Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

9 ene 2017

Los libros que hay que leer en 2017...................... Javier Rodríguez Marcos

El centenario de la Revolución rusa y la Transición española protagonizan los títulos literarios del año.

Lenin, en un mitin en la Plaza Roja de Moscú, en 1918. CORDON PRESS
De todo empieza a hacer ya cien años.
 Por ejemplo, de la revolución bolchevique, que formateó política y geográficamente el mundo hasta el punto de que algunos historiadores hablan del “corto siglo XX” para subrayar que la centuria pasada no duró diez décadas completas, sino que empezó en 1917 y terminó en 1991, el tiempo que duró la Unión Soviética. Aunque las turbulencias en Oriente Próximo matizan ese subrayado y demuestran que seguimos pagando la factura de la Primera Guerra Mundial, las librerías se llenarán este año de títulos relacionados con la sustitución de la Santa Rusia por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. 
  Así, a la reciente recuperación de La revolución rusa (Debate), un exhaustivo panorama convertido en clásico desde que el historiador estadounidense de origen polaco Richard Pipes lo publicó en 1990, se le sumarán títulos como Cartas desde la revolución bolchevique (Turner), de Jacques Sadoul, o El tren de Lenin (Crítica), en el que Catherine Merridale relata el viaje de Vladímir Ilich Ulíanov de Zúrich a la Estación Finlandia (San Petersburgo) en un tren fletado por el Gobierno alemán, que confiaba en que el líder rojo sacara a Rusia de la Gran Guerra.
Para los que no se atrevan con las mil páginas de Pipes, Galaxia Gutenberg y Crítica publicarán sendos estudios divulgativos firmados, respectivamente, por Mira Milosevic —Breve historia de la revolución rusa— y Julián Casanova —La venganza de los siervos—. 
Para los que quieran una visión más panorámica aún —y desde la otra orilla ideológica del conservador Pipes—, la propia Crítica publica el mes que viene El siglo de la revolución. Una historia del mundo de 1914 a 2017, del historiador y maestro de historiadores Josep Fontana.
Pero igual que la influencia de la URSS se extendía más allá de la tópica estepa rusa, el comunismo como género literario está plagado de subgéneros de ficción y de no ficción.
 Por el lado de esta última, los historiadores Carme Molinero y Pere Ysàs publican este mes De la hegemonía a la autodestrucción (Crítica), una historia del Partido Comunista de España entre 1956 y 1982 que explica cómo la principal fuerza del antifranquismo desembocó en la irrelevancia con la democracia.
 Por el lado de la narrativa, la poeta yperiodista Aroa Moreno debuta en la novela con La hija del comunista (Caballo de Troya), un retrato de emigrantes españoles en la República Democrática Alemana, al otro lado del Muro de Berlín.
Padres de lengua española. “El pasado es un pozo insondable en cuya negrura apenas alcanzamos a percibir destellos de verdad”. Esto escribe Javier Cercas en su nueva obra, El monarca de las sombras (Literatura Random House), que se publica el 16 de febrero y en la que el autor de Soldados de Salamina vuelve a la Guerra Civil para reconstruir la poliédrica figura de su tío abuelo Manuel Mena, alférez de la Falange muerto en la batalla del Ebro y convertido por la memoria familiar en héroe de una sola pieza.
 La figura de su madre, emigrante extremeña en Girona, y el viejo malestar del escritor por pertenecer a una familia de vencedores de la guerra, atraviesan un libro que, sin pretenderlo, invita a leer otras dos novedades, publicadas por Debate: Elogio del olvido, en el que David Rieff, hijo de Susan Sontag, indaga de un modo crítico en las paradojas de la memoria histórica, y José Antonio. Realidad y mito, en el que Joan Maria Thomàs, experto en historia de la Falange, biografía a Primo de Rivera y revela sus pretensiones de dirigir una posible España fascista, a la vez que analiza las diferencias entre su ideario político y lo que Franco hizo con él.
Además de Cercas, también publican libro nuevo este año Luis Goytisolo —Coincidencias (Anagrama)—, Enrique Vila-Matas —Mac y su contratiempo (Seix Barral)— y Luis Landero —La vida negociable (Tusquets)—. Y si unos vuelven a la revolución rusa o a la Guerra Civil, Ignacio Martínez de Pisón vuelve a la Transición con su nueva novela, Derecho natural (Seix Barral), en la que el paso a la edad adulta es un rito tanto para el protagonista como para el país en el que vive.
 De ese país y, en parte, de ese tiempo hablan también, por las vías de la historia y del testimonio personal, Transición, que Santos Juliá publicará en Galaxia Gutenberg y, en el mismo sello, Una historia para compartir. Al cambio por la reforma, las memorias de Landelino Lavilla, presidente del Congreso en el 23-F.
 Lo que en la Rusia de 1917 fue ruptura, fue reforma en la España de 1977, el año en que se celebraron las primeras elecciones democráticas desde 1936. 

