Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

2 jul 2017

Una foto hecha en Cádiz para ilustrar el falso asesinato de nueve niños en Acapulco


Un bulo sobre el hallazgo de los cadáveres de menores usa la imagen de una 'perfomance' de 2016.

Foto de la 'performance' organizada por Sara Cantos y José Sánchez Hachero y usada para difundir el bulo.
Foto de la 'performance' organizada por Sara Cantos y José Sánchez Hachero y usada para difundir el bulo.
“Los cuerpos tienen fuertes golpes en la cara y en sus extremidades, que son signos de que primero fueron maltratados hasta la muerte y posteriormente arrojados al mar”.
 Así comienza una falsa información sobre el hallazgo de nueve cadáveres de niños en una playa de Acapulco (México). 
El bulo, difundido desde principios de junio por varios portales mexicanos y compartido por lectores asustados en Facebook, está ilustrado con una fotografía que muestra supuestamente los cuerpos de algunos de los menores. 
Pero la imagen está descontextualizada: fue tomada un año antes en Cádiz para retratar una performance que denunciaba la muerte de miles de refugiados en su intento de cruzar el mar Mediterráneo para llegar a Europa.

La información, que ya ha sido desmentida y borrada de algunos medios que la habían publicado, pretende en todo momento pasar por cierta, tanto por los detalles que ofrece sobre el supuesto asesinato como por la referencia a organismos oficiales.
 Alude, por ejemplo, al “Servicio Médico Forense”, que, según el texto, se ha hecho cargo de los cuerpos. 
Describe, además, el estado en el que fueron hallados los cadáveres, especifica que se trataba de cinco niños y cuatro niñas y menciona que la principal hipótesis de la investigación es que los menores fueron secuestrados y sus familias no pagaron el dinero que les demandaban los raptores para el rescate.

Y para dar mayor realismo, el bulo incluye la supuesta fotografía del crimen. 
Pero la propia imagen esconde la primera pista que lleva a deducir que la información es falsa.
 El texto indica de forma expresa que “se prohibió totalmente acceder a la escena de los hechos”. ¿Y cómo obtuvo entonces el medio una foto de los cuerpos?
 La imagen carece de pie de foto y no se explica cómo se consiguió, si ha sido facilitada por las autoridades o si la filtró alguien cercano a la investigación.
La verdad es que la fotografía fue tomada el 6 de junio de 2016 en la playa de Santa María del Mar de Cádiz durante una perfomance que pretendía ilustrar la tragedia de los refugiados que pierden la vida en el Mediterráneo cuando intentan cruzar el mar para arribar a Europa.
 Los periodistas gaditanos Sara Cantos y José Sánchez Hachero, con la ayuda de 50 extras, intentaron recrear así la muerte de 117 migrantes que acaban de perder la vida en un naufragio y cuyos cuerpos habían aparecido en la costa de Libia. 

Sin embargo, más allá de la imagen, la mentira tiene otro elemento que la desenmascara: el ya manido recurso del miedo que emplean los bulos. 
 No solo describe con crudeza las atrocidades que sufrieron los niños, sino que en un intento de ser viral concluye con una petición de difusión de la supuesta noticia para proteger a otros menores:
 “Si su indignación es sincera, comparta esta información”.
 

 

 

La pinza quirúrgica............................. Juan José Millás

COLUMNISTAS-REDONDOS_JUANJOSEMILLAS
EN EL FONDO, a mí me parece que no nos gusta que nos den la razón. 
A quienes sufrimos de complejo de inferioridad, al menos, nos fastidia.
 Inseguros como estamos de nuestras opiniones, nos desa­sosiega que alguien venga a apoyarlas. 
Yo he pronunciado conferencias cuyo éxito me ha amargado la noche. 
Me recuerdo ahora en la cama de un hotel de una ciudad cualquiera, cubierto hasta la coronilla con la sábana, preguntándome adónde va la humanidad cuando aplaude las sandeces que se le ocurren a un tipo como yo.
Catalonia's regional President Carles Puigdemont poses with a pro-independence supporter with a Catalan Estelada flag outside the Palau de la Generalitat, the regional government headquarters, in Barcelona
Eso es un problema de ­autoestima.

