Junts pel Sí y la CUP han
modificado este mediodía el orden del día del pleno para incluir la
aprobación de la ley por vía de urgencia, lo que ha provocado la condena
unánime de la oposición y una escalada de tensión en el Parlament.
El
PSC ya ha anunciado que presentará un recurso de amparo ante el Tribunal
Constitucional porque entiende que se han vulnerado los derechos de sus
diputados.
La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría,
dará una rueda de prensa a las 14.15 horas para explicar la posición
del Gobierno.
Fuentas de Moncloa han explicado que el presidente del
Gobierno, Mariano Rajoy, solicitará al Tribunal Constitucional, a través
de un incidente de ejecución de sentencia, que ejecute
la sentencia que prohibe la celebración de un referéndum de
autodeterminación en Catalunya y que prohíba todos los pasos que dé hoy
el Parlamento de Cataluña para tramitar y aprobar la ley del referéndum.
Una bandera independentista, ayer en una calle de Barcelona.ALBERT GEA (reuters) /
Desde su título hasta su último artículo, la proposición de “ley del referéndum de autodeterminación” es ilegal, según el derecho internacional. No hay por dónde agarrarla. Incumple las resoluciones de la ONU que
proclaman el derecho de autodeterminación y amparan la secesión de los
países bajo dominación colonial o yugo extranjero. Pretende apelar a un
dictamen del Tribunal de la Haya que validó la independencia de Kosovo
porque eso era lo que permitía su Marco Constitucional —lo contrario de
lo que sucede en este caso— y lo que proponía Naciones Unidas. Y viola
todas las estipulaciones y recomendaciones sustantivas de la Comisión de
Venecia del Consejo de Europa, el organismo continental de referencia,
que asesora y enjuicia sobre reformas constitucionales y referendos. Se trata de una violación reiterada y sistemática. De la alfa a la omega. La violación Alfa es ya el artículo 1, que dice que la ley “regula la
celebración del referéndum de autodeterminación”. Desde el estándar
internacional, no puede hacerlo una ley ordinaria contraria al marco
constitucional y estatutario. Porque “el uso de los referendos debe
cumplir con el sistema legal en su totalidad”, y “en particular los
referendos no pueden celebrarse si la Constitución o una ley conforme a
esta no los estipula” (Código de Buenas Prácticas de Venecia, art.
III.1). Y los de secesión no están estipulados sino excluidos del
ordenamiento interno, como sucede en la mayoría de países desarrollados. La violación Omega es la supuesta entrada en vigor (disposición
última e inminente decreto de convocatoria), a menos de un mes del 1-O. Contraviene la norma de que “los aspectos fundamentales de la ley del
referéndum no deben poder ser reformados durante el año anterior al
referéndum” (Código, punto II, 2).
En medio, todo es antijurídico: la anticonstitucional atribución de
la soberanía al pueblo catalán (art. 3); el atentado a la jerarquía
normativa, pues la ley autoproclama que “prevalece jerárquicamente”
sobre el Estatut y la Constitución (art. 3.2); el carácter “vinculante”
del resultado (art. 1), pues si el recuento arroja más votos afirmativos
que negativos “implica la independencia” (art. 4.4), cuando los
referendos sobre asuntos trascendentes son consultivos (art. 92 de la
Constitución). Maltrata y retuerce el Código de Buenas Prácticas de
Venecia, que reclama que “debe estar claramente estipulado en la
Constitución o por la ley si los referendos son jurídicamente
vinculantes o consultivos” (Código, 53). La autoridad administrativa, o Sindicatura Electoral de Catalunya,
que controlaría el referéndum también es ilegal porque sus miembros se
elegirían “por mayoría absoluta” parlamentaria (art. 19 de la ley), que
son 69 escaños, en vez de por mayoría cualificada de dos tercios (90
escaños). Este último es el baremo mínimo para reformar el Estatut (art.
222) y para aprobar una ley electoral (art. 56), de la que Cataluña
carece por no haber logrado en cuatro décadas ese consenso.
