Filóloga hispánica y traductora, esta neerlandesa se enamoró del cante y
el baile gracias al cine de Carlos Saura. Desde 2006, impulsa la Bienal
de Flamenco en su país. La cita ha congregado este año a 20.000
espectadores .T ODO EMPEZÓ con Carmen, la película de Carlos Saura que en 1983 mezcló flamenco y ópera en su versión del drama de Prosper Mérimée. A la holandesa Ernestina van de Noort le
conmovió e intrigó a partes iguales la reacción visceral provocada por
lo que califica de arte vivo contemporáneo. “Una danza y un cante que no
dejan indiferente a nadie porque engloban todas las contrariedades de
la vida: desde el abismo más profundo a la alegría total”. El flechazo
fue irresistible y añadió el zapateado al ballet y el jazz que ya
bailaba desde niña. “La cultura del flamenco me cambió la vida, pero si
algo he intentado desde entonces es huir de los tópicos. Es mucho más
que la bata de lunares, que me encanta, por otro lado. Es un arte
escénico serio, y para introducirlo en Holanda, donde solo se programaba
clásico, danza moderna o de otros continentes, he tenido que combatir
esos prejuicios. Conquistar, literalmente, a dueños de teatros,
patrocinadores y al público, claro”.
Van de Noort, junto a la cantaora Rocío Márquez, durante una prueba de sonido. MARC DRIESSENFundadora y directora desde 2006 de la Bienal de Flamenco de Holanda,
que en su sexta edición, clausurada hace un par de semanas, arroja la
cifra récord de 20.000 espectadores. Gente de todas las edades, muchos
de los cuales se sientan con una educada curiosidad y acaban ovacionando
en pie a la cantaora Rocío Márquez; las bailaoras Sara Cano, Rocío
Molina o Isabel Bayón; los guitarristas Pepe Habichuela, Joselito Acedo y
Rafael Riqueni; las palmas de José Manuel Ramos, Oruco, o bien
al instrumentalista Alfonso Aroca, que lleva los ritmos flamencos al
teclado. Ernestina los conoce a todos y no para. Los recibe, escucha y
sigue su trabajo a lo largo del año (“soy una maniática del control”,
dice) y no descansa hasta oír por fin el liberador clap, clap de los
aplausos. En La Haya, cuando Isabel Bayón descendió entre el público con
un leve zapateado, luego vertiginoso en el escenario, un patio de
butacas rebosante que no esperaba vanguardismo contuvo el aliento al
verla girar y girar con Dju-Dju, la coreografía de Israel
Galván. Fue estrenada en la última Bienal de Sevilla, donde resultó
polémica. “Incluso hubo críticos que pensaron que se desviaba del
flamenco clásico. Para mí, sin embargo, resulta apasionante cómo esa
ruptura de los cánones puristas mantiene la esencia del verdadero
flamenco. Por eso lo mezclo con músicos del norte de África, Oriente
Próximo y los Balcanes”. Sentada en el Zuiderstrandtheater, plantado en el distrito costero de La
Haya, Van de Noort atiende el teléfono, se viste de negro con un solo
adorno dorado en los zapatos “para no llamar la atención en un entorno
tan vistoso”, posa para las fotos y no puede sustraerse de las voces y
palmas que llegan del camerino contiguo. Dju-Dju está en pleno
ensayo. Si pudiera, se desdoblaría para atender a todos sus
interlocutores a la vez. La verdad es que nada hacía pensar que una
traductora de inglés y francés, licenciada luego en Filología Hispánica,
acabaría con tacones y citando al antropólogo francés Claude
Lévi-Strauss, y hasta al filósofo Friedrich Nietzsche, en sus peticiones
de fondos a sus compatriotas. “Puedes hablar del duende y recordar lo
bonitos que son los faralaes, pero hay que ponerse en el lugar del que
te financiará el espectáculo. Si solo escribo que el flamenco es
visceral, me quedo en el casillero de las músicas del mundo. Si
recuerdo a García Lorca y su mención a Goethe cuando, al hablar de
Paganini, llama al duende ‘un poder misterioso que todos sienten y que
ningún filósofo explica’, entonces, capto la atención del patrocinador”.