El escritor sudafricano J. M. Coetzee, en el Museo Reina Sofia en junio de 2016.
Hijos de lengua extranjera. Si las figuras paternas están presentes en varios de los libros que verán la luz este año firmados por autores españoles, algunos de los más destacados de la narrativa internacional se centran en la figura de los hijos, incluso para darles voz antes de nacer.
  Es el caso de Ian McEwan, que se suma a esa tradición de narradores desde el útero materno de la que forman parte Lawrence Sterne, Carlos Fuentes o Juan Marsé.
 Él lo hace en Cáscara de nuez (Anagrama), que pone en boca de un feto la infidelidad de su madre. Distinta es la madre de la primera novela —autobiográfica— de la estadounidense Merritt Tierce, que en Que me quieras (Blackie Books) relata con crudeza cómo una estudiante de secundaria se queda embarazada durante unas convivencias religiosas. 
Tiene 16 años y la acaban de aceptar en Yale. Nada será ya lo mismo, por eso dice: 
“No oigo cómo se escribe mi vida dentro de mí, célula a célula”. No obstante, el niño más enigmático de la literatura reciente es el protagonista de Los días de Jesús en la escuela, de J. M. Coetzee, en la que el Nobel sudafricano retoma al muchacho de su anterior novela, La infancia de Jesús.
 No era la mejor de las suyas, pero uno de los grandes narradores de las últimas décadas tiene crédito para rato. Como mínimo para este año que empieza.

 

Muere el pensador Zygmunt Bauman, ‘padre’ de la “modernidad líquida”

El filósofo tenía 91 años y estaba considerado uno de los intelectuales clave del siglo XX.

Zygmunt Bauman, en Burgos. En la entrevista habla del impacto de las redes sociales VÍDEO Y FOTOS: SAMUEL SÁNCHE

El sociólogo y filósofo polaco Zygmunt Bauman ha fallecido hoy, lunes, a los 91 años en la ciudad inglesa de Leeds, donde residía desde hacía años, ha adelantado el periódico de su país Gazeta Wyborzca.
 Era el creador del concepto de la "modernidad líquida" y fue uno de los intelectuales clave del siglo XX. Se mantuvo activo y trabajando hasta sus últimos momentos de vida.

Bauman nació en Poznan (Polonia) en 1925 y era un niño cuando su familia, judía, huyó del país y del nazismo a la URSS al comienzo de la II Guerra Mundial. 
Tras el conflicto volvió a su país, que nuevamente abandonó en 1968, desposeído de su puesto de profesor y expulsado del Partido Comunista en una purga marcada por el antisemitismo tras la guerra árabe-israelí. Bauman renunció a su nacionalidad, emigró a Tel Aviv y vivió en Israel hasta 1970.
Ha impartido clases en universidades de Estados Unidos, Australia y Canadá y es profesor emérito de Sociología de la Universidad de Leeds, que ha acogido la mayor parte de su carrera.
 Su obra, que arranca en los años cincuenta del pasado siglo, ha sido reconocida con premios como el Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades de 2010, que obtuvo junto a su colega Alain Touraine.

