Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

9 feb 2017

Inquietante extrañeza de David Lynch...................... Álex Vicente

Nicolas Bourriaud se adentra en Montpellier en los meandros de 'Mulholland Drive'.

'Field', del artista francomarroquí Hicham Berrada.
Teórico estrella y padre de la estética relacional, Nicolas Bourriaud formó parte del tándem que fundó el Palais de Tokyo, cuyas primeras muestras transformaron el paisaje del arte en París.
 Desde entonces han pasado 15 años y Bourriaud ha encontrado un nuevo refugio en Montpellier.
 Desde allí pilota La Panacée, nuevo centro de exposiciones que, junto a otro futuro museo que abrirá en 2019, aspira a colocar a la ciudad francesa en el mapa del arte contemporáneo.
Si hace una década su modelo era Berlín, erigida entonces en indiscutible place to be, Bourriaud parece inspirarse ahora en Los Ángeles, escogida prácticamente por unanimidad como nueva capital del arte.
 De manera lógica, sus primeras exposiciones indagan en la escena de la ciudad californiana: una monográfica dedicada a Tala Madani, iraní asentada en la Costa Oeste, y una muestra sobre la influencia de Mulholland Drive en el arte de los últimos tiempos.
La segunda exposición es la más estimulante.
 Recoge obras de artistas mayormente emergidos durante la década pasada, en quienes Bourriaud observa los mismos motivos y marcas de autor que contenía la inquietante película de David Lynch.
 Los 24 trabajos expuestos son un reflejo de la "inquietante extrañeza" sobre la que discurrió Freud, que emana de formas y objetos banales, pero con un enorme potencial enigmático.
 Por ejemplo, Dumpster (2014), del japonés Kaz Oshiro, también instalado en Los Ángeles, es un contenedor de basura que irrumpe en una sala oscura de geometría irregular, igual que las habitaciones que Naomi Watts exploraba, con un asombro beato y paleto, al descubrir su apartamento de estilo colonial en Hollywood.

Todos los artistas expuestos en la muestra admiten la influencia de ­Lynch. Wendy Jacob presenta volúmenes amorfos que respiran intermitentemente bajo una manta azul. Morgane Tschiember elabora cerámicas amordazadas y sometidas a algo parecido al bondage, y Rodrigo García propone una performance filmada que también indaga en el tema lynchiano de la monstruosidad que encierra lo cotidiano. 
También se inscribe en esa inquietud Max Hooper Schneider, estrella pujante de la escena angelina, que presenta un lavavajillas con vida propia al que ha titulado Cold War Dish­washer (2015). No hay un reflejo directo de la película, aunque sí los mismos enigmas irresolubles.
Para Bourriaud, estas obras ilustran una tendencia: una inesperada revivificación del surrealismo, al que muchos daban por enterrado. Este comisario tan adepto a adjetivar el arte lo ha rebautizado como "minimalismo fantástico". 
Los artistas de la muestra parecen buscar otros mundos que se esconden en este, pero su surrealismo tiene poco que ver con el que pregonó Breton.
 En un tiempo en el que el sueño ha quedado banalizado y agotado como objeto y como método, parecen recorrer al esoterismo y a eso que algunos denominan, con un vago sincretismo, como "energías".
Inspirada en el taoísmo, Jennifer Tee surte sus obras textiles de piedras mágicas, que remiten a la caja azul en la obra de Lynch. Ugo Rondinone dibuja círculos de colores que reinventan las mandalas budistas e hinduistas, cuya lenta y minuciosa realización parece invitar a la meditación trascendental. 
No queda muy claro qué persiguen estas prácticas, si no es la búsqueda de una identidad propia, igual que la amnésica Rita intentaba dar en la película, cual detective metafísica, con su auténtica personalidad.
 El conjunto resulta desdibujado y, a ratos, también frustrante. Exactamente igual que el modelo que lo inspira.
Retour sur Mulholland Drive. La Panacée. Montpellier. Hasta el 23 de abril.

 

¡A la hoguera!............................ Luz Sánchez-Mellado

¡Adónde vamos a llegar, hermanos! Villar no es la primera ni la última lapidada viva.