Van de Noort, en bicicleta con la cantaora Rocío Márquez, invitada a la Bienal de Flamenco de Holanda. MARC DRIESSENValdría la pena echar un vistazo a estas peticiones, porque, a estas
alturas, la lista de apoyos financieros ocupa una página entera del
programa y es transversal, en el sentido menos político del término. Desde el Fondo para el Arte, y la Bienal de Cello, de Ámsterdam, a los
diarios De Volkskrant y Het Parool, el Fondo Cultural
Príncipe Bernardo o la cadena NH de hoteles. Otros, como el Ministerio
de Cultura español, el Instituto Andaluz del Flamenco y la Embajada
española y el Instituto Cervantes en Holanda, pueden resultar obvios,
“pero para mí lo que cuenta es el conjunto”. “Entiendo el flamenco como
algo clásico y rompedor a la vez. Es un tópico, lo sé, pero el baile y
la música son algo más que una válvula de escape. Te hacen sentir humano
y combatir las penas, y me gustaría que el público percibiera esa
fuerza. Porque los holandeses están demasiado apegados a sus agendas y
hay que sacarlos de quicio y conmoverlos. Y el buen flamenco, y solo hay
bueno o malo, es catártico”. Poco antes del espectáculo, Isabel Bayón mueve un sombrero
amarillo sin perder el ritmo del taconeo. En realidad, al son de los
tacones, mientras el Niño de Elche y Francisco Contreras cantan. Desde
la tramoya del teatro, la escena roza lo mágico. Y la sonrisa de
Ernestina se convierte en un modelo de contención: si pudiera, se
arrancaría a bailar con ella.
La hija del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no solo se ha sentado en el sillón del Despacho Oval.
Jared Kushner y su esposa, Ivanka Trump,
caminando por el West Wing Colonnade tras una reunión entre el
presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministo de
Japón, Shinzo Abe, el 10 de febrero.
Donald Trump y su hija, Ivanka Trump, caminando por los jardines de la Casa Blanca para subir al Marine One, el 8 de febrero.
Clea Newman promociona la película 'Lo que de verdad importa', cuyos beneficios irán a parar a la fundación que creó su padre.
Clea Newman, hija menor de Paul Newman, durante la presentación de 'Lo que de verdad importa'. Marta JaraEL PAÍS
Tiene los ojos de su padre, subyugantes, hondos . Y, como su
padre, mira sin que se le haya empañado esa curiosidad infantil, ese
convencimiento de que una sola persona puede cambiar el mundo. Paul
Newman lo creía firmemente y hace casi treinta años fundó unos
campamentos para que los niños con enfermedades graves pudieran ser
niños, dormir en literas, revolcarse en el barro, mojarse cuando llueve o nadar
en la piscina, sin que nadie les hiciera sentir frágiles. Niños a pesar
del cáncer, a pesar de todo. Hoy es Clea, la benjamina de las hijas que
tuvo con la ganadora de un Oscar Joanne Woodward
—primera actriz con una estrella en el paseo de la fama—, quien se hace
cargo de la fundación Serious Fun, del legado que de verdad importaba a
Newman. “Era obstinado como un perro con un hueso y se rodeó de gente
más lista que él para que su ilusión se cumpliera”, sonríe Clea. Por eso
ayer por la mañana, San Valentín, se despidió de su marido apenas
después de levantarse de la cama y felicitarse el día de los enamorados. Habían pasado juntos dos jornadas en Toledo, comiendo y de visita, y él
continuaría como otro turista entre tantos en el Museo del Prado,
mientras Clea Newman acompañaba a Paco Arango en la presentación de Lo que de verdad importa. La película del cineasta mexicano es la primera concebida para no recuperar un solo euro,
para que, una vez cubiertos todos los gastos de producción y del caché
del reparto, los beneficios vayan a parar íntegros a la beneficencia. Está dedicada a la memoria de Paul Newman y, por tanto, los
fondos se destinarán a que su fundación pueda acoger a más y más niños
en los campamentos. Arango dice con orgullo que ha percibido como si
tocara el alma de Newman a través de su hija Clea.