—Lo que usted diga.
Pero vamos al grano: yo no sé si Puigdemont tiene complejo de inferioridad ni si, en caso afirmativo, está justificado.
 Ahora acaba de pronunciar un discurso para anunciar la convocatoria de un referéndum (de momento, ilegal) que se celebrará el 1 de octubre. 
Al dejar la tribuna desde la que se ha dirigido a la prensa y al público, se le ha acercado el señor que vemos a su izquierda portando una estelada.
 El señor se quiere fotografiar con él, a lo que Puigdemont, lógicamente, accede.
 Ahora bien, observen la falta de entusiasmo con la que sus dedos sostienen el borde de la bandera, como si, en lugar de una tela, se tratara de una víscera.
 Esos dedos actúan más como una pinza quirúrgica que como el extremo de una mano amorosa. Trasmiten la impresión de no querer comprometerse. 
Si a ello le añadimos una sonrisa de circunstancias, nos dan ganas de asegurar que al president le revienta que ese individuo haya venido a darle la razón.
 Con frecuencia, hace menos daño que te la quiten.

Últimas noticias del fin del mundo..........................Rosa Montero..

El apocalipsis que vivimos es el de un sistema político anquilosado que necesita renovarse por completo. Tenemos que refundar la democracia.
COLUMNISTAS-REDONDOS_ROSAMONTERO
SE DIRÍA QUE nos estamos acostumbrando a vivir en la antesala del fin del mundo.
 Después de un par de siglos de progresiva omnipotencia, de desarrollos científicos que nos infundieron la ilusión de que podíamos controlarlo todo y hacer de la existencia un lugar seguro, ahora resulta que esa misma tecnología parece haberse vuelto en nuestra contra.
¿Que el loco norcoreano y el no menos loco Trump se lían a bombazos nucleares y nos dejan el planeta para el arrastre? Podría ser.
 ¿Que, como vaticina Stephen Hawking, aparece en cualquier momento un virus resistente a los fármacos que diezma en un soplo letal a los humanos? No digo yo que no.
 ¿Que el calentamiento global, cada vez más acelerado y evidente, nos conduce a inundaciones, cataclismos climáticos, desplazamientos masivos, hambrunas y matanzas?
 Bueno, esto no sólo es posible sino probable, y además se diría que está sucediendo ya: expertos mundiales han señalado que la tragedia de Siria se ha visto fomentada por una inaudita sequía de siete años que hizo que centenares de miles de personas se desplazaran desde el campo hacia Damasco y Alepo, creando una situación de inestabilidad social que favoreció la radicalización y el estallido de la violencia. 

Por todos los santos, ¡si ni siquiera nos extrañaría mucho que un día, al salir de casa, se nos desplomaran encima de la cabeza los restos de un satélite artificial!
 En este mundo de postrimerías, del cielo ya no caen rayos, sino tuercas.
¿Sueno demagógica? Ojalá lo fuera, porque me temo que la realidad es aún más brutal
Y ahora, horror, el fuego, que siempre ha sido un símbolo apocalíptico. 
 En el lapso de tan sólo una semana ha habido dos incendios aterradores, dos tragedias imposibles que parecen sacadas de otra época: la carbonización de la torre Grenfell en Londres (79 muertos y decenas de heridos gravísimos) y el espantoso incendio rural en Pedrógão Grande, Portugal (64 cadáveres y 62 heridos por el momento).
 Los centenares de personas atrapadas en la torre aullaron durante horas, primero de terror y luego de sufrimiento al abrasarse: los vecinos los oyeron sin poder hacer nada (qué trauma insuperable). No sé si alguien pudo escuchar a las víctimas portuguesas, pero sin duda fue igual de dantesco: se calcinaron vivas.

