La
diseñadora lamenta haber pasado por el quirófano, por someterse a dietas
milagro y por vivir durante años subida a unos tacones.
La diseñadora Victoria Beckham. GTRES
Victoria Beckham durante muchos años ha presumido de físico y ha hecho de sus escuetas formas
una bandera -con una estatura de 1,63 metros, pesa solo 48 kilos-. Incluso las modelos que ha fichado para sus desfiles han sido criticadas
por su extrema delgadez. Ahora, cumplidos los 42, parece haber cambiado
de opinión. Se arrepiente de muchas de las cosas que ha hecho como
someterse a las llamadas dietas milagro y haber pasado por el quirófano
para lograr una determinada estética. Lo ha contado en un artículo
publicado en Vogue UK. en el que escribe a su otro yo. “Probablemente debería avisarte: no hagas tonterías con tus tetas. Lo he
negado durante muchos años, resultó una estupidez. Fue una señal de mi
inseguridad. Limítate a celebrar lo que ya tienes”, asegura en
referencia a la operación de pecho a la que se sometió en el pasado. Y añade: “Aprende a aceptar tus imperfecciones. Y deja que tu piel respire un poco,
ponte menos maquillaje. (¡Y no se te ocurra permitir que un maquillador
te afeite las cejas! Las consecuencias durarán toda una vida). Siempre
serás adicta a la laca de pelo, pero por favor trata de moderarte para
que no tengas ese aspecto de: ‘Hola, ¡acabo de salir de un túnel de
aire!’”. Además, aconseja no maquillarse en exceso de tal manera que
parezcas un "travesti".
Victoria Beckham subida a unos tacones. GTRES
También se arrepiente de vivir subida permanentemente en
unos enormes tacones, de hecho es ahora habitual verla con calzado
deportivo. A pesar de que Victoria Beckham asegura haber desarrollado
una cierta inmunidad a las críticas, admite que no termina de
acostumbrarse a vivir sometida al interés mediático que provoca su
físico. “Siempre te dolerá que la gente haga comentarios sobre tu peso,
seguirá molestándote sin importar la edad que tengas porque las mujeres
somos muy duras con nosotras mismas”, confiesa la ex spice girl. En su primer artículo publicado en septiembre, la diseñadora recordó cómo había conocido a su esposo. "Sí,
el amor a primera vista existe. Te sucedió en el bar donde se reunían
los jugadores del Manchester. Habías bebido un poco, así que los
detalles están borrosos", escribió Victoria Beckham. "Mientras que otros
futbolistas se dedicaban a beber con sus compañeros, David se quedaba
al lado de su familia", afirmó. Cuando David y Victoria se conocieron,
él no estaba todavía en el primer equipo, pero ella ya disfrutaba de
éxito y fama gracias a las Spice Girls. "Tiene una sonrisa muy bonita.
Él todavía conserva el billete de avión de Londres a Manchester donde lo escribió mi número de teléfono", recordó.
Web de la asociación de recogida de
donativos a nombre de Nadia. Vídeo: las últimas declaraciones de Alberto
Martín, abogado del padre de la niña.EFE
Alberto Martín, el abogado que ha llevado hasta ahora la defensa de los padres de Nadia
—la niña de 11 años cuya familia está siendo investigada por usar su
enfermedad para recaudar dinero— ha anunciado este jueves que dejará de
representar al progenitor Fernando Blanco después de que éste explique el juez el origen de las fotos "de carácter sexual" en las que aparece la menor.
En la declaración judicial prevista para mañana viernes, Blanco —en
prisión preventiva— será interrogado sobre las imágenes halladas en un pendrive
que han añadido a la investigación por estafa, indicios de "provocación
y explotación sexual" de la menor. A partir de esa declaración
judicial, el letrado se encargará, según sus palabras, únicamente la
representación de la madre, Margalida Grau. El titular del juzgado de instrucción 1 de La Seu d’Urgell (Lleida)
considera que el padre tiene presuntamente el papel principal en los
delitos que ahora investiga, pero quiere conocer también cuál es la
participación de la madre. El abogado ha asegurado que la pareja se
encuentra "absolutamente hundida" y que defiende que "nunca ha habido
las más mínima intencionalidad sucia en ningún acto de familia". Durante una entrevista en Antena 3, Alberto Martín
ha admitido la dificultad de seguir representando a los dos ante la
complejidad que va adquiriendo el caso y el "calibre de los argumentos
que hacen falta en una defensa". "Creemos que será lo más conveniente
para la niña ya que es la progenitora quien está con ella —Grau se
encuentra en libertad y tiene concedido un régimen de visitas vigilado— y
la que tiene más posibilidades de recuperar la patria potestad", ha
explicado el letrado. Alberto Martín ha incidido en que la decisión de dejar la
defensa no está relacionada con el nuevo rumbo que a tomado la
investigación al hallarse las fotografías de contenido sexual. "No
queremos que parezca que, justo ahora, que esto se complica, nosotros
damos un paso atrás, porque hemos hablado sobre la opción de que las
defensas sean independientes", defiende Martín. El abogado ha asegurado que los padres de la niña tienen la sensación de
que "alguien quiere destruirles sin saber cuál puede ser su
motivación". Según ha explicado, la pareja sostiene que "no se solían
grabar (manteniendo relaciones íntimas)" porque "nadie se graba
habitualmente", aunque el abogado ha añadido que "nunca se sabe si un
día, puntualmente, hace un tiempo cuando la niña tenía una edad física
de cinco o seis y mental de cuatro tuvieron ese punto de intimidad que
ellos sabrán explicar y contextualizar".
La
herencia millonaria del cantante ha destapado los secretos más ocultos
de su hermética vida privada.
Dos hijos desconocidos pelean por su parte
Juan Gabriel, durante un concierto en Los Ángeles en septiembre de 2014. JC OliveraGetty Images
Detrás de las vaporosas camisas, de los afilados pómulos y la sonrisa
enigmática, válida como única respuesta para cualquier pregunta
incómoda, estaba Alberto Aguilera Valadez. Al morirse Juan Gabriel, ha
resucitado el hombre. Y con él su vida más íntima y mejor guardada. La herencia millonaria
del ídolo de México y su guerra familiar han acabado ventilando parte
del misterio que lo hizo único. Alberto, que no Juan Gabriel, tuvo al
menos dos hijos secretos
con dos empleadas, que hoy salen a la luz dispuestos a recibir su parte
del pastel sucesorio y desvelan al mundo la cara más desconocida de su
padre. Desde que falleciera de un infarto
a los 66 años el pasado 28 de agosto no han dejado de crecerle hijos
nuevos. Luis Alberto Aguilera y Joao Gabriel Alberto Aguilera, de 26 y
23 años, dieron un paso al frente al conocer que estaban completamente
fuera del reconocimiento económico, pese a haber vivido a la sombra de
sus hermanos durante todo este tiempo. Se hicieron las pruebas de ADN a
través del hermano del artista, Pablo Aguilera, y se han erigido como
los nuevos herederos de la corona del Divo de Juárez. "Y más hijos que le van a salir", espeta Pablo en medio de la polémica. Los dos nuevos integrantes del intrincado árbol genealógico
del cantante llegan dispuestos a pelear por un testamento que reconoce
como únicos herederos a los hijos que tuvo el cantante con Laura Salas:
Iván (de 28 años), Joan (27), Hans (26) y Jean Gabriel (25). La fortuna
está valorada en (al menos) 30 millones de dólares, además de las
ganancias de 60 discos publicados y mansiones repartidas entre México y
Estados Unidos. Según el escrito, Iván es el principal beneficiado. La familia que formó con Salas tuvo siempre un lugar preferente en la vida de Juan Gabriel,
al menos de cara a la galería. El único fuera de la foto oficial era
hasta ahora Alberto Aguilera Jr., el primer adoptado del cantante. Por
eso cuando Joao y Luis Alberto reivindicaron su espacio en el tablero,
tanto los Salas como la opinión pública sospecharon que se trataba de un
montaje. Con las pruebas genéticas en la mano, la guerra por los
millones del artista, está servida. A la madre de Luis Alberto, Guadalupe González, le escribió: "Me
puedes ver aún después de que me vaya de este planeta, solo mírate al
espejo". González llegó muy joven a la mansión del artista para trabajar
en la cocina y se hizo íntima del cantante, tanto que un día le propuso
tener un hijo: "Me dijo: Guadalupe, ¿tú nunca has pensado en tener un
hijo?", explicó González en una entrevista por televisión. "Cuando se
dio el momento del acercamiento fue algo muy hermoso. Él me dijo: 'Mira
Guadalupe, yo no te di solo un hijo, te di mi esencia. Yo me prepare
física, mentalmente, espiritualmente para darte ese hijo, porque en él
te di mi esencia. Tienes que cuidarla muy bien'. Yo siento la esencia de
él en mi hijo", contó la madre al borde del llanto. A la madre de Joao, Consuelo Rosales—o Chelo, como él la llamaba— le
explicó que para él hacer un hijo era como una creación más, como la
creación musical. Con esa idea, le fue "regalando" hijos a sus amigas,
que además se dedicaban a lo mismo que su propia madre, que lo abandonó
muy pequeño en un orfanato. Ninguna ha declarado que se desentendiera de
los gastos o que fuera un mal padre y reconocen que cumplió lo que
prometió, sabían que no era un hombre de "ataduras", según apunta
Rosales en una entrevista a la cadena Univisión. Rosales remata en la misma entrevista que incluso los dos estuvieron
durante un tiempo buscando una niña. "Él la quería y, como no se la pude
dar, no descarto que se la haya dado a otra. Siempre conseguía lo que
se proponía", cuenta la madre de Joao a la cadena de televisión. Y poco
después de su muerte, una tal Gabriela Aguilera Gil, de Texas, señaló
que era la única hija mujer del cantante, sin embargo, la relación
genética no se ha comprobado todavía. "Juan Gabriel era uno y Alberto Aguilera era otro. Dos personajes
que manejó a la perfección. La ambigüedad sobre la preferencia sexual
de Juan Gabriel no coincide con los testimonios que ahora destapan las
madres de sus hijos secretos o por lo menos sorprende", cuenta Gilberto
Barrera, jefe de información de espectáculos de Televisa. Y añade: "Con
la muerte de Juan Gabriel, se empieza a conocer la parte de Alberto que
estaba oculta".
