Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

8 ene 2017

Moda de extremos para escapar de lo común...................... Estel Vilaseca......

Los complementos veraniegos serán antagónicos: o minúsculos o talla XXL.


Bolso de Balenciaga en el desfile primavera/verano 2017.

 

La próxima temporada no entiende de términos medios, sino todo lo contrario.
 Los adjetivos máximo y mínimo luchan desde su carácter de polos opuestos para definir los complementos —bolsos y calzado— para la próxima temporada de primavera y verano.
 “Los extremos son más atrayentes y permiten escapar de lo común. Si optas por ellos demuestras más personalidad, con un producto diferenciador que te hace escapar de la monotonía de la gran masa”, explica el experto en moda Gabriel Torres, director de proyectos y docente de la escuela de moda y diseño LCI de Barcelona.




Modelo con un mini bolso durante el desfile de Valentino de primavera-verano 2017.

Los bolsos representan actualmente casi el 30% de las ventas del mercado del lujo. 
Por ello las firmas invierten tiempo y esfuerzo en crear productos que generen deseo.
 Se encuentran pequeñísimos en la firma italiana Valentino. Su director creativo, Pierpaolo Piccioli, tras la marcha de Maria Luisa Chiuri a Dior el pasado julio, hilvana referencias renacentistas y punk en una colección inspirada en la libertad que otorgan los cambios.
 En la presentación de su línea de primavera-verano 2017, celebrada en septiembre en París, las modelos de Valentino caminaron ligeras sobre la pasarela con bolsitos de piel cruzados en los que apenas cabe un móvil, un pasaporte y un billete de avión a algún palacio decadente en el que disfrutar de una fiesta privada.

La próxima temporada no entiende de términos medios, sino todo lo contrario. Los adjetivos máximo y mínimo luchan desde su carácter de polos opuestos para definir los complementos —bolsos y calzado— para la próxima temporada de primavera y verano. “Los extremos son más atrayentes y permiten escapar de lo común. Si optas por ellos demuestras más personalidad, con un producto diferenciador que te hace escapar de la monotonía de la gran masa”, explica el experto en moda Gabriel Torres, director de proyectos y docente de la escuela de moda y diseño LCI de Barcelona.


Modelo con un mini bolso durante el desfile de Valentino de primavera-verano 2017.

Los bolsos representan actualmente casi el 30% de las ventas del mercado del lujo.
 Por ello las firmas invierten tiempo y esfuerzo en crear productos que generen deseo.
 Se encuentran pequeñísimos en la firma italiana Valentino. Su director creativo, Pierpaolo Piccioli, tras la marcha de Maria Luisa Chiuri a Dior el pasado julio, hilvana referencias renacentistas y punk en una colección inspirada en la libertad que otorgan los cambios.
 En la presentación de su línea de primavera-verano 2017, celebrada en septiembre en París, las modelos de Valentino caminaron ligeras sobre la pasarela con bolsitos de piel cruzados en los que apenas cabe un móvil, un pasaporte y un billete de avión a algún palacio decadente en el que disfrutar de una fiesta privada.

Minúsculos son también algunos de los bolsos que imagina Nadège Vanhee-Cybulski para Hermès.
 En una de las salidas de la pasarela de la maison, una de las modelos lució a modo de collar una miniatura azul inspirada en el famoso modelo Kelly.
 Otras lucieron en la mano un par de nano-bolsos cada una, uno redondo y otro cuadrado. La lectura de estos complementos es simple: las dueñas de ellos están obligadas a llevar lo esencial y prescindir de lo superfluo.


Detalle de uno de los bolsos de Valentino. PIXELFORMULA/ SIPA / Cordon Press

En el otro extremo se encuentra Cèline.
 Entre las propuestas de la casa parisina destacan unos triunfantes sacos de piel para las Mary Poppins del siglo XXI; piezas talla XXL de color blanco que se cuelgan del hombro o se llevan bajo el brazo, pensadas para la vida nómada y lujosa.
Phoebe Philo, directora creativa de Cèline, es toda una maestra en el arte de dar vida a exclusivos sacos en los que, ahora sí, cabe de todo: 
 “Para el día me pone de los nervios si un bolso no es úti”, explicaba la diseñadora a la revista especializada en moda WWD, en una de las pocas declaraciones que Philo ha dado a la prensa.
 La británica llegó a Céline en 2008 y, desde entonces, ha materializado sus manías en bolsos cómodos, versátiles y, sobre todo, prácticos.
 Algo más excesivo ha sido Demna Gvaslia para Balenciaga, quien presentó para la próxima temporada bolsos que recuerdan a los asientos puf. 
O los de Loewe y Prada, de tamaño maxi y asa corta, ideados para lucir como carteras de mano.
 