Además, Venecia advierte contra esa práctica torticera de cambiar las
mayorías por la puerta de atrás: prescribe “evitar que los referendos
se usen para minar la legitimidad de las instituciones representativas”,
como el propio Parlament (Compilación de opiniones e informes,
10/3/2017, punto 15). Para lo que es imprescindible entablar “serias
negociaciones entre todos los actores” (Compilación, punto 25). Y
arremete contra el abuso de la mayoría simple: “Partidarios y opositores
de la propuesta sujeta a votación deben ser representados de manera
igualitaria en las comisiones electorales” que controlen a la autoridad
organizadora de la consulta (Código, punto II, 3.1.e). Para otros detalles habría que verificar el desarrollo de la ley. En
todo caso, Venecia advierte contra los censos electorales improvisados: “Deben ser permanentes” (Código, punto 1,2); establece que el Gobierno
debe comportarse, si no neutralmente, al menos evitando la “excesiva
campaña unilateral” (Compilación, 12); y ordena que “debe prohibirse el
uso de fondos públicos por parte de las autoridades con fines de
campaña” (Código 3,1). Queda el asunto de los quórums (de participación y de resultado
mínimo). El Código de Venecia los rechaza para las consultas normales.
Pero no para las de secesión (si son permitidas por la Constitución),
como la de Montenegro: amparó un quórum del 50% del censo y una mayoría
cualificada de votos afirmativos, de entre el 55% y el 65%, que al final
se fijó en el 55%. Así que no suena extraño que el presidente de la Comisión de Venecia,
Gianni Buquicchio, recordase al de la Generalitat, en carta del 2 de
junio, que su institución “enfatiza” la “necesidad de que cualquier
referéndum se lleve a cabo en pleno cumplimiento de la Constitución y de
la ley aplicable”, como el Estatut.
El autor describe las claves de su obra, que saldrá a la venta el 5 de septiembre.
Se titulaBerta Isla,
como la mujer que la protagoniza. A su lado —pero a menudo muy lejos de
ella—, su marido, Tomás Nevinson. De ahí que se trate "en cierto
sentido, de una novela sobre la espera", como explica el escritor Javier
Marías, en un vídeo promocional, sobre su nueva obra. Alfaguara publicará el libro el próximo 5 de septiembre.
Portada de 'Berta Isla'.ALFAGUARA
"Se podría decir que es una novela parcialmente de espías, aunque no
se deben esperar muchas aventurillas o misiones complicadas", asegura
Marías al principio de la grabación. El narrador explica que Nevinson
tiene padre británico y por tanto el inglés también es su lengua
materna. "Tomás está especialmente dotado para la imitación de acentos y
los idiomas. Durante parte de la novela se ausenta a menudo, se puede
pensar incluso que quizás ha muerto, no se sabe si vive o no. La novela
cuenta la espera de una posible Penelope", agrega el escritor. Marías retoma además una idea que ya anticipió en su anterior obra, Así empieza lo malo. "El mero hecho de nacer nos expone", lo resume el autor. "Simplemente
por estar en el mundo alguien nos ve, nos identifica y, según las dotes
que tengamos o el interés que suscitemos, se nos pueden pedir cosas, o
exigir, o intentar utilizarnos. El mero hecho de estar en el mundo es
una especie de peligro, y es lo que también le sucede a Tomás Nevinson:
siendo muy joven, se encuentra con que su vida entera depende de haber
sido divisado por los demás", añade Marías.
Javier Marias en la presentación de su última novela, 'Berta Isla'.Andrea Comas
Lo que empezó como una novela corta ha acabado en un libro
de 550 páginas, que ha consumido 631 días reales de escritura y que ha
dejado exhausto a su autor. Javier Marías (Madrid, 1951) ha presentado hoy en el Espacio Bertelsmann Berta Isla
(Alfaguara), su decimoquinta novela, instalado de nuevo en la sensación
de hasta aquí hemos llegado. La íntima convicción de que es la última. “Me parece milagroso haberla terminado. Tengo una manera de trabajar
lenta, hago una página, la corrijo, la reviso, la vuelvo a teclear así
hasta tres, cuatro o cinco veces y no sigo hasta que no está terminada. Siempre tengo la sensación de que no podrá leerse con fluidez”. Un fenómeno que se repite. “Siempre atravieso un periodo en el que
pienso que es imposible que vuelva a escribir hasta que luego ocurre
algo. Es un periodo transitorio en el que me pregunto cómo voy a hacer
otra cosa así. Me sorprende la gente que saca novelas con gran
desparpajo”. El proceso creativo de Marías tiene mucho que ver con las
maneras de un artesano, en la antítesis de la celeridad contemporánea. Escribe a máquina y corrige compulsivamente hasta dar por buena la
cuartilla. A cada una de las páginas de Berta Isla le ha dedicado más de
un día. “Algunos presentadores de televisión sacan novelas. No tengo
nada en contra de eso. En literatura todos hemos sido intrusos. Como
todo el mundo sabe leer y escribir, todo el mundo cree que puede
escribir una novela, mientras que no todo el mundo piensa que puede
dirigir una película o hacer una sinfonía. Las mías llevan muchísimo
trabajo y las encuentro difíciles”.
Marías acudió a la presentación arropado por el entusiasmo
de las críticas más madrugadoras, aunque sin ocultar su disconformidad
con el hecho de que se hayan publicado antes de la salida de la novela,
que ha llegado hoy a las librerías . Lo cierto es que José-Carlos Mainer la describe en Babelia como “una de las más complejas y atrevidas” del autor y José María Pozuelo Yvancos en Abc como “una obra maestra”. El título, según la directora de Alfaguara,
Pilar Reyes, ya ha sido vendido a 13 países. De sus obras anteriores,
que se han traducido a 44 lenguas, ha vendido más de ocho millones de
ejemplares, según la editorial.
En Berta Isla están temas recurrentes del escritor,
como el secretismo, el dilema moral, la espera incierta. “Trata también
sobre cómo el hecho de haber nacido es en parte una bendición, pero
también puede ser una maldición desde que uno es avistado por otros. Es
la historia de alguien, que tiene dotes para las lenguas y para los
acentos, que es divisado y reclutado para los servicios secretos”,
explicó. Para la operación de captación de Tomás Nevinson, su
coprotagonista, ha rescatado a Bertram Tupra, el agente creado para la
trilogía Tu rostro mañana (2002-2007), que reaparece como un
secundario catalizador en este retorno de Marías a las tinieblas
entrevistas de los servicios secretos británicos.
En la gestación de este libro pesaron varias lecturas (La mujer de Martin Guerre, de Janet Lewis, o El coronel Chabert, de Balzac,
entre otros) y el deseo de Javier Marías de indagar en “un tipo de
personas que se van, desaparecen, a veces reaparecen y a veces hay dudas
sobre su identidad”. Se adentra en ello de la mano de Berta Isla,
esposa de Nevinson, que se convierte en la voz de la reflexión, la duda,
una penélope forzosa que no sabe lo que es mejor no saber. Obligada a
convivir con la ocultación, el misterio y el temor que acecha su mundo
doméstico de la mano de quien había elegido como amorosa compañía, Berta
Isla ve cómo se desmorona la vida convencional para la que se había
preparado. “Hay en ella una gran evolución. Empieza a preguntarse sobre
la moralidad de aquello a lo que se dedica su marido”, apuntó Marías,
que opina que, pese a las actuales reivindicaciones de transparencia de
la sociedad actual, “se acepta que haya una zona oscura que ignoramos”. “En estos tiempos en que se protesta por todo, ha habido pocas protestas
porque a los terroristas de Cambrils se los hayan cargado sin más”,
agregó. El autor ubica su ficción en las décadas finales del siglo XX, entre
1969 y 1995, anteriores a la banalización que él observa en la sociedad
actual, sin distinción generacional. “El tipo de conflictos,
ambigüedades e intensidades que a mí me interesan son anteriores. La
gente ya no es tan así. En los noventa todavía tenía esa densidad, esa
sustancia, esa complejidad. Se ha producido un extraño fenómeno de
superficialidad. Tiene que ver con la prisa y la impaciencia. Como no
estoy dispuesto a escribir novelas bobas sobre tontunas de la vida
diaria, me sigo interesando por cosas que le interesaba a la gente en el
siglo XVII o XIX o en 1995”.