Lo que de verdad importa,
que se estrenará este viernes en alrededor de 100 salas en España y que
aspira a colarse en México y EE UU, es una fábula vitalista sobre un
tipo, Alec (Olivier Jackson Cohen), cuya vida en Londres se vino abajo
tras la muerte por cáncer de su hermano gemelo y que, a la vez que una
segunda oportunidad en una aldea clavada en un paisaje de ensueño en
Nueva Escocia (Canadá), recibirá el don para sanar a los aquejados de
algún mal que lo rodean. “La causa de la película está muy ligada a la
historia”, comenta Arango. El fondo con la forma. Allí, la adolescente
enferma terminal que interpreta Kaitlyn Bernard sacudirá a Alec,
quebrará cuanto esperaba de sí mismo. El personaje se llamó Abigail en
honor a la hija de 18 años que perdió una mujer con que Arango se topó
en el rodaje. Cáncer. Antes de morir, Abigail dejó escrito un poema
titulado Just breathe (Respira) azuzando a exprimir cada
segundo, un perfecto resumen del mensaje que tan explícitamente quiere
mandar Arango: “Yo tengo fe, creo hasta en Harry Potter, y también, como
cristiano, en una vida después de esta; he intentado contar con el
corazón”. “Estamos tan bien como nos sintamos”, dice convencida Clea Newman, que
desgrana cómo su experiencia junto a los niños le ha llevado a pensar
que el poder de la mente, el deseo ferviente de mejorar y recuperarse es
tan importante para vencer a las peores enfermedades como la medicina. Está asustada, sin embargo. Hollywood anda revuelto contra Trump por el veto migratorio y por la cicatriz que supondría cerrarse a México con un muro. A ella le incomoda hablar de política, recuerda, dice, palabras de su
madre: “de quien no tengas nada bueno que decir, no digas nada”, pero le
reconcome que el único intento por llevar un sistema de salud
universal, público y gratuito a todos los estadounidenses, el conocido
como Obamacare,
vaya a derrumbarse sin remedio. “Millones de personas se quedarán sin
asistencia. Espero que todavía pueda meditarse largo y tendido antes de
una decisión tan crítica”. Solo cuando sopesa que esa posibilidad pueda
materializarse sus ojos se apagan. Solo duran un segundo, apagados.
Ay Paul, el hombre más guapo del mundo y muy bueno en su vida!!!
Su novela 'Corazón tan blanco' cumple 25 años. Y entonces yo la aborrecí como las siguientes, me reconcilió el que fuese amigo de A. Pérez Reverte y algún artículo, como el de los amigos que se van cuando los necesitas......
A Javier Marías (Madrid, 1951) le parece milagroso que un libro dure hoy tanto como dura ya Corazón tan blanco,
su novela más vendida, más conocida y el libro que supuso un giro en su
escritura. Apareció en Anagrama en 1992 y tuvo un inmediato éxito
internacional. Después publicó, entre otras, Negra espalda del tiempo (Alfaguara, 1995) y siguió por la senda marcada por Corazón tan blanco.
Sobre su mesa están su antigua máquina de escribir y los quinientos
folios que lleva de la novela que ha de entregar pronto a su editorial. Esta, Alfaguara, publica para conmemorar aquel éxito una edición
especial de Corazón tan blanco. Incluye ahí correspondencia (una carta de Juan Benet, que es especialmente significativa para el autor, su amigo, quizá su discípulo), pruebas, memorabilia
de un libro que no solo ha pasado a la historia de Marías, sino a la
propia historia de la literatura española de su generación.
Pregunta. ¿Cuando escribe un libro lo lleva consigo? Respuesta. Por suerte, nunca he sido un
escritor las 24 horas. Cuando escribo, trabajo como mucho cuatro o cinco
horas diarias. No me obsesiono. El resto del tiempo llevo vida normal;
soy tratable, no dejo que lo que estoy escribiendo invada el resto de mi
tiempo. Es verdad que cuando estás escribiendo un libro tienes un mundo
paralelo que te sirve de refugio para las épocas política y socialmente
malas como la actual. La literatura es también un refugio para el
escritor. Metido en ese mundo descansas. P. ¿Le ocurre siempre eso? R. Es difícil recordarlo. La primera novela
la escribí en 1970-71. Supongo que sí, casi siempre ha sido así. Ahora
vuelve a ser así y eso que soy de los que escribe con muy poco
convencimiento, con la sensación de que es una tontería, de que no va a
interesar a nadie. P. ¿Y a posteriori no tiene la certeza de que ha salido bien? R. No, es imposible. Ahora se celebran 25
años de la aparición del libro; 25 años son muchos, sobre todo en estos
tiempos en que las cosas cada vez duran menos. Es un libro que en todo
caso se sigue reeditando… Y eso, que siga vivo, ya me parece milagroso. Pero, en el momento de escribirlo, ¡uf!... Siempre digo que la idea de posteridad
pertenece al pasado, al siglo XIX. Hoy en día, no es que ya no se pueda
contar con la posteridad; es que no puedes contar siquiera que
cualquier cosa que hagas, libros, películas, vaya a durar más allá de