Hay que ser muy osado......................................Juan José Millás

COLUMNISTAS-REDONDOS_JUANJOSEMILLAS
PARECÍA UNA PELÍCULA”, exclamó un testigo en el telediario. Sin embargo era cierto como la vida misma.
 O como la muerte misma, puesto que el hombre que yace en el suelo acaba de expirar.
 Igual que en el cine, de acuerdo, sí, con los brazos abiertos en cruz y las piernas ligeramente separadas, pero también igual que en la realidad.
 El difunto, embajador ruso en Turquía, fue abatido a tiros por el hombre de la pistola, un joven de 22 años que pretendía vengar de este modo a las víctimas de Putin en Alepo.
 El cuerpo del difunto se encuentra cerca del atril porque fue sorprendido por la espalda, en medio del discurso inaugural de una exposición de fotografía, ya lo deducirán ustedes de los cuadros que cuelgan de las paredes del recinto.
 Una vez más, la vida (pero también la muerte) imita al arte.
 La escena posee la carga retórica de un fotograma.
 Observen la actitud del pistolero, sorprendido con el pie derecho ligeramente despegado del suelo, sobre el que se proyecta una tenue sombra, y atiendan luego al desconcierto que los disparos producen en el fondo de la sala, donde los asistentes tratan de ponerse a salvo. 
La falsificación del arte (o de la vida) ha llegado a unos límites que a veces no hay manera de distinguir si fue primero aquel o aquella. Se diría que en ocasiones la realidad y su copia nacen al unísono. El efecto de ficción aumenta cuando uno repara en el punto de vista desde el que se tomó la imagen.
 Hay que ser muy osado para disparar la máquina a una distancia tan escasa del oído del pistolero, que afortunadamente no se dio la vuelta.

TURKEY-RUSSIA-SYRIA-AMBASSADOR-CONFLICT
Yavuz Alatan (AFP)
 

Confiar, pese a todo............................................Rosa Montero.......

La presunta estafa de Fernando Blanco está causando un inmenso destrozo en gente inocente y de verdad doliente.

COLUMNISTAS-REDONDOS_ROSAMONTERO
CADA VEZ que tropiezo con algún eco del caso Nadia, la niña enferma presuntamente explotada por su familia, se me corta el aliento de pura indignación. 
Sé que en el mundo hay hechos mucho peores, más crueles, más feroces; pero la miseria moral, la banal indecencia de unos padres que se supone que llevan siete años utilizando el dolor de su hija para robar, es algo en verdad desconsolador. 
Al parecer tenían carteles en la casa que decían: “No te vas a morir”. 
Imaginad a alguien capaz de criar a su niña (desde los cuatro años hasta los once que tiene ahora) en el convencimiento de que va a fallecer de manera inminente.
 Eso es simple tortura. Un martirio cuya crueldad empeora cuando sabemos que por lo visto su enfermedad no es tan letal. 
Según un estudio internacional sobre 110 casos, 17 murieron antes de los 4 años y otros 2 entre los 5 y los 9, pero después de los 10 años ya no hubo más bajas.
 Hace falta tener un alma de cemento para actuar así.
Pero además el daño que este caso está haciendo es mucho más grande. 
Ese Fernando Blanco que ha dicho padecer él mismo un cáncer terminal que no tiene, y que se ha retratado una y otra vez con expresión de compungido héroe aferrando a su hija, está pisoteando el sufrimiento real de miles de personas.
 Me produce vértigo pensar la credibilidad que se le ha dado a su caso, cómo múltiples medios de comunicación y personajes famosos se han volcado ayudándolo. 
¿Por qué a él sí y a otros no? ¿Por qué Fernando Blanco recaudó como mínimo 900.000 euros (se supone que fue mucho más) y en cambio tantas otras causas sociales para las que se pide apoyo apenas si reciben difusión y ayuda? 
En ocasiones he intentado buscar fondos para paliar situaciones tremendas o he servido de correa de transmisión difundiendo campañas de organizaciones serias sobre casos tristísimos, y la respuesta social siempre ha sido precaria. 
¿Y en cambio este Fernando Blanco se convierte en una especie de atracción de feria? ¿Pero qué nos pasa?
 Supongo, en fin, que las tragedias reales son justamente eso, verdaderas, es decir, sucias, desapacibles, desagradables, manchan. Mientras que un supuesto profesional del engaño como Fernando Blanco puede crear un drama entretenido y fotogénico. 
 Deprime pensar que en esta sociedad del espectáculo lo que más valoramos es la mentira. 

