valorada en unos 11,2 millones de dólares (unos 9
millones y medio de euros).
Varias publicaciones también indican que los gastos mensuales de la hija de los artistas pasa de los 200.000 dólares,
algo que ella misma desmintió vía Twitter, si bien no lo hizo con sus
ingresos: “Lo siento pero, ¿quién tiene el tiempo de gastarse 200.000
dólares al mes? Es jodidamente absurdo. Ninguna de las informaciones que
han aparecido en prensa son precisas”. El tuit ya no está disponible.
Puedes leer la noticia completa en People
No somos tan íntegros como el relato que ofrecemos de nuestra vida y obra.
La fallecida Celia Fuentes en una imagen de su Instagram.
De cría, rebuscaba en la basura por pura hambre de espíritu.
Entiéndaseme: en casa no faltaban ni el cocido ni el abrigo ni los
libros, pero, con cuatro bocas voraces y un solo sueldo magrísimo, el
resto de artículos, desde los refrescos de cola a la ropa pija a la
prensa rosa, eran considerados galguerías, despilfarros y cosas de
ricos. Así que una, letraherida y cotilla desde el útero, rapiñaba de la
calle tebeos, revistas cursis y calentorras, el BOE en verso. Cualquier
panfleto que hablara de la vida de los otros, en una especie de bulimia
sin más orden ni concierto que la delicadeza de estómago. En una de
estas, decía, hallé un botín fabuloso: un cerro de fotonovelas italianas
habitadas por mujeres y varones bellísimos haciendo que se cortejaban
en turbadoras imágenes hasta acabar saciados en el lecho. Qué vestales, qué galanes, qué sofocones, oye. Recuerdo a uno, Danilo Verde —ojos donde fondear en verano, pecho do hibernar sinedie, barbilla rota para coser a besos— que me parecía el colmo de la hermosura masculina y al que acabo de guglearsolo
para constatar que la vida nos lamina a todos. Incluso a aquellos
perfectos seres de aquellos perfectos romances de aquellos perfectos
fotorrelatos. Todo mentira, por supuesto.
El otro día, una chica guapísima cuyo oficio era parecer ideal en su
propia fotonovela, perdón, Instagram —a su vera, Danilo Verde era todo
piños y poros y pelos disparejos—, resolvió quitarse esa vida
maravillosa que llevaba cara a la galería aunque fuera mentira. No. No
somos tan íntegros como el relato que ofrecemos de nuestra vida y obra. Ni los alcaldes independentistas vara enhiesta encarando su misión
histórica. Ni Rajoy trotando frente al Obelisco ante su cumbre con el
emperador del mundo. Lo malo de según qué fotorrelatos es que sus
actores ni se casan ni se aman ni copulan. Los finales no siempre son
felices. A veces, incluso, son fatales.
Una película narra el desgarrador romance de la
actriz ganadora del Óscar, interpretada por Annette Bening, en sus
últimos años de vida.
La historia de una de las grandes musas del Hollywood de los 50 llega ahora a la pantalla.
Foto: Cordon Press
“Amor. Justo como en las películas”.
El eslogan publicitario que aparece en el primer cartel de la cinta Film Stars Don´t Die in Liverpool(Las estrellas de cine no se mueren en Liverpool) no deja lugar a la confusión.
Lo que se cuenta, o se aspira a contar, es lo que aquí definiríamos como “un romance de cine”. Tiene
todos los ingredientes clásicos del pastiche para mantenernos inmóviles
frente a la pantalla: la celebridad internacional y el anónimo
provinciano, la mujer mayor y el hombre joven, una enfermedad fatal…
Como tantas otras veces en la ficción, Gloria Grahame protagonizó en la
década de los 70 una historia que rompió tabúes, siendo recuperada
ahora por el director Paul McGuigan.
Otra diva contemporánea como
Annette Bening se pone en la piel de la ganadora del Óscar por Cautivos del mal
y, según la crítica, puede que este papel le otorgue por fin la
estatuilla que tanto se le resiste.
Si creías que Bette Davis y Joan
Crawford eran las únicas musas del blanco y negro que volverían a
brillar en la pantalla, sigue leyendo.
Gloria Grahame y su intérprete en la ficción, Annette Bening. Foto: Agencias
La de Grahame fue una carrera tan relevante como olvidada hoy en día.
Diva del Hollywood dorado, femme fatale por excelencia y musa, entre otros, del cineasta Nicholas Ray (Rebelde sin causa),
que también fue su esposo.
Uno de los cuatro que le pusieron un anillo
en el dedo, siendo el último su propio hijastro, Anthony Ray.
Su
magnetismo lo resumió como nadie el personaje que interpretaba Humphrey
Bogart, compañero de elenco en En un lugar solitario:
“Nací cuando ella me besó, morí el día que me abandonó y viví el tiempo que me amó”. La actriz construyó una carrera como respuesta contestataria a la ingenuidad de Marilyn
y, al igual que tantas otras antes y después, fue jubilada de forma
prematura por la dictadura sexista que sigue rigiendo la meca del cine.