Son dos dramas pavorosos, atroces, incomprensibles en el primer mundo, y se han dado a la vez. 
No sé bien cómo se ha llegado a esto en Portugal; mientras escribo el artículo, que tardará en publicarse, estamos aún en las primeras horas de la catástrofe y los heroicos bomberos siguen luchando;
primeras horas de la catástrofe y los heroicos bomberos siguen luchando; pero se trata, en cualquier caso, de una zona de modestas aldeas.
 De la torre Grenfell sabemos mucho más. 
Sabemos que sus inquilinos eran pobres en un barrio de ricos.
 Que sólo disponían de una salida y carecían de rociadores de agua. Que llevaban años denunciando la inseguridad del edificio pero nadie les hizo caso.
 Y que hace poco repintaron la torre para que no desmereciera en el entorno opulento y al parecer el contratista usó una pintura inflamable porque era dos euros por metro más barata. 
Supongo que, inconscientemente, todos pensaban que los vecinos de Grenfell ya tenían bastante suerte con vivir en ese barrio y que no debían ponerse tan pejigueras exigiendo mejoras.
 Quiero decir que es posible que los pobres se quemen más. ¿Sueno demagógica? 
 Ojalá lo fuera, porque me temo que la realidad es aún más brutal. Los estudios muestran que, en una misma ciudad, los pobres están más enfermos y tienen menor esperanza de vida, y lo peor es que este dato ni nos sorprende ni nos escandaliza.
 Y en el libro Incógnito, del neurocientífico David Eagleman, leí algo alucinante: los investigadores han hallado varios genes que parecen predisponer a la esquizofrenia, pero ninguno influye tanto como el color del pasaporte.
Y es que se ha demostrado que la tensión social de ser emigrante en un nuevo país es un factor fundamental para sufrir esta enfermedad: “Al parecer un repetido rechazo social perturba el funcionamiento normal de los sistemas de la dopamina”. 
La desigualdad y el maltrato social enloquecen, enferman y acaban quizá por abrasarte vivo.
 El verdadero apocalipsis que estamos viviendo es el de un sistema político anquilosado que necesita renovarse por completo.
 Tenemos que refundar la democracia.

Cuidado con lo diabólico..................................Javier Marías

Cada cual es responsable de las palabras que elige y emplea, aunque hay ocasiones en las que se deslizan expresiones que conllevan peligro.

Javier Marías
INSISTO MUCHO mucho en cuestiones de la lengua, y con razón me considerarán un pesado.
 Pero es que quien adultera y controla la lengua acaba por adulterar y controlar el pensamiento, y soy acérrimo defensor de la libertad de ambas cosas, la expresión y el pensamiento.
Creo que el riquísimo acervo del castellano debe estar, completo, a disposición de cada hablante, y que no ha lugar a vocablos prohibidos ni desterrados del Diccionario, como expliqué hace unas semanas. 
Cada cual es responsable de los términos que elige y emplea, lo cual nos brinda a todos inestimables pistas para saber con quiénes tratamos.
 Si un día se lograra imponer a toda la sociedad un habla neutra, descafeinada, “políticamente correcta”, habríamos perdido un elemento fundamental para orientarnos.
 Sin duda soy maniático en ese terreno, pero me va bien así, como creo que le iría a cualquiera: según el léxico y las imágenes de un autor, abandono su texto o lo sigo leyendo.
 Hace poco me encontré con una breve cita de un escritor, que decía en una necrológica de Chavela Vargas: “Sigue eterna bolereando la trizadura lésbica de su canto”. 
Seré injusto probablemente, pero semejante cursilería pseudopoética me disuadirá de acercarme a ninguna obra de ese escritor. 