Isabel Gemio, madre de un niño afectado por una enfermedad rara e impulsora de una fundación que recauda fondos para la investigación, se echó a llorar en directo en un programa de televisión hablando del caso de Nadia, y sus conmovedoras lágrimas resumen la inmensa herida, el destrozo que la presunta estafa de Blanco está causando en tantísima gente inocente y de verdad doliente.
 Todas las organizaciones, todas las personas que se dedican a pedir ayuda para causas sociales conocen bien las muchas reticencias que van a encontrar en los ciudadanos. 
Desde la típica respuesta de “es el Estado el que tiene que hacerse cargo de eso”, que parece extraída de un manual marxista (y es cierto, hay que exigir que el Estado actúe, pero yo creo que también la sociedad civil es responsable), a la suspicacia ante la veracidad de la causa o la honestidad de la organización intermediaria. 
Unos miedos y unos tópicos que ahora parecen justificarse tras este escándalo.
Y no sólo eso.
 El caso Blanco fomenta un rasgo de carácter que detesto, que es el de la desconfianza sistemática ante el prójimo, esa despectiva y sabihonda actitud del “piensa mal y acertarás”, ese alardear de que a mí no me engañan.
 Para mí este comportamiento es un error; personalmente, y en una vida ya tan larga, siempre he confiado en los demás, y sólo me he sentido de verdad defraudada en una ocasión, un porcentaje ínfimo que pago gozosa. 
Creo que temer el engaño lo provoca, que si esperamos lo peor de la gente lo desencadenamos y que, por el contrario, al dar nuestra confianza fomentamos de los otros lo mejor.
 Y si hay unos pocos que abusan, mejor asumir ese precio, de la misma manera que los grandes almacenes asumen en su presupuesto el costo de los hurtos.
 En resumen: por favor, no dejemos que este caso nos vuelva más mezquinos de lo que ya somos.

Las tías solteras.......................................Javier Marías

Yo vengo disfrutando a esas mujeres solteras o sin hijos desde mi infancia, y creo que son esenciales: risueñas, más despreocupadas y desinteresadas.

COLUMNISTAREDONDA_JAVIERMARIAS
CUANDO YO era niño, había cierta conmiseración hacia las mujeres sin hijos. 
A las que estaban casadas y carecían de ellos se las miraba con abierta lástima, y aún se oían frases como “Dios no ha querido bendecirlas con esa alegría”, o “Pobrecilla, mira que lo ha intentado y no hay manera”. 
En numerosos ambientes y capas de la sociedad se creía a pie juntillas en la absurda doctrina de la Iglesia Católica imperante en España, a saber: que la función del matrimonio era la procreación; que debían recibirse con gozo o estoicismo (según el caso) cuantas criaturas llegaran; que la misión de las madres era dedicarse en exclusiva a su cuidado; que era no sólo normal, sino recomendable, que cualquier mujer, una vez con descendencia, dejara de lado su carrera y su trabajo, si los tenía, y se entregara a la crianza en cuerpo y alma.
 Qué mayor servicio a la sociedad. 
A las mujeres solteras (“solteronas” se las llamaba, desde demasiado pronto) ya no eran conmiseración ni lástima lo que se les brindaba, sino que a menudo recibían una mezcla de reproche y menosprecio. 

