Los partidos políticos han sellado este lunes un acuerdo histórico
con el que esperan convertir una de las mayores lacras del país en cosa
del pasado . El pacto de Estado contra la violencia de género busca que
las mujeres y sus hijos estén protegidas en todo momento, incluso desde
que su médico de cabecera identifique el más mínimo indicio de maltrato. La reunión de la subcomision para un pacto de Estado sobre Violencia de Genero.Jaime VillanuevaEn lo que va de año, 32 mujeres y seis menores han sido asesinados. Los maltratadores han dejado también 16 huérfanos de menos de 18 años. Los datos son peores que hace un año y clamaban por un acuerdo político que implique a todas las administraciones públicas
y a la sociedad. Los grupos políticos han dejado de un lado sus
diferencias para consensuar el primer gran acuerdo político de la
legislatura: 200 medidas que estarán dotadas con 1.000 millones de euros
para los primeros cinco años. El pacto alcanzado después de seis meses
de trabajo y 66 comparecencias de expertos, contempla medidas para
prevenir la violencia machista desde el colegio, ampliar la protección y
cambiar los criterios de acreditación de las víctimas para incluir a
aquellas que aún no han interpuesto denuncia y garantizar su seguridad y
la de sus hijos. Otorga también una prestación durante seis meses para
que puedan comenzar su nueva vida. El artículo primero del pacto es uno de los temas que más ha costado
cerrar, porque en él se recogen cuestiones conceptuales que condicionan
el pacto, como la definición de la violencia de género, que grupos como
Podemos han intentado extender sin éxito más allá del ambito de las
parejas o exparejas y a todo tipo de violencias contra las mujeres. De
acuerdo al conocido como Convenio de Estambul y que España ratificó en
2014, se considerará violencia contra la mujer la que implique daños o
sufrimientos de naturaleza física, sexual, psicológica o económica. El
pacto recoge también medidas proteger a las víctimas de trata y de
matrimonios forzados. Una de las medidas más demandadas que introduce el pacto es la
creación de protocolos en la atención primaria sanitaria y en las
urgencias para que los médicos contribuyan a detectar a posibles
víctimas cuando se produzcan los primeros abusos, como se hace ya en la Comunidad Valenciana. No una medida contra un hombre que degrade a una mujer hasta matarla...no. son 200 medidas para que un sin calificativo, porque todo el que quiera acabar contigo y tus hijos son asesinos, ni psicológicos ni físicos, te quieren matar y hacer daño donde ellos crean te pueda doler más, desde patadas en la cabeza, hasta lo que se pueda imaginar cuando una mujer va con un ojo amoratado y dice que se dió con una puerta. Una tremenda manifestación porque estamos en 2017 y cada dia se matan a más mujeres. Decir que la mujer se puede defender de una patada en el torax es una tontería. Pero vemos que mucho sufragismo , mucha lucha por la igualdad pero ahi te quedas, aislada y con verguenza de decirlo. !CHILLA!!! no te dejes atrapar en su tela de araña, desde el cristianismo no mató a Hipatia despellejándola y echando aceite hirviendo un obispo cristiano?. Pues ahí seguimos señores, y encima quién cuida de esos niños infelices que se quedan solos y con el horror en el cuerpo? No más muertes, no, antes que tú voy yo. o me dejas o te verás las caras con la justicia. Que parece que esa venda la tiene precisamente para no ver tanto horror. Prevenir y atajar la violencia contra la mujer a través de la educación
es otra de las prioridades del pacto. Con este objetivo, se reforzará y
ampliará en todos los niveles educativos el fomento de los valores
igualitarios y la prevención del machismo y conductas violentas, trabajando de forma especial con niños y varones adolescentes y se dará formación al profesorado. No hace falta formación ante algo tan poderoso. Condenemos, inmovilicemos y detengamos por toda la eternidad a quién mate a una mujer y a un niño. Débiles fisicamente pero fuertes mentalmente. A la calle que ya es hora de pasearnos a cuerpo.....se decía y quizás lo olvidemos....
Si en 1992 hubiera habido móviles y redes sociales, la
memoria de aquel año sería un aluvión de selfis de gente poniendo
morritos delante de la isla de la Cartuja en Sevilla y del Estadio
Olímpico en Barcelona, y de memes de Curro
y Cobi. En vez de eso, las fotos de esos fastos, vistas con nuestros
pobres ojos curados de espanto, tienen el glamour de la tinta de los
periódicos, el satinado de las revistas y los colorines de las recién
estrenadas teles privadas. Ahí está la familia real de entonces: el rey
Juan Carlos, la reina Sofía, el príncipe Felipe —imponente abanderado en el desfile de atletas—
y las infantas Elena y Cristina. Exultantes de juventud y majestad como
si no hubiera un mañana. Pero lo hubo, claro. Y a esas fotos y a esa
familia les ha pasado, como a todos, un cuarto de siglo por encima. Veinticinco años con sus bodas, divorcios, funerales, glorias y
miserias. Si en 1992 en España nos creímos el centro del mundo, el
mundo, el tiempo y las crisis nos han puesto en nuestro sitio.
