¡No estuvieron! ¡Nadie lo ha entendido! Los hermanos Rivera, Fran y Cayetano, no acudieron al entierro de su tía Paquita Rico en Sevilla, ciudad en la que viven, y, que se sepa, ni siquiera enviaron coronas, como sí hizo Isabel Pantoja,
por ejemplo. Paquita estuvo casada con Juan de la Palma, el hermano
mayor de Antonio Ordóñez, abuelo de los hermanos toreros, y era por
tanto tía suya. En su casa de Ronda, el Recreo San Cayetano, Antonio
tenía en lugar preferente la foto del hermano muerto cruzada con una
cinta negra, como se solía hacer en los pueblos. La esposa de Antonio,
Carmen Dominguín, me confesaba que Juan “se tiró por la ventana… nadie
entiende lo que pasó pero nosotros a Paquita la queremos mucho”. Sí, había unos niños [Fran y Cayetano] muy educados y de ojos tristes
y su madre, Carmina, la mujer más guapa del mundo, decía, “mamá, te los
dejo, que bajo a Marbella”. Todo esto ocurrió en el Pleistoceno.
El modista abrió su primera tienda en San Sebastián en 1917. Veinte años
después, en plena Guerra Civil, se marchaba a París con el objetivo de
triunfar. Este doble aniversario suscita tres grandes muestras en
Londres, París y Getaria, que indagan en un legado que alteró el rumbo
de la moda y en el misterio que sigue rodeando a su creador. LA HISTORIA DE Cristóbal Balenciaga
empieza y termina con una máquina de coser. A los 12 años aprendió a
utilizar la de su madre, Martina Eizaguirre, costurera de los marqueses
de Casa Torres . Su padre, marinero y alcalde del Partido Liberal de
Sagasta, portaestandarte del progresismo monárquico, solía transportar
en su barco a María Cristina y sus hijos durante el veraneo regio en la
costa vasca, favoreciendo la emergencia de un comercio de lujo para las
clases pudientes.
Su aventura creativa y empresarial comenzó hace exactamente un siglo, en
el número 2 de la calle de Vergara de San Sebastián, a pocos pasos de
la playa de la Concha. Veinte años después, en plena Guerra Civil,
Balenciaga se marchaba a París, donde no tardaría en triunfar con su
permanente investigación de formas y volúmenes. Este doble aniversario
sirve de excusa para volver a indagar en su legado. También en el
misterio que rodea al modista, un hombre parco en palabras y sobrio en
el vestir que no dejó escritos ni entrevistas (solo concedió dos al
final de su vida). Tres nuevas exposiciones cumplen ese cometido en
Londres, París y Getaria.
Varios diseños de la muestra organizada en París por el Palais Galliera. Balenciaga Archives Paris
En la localidad guipuzcoana que lo vio nacer en 1895, el Museo Balenciaga
expone los vestidos que el maestro creó para una de sus principales
clientas, la filántropa Rachel L. Mellon, amiga de los Kennedy y
diseñadora del jardín de rosas de la Casa Blanca. La muestra,
comisariada por un modista del calibre de Hubert de Givenchy, reúne 150
vestidos nunca expuestos hasta la fecha. “Soñaba con conocer a
Balenciaga desde mi infancia”, confiesa el modista, sentado en su
palacete dieciochesco en Saint-Germain, donde el tiempo parece haberse
detenido hace varias décadas. “Siendo un adolescente que pasaba sus días
y sus noches esbozando figurines, decidí coger el tren a escondidas
para ir a visitar al maestro y me presenté, con mis dibujos bajo el
brazo, en el salón de su tienda en la avenida de George V”, relata
Givenchy, que acaba de cumplir 90 años.
. Al llegar, se
encontró con mademoiselle Renée, que dirigía la sede de esta maison con mano de hierro.
“El señor
Balenciaga no está para nadie”, le respondió, indicándole el camino de
salida. El encuentro se terminó produciendo varios años después, durante
un cóctel neoyorquino.