unos meses. Que este haya durado tanto no podía imaginarlo al
escribirlo. P. Las críticas eran avisos. R. Siempre las agradeces. Cuando se publicó
en Alemania en 1996 y se dispararon las ventas pensé incluso que podría
haber sido un malentendido, porque mis novelas ni siquiera son para el
gran público. Bienvenido sea el equívoco, pero lo veía así. P. Que adquiera nuevos lectores, aún ahora, significa que ha entrado en un periodo que convierte a los libros en clásicos… R. En el libro conmemorativo de esta
edición tan bonita que ha hecho Pilar Reyes aparece en la portada “25
años de un clásico contemporáneo”. No sé si es quizá un poco exagerado. Mis libros en inglés, en Penguin, aparecen en Modern Classics. Son etiquetas que se ponen… Es difícil que un libro siga teniendo
lectores 25 años más tarde. No he releído el libro. Si ahora releo un
fragmento de Tu rostro mañana, relativamente reciente, porque
el último volumen de los tres se publicó hace ya 10 años, también me
parece que está mejor que lo que escribo ahora. Por eso prefiero no
releer. P. En sus libros, sobre todo a partir de Corazón tan blanco, usted narra un drama, pero no es solo el narrador; parece que lo ve por dentro, que lo protagoniza. R. Yo no busco temas para las novelas;
suelo escribir sobre lo que a mí mismo me preocupa, me inquieta en mi
propia vida. En este libro conmemorativo se reproduce, entre otras, una
entrevista en la que cuento una broma con Benet. Juan me preguntaba de qué trataba mi novela y yo le contestaba que no
sabía muy bien. “¿Cien páginas y no sabes de qué se trata?”. Y ya se
convirtió en una broma: al tiempo me volvía a preguntar si ya sabía de
qué trataba. Hasta que yo le dije: “He llegado a la página 170 y ya creo
que voy sabiendo algo”. Hasta que no lo terminé no acabé de entenderlo. P. ¿Y de qué va? R.La verdad es que toca varios temas. Uno
de los principales es el secreto y su posible conveniencia, en contra de
la idea un poco generalizada de que todo sea transparente. La gente
quiere saber y basta con tener una sospecha de que algo se le oculta
para que tenga una necesidad o deseo de saber, de averiguar… Y ese tema,
junto con el de la persuasión, la instigación, la sospecha son temas
que han ido pasando a otros libros míos. Quizá sea este el libro que
haya tenido más ramificaciones. P. En la primera página hay un suceso. En
seguida, las palabras parecen más importantes que los hechos. Ese es
luego siempre su estilo. R. Fue un libro distinto, en el sentido de
que llegó a todo tipo de gente. Un lector más o menos cultivado y
exigente quedó complacido en general y un lector que a lo mejor no lo
era mucho, también. Lectores me dijeron que tenían la sensación de que
la voz que hablaba les estaba contando individualmente la historia a
ellos. La voz persuasiva es la que puede transmitir al lector la
sensación de que le están haciendo una confidencia.
P. Que adquiera nuevos lectores, aún ahora, significa que ha entrado en un periodo que convierte a los libros en clásicos… P. Es posible que la gente crea que eso que cuenta le pasó a Javier Marías… R. Es posible. Tengo este método de trabajo
tan raro desde antes de este libro. Lo mantengo en esta última novela,
que espero acabar en algo más de un mes. Improviso, cambio. Es un método
un tanto suicida, porque podría salir realmente fatal, pero también
encierra una sensación de que lo que se va diciendo es de verdad, no que
esté pensado desde antes. P. ¿Y qué le avisa de que todo eso está bien? R. ¡Ah, nada! ¡Nada me avisa! P. ¿El ritmo, quizá? R. No me avisa nada de que va bien o mal. Si me fiara de los avisos, no habría publicado seguramente ninguna de
mis novelas, porque mientras las escribo siempre tengo la sensación de
que va a ser una estupidez, de que habrá que podarla de arriba abajo
cuando la lea toda seguida al terminarla. Como en esta última, en la que
voy por la página 500. ¡Nunca he tenido la sensación de que lo que
escribo vaya bien! P. Dice que la opinión de Benet le era decisiva. ¿Por qué confiaba tanto en su criterio?
R. Lo respetaba mucho como escritor, como
lector. Era una época en la que los escritores se permitían opinar con
mayor libertad que hoy en día. Creo que cada vez tenemos menos libertad y
procuramos no decir cosas muy negativas de ningún contemporáneo. Él sí
lo hacía. Que en esas circunstancias me diera el nihil obstat para mí era mucho. P. ¿La situación actual en este país le tiene tan enfadado como parece en sus columnas de El País Semanal? R. ¡No siempre estoy enfadado! Parece que yo escriba tan solo los artículos enfadados. P. ¿Y cómo es su estado de ánimo ahora? R. No puede ser muy bueno para casi nadie
visto lo que está pasando no ya solo en España, sino en el mundo en
general. La elección de Trump, el Brexit y todo lo que ya sabemos es, en todo caso, un cataclismo. Es preocupante y muy deprimente.