Su última etapa profesional la pasó sobre las tablas, a medio camino
entre Los Ángeles (donde residían sus cuatro hijos) y Londres.
Allí
tenía como vecino a un actor de medio pelo, que a sus veintisiete años
de edad no conseguía triunfar.
“Sus movimientos eran rítmicos y
resbaladizos. Su voz distintiva y su rostro familiar.
Ella no vestía
ropa cara, solo su habitual camiseta y unos pantalones vaqueros.
Me
cautivó. Me deslumbró su estilo”, escribió Pete Turner, el vecino, en la biografía que da nombre a la película.
Gloria Grahame y Humphrey Bogart, pareja protagonista de ‘En un lugar solitario’. Foto: Getty
Era 1979 y las casi tres décadas de diferencia entre ambos no fueron
un obstáculo para que la improbable pareja, la estrella de Hollywood y
el amateur de Liverpool, se mantuviera como tal. Su “Glo” le descubrió
las bondades y lujos de las grandes urbes de Estados Unidos hasta que un
día, sin previo aviso, esta cortó todo contacto. Después de
varios meses en los que el aspirante a actor rehízo su vida, la
intérprete volvió a llamarle para confesarle que el motivo de la ruptura
era una importante enfermedad. No quería ser una carga. Sufría
un cáncer de mama con metástasis en el estómago que un doctor
negligente había empeorado causándole una infección al intentar
extraerle líquido del cuerpo. Grahame desoyó los consejos médicos y
rechazó cualquier tratamiento. Prefería pasar sus últimos días en otra
parte.
Gloria Grahame y Humphrey Bogart, pareja protagonista de ‘En un lugar solitario’. Foto: Getty
Turner acudió a la llamada de auxilio.
La recogió del hotel en el que
residía mientras ensayaba su última obra de teatro en Londres.
Volvió con ella a Liverpool, su ciudad natal, donde él y su familia se hicieron cargo de los cuidados.
Pero como anuncia el título, ese no es el lugar idóneo para enterrar a
una estrella de cine.
El que sería su último amor conocido avisó a los
hijos de esta para que la llevaran de vuelta a Estados Unidos.
Solo tres
horas después de que el avión comercial que transportaba a la actriz
tomara tierra en el aeropuerto JFK de Nueva York, Gloria Grahame
falleció.
La imagen de la actriz tras una audición fallida a
los inicios de su carrera vuelve a hacerse viral pese a que se demostró
que era falsa hace dos años.
La imagen no concuerda con la fecha real del casting de King Kong.
Foto: Facebook
Y desde hace un par de días, por iniciativa de una cuenta de un fan del artista Banksy (aunque muchos crean que es el auténtico, es un seguidor que acumula casi dos millones de followers
en Twitter), ha vuelto a extenderse por las redes el bulo de la foto de
Meryl Streep volviendo en metro de Nueva York en los 70 tras,
supuestamente, una audición en la que la rechazaron por ser “demasiado
fea” para actuar en King Kong.
El pie de foto la imagen, tomada de una cuenta de Facebook de seguidores
de Meryl L. Streep que se subió el 10 de noviembre de 2015 y que
supuestamente cita palabras textuales de la artista dice:
“Esta soy yo
volviendo a casa tras una audición para King Kong en la que me
dijeron que era demasiado ‘fea’ para el papel.
Fue un momento
trascendental para mí. Aquella malintencionada opinión podía haber roto
mis sueños de convertirme en actriz o forzarme a recomponerme y a creer
en mí misma.
Tomé aire y dije: ‘Siento que pienses que soy demasiado fea
para tu película pero la tuya es sólo una opinión entre miles. Hoy
tengo 18 nominaciones al Oscar”.
Pero ni la cuenta que lo firmó en su
día es de Meryl Streep, ni la imagen se corresponde con el día de la
supuesta audición, ni Meryl Streep ha dicho esa frase literalmente.
Tal y como explicó Anne Helen Petersen al desmentir el bulo en 2015, Streep explicó en enero de 2015 en The Graham Norton show una anécdota similar donde narró cómo antes de hacerse famosa intentó hacerse con el papel protagonista de King Kong, que consiguió finalmente Jessica Lange (aquí el vídeo). Era 1976, el hijo de Dino de Laurentiis había visto a Streep en un obra
de teatro y decidió presentársela a su padre, productor de King Kong,
para la película. Al verla entrar su despacho, según recuerda la propia
actriz en el vídeo, De Laurentiis (padre) dijo que era demasiado brutta (fea), a lo que ella contestó, también en italiano: “Siento no ser lo suficientemente guapa para estar en King Kong“. Ni las palabras coinciden ni la foto se tomó cuando volvía
del despacho de De Laurentiis. La imagen se tomó cinco años después de
incidente, en 1981. Es una instantánea tomada por Ted Thai y sí, ya había ganado un Oscar por Kramer contra Kramer. Por cierto, Streep ya no acumula 18 nominaciones. Son 20 y son tres oscars.