“Pasamos horas hablando y me invitó a almorzar al día siguiente”,
recuerda. Estrecharon un lazo que nunca se rompió. Balenciaga se lo
enseñó todo. “Por ejemplo, a no hacer trampas con el tejido”, dice. Recuerda que solía hablarle de su infancia y del País Vasco, pero nunca
del régimen franquista. “No le gustaba hablar de política. Pero no le
caía bien Picasso”, insinúa a modo de pista. Givenchy también recuerda a un hombre “muy religioso”, al que no le gustaba nada la vida mundana, que rehuyó como la peste.
Vestido de inspiración flamenca de 1961. Cecil Beaton Studio Archive at Sotheby's
En París, las obras de Bourdelle, alumno aventajado de Rodin, se
confunden con los esculturales vestidos de Balenciaga. El museo que
lleva el nombre del primero ha expuesto durante toda la primavera un
centenar de vestidos de Balenciaga surgidos de los archivos de la firma y
de la colección del Palais Galliera, Museo de la Moda de París. El hilo
conductor de la muestra es el apego del modista por el color negro. En
sus pasillos también se observa el poderoso influjo que su responsable
sigue teniendo sobre la moda actual. “Balenciaga cuenta con dos sucesores. El primero es Azzedine Alaïa, uno
de los pocos que todavía saben hacer un patrón. Los modistas de hoy ya
no entienden lo que es eso”, afirma Olivier Saillard, director del
Palais Galliera durante el montaje de la muestra. Añade otro nombre:
“Rei Kawakubo, de Comme des Garçons, por su aspecto técnico y sus
siluetas sorprendentes. En realidad, todo creador que fabrique formas
disonantes puede ser considerado un heredero de Balenciaga”, explica
Saillard. Al otro lado del Sena, en el escaparate de la primera tienda que el
diseñador abrió en la capital francesa reluce el polémico bolso
trapezoidal ideado por el nuevo director creativo de Balenciaga, Demna
Gvasalia. Este enfant terrible georgiano, surgido del circuito
underground de París y al frente de la firma desde 2015, se habría
inspirado en la conocida bolsa azul que se vende por 50 céntimos en
Ikea, solo que convirtiéndola en producto de lujo y elevando su precio a
1.700 euros. ¿Qué hubiera pensado don Cristóbal de las ocurrencias de
su sucesor? “No le gustaría que alguien hiciera algo en su nombre,
porque no deseaba que la marca sobreviviera a su muerte”, afirma la
historiadora de la moda Miren Arzalluz, gran especialista en el
diseñador y antigua conservadora del Museo Balenciaga. “Pero Gvasalia no
le habría dado miedo. Balenciaga era un hombre mucho más moderno de lo
que se supone.
No le asustaría la audacia, porque él fue el más audaz de
todos”.
El tenista
habla por primera vez de su divorcio de Alba Carrillo con Bertín
Osborne, un programa emitido dos días antes de la final de
'Supervivientes' en la que participa la modelo.
El tenista Feliciano López.cordon pres
Esta semana habrían cumplido los dos años de matrimonio, pero hoy están
cada uno a su historia y, en cualquier caso, los dos en televisión.
Si
mañana Alba Carrillo puede convertirse en la ganadora del reality de Telecinco Supervivientes, anoche Feliciano López acaparó el prime time de la misma cadena como invitado a un programa especial de Bertín Osborne.
Y el tenista pareció sentirse como en casa, ya que por primera vez habló de su sonado divorcio
cuando no llevaba ni un año casado con la modelo.
Muchas expectativas
se crearon los días previos a la emisión de la que ha sido la primera
entrevista de Feliciano López,
y desde el minuto uno del programa se empezó a hablar de la modelo,
aunque pocas veces se dijo su nombre y hubo pocas declaraciones más
sobre el tema a las que ya había adelantado la cadena en anuncios del
programa.
