Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

3 ene 2017

Angelina Jolie reaparece con sus hijos tras su divorcio

La actriz ha pasado la Navidad en Colorado en una casa que ha alquilado por cuatro millones. Brad Pitt ha confesado que han sido los peores días de su vida.

Angelina Jolie, con dos de sus hijos en Colorado. CORDON PRESS
Cuatro meses después de anunciar su separación, Angelina Jolie y Brad Pitt atraviesan momentos vitales muy diferentes. 
La actriz tras pasar algún tiempo recluida en una de sus lujosas residencias con sus seis hijos ha reaparecido en público con tres de ellos.
 Ha sido en Colorado donde la familia ha pasado las vacaciones de Navidad y se ha dejado ver por primera vez paseando por la calle. Jolie, acompañada de Shiloh, de diez años, y los gemelos Knox y Vivienne, de ocho, se ha mostrado muy sonriente aunque, eso sí, algo más delgada de lo habitual en ella que siempre se ha caracterizado por su frágil físico.
La prensa de EE UU asegura que la actriz alquiló una mansión por cuatro millones de euros para que sus hijos pasaran una Navidad en la nieve y lejos de la vida que llevaron en el pasado junto a Brad Pitt.
 La mansión cuenta con seis dormitorios y una pista privada que permite esquiar directamente sin tener que salir del recinto. 


Angelina Jolie sale con sus hijