Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

27 jul 2017

La niña perdida en Pizarra murió por un accidente, según la principal hipótesis

La Guardia Civil cree que la pequeña se desorientó y que un tren le golpeó la cabeza.

Un guardia civil examina la zona en la que ha sido encontrada esta mañana el cuerpo de la niña Lucía Vivar, de tres años, desaparecida anoche.

La Guardia Civil cree que la menor desaparecida en la noche de este miércoles en la pequeña localidad de Pizarra (Málaga, 9.000 habitantes) murió de forma accidental. 

El cuerpo de la niña se ha encontrado después de las siete de la mañana sobre la vía del tren y a unos tres kilómetros de la explanada de la estación de Cercanías de Pizarra, lugar en el que la niña de tres años fue vista por última vez. 

"Un conductor de tren ha avisado de que había frenado porque había visto algo sobre la vía",  detallan fuentes cercanas al caso. El capitán Bernabé, jefe de la Guardia Civil de Coín, ha asegurado en declaraciones a TVE que el cuerpo presentaba un fuerte golpe en la cabeza.

 Aunque, según sus palabras, no hay cerrada ninguna vía de investigación, los investigadores barajan como principal hipótesis que la pequeña se desorientara, se quedara dormida junto a la vía y que un tren le haya golpeado en la cabeza de forma mortal. 

Los vecinos de Pizarra han buscado durante toda la noche a Lucía Vivar Hidalgo.
 Desapareció este miércoles por la noche cuando estaba cenando en un restaurante con sus padres.
 Llevaba puesto un vestido a rayas de Minnie.
 Según los testimonios de sus padres, la perdieron de vista en torno a las 23.20 e inmediatamente comenzaron a buscarla sin éxito.
El alcalde, Félix Lozano, ha explicado en la cadena Ser que la zona en la que se perdió de vista a la niña es "muy tranquila" y apenas hay circulación de vehículos.
 La población, situada a 33 kilómetros al noroeste de Málaga, ha activado un dispositivo de búsqueda de unas 600 personas en el que han colaborado más de 300 voluntarios de la población, bomberos y efectivos de la Guardia Civil, Policía Local y Protección Civil.
El centro de operaciones para coordinar el dispositivo de búsqueda se ha situado en la oficina de turismo de la localidad.
 El Ayuntamiento ha instalado a los padres de la niña en la primera planta de la Casa Consistorial. 
Ambos están recibiendo ayuda psicológica.

 

26 jul 2017

El grave drama familiar de Suso (GH16)

El exconcursante ha cancelado todos sus compromisos laborales debido a la complicada situación personal que está viviendo.

 Era Mila Ximénez la encargada de comunicar la noticia. Por un momento, la frenética maquinaria de Sálvame se detenía para enviarle un fuerte aplauso a Suso, exconcursante de GH16 y Supervivientes y colaborador de la cadena. 

Está pasando por uno de los momentos más duros de su vida”, anunciaba Mila ante la atenta mirada de sus compañeros. Rápidamente, las redes sociales se llenaban de preguntas...

Cuando digo que es un momento duro, es un momento muy duro”, matizaba Mila. 
Estoy aquí para lo que necesites. Espero que todo se arregle y ojalá no suceda lo que me has dicho que puede suceder. No te lo mereces”.
 La colaboradora, visiblemente afectada, pedía al público y a sus compañeros que le mandaran un fuerte aplauso tanto para el exconcursante como para su madre. “Lo que hay que intentar es ser positivos y tener esperanza”, apuntaba Terelu.
En cuanto saltó la noticia, las redes sociales se llenaron de mensajes de apoyo para el colaborador
De hecho, el propio Suso, unos días antes, ya había indicado que tenía que cancelar todos sus compromisos profesionales “por motivos personales”.
 Algo que no pasó desapercibido para sus miles de seguidores, que se mostraron muy preocupados por la situación del exsuperviviente y de su familia.
Pese a que, en un primer momento, los rumores apuntaron hacia la madre del colaborador, al parecer es el estado de salud de su hermana el que reviste gravedad.
 Así lo confirmaba la ex gran hermana Lucía Parreño desde su cuenta de twitter, por expresa petición del colaborador. “Para todos que preguntáis por Suso, de su parte deciros que su hermana está malita y que agradece cada mensaje de apoyo”. También Iván, recién llegado de la isla, aprovechaba las redes sociales para mandarle mucho ánimo.

 

Familia Caparrós: ¿y si todo fuera una enorme impostura?

No es por maldad

Familia Caparrós: ¿y si todo fuera una enorme impostura?

Pilar Eyre
No es por maldad

Familia Caparrós: ¿y si todo fuera una enorme impostura?

Pilar Eyre
Alonso Caparrós La boca seca, la mirada desquiciada, los tics, los gestos desaforados... 
Todo ese festival mímico mantiene al público pegado al televisor, dividido entre los que decimos pobre Alonso y los que decimos pobre padre.

Sí, pero...

¿Y si todo fuera una enorme impostura? ¿Y si la familia Caparrós, acuciada por sus problemas económicos, no se le hubiera ocurrido otra manera de salir adelante que escenificar esta tragedia shakespeariana en vivo y en directo? 
Me los imagino escribiendo el argumento, repartiendo los papeles, aprendiéndose sus textos... 
 Convenciendo luego a los productores de 'Sábado Deluxe', ensayando, nerviosos, en casa...
 

No saber y no ganar................................ Iñigo Domínguez

La colocación de Rajoy, no ante la ley, sino en un aparte, fue decisiva para que desdramatizara el momento y tomara la sala por un estudio de la tele.

 

Mariano Rajoy, declara en una esquina de la sala, junto al tribunal del juicio Gürtel. Foto: AFP. Vídeo: ATLAS
Mariano Rajoy ha apareció esta mañana en la sala del juicio Gürtel como uno de esos personajes joviales y atolondrados de Wodehouse que entran en el primer acto, se quedan mirando a todo el mundo y dicen: “¿A alguien le apetece una partidita de tenis?”. Decir que apareció no es una forma de hablar, es que nadie le vio llegar al edificio –entró por el garaje- y se personificó en una transmisión en directo.
 Le sentaron de cara a la sala, no al tribunal, entre unos y otros, de modo que, efectivamente, pasó la mañana mirando a izquierda y derecha, como en un partido de tenis.
 Esto le dio un aire de cierto despiste que le distrajo y le vino muy bien, porque el resto de acusados y testigos tienen delante al tribunal como si fuera el juicio final, se ven rodeados. 
 Inmersos en un asunto grave, en un lío de narices.
 Pero Rajoy casi llegaba a pasar en algunos momentos por uno más. Hoy, cuando había bronca, el testigo podía llegar casi a pensar que se olvidaban de él, como una lámpara colocada en una esquina
O un florero, que nunca se enteró de nada.
 Pero lo que allí estaba colocado era el presidente del Gobierno, que seguramente de adorno se sentiría razonablemente bien, como suele decir, en la política como en la vida.
 Es decir, la escenografía preparada cumplió su cometido: no estuvo ante la ley como los demás ciudadanos, él estaba en un aparte.

Rajoy, de todos modos, no iba a eso, a esconderse, porque se notó enseguida que quería despejar cualquier ambigüedad. Semánticamente, fue el rey de los adverbios contundentes: me acuerdo perfectamente, es absolutamente falso, nunca, jamás.
 Nada de no me consta y no me acuerdo, frases prohibidas para no perder puntos. 
Era un juego que se disputaba principalmente para la galería, y lo cierto es que, sin desdeñar al resto de España, al fondo de la sala había un público que resultó bastante participativo.
 Lo componían solo 16 personas, colocadas detrás de los 30 periodistas, pero llegaron y se fueron en grupo, casi como si se conocieran o vinieran del mismo casting, y uno hasta preguntó al final si por favor podía saludar al presidente.
 A armar lío precisamente no iban. Rajoy empezó serio y rígido, y hubo pronto altercados con el abogado de la acusación particular de ADADE, Mariano Benítez de Lugo, pero enseguida probó a soltar una bromita y funcionó: se oyeron carcajadas.

Todo fue obra de esa colocación estratégica y privilegiada, contra la que protestó el abogado de ADADE, que quería evitar también la foto habitual de los declarantes, con los acusados detrás.
 Ayer al final solo fue uno, Guillermo Ortega, exalcalde de Majadahonda, pero nunca se sabe.
 La imagen del presidente le retrataba en un encuadre neutro de maderas nobles, podía estar examinándose de una oposición. 
O en Saber y ganar. Y lo cierto es que a menudo se lo tomó así, recitaba de memoria y al acabar su respuesta, sonreía satisfecho, tamborileando con los dedos en la mesa, porque esa se la había sabido.
 En la visión que tenía España, y en las fotos, faltaban y faltarán su ceño fruncido cuando escuchaba, sus caras divertidas ajenas al escándalo y sus titubeos ante preguntas peligrosas: el montaje no le mostraba cuando intervenían otros. 

El abogado de ADADE, ligeramente consciente de su protagonismo histórico, interrogaba con un gesto clásico, las dos manos agarrándose la toga, como Gregory Peck de Atticus Finch en Matar a un ruiseñor.
 Pero Rajoy enseguida le perdió el miedo y hasta le soltó alguna ironía irreverente: “No sé si se ha confundido de testigo”.
 O: “No parece un razonamiento muy brillante”. 
Se relajó tanto y sonreía tan a destiempo que su tono en ocasiones sonó equivocado, llegó a chirriar con la gravedad de lo que estaba ocurriendo, un presidente del Gobierno español que se sentaba por primera vez ante un tribunal.
 Como si realmente quisiera convencer a los demás de que no sabía por qué estaba allí, siendo una ficción que ya dura demasiado, ocho años.
No convenció a nadie de nada, y a estas alturas probablemente ni lo pretenda, pero la verdad es que nunca le pillaron. 
Hasta se ventiló el delicado detalle del encuentro de despido con Bárcenas, cuando le dejaron coche, despacho y 719.000 euros sin trabajar, como una cosa menor que se habló “en la última parte de la reunión, en 30 segundos”.
 O sea, ya cuando se iban, una tontería camino del ascensor. “Bueno, nos pareció razonable”, dijo.
 Pero al final llegó uno de esos momentos suyos en los que se lía, para engrosar su top ten personal de YouTube, y le sale una frase absurda. 
No fue casualidad que ocurriera cuando le preguntaron por sus SMS con Luis Bárcenas, concretamente por qué quería decir cuando le escribió: “Luis, nada es fácil, pero hacemos lo que podemos”. 
“No tiene ningún significado ninguno”, respondió a la primera, despertando ya su talento innato para el retruécano.
 Y cuando le apretaron ya se le fue la pinza: “Significa lo que exactamente significa lo que significa hacemos lo que podemos”.

Rajoy pegaba la lengua al paladar, su tic más delator de nervios. Sabía que la estaba fastidiando y luego en las teles le sacarían solo eso.
 El silencio en la sala era total, solo se oía el tableteo veloz de los teclados de los periodistas. 
Pero enseguida llegó otra discusión de tribunal y las partes que le salvó del trance.
 Y justo entonces terminó el turno de los letrados de la acusación.
La fiscal apenas duró cinco minutos y el líder del PP supo que aquello estaba hecho.
A partir de entonces si le preguntaban alguna cosa que consideraba respondida abría los brazos con desmayo.
 Los interrogatorios ya bajaban a niveles de detalles que ni se molestaba en disimular que le parecían una chorrada. 
Lo último que le preguntaron era que si conocía a un señor que era nada menos que el segundo del ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón.
 Cuando se cumplían casi dos horas le dieron permiso para irse, se abrochó la chaqueta y se fue. 
Solo le queda por delante alguna reunión peñazo y algún acto institucional, y luego a leer el Marca en la playa en Sanxenxo.
 Al final hasta se lo pasó bien. Ni siquiera tuvo que ser fuerte.