Bertín Osborne y Feliciano López, en una imagen del programa 'Mi casa es la tuya'.Mediaset
“Yo
he intentado llevarlo [el divorcio] con la mayor discreción y
naturalidad posible. Para mí fue un palo… Todo el mundo se casa con una
ilusión y cuando ves que no funciona es una desilusión”, “Es muy difícil
para un tenista tener una relación porque viajamos muchísimo”, “los
tenistas no somos gente fácil, porque estamos acostumbrados desde
pequeños a hacer lo que queremos” o “[Alba Carrilo y su entorno] Han
llegado a decir que era homosexual” son algunas de las frases que
Feliciano López le dijo al presentador de Mi casa es la tuya, un programa que ha hecho un parón de sus vacaciones para emitir el especial de Feliciano López antes de la final de Supervivientes. Aunque ante esos comentarios, dijo el tenista, se ríe cuando tratan de
desprestigiarle en televisión. “Es la única manera de sobre llevarlas”.
Esta semana habrían cumplido los dos años de matrimonio,
pero hoy están cada uno a su historia y, en cualquier caso, los dos en
televisión. Si mañana Alba Carrillo puede convertirse en la ganadora del
reality de Telecinco Supervivientes, anoche Feliciano López acaparó el prime time de la misma cadena como invitado a un programa especial de Bertín Osborne. Y el tenista pareció sentirse como en casa, ya que por primera vez habló de su sonado divorcio
cuando no llevaba ni un año casado con la modelo. Muchas expectativas
se crearon los días previos a la emisión de la que ha sido la primera
entrevista de Feliciano López,
y desde el minuto uno del programa se empezó a hablar de la modelo,
aunque pocas veces se dijo su nombre y hubo pocas declaraciones más
sobre el tema a las que ya había adelantado la cadena en anuncios del
programa.
ampliar fotoBertín Osborne y Feliciano López, en una imagen del programa 'Mi casa es la tuya'.Mediaset
“Yo
he intentado llevarlo [el divorcio] con la mayor discreción y
naturalidad posible. Para mí fue un palo… Todo el mundo se casa con una
ilusión y cuando ves que no funciona es una desilusión”, “Es muy difícil
para un tenista tener una relación porque viajamos muchísimo”, “los
tenistas no somos gente fácil, porque estamos acostumbrados desde
pequeños a hacer lo que queremos” o “[Alba Carrilo y su entorno] Han
llegado a decir que era homosexual” son algunas de las frases que
Feliciano López le dijo al presentador de Mi casa es la tuya, un programa que ha hecho un parón de sus vacaciones para emitir el especial de Feliciano López antes de la final de Supervivientes.
Aunque ante esos comentarios, dijo el tenista, se ríe cuando tratan de
desprestigiarle en televisión. “Es la única manera de sobre llevarlas”.