Las teorías de Bauman han ejercido gran influencia en los movimientos antiglobalización.
 Su obra ensayística alcanzó fama internacional en los 80 con títulos como Modernidad y holocausto (1989), donde define el exterminio de judíos por los nazis como un fenómeno relacionado con el desarrollo de la modernidad.
Entre sus obras más significativas destacan La modernidad líquida (2000), considerada su obra cumbre, en la que señalaba que el capitalismo globalizado estaba acabando con la solidez de la sociedad industrial; Amor líquido (2005) y Vida líquida (2006). Además es autor de títulos como La cultura como praxis (1973), La posmodernidad y sus descontentos (1997), La globalización: consecuencias humanas (1998), En búsqueda de la política (1999), La sociedad individualizada (2001) y Vidas desperdiciadas. La modernidad y sus parias (2005).
Entre sus trabajos publicados en español se encuentran Miedo líquido. La sociedad contemporánea y sus temores (2007), Vida de consumo (2007), Archipiélago de excepciones (2008), Múltiples culturas, una sola humanidad (2008), El arte de la vida (2009) y Mundo consumo (2010).

 

Meryl Streep conmueve en los Globos de Oro y ataca a Donald Trump

 

La actriz reivindica la diversidad en Hollywood y critica al presidente electo sin mencionarle.

Meryl Streep durante su discurso. Reuters - Quality
Subió con lágrimas, la voz entrecortada. 
El Globo de Oro honorífico que recogía Meryl Streep con 67 años era el noveno de una carrera que, resumida en un vídeo, fragmento a fragmento, intimida y maravilla. 
Pidió perdón por dudar, desenvolvió un papel y, cuando se arrancó, se olvidó de él y pronunció el discurso más profundo de la noche: Hollywood se hizo con extranjeros. 
Sin mencionarlo, aludió a Trump y recordó ese instante en que quien ocupará el despacho Oval se burló de un periodista discapacitado: si es el poder quien abusa de los débiles todos los demás lo imitarán.
 “La falta de respeto incita a más faltas de respeto. La violencia, a más violencia”.
 El presidente electo, en una breve entrevista telefónica citada por el diario New York Times, aseguró que no había visto la intervención de Streep, a pesar de ello, atribuyó las críticas de la actriz a que es una seguidora de Clinton. 
 Más tarde ha enviado varios mensajes de Twitter diciendo que Streep es "una de las actrices más exageradas de Hollywood" y que le atacó en los Globos de Oro sin conocerle.
 "Por centésima vez, nunca "me burlé" de un reportero discapacitado (nunca haría eso)", ha dicho.
 "Cambió la historia de 16 años para hacerme quedar mal", ha dicho.
“¿Qué es Hollywood, salvo un grupo de gente de todas partes?”. Ruth Negga, protagonista de Loving, es de origen irlandés y etíope. Natalie Portman, de Jerusalén. Dev Patel es británico, criado en Londres, hijo de inmigrantes indios y nacido en Kenia. Ryan Gosling, estrella de la triunfadora de la noche, La La Land, es canadiense.
 Streep los mencionó a todos, foráneos y universales, para testimoniar que si esas personas que cumplen con la responsabilidad de emocionar dando luz a historias ajenas, a vidas diferentes de la propia, fueran expulsadas, solo veríamos fútbol.
 “O artes marciales mixtas, que desde luego no son arte”.
Streep demostró haber hecho consigna propia el consejo que le dio la recientemente fallecida Carrie Fisher, amiga, a la que se refirió simplemente como Leia, tal como pasará a la memoria colectiva. “Coge tu corazón roto y tórnalo arte”. 
Streep defendió la necesidad de que toda la profesión, de que los actores —unos privilegiados, como recuerda que le dijo Tommy Lee Jones—, apoyen en tiempos venideros a la prensa en su labor de salvaguardar la verdad. 
“Necesitamos que hagan que los poderosos respondan de sus actos, vamos a necesitar a nuestros periodistas”.