Esta feo que yo lo diga, pero tengo el verbo florido, el dedo rápido y la sangre caliente.
 Una combinación óptima para ciertos menesteres, no me quejo, pero letal para desenvolverse en las redes sociales.
 A ver, no soy nueva, hartita estoy de oír consejos para mantener un perfil sobrio, eficaz, eficiente, discreto.
 Pensárselo dos veces antes de lanzar tus sentencias al orbe, no alimentar a quien insulta y, sobre todo, ser consciente de que lo que sueltes por esas teclas quedará para los restos.
 Da lo mismo.
 En cuanto me siento atañida, entro al trapo como dicen que entraban los miura a la muleta.
 Cieguita perdida. Y, yendo o no a por lana, salgo en cueros. 
Pero bueno, habíamos quedado en que los periodistas no éramos noticia, salíamos con el neopreno puesto por si los esputos y las hostias nos iban en el sueldo.
 Hasta cierto punto.
A la colega Samanta Villar, reciente madre de mellizos, la han condenado a la hoguera algunas inquisidoras del Tribunal del Santo Oficio de las Madres Perfectas por afirmar que no es más feliz ahora que antes, que ha perdido calidad de vida y que, si llega a saber que ser madre era eso, igual se lo hubiera pensado más despacio.
 Horroris causa. ¿Qué será lo próximo? ¿Que diga que es mujer antes que madre y que a veces fantasea con devolver a sus niños por donde vinieron?
 ¡Adónde vamos a llegar, hermanos! Villar no es la primera ni la última lapidada viva.
 Hoy, cualquiera que disienta de la doctrina del otro, sea cual sea la doctrina y el otro, es llevado a la pira.
 Si fuera por debatir de todo y con todos, aunque fuese a cara de perro, perfecto.
 Pero me temo que casi siempre es para dejar su meadita en la cerca, lograr su nanosegundo de gloria, marcar su impronta en la tierra
. Lo dijo la otra tarde en la SER Francino, que no es porque sea uno de mis 10.000 jefes, pero a veces la clava, el jodío:
  “Estamos en el tiempo del yo, yo, yo y del ya, ya, ya”. Y, algunas, encima, vamos provocando.
 

 

8 feb 2017

Un documental revelará la "gran farsa" del divorcio de Angelina Jolie y Brad Pitt

El reputado documentalista Ian Halperin quiere dejar claro que “todo ha sido una gran farsa y un negocio” para la pareja de actores.

 Para demostrarlo, ya está buscando información para su nuevo trabajo, que promete generar ríos de tinta.

Foto: Brad Pitt y Angelina Jolie en un fotomontaje realizado en Vanitatis

Brad Pitt y Angelina Jolie en un fotomontaje realizado en Vanitatis

Las teorías de la conspiración siempre han sido una temática recurrente para los documentales.

 Desde los capítulos más oscuros del nazismo a la masonería, aquello que desconocemos suele ser el objetivo de los investigadores para dar forma a proyectos que traten de desvelar qué se nos oculta.

 Sin embargo, nunca habríamos imaginado que el leitmotiv de un nuevo documental fuese el divorcio de la pareja de oro de Hollywood, Angelina Jolie y Brad Pitt

La premisa desde la que parte el reputado documentalista Ian Halperin es clara: “Todo ha sido una gran farsa y un negocio”. Y para demostrarlo está dispuesto a filmar un documental en el que se recojan las evidencias de que su matrimonio no era tan idílico como han tratado de vender y que meses antes de anunciar su divorcio ambos ya hacían vidas por separado. Es aquí donde entrarían en escena las terceras personas, tanto para él -con Marion Cotillard o Selena Gomez- como para ella -con Jared Leto-.
Angelina Jolie y Brad Pitt en una imagen de archivo (Gtres)
Angelina Jolie y Brad Pitt en una imagen de archivo (Gtres)

 

 

Una ruptura que pilló a todos por sorpresa y que se convirtió en la noticia más relevante del cuché internacional del 2016.