Lo deprimente es que, en esta época de tantas regresiones (de derechas y de supuestas izquierdas), algo de eso está retornando.
 Se vuelve a reivindicar que las mujeres se consagren a los hijos y abandonen sus demás intereses, con la agravante de que ya no es una presión externa (ni la Iglesia tiene el poder de antes ni el Estado facilita la maternidad: al contrario), sino que proviene de numerosas mujeres que, creyéndose “progresistas” (!!!), defienden “lo natural” a ultranza, ignorantes de que lo natural siempre es primitivo, cuando no meramente irracional y animalesco.
 Hoy proliferan las llamadas “mamás enloquecidas”, que deciden vivir esclavas de sus pequeños vástagos tiranuelos y no hablan de otra cosa que de ellos.

Yo las vengo observando y disfrutando, a esas solteras o sin hijos, desde mi infancia, y creo, por el contrario, que son esenciales
Y claro, adoptan un aire de superioridad –también “moral”– respecto a las desgraciadas o egoístas que no siguen su obsesivo ejemplo, como si éstas fueran seres inútiles e insolidarios, casi marginales, y por supuesto “incompletos”.
 Las más conspicuas entre ellas son las tías solteras, pero no sólo: también las amigas, compañeras y madrinas solteras, que las mamás chifladas acaban por ver como apéndices de sus vidas. 

La mayoría de las que he conocido y conozco son de una generosidad sin límites, y quieren a esos niños próximos de un modo absolutamente desinteresado. 
Como no son sus madres, no se atreven a esperar reciprocidad, ni tienen sentimiento alguno de posesión. 
Se muestran dispuestas a ayudar económicamente, a echar una mano en lo que se tercie, a descargar de quehaceres y responsabilidades a sus hermanas o amigas.
 Con frecuencia disponen de más tiempo que los padres para dedicárselo a los críos; con frecuencia de más curiosidades y estudios, que les transmiten con paciencia y gusto: en buena medida son ellas quienes los educan, quienes les cuentan las viejas historias familiares, quienes contribuyen decisivamente a que los niños se sientan amparados. 
Muchas de las de mi vida son además risueñas y despreocupadas o misteriosas, más liberales que los padres, e invitan por tanto a mayor confianza. 
Mis padres tenían bastantes allegadas sin hijos: mi tía Gloria o Tina (ella sí casada) era una fuente de diversión constante, y aún lo es a sus noventa años. 
María Rosa Alonso, Mercedes y Carmen Carpintero, María Antonia Rodulfo, Luisa Elena del Portillo, Maruja Riaza, Mariana Dorta, Olga Navarro, todas ellas nos encantaba que llegaran y verlas, a mí y a mis hermanos. 
 
Traían un aire de menor severidad, de benevolencia, nos hacían caso sin agobiarnos, nos enseñaban.
 Y también estaban algunas figuras “ancilares”, aún más modestas en sus pretensiones.
 Leo (Leonides su nombre) fue nuestra niñera durante años. 
Era una mujer sonriente y de espíritu infantil, en el mejor sentido de la palabra.
 Nos contaba cuentos disparatados, nos engañaba para divertirnos o ilusionarnos, jugaba con nosotros en igualdad de condiciones, reía mucho con risa que se le escapaba. 
Le dediqué un artículo a su muerte, en 1997.
 Tuvo que irse para atender a un hermano que la sometía un poco. Pero cuando los míos tuvieron hijos, volvió por casa los domingos. En un segundo plano, como sin atreverse del todo a manifestar el afecto inmediato que les profesó a mis sobrinos (“los niños de sus niños”), pocas miradas he visto tan amorosas e ilusionadas, con un elemento de involuntaria pena en sus ojos. 
No la de la envidia, ni la de sentirse de más, en absoluto. Desde su espíritu ingenuo y cariñoso, disfrutaba de nuevo de la compañía de sus iguales, niños traviesos y graciosos.
 Pero quizá sabía que el hermano exigente acabaría apartándola de nuevo, y que en la memoria de sus adorados ella sería sólo un personaje anecdótico. 
Para mí no lo es, como no lo es ninguna de las “tías solteras” que he mencionado.
Sé lo importantes que fueron y les guardo profundo agradecimiento.
 No les tengan conmiseración, no las subestimen nunca, ni las den por descontadas. 
Las echarán de menos.