Hugh Laurie, que saltó antes al escenario para recoger su Globo de Oro como mejor actor secundario de series de televisión por El infiltrado, había esgrimido, con ironía, el mismo argumento: Hollywood estará en el foco y será vilipendiado si se impone el tono del presidente electo. 
 Streep fue sin embargo la que conmovió al auditorio, la que con su voz comprometida inspiró una ovación honesta.
Nombres como Robert De Niro, Barbara Streisand, Sophia Loren, Clint Eastwood o Audrey Hepburn precedieron a Meryl Streep en este galardón Cecil B. de Mille honorífico en reconocimiento a una carrera, entregado por la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood (HFPA).
 Desde 1952, solo 14 mujeres lo han recibido.

 

 

El maestro que todos tuvimos...................... Juan Cruz

Se acabó la Navidad y es el momento del maestro.

Se acabó la Navidad, que incluye los Reyes; la sustancia, desmentida por el extremo uso del comercio, es el afecto; la gente se regala para regalarse a la vez. 
Y todo es caro, menos lo que queda de la mirada de los niños.
 Ellos no conocen aún las estadísticas ni los precios de la felicidad impostada que se exhibe en los escaparates y que luego forma parte de sus cuartos.
 Después vendrán otras ambiciones, la edad adulta, las distintas versiones brumosas de la ruina. 
Dice el poeta canario José Luis Pernas que hay que buscarse una esperanza para seguir viviendo.
 Y eso es la vida, la búsqueda de una esperanza para seguir viviendo.

Pero hay una imagen, escolar y adulta, que no nos deja nunca, que es una fortuna y a la vez una ilusión retrospectiva que marca y ejecuta la escultura de niebla que es el futuro.
 La imagen del maestro, ese hombre que levanta las persianas de la escuela y que luego maneja, con el saber de enseñar, con el saber de aprender él a la vez que enseña, el momento más importante de todos: cuando la vida se sitúa en el exacto momento en que todo puede ser posible o todo se puede ir al garete.
Ese es el momento del maestro; los padres se fueron a trabajar, se despidieron de ellos mismos, y tú ya eres pupitre y encerado, y un hombre o una mujer hablando desde un altillo, junto a un mapa, al lado de un tintero viejo, junto a un encerado; o bien todo es nuevo y el maestro lleva un iPad, un móvil, un power point, esas cosas, y tú tomas notas en cada uno de los soportes que han ido variando con el tiempo.
Instrumentos aparte, la imagen es la misma: esa persona, hombre o mujer, que abre el aula, da al botón de la luz, se dispone a decirnos lo que sabe, calma la algarabía con historias que tú no conocías. 
Es el momento en que aún no miramos con cinismo lo que pasa o lo que nos dicen. 
Somos alumnos, el maestro o la maestra nos están diciendo por dónde se va a los ríos, a los libros, es el mayor de los afectos: enseñar.
Y después viene la gratitud, nunca el olvido.
 Desde hace unos días circula por la Red una de las imágenes más emocionantes de esta historia.
 Circula por ahí esa imagen, pero circula también por nuestras venas. Un maestro francés, el señor Donnat, deja el aula, pasea cabizbajo por el sendero que han abierto centenares de muchachos que son o fueron sus alumnos; 
lleva en la mano una bolsa de papeles, regalos seguramente, los aplausos lo acompañan hasta que el sendero se acaba y para él se abre el futuro, que ya tiene tanto pasado; detrás se queda un futuro perfecto, que él ha ayudado a cimentar.
Es inevitable que ese nombre propio, el de un francés cualquiera que además es maestro, se confunda con el nombre que está en nuestra memoria de los maestros, don Emilio, don Domingo, don Luis, la señorita Meca… Quién no tiene ese nombre que ahora aplaudimos, haciéndole pasillos, desde la memoria, a quien nos enseñó a deletrear la palabra aprender.
Son muchos a los que estaré agradecida por abrirme el conocimiento de la Vida. D.Emilio, mi querido profesor. D Manuel Cardenal, Y aunque sea por toda la lata que le dimos a D. Gregorio Salvador Caja, que el nos respondia desde su lejania afectiva. D. Benito. D. Jesus , y bueno muchos más que nos enseñaron que aprender era crecer en la vida.