El príncipe Felipe entra en el Estadio Olímpico de Barcelona como abanderado de España en los Juegos de 1992.Agustín Carbonell
El 20 de abril del 92 amaneció espléndido en Sevilla. En la radio, el número 1 de los 40, 20 de abril del 90, de Celtas Cortos, una historia de sueños rotos, no iba con el ambiente. Se inauguraba la Exposición Universal, el primer cohete de una traca que siguió el 25 de julio con los Juegos de Barcelona,
la capitalidad cultural de Madrid y el Museo Thyssen, entre otros
petardazos. España volvía a asombrar al globo. El muro de Berlín había
caído en 1989 y, mientras Occidente bregaba con la crisis del Golfo, el
viejo país ibérico, capaz de pasar de la dictadura a la monarquía
parlamentaria, un gobierno socialista y 17 comunidades autónomas,
dedicaba un ingente chorro de fondos públicos a epatar a propios y
extraños. El AVE Madrid-Sevilla. La autovía A-92. Puentes por un tubo. El Estadio Olímpico. El Palau Sant Jordi. La fachada marítima de
Barcelona. Y todo, cuesta creerlo, sin Internet que valiera. A cambio,
pasión colectiva. Ilusión de país. Legítimo orgullo de pueblo. El
arquero Rebollo inflamando el pebetero olímpico con su flecha en llamas. La Fura del Baus incendiando corazones sin más efecto
especial que la imaginación y el ensueño. La belleza de los pabellones y
el complejo microclima de la Expo, reducido en la caricatura popular a
una nube de rocío que se evaporaba antes de rozar las testas y, cuya
adaptación masiva arruina hoy los peinados del personal en terrazas de
todo pelaje.
La oferta enamoraba. En 1992, no se era nadie si no se iba a
la Expo y/o los Juegos. Así, vino Fidel Castro, Gorbachov, Mitterrand,
los sosazos de Carlos y Diana de Inglaterra y la totémica Carolina de
Mónaco, por no hablar de los héroes olímpicos, de Fermín Cacho a Carl
Lewis, que hicieron correr toneladas de papel sin más fallo que algún
duende de imprenta, según Joan Tarrida, director de publicaciones del
COOB 92 y hoy editor de Galaxia Gutenberg. Fuera, la fiesta iba por barrios, claro. Sofía Mazagatos, miss España
92, bautizaba la era del candelabro. Había trabajo a espuertas en los
sitios de los fastos. Los sueldos —y los alquileres y los menús y las
camas— triplicaban a los de ahora. Victorio y Lucchino no daban abasto a
vender trajes de volantes. Rocío Jurado e Imperio Argentina agotaban el
papel de Azabache, elevando la copla a los altares
intelectuales. Los toros eran cita obligada de afición y postureo. En
Barcelona, Toni Miró vestía a los modernos con cuellos Mao y chaquetas
desestructuradas, y Julio Iglesias llenaba el Palau Sant Jordi con el me
va, me va, me va, porque a la gente le iba. Atábamos los Cobis —el
perrito de Barcelona— con butifarra y los Curros —el pájaro de la Expo—
con chacina fina. Fuimos, o creímos ser, en fin, Amigos para siempre que cantaban Los Manolos. El año después, 1993, empezó la cuesta abajo con una crisis que iba a
quedarse en depresión poscoito con todo lo que nos quedaba por ver con
estos ojos. Las infantas se casaron. Elena en Sevilla, con un hidalgo
que acabaría siendo el primer divorcio de su casa. Cristina, en
Barcelona, con un medallista olímpico que iba a romper para siempre el
cuento de hadas. Al ir bajando la marea del despilfarro, empezó a
emerger la ponzoña de la corrupción y la indecencia. Poco a poco,
perdimos la inocencia, los nervios y los papeles. Con la convulsión del
11-M. Con la grieta de la depresión de 2007, de la que aún andamos agua
al cuello. Con la inmolación de Zapatero aceptando los recortes de la
UE. Con la eclosión del 15-M y los indignados. Con la abdicación del rey
Juan Carlos tras “la equivocación” de Botsuana. Con la deriva
separatista de muchos de quienes aclamaron al príncipe Felipe, hoy rey
de España. De la estampa feliz de 1992 queda el recuerdo. También el AVE, los puentes, las autopistas. La marca de Barcelona y Sevilla en el mapa global que las tiene hoy
tomadas por hordas de turistas que ocupan sus camas legales o ilegales,
“al 50%”, según la indignada comidilla del grupo de WhatsApp de Manuel
Otero, director del hotel Inglaterra de Sevilla y vocal de la patronal
de hoteleros españoles. Quedan los hijos de aquellos jóvenes, cobrando
la mitad que sus padres, si cobran. Quedan muchos padres, varados en
tierra de nadie a los 50. Quedan abuelos echando mano de la pensión para
paliar tanta caída. Y queda Felipe VI, un rey que tiene que ganarse el
puesto al día y a quien va a ver a palacio en vaqueros un tal Pablo
Iglesias junior. Ya nadie se acuerda del senior, cuyos nietos andan, por
cierto, a leñazos. Este 20 de abril del 2017, suena el número 1 de los 40, Súbeme la radio,
de Enrique Iglesias hijo. Los toros agonizan. ETA depone armas mientras
lobos islamistas arrollan a la multitud en cualquier plaza de Europa. El arquitecto sevillano Santiago Cirugeda, que casi perdió el curso de
tanta juerga, recuerda la Expo como un fiestón del que aún andamos
recogiendo la basura. Él mismo todavía coloca rampas de edificios de la
Cartuja en otros de Sant Boi, en un poético bucle del destino. Ahí
fuera, millenials y ancianos se acribillan a selfis en los
marcos incomparables de los fastos para subirlos a Facebook o Snaptchat.