Feliciano López y Alba Carrillo, el día de su boda, el 17 de julio de 2015, en Toledo.cordon press
“Yo tomé la decisión de separarnos, pero las cosas no iban bien. Era obvio que antes o después iba a pasar", de dijo Feliciano López
a Bertín Osborne. "Yo no puedo hablar mal de una persona con la que he
compartido la vida, no me parece ético. De alguien a quien has querido y
has compartido tanto… a mí no me sale hablar mal”, dice en un programa
que se grabó del 23 de mayo en su casa de Madrid. una impresionante casa
de tres pisos que compartió con Alba Carrillo
y el hijo de esta. En el programa Feliciano estuvo acompañado por su
madre, Belén, a quien necesitó para manejarse en la cocina y con unas
croquetas, y de su compañero de pista Marc López. Además, por el programa hablaron de recuerdos y le dedicaron elogios su
entrenador Pepo Clavet y los tenistas David Ferrer, Tommy Robledo y
Manolo Santana e incluso un par de fans le compararon con el David de
Miguel Ángel. El tenista, de 35 años, habló poco de cómo le afectó su separación y lo
que ha supuesto para él que este asunto haya sido tema de conversación
en televisión, con declaraciones y ataques en televisión tanto de su
exmujer como de su exsuegra. Él despachó el asunto diciendo que no suele
estar atento a estas cosas y que en cualquir caso lo más duro ha sido
que se haya atacado a sus familiares. “Soy fuerte. No presto mucha
atención, viajo mucho y mi profesión me ocupa mucho tiempo, lo que me
ayuda muchísimo”, aseguró a un Bertín Osborne que se notó a la legua que
estaba claramente al lado del tenista. Para muestra, el final del
programa: "No entrar al trapo significa poner la otra mejilla, y quien
dice mejilla dice carrillo [en un guiño al apellido de Alba]", se le
escuchó al también cantante mientras aparecía en pantalla la exclusiva
que la modelo dio a la revista ¡Hola! sobre su divorcio. Mientras, Alba Carrillo
sigue en Honduras ajena a las primeras declaraciones de su expareja,
aunque su estado de incomunicación se termina mañana a la par que
finaliza Supervivientes. Así que es más que probable que en breve la veamos por los platós de distintos programas de Mediaset comentando no solo su paso por la isla sino quizá las declaraciones de Feliciano López. Aunque según dijo anoche Feliciano, no cree que la polémica de su divorcio le haya perjudicado.
Habrá quien diga, "¿por qué no apagas la televisión y dejas de quejarte?". Existe esa opción.
Pero soy adicta a la televisión.
Me van a disculpar que, ya que estamos en verano, les hable en
primera persona. Va siendo hora de hacer una confesión: hola, me llamo
Natalia y soy adicta a la tele . Me temo que la cosa empezó a edad muy
temprana. Soy de la generación de Espinete. Cuentan que, después de la
guardería, veía una y otra vez los programas de Barrio Sésamo
que me grababa mi madre. También jugué en la calle, no crean (poco, pero
lo hice), pero la televisión tenía algo. Luego vinieron Los diminutos, Oliver y Benji, Pipi Calzaslargas, Heidi... Vamos, que eso de ser teleadicta me viene de lejos.
Ahora,
entre series de HBO y algún programa sesudo, con demasiada frecuencia
me encuentro preguntándome qué hago yo viendo esto.
Confieso que he
seguido Supervivientes
(no he visto todo, es imposible, no creo que nadie lo pueda hacer) y me
he descubierto hablando de José Luis, Alba o Laura como si fuera gente
conocida por todos.
Ver Supervivientes no aporta nada a la vida y, sin embargo, ahí ha estado, consumiendo horas y horas de mi tiempo.
Lo mismo que la serie Nashville. Porque no crean que solo los realities
cruzan la línea del placer culpable.
Con las series también asalta con
frecuencia esa terrible sensación de "otra hora de mi vida que he tirado
a la basura".
Este culebrón con música country perdió el rumbo
hace mucho tiempo, pero a algunos nos tiene todavía fieles a la cita
semana tras semana.
Imagino que es algo parecido a lo que sienten los
fieles a Anatomía de Grey, los que han terminado el revival de Prison Break o los que se han enganchado a Madres forzosas.
Lo mejor es aprovechar estas horas para planchar o revisar el correo a
la vez.
Porque cuando piensas fríamente la cantidad de tiempo que hemos
perdido... ¡Si incluso vi completa la resurrección de Héroes!
Ojo, que la pregunta de qué hago yo viendo esto también puede asaltar
con títulos de reconocido prestigio. Cada semana me pregunto lo mismo
mientras veo Twin Peaks. Pero esto es otro tema. Y muy espinoso. Habrá quien diga, "¿por qué no apagas la televisión y dejas de
quejarte?" Existe esa opción. Pero recuerden lo que he dicho: soy
adicta. Eso sí, el primer paso, el reconocimiento del problema, ya lo he
dado.