También recuerdo haber exclamado “Vade retro!”, como el exorcista de la niña de El exorcista, al toparme con una columnista que, en su estreno, anunció que hablaría, entre otras cosas, “del tamaño de la aridez de nuestros corazones”. 
 “Santo cielo”, pensé, “no me pillará tan melodramática señora”. No me digan que no es útil que cada uno pueda decir lo que quiera abiertamente y sin cortapisas, porque lo que alguien dice y cómo lo dice nos proporciona una información valiosísima para huir o acercarnos, para aficionarnos o salir pitando.

Al introducirse con frivolidad esa frase en el habla, se está deslizando en nuestro pensamiento la mayor perversión imaginable de la justicia
Pero hay ocasiones en las que se deslizan subrepticiamente expresiones que conllevan peligro, porque acaban habituándonos a ideas falsas que pervierten o distorsionan la realidad gravemente. De manera insidiosa e imperceptible se cuelan en el habla coloquial, y por tanto en el pensamiento “normal”, siendo como son a veces aberraciones. 
El ejemplo más alarmante detectado es este, oído en las noticias recientemente: “El Real Madrid ha emitido un comunicado de apoyo a Cristiano Ronaldo, ante la acusación de fraude al fisco de que ha sido objeto. 
El club está seguro de que el jugador demostrará su inocencia”, algo así.
Ni de lejos es la primera vez que oigo o leo eso: la frase aparece en series, en películas, en la prensa, en el habla de la gente y hasta en boca de los detenidos, pese a tratarse de un imposible, en primer lugar, y, en segundo, de algo que no procede.
 Procedía, eso sí, durante la Guerra Civil y bajo la dictadura franquista, como ha procedido en todas las tiranías del pasado y aún procede en las del presente.
 Una persona era acusada, por ejemplo, de haber asesinado a un falangista durante la contienda.
 Esa acusación, aunque viniera de un particular (que a lo mejor quería librarse de un rival, o vengarse), se daba por verdadera y buena, y entonces le tocaba al acusado demostrar lo imposible: que era inocente. 
Eso nunca puede demostrarse, a menos que haya una manifiesta incompatibilidad geográfica o física: si el falangista había sido asesinado en Madrid, y el acusado se hallaba en Galicia en la fecha del crimen, no había caso. 

Pero si yo acuso mañana, qué sé yo, a la Ministra Báñez de haberse cargado con sus propias manos a un indigente en el Retiro, y la Ministra carece de coartada sólida, y mi acusación se da por verídica, la pobre Báñez, con todo su poder, no estaría capacitada para demostrar que no cometió ese homicidio.
 Al introducirse con frivolidad esa frase en el habla, se está deslizando en nuestro pensamiento la mayor perversión imaginable de la justicia, a saber: que corresponda al acusado probar algo, y no al acusador, que es a quien toca siempre demostrar que un reo es culpable. 
 Que la carga de la prueba recaiga en el acusado es lo que se ha llamado, con latinajo, probatio diabolica, algo propio de la Inquisición y nunca de los Estados de Derecho.
 Aquélla consideraba que si un reo confesaba, era evidentemente culpable; y si no lo hacía ni bajo tortura, también, porque significaba que el diablo le había dado fuerzas para aguantarla. Hace años me encontré con una versión moderna de ese “razonamiento”, en el caso de un librero juzgado por pederastia en Francia. 
“Lo propio de todo pederasta”, arguyó el juez, “es negar los cargos en primera instancia”. 
 “Y lo propio de los no pederastas también”, le escribí a ese juez. “¿O es que pretende usted que un inocente no niegue tamaña acusación, siendo falsa?”
 Soy contrario a prohibir nada, pero ruego a todo el mundo (periodistas, guionistas, escritores, locutores, abogados y hasta incriminados) que evite siempre la expresión “demostrar su inocencia”. 
Porque si no, poco a poco, acabaremos creyendo que eso es lo que nos toca hacer a todos y que además es factible. 
Y no lo es, es imposible.