Juan Gabriel, que siempre sonreía
en lugar de responder a cuestiones comprometedoras como su posible
homosexualidad o la relación con sus hijos, ha desaparecido. Pero
Alberto, desde la tumba, se muestra más sincero que nunca. Lo que se ve,
no se pregunta.
El
psicólogo José Antonio Luengo advierte del peligro de facilitar todas
las comodidades y evitar todas las incertidumbres a los hijos.
José Antonio Luengo.
¿Los adolescentes de hoy en día son como los de antes? ¿Asistimos a
una nueva manera de enfocar ese cambio en la vida de todo ser humano? Muchas voces advierten, desde hace tiempo, que el exceso de protección
no es en absoluto beneficioso para los niños que crecerán sin saber
asumir responsabilidades. José Antonio Luengo, psicólogo experto en
adolescentes, reflexiona sobre cómo han cambiado los paradigmas
educativos desde hace tan solo tres décadas y cuáles son las
consecuencias. PREGUNTA: Para empezar, ¿qué es la adolescencia y qué etapas de la vida cubre? RESPUESTA: La adolescencia es una fase de
la vida, una etapa crucial del desarrollo, marcada por cambios
orgánicos, fisiológicos, cognitivos, psicológicos y emocionales notables
y muy significativos en la configuración definitiva de la personalidad;
esa que nos hace y hará alguien diferente de todos cuantos nos rodean.
Hablamos de un período que abarca, con flexibilidad, desde los 11-12
años a los 16-18, siempre dependiendo de factores personales,
individuales, sociales y culturales. El adolescente es un ser que, en
términos precisos, crece y aprende a crecer. La palabra,
etimológicamente, nos remite a ese principio: un ser que está creciendo. Con los conflictos, incertidumbres, dudas y sorpresas que ello
conlleva. Para el propio adolescente y su entorno. P: ¿Se diferencia en algo la adolescencia de ahora con respecto a la que los que ahora son padres, tuvieron? R: Existen diferencias y no son pocas. Pero, probablemente, tengamos muchas más cosas en común de las que
pensamos en la actualidad. La revolución hormonal y fisiológica que se
produce, los cambios físicos y psicológicos… La crisis inherente a un
cambio tan drástico y aparentemente inesperado. Las dudas, la ansiedad,
por saber, por ser. La impulsividad, la desproporción, el desequilibrio. Y cierta condición de rebeldía y oposición a lo establecido; por los
padres y el entorno. Nos diferencian cosas, claro. Relacionadas, sin
duda, por cómo vivimos, por cómo están hoy organizadas las cosas, a
diferencia de ayer. Influyen en esas diferencias el cómo vivimos los
adultos y cómo les hacemos vivir, las características de las familias de
hoy, cómo organizamos sus vidas, el papel que juegan las tecnologías, y
su fácil acceso a un mundo “inabarcable”…
P: España contempló una explosión económica sin
precedentes en los ochenta y noventa. Se sabe que las situaciones
económicas condicionan en buena parte la firma de educar. ¿Cree que los
jóvenes nacidos a partir de esa época han sido educados en una cultura
de poco esfuerzo y de tenerlo todo sin merecerlo solo porque sus padres
no lo tuvieron? R: Creo sinceramente que sí. Siempre se
simplifica al realizar una afirmación categórica, pero no faltan
evidencias de ello. Considerar que eres “mejor” padre o madre en función
de las posibilidades de acceso a lo material que tienen tus hijos,
evitar sus incertidumbres y “facilitarles” todo lo que tienen que vivir y
experimentar han sido (y aún lo son) principios educativos torpes y,
seguro, contraproducentes. Hay quien describió este fenómeno como una
forma de “OPA amigable” a la infancia. “Te compro” con todo lo que te
doy porque no tengo tiempo para estar contigo, para cuidarte,
escucharte, tenerte y educarte como debería… Y como necesitarías. P. Lo quiero/lo tengo y si no es así, entonces me
frustro, tengo traumas, me drogo, bebo, tengo relaciones sexuales muy
pronto y con muchas personas… ¿no será que nos hemos pasado de
permisivos? ¿Hay lugar para la esperanza?