Christian Mahé, el Cronos de la cosmética

Christian Mahé está al mando del centro de I+D de Chanel, un laboratorio donde ciencia y naturaleza se alían en la búsqueda de la fórmula capaz de parar el tiempo.
CHRISTIAN MAHÉ, vicepresidente sénior de investigación y tecnología de Chanel desde 2005, la decisión de dedicarse a la cosmética le vino dada por la propia naturaleza de esta industria. “La investigación de los productos de belleza te permite cubrir muchas áreas diferentes, ya que este mundo es un complejo ecosistema, resultado de enfoques multidisciplinares. 
Y yo, que soy bioquímico de formación, no me veía trabajando en un laboratorio toda mi vida”. 
Mahé es un francés de aspecto monocromático: americana, jersey de cachemir, pantalón de corte recto y mocasines, todo gris.
 Mahé está al frente del centro de I+D que tiene la firma en Pantin, un suburbio industrial parisiense. 
Más de 7.000 metros cuadrados, tres departamentos y más de 200 investigadores.
 Un gigante cosmético con la suficiente autonomía logística como para reportarle a la compañía el 55% de sus beneficios anuales, según la publicación Financial Review. 
“El Rolex de la belleza”, según lo califican los estudios de Euromonitor. 

“La cosmética es el resultado de una alquimia entre naturaleza y ciencia a la que se unen las emociones”, relata Mahé.
 Una tormenta perfecta a la que un reciente lanzamiento de la firma, el Blue Serum, acaba de sumarse.
 Este producto ejemplifica ese viraje a la holística en el que esta industria lleva ya inmersa, en palabras de Mahé, “unos 30 años”. 
No se trata tanto de una moda como de un cambio de paradigma. Sabemos que la piel es un reflejo de la sociedad.
 “Para la creación del Blue Serum, Chanel ha puesto sus miras en tres de las llamadas zonas azules del planeta (Costa Rica, Cerdeña y Grecia) para dar con los ingredientes que puedan replicar la longevidad de sus habitantes.
 
El resultado es un producto a base de extractos de café verde, hoja de olivo y lentisco.
 Desde la firma francesa lo llaman “cosmética verde hecha a medida”.
 Les ha costado un estudio bibliográfico y otro basado en los análisis clínicos de 133 mujeres. 
Todo unido a la aplicación de una nueva tecnología de extracción con la que obtener los polifenoles (antioxidantes) no del fruto, sino de la hoja del olivo. 
“En cosmética de alta gama pagas por el proceso de investigación y por su eficacia científicamente probada. 
Y pagas el talento de la gente que ha trabajado en su desarrollo.
 El verdadero lujo es hacer sencillo lo infinitamente complejo.
 Chanel no es una compañía con una política de patentes cuantitativa.
 No tenemos un número fijo que registrar al año. 
Nuestro acercamiento es cualitativo”.
 Su objetivo a la hora de trabajar con los proveedores, asegura, es el de conseguir un beneficio mutuo. 
“Por ejemplo, si estamos colaborando con una empresa química en un nuevo polímero (una sustancia química), nosotros investigamos y ellos manufacturan.
 La patente es suya, solo que nos lo dejan en exclusividad durante el tiempo necesario para que nosotros podamos lanzar un producto que lo contenga”.
CHANEL PARFUMS BEAUTE
 
 Denominan a su método de trabajo quimio-guidado.
 “Lo que hacemos es partir de una planta, consultar toda la literatura bioquímica que existe al respecto, identificar y enumerar los ingredientes que contiene y sus beneficios para distintas áreas: desde la medicina hasta la industria alimentaria; entonces, decidir si damos un paso más y hacemos nuestra propia extracción”.
 Es curioso el tiempo que se necesita para combatir, precisamente, los signos del envejecimiento.
 Mahé lo resume así: “El tiempo es el movimiento perpetuo del lujo.
 Y, efectivamente, es la esencia de esta industria. Una contradicción que no debe ser nunca resuelta”.
Chanel Pantin, ce mercredi 9 avril 2014(Photo Sandro Campardo)
Ingredientes activos de Chanel y proceso de purificación al que se somete una de las flores utilizadas. / CHANEL PARFUMS BEAUTÉ
 
 
 
 
 CHANEL PARFUMS BEAUTE