El mundo es el mismo, pero es otro. Más grande, más pequeño. Poco
sentido tendría hoy una Expo Universal cuando se tiene el globo en la
palma de la mano, y Barcelona tiene el World Mobile cada año. El
sociólogo José Juan Toharia destaca nuestra capacidad de aguante. Hemos
resistido, resistimos y resistiremos, vaticina. Y nosotros que lo
veamos.
Fortificación circular situada en Schaffhausen, ciudad en la que se ha producido el ataque.DeAgostiniGetty ImagesCinco personas han resultado heridas tras sufrir un ataque de un
hombre con una motosierra, según ha informado la cadena británica BBC
citando fuentes policiales. Dos de las víctimas se encuentran graves. El
ataque se la producido en la ciudad de Schaffhaussen, de unos 34.000
habitantes y situada en el norte del país y muy cerca de la frontera
alemana.
Un portavoz policial ha informado en rueda de prensa de que las
alarmas han saltado a las 10.39 horas y hasta el momento no se ha
conseguido dar con el sospechoso, informa Europa Press. Las autoridades
han recomendado a la población que no se acerque a la zona de la
búsqueda. Según testigos, la policía tiene acordonado el casco histórico
de la ciudad. Según el periódico en alemán Blick, que cita al administrador
de un comercio, el hombre habría atacado a los transeúntes con la
herramienta. Los transeúntes y habitantes del barrio tuvieron que salir
de los comercios y las viviendas para que la policía pueda llevar a cabo
su trabajo, según agrega el periódico.
El fotógrafo Mario Testino firma el primer desnudo de la modelo para una revista cuatro meses después de ser madre.
Irina Shayk, fotografiada por Mario Testino para el número de agosto de la edición española de 'Vogue'.instagramIrina Shayk demostró el pasado mes de abril que su cuerpo se había recuperado a la velocidad de la luz cuando solo unas semanas después de nacer su primera hija posaba en una foto en bikini. Con una pose poco espontánea, la modelo compartía una imagen casera en su piscina de California,
en la que mostraba su vientre plano y acaparaba titulares. Tras esto, y
un mes después del nacimiento de su hija, la modelo rusa hacía su primera aparición pública en la alfombra roja del Festival de Cannes
con un espectacular vestido amarillo de Versace. Ahora, Irina Shayk ha
posado por primera vez desnuda, demostrado que ya no hay rastro de esa
barriga que trató de ocultar durante nueve meses con bolsas de la compra
y grandes bolsos. La modelo, que anunció su embarazo desfilando en ropa interior
en el mediático desfile de Victoria’s Secret del pasado noviembre en
París, es la protagonista de la portada de agosto de la edición española
de Vogue. Fotografiada por el reconocido Mario Testino,
en las páginas interiores de la revista la modelo, de 31 años, aparece
en una foto ataviada tan solo con un sombrero de ala ancha del diseñador
Eric Javits. Una sesión que es probable que se realizara el pasado 9 de
junio, cuando la modelo compartió una imagen junto al fotógrafo peruano en su Instagram.
Esta no es la primera sesión de fotos que protagoniza Shayk tras dar a
la luz. Poco después de su primera maternidad la modelo, pareja del
actor Bradley Cooper, volvía al trabajo. Así lo ha ido enseñando en su cuenta de Instagram,
en la que tiene 8,9 millones de seguidores y en la que ha compartido
imágenes de su trabajo para la nueva campaña de Bluemarine e
Intimissimi, firma de lencería de la que es embajadora. Irina Shayk y Bradley Cooper siempre han sido muy celosos de su intimidad. Sus apariciones en público se pueden contar con los dedos de una mano,
la modelo nunca comparte fotos con él en sus redes sociales y ninguno de
los dos habla sobre el otro a los periodistas. En ese sentido, la
pareja, que inició su relación en la primavera de 2015, ni siquiera ha
confirmado que el nombre de su hija sea Lea de Seine ni si la pequeña
nació a finales de marzo o a principios del mes de abril. “Ya me siento
lo suficientemente expuesta como modelo (asisto a muchísimos eventos,
desfiles, entrevistas...), así que mi ámbito privado espero que sea...
privado”, explica la modelo a la revista Vogue al respecto.