R: Hoy surge un término muy interesante, el
de los padres “helicópteros”, en clara alusión a una manera de
gestionar la educación de los hijos, basada en la hiperprotección. Una
suerte de hiperpaternidad, que ve a los hijos como seres intocables,
que, al fin, acaban teniendo más miedos que nunca. Padres que
sobrevuelan sin tregua las vidas de sus hijos (de ahí lo de
helicóptero), pendientes de todos sus deseos y necesidades. El mundo
parece acabarse si tus hijos dudan, si aparecen frustraciones, desvelos. Si se entristecen o, un día, se enfadan con sus amigos. Involucrarse en
la vida los hijos es consustancial, por supuesto, a ejercicio adecuado
de la patria potestad. Otra cosa es la ofuscación por la perfección, por
la necesidad, casi obsesiva, de que sean los mejores, en todo. En todo. P: Hace sesenta años se educaba a base de cinturón y
ahora se educa cuidando no traumatizar al niño. ¿La virtud está en este
caso en el término medio? ¿Qué hemos ganado y perdido con respecto a la
generación de nuestros padres? R. Hablando de nuestro entorno social, el
de un país desarrollado, hemos de insistir en una idea. Nunca los niños
han estado tan bien “tratados” desde que nos reconocemos como seres
humanos. Nunca el ordenamiento jurídico que ampara los derechos de la
infancia y de la adolescencia ha adquirido tanto valor, rigor, seriedad,
criterio y eficiencia. El secreto, si es que existe, es educar desde el
equilibrio, atendiendo las necesidades de nuestros hijos con esmero. Y
esto supone, ineludiblemente, entender la frustración como una
experiencia imprescindible. Entender que el “no” también educa, que es
imprescindible el dolor, la insatisfacción, la duda, el conflicto. Que
es necesario que se enfrenten al no puedo o no sé, y saber afrontar las situaciones. Con autonomía.
P: ¿Estamos más perdidos ahora los padres que antes? R: A pesar de todo lo que sabemos y hemos
ido aprendiendo de educación, a pesar de que las condiciones de vida han
mejorado notablemente respecto a épocas pretéritas (siempre en términos
generales y sin obviar situaciones desfavorecidas que no deben ser
pasadas por alto), educar, hoy, es un proceso muy complejo. Influyen
muchos factores. Padres y madres sabemos con certeza que el mundo ha
cambiado y que nuestros hijos no precisamente van a mejorar las
condiciones de vida que nosotros, sus padres, hemos tenido o tenemos. Y
aparecen muchas más dudas. Y la obsesión, la preocupación porque no les
falte de nada, que sean los mejores, competitivos… Y pueden perderse ciertos papeles en este proceso. Las condiciones de vida han hecho, también, que tengamos menos hijos. Y
se pierden cosas. Los hermanos cubrían, y cubren, una parte sustancial
de la experiencia de crecer en compañía. P:
La falta de compromiso es una de las características de la adolescencia
pero es que ahora dura pasados los 18 y eso tiene que tener un porqué.
¿Sabría decirme cuál? R: Soy de los que piensan que, a pesar de
las circunstancias expuestas, tenemos los mejores adolescentes y jóvenes
de toda nuestra historia. Pero no les ayudamos con principios y
criterios educativos de hiperprotección. Muy al contrario. Acondicionar
su vida desde la inacabable comodidad no es el camino. Nos estamos
engañando. Crecer significa afrontar, caerse, saber levantarse, ayudar a
quien dobla la rodilla a tu lado; a quien lo está pasando mal. Crecer
significa, también, llorar y saber secarse las lágrimas. Y seguir. Crecer significa esforzarse, y tener disciplina. Automotivarse en cada
tarea, en cada momento. Estos son, querámoslo o no, principios
esenciales del manual del buen padre, del buen educador. ¿Pero es que no
nos damos cuenta?
José Antonio Luengo, es Psicólogo educativo,
vicesecretario del Colegio de Psicólogos de Madrid. Profesor de la
Facultad de Educación de la Universidad Camilo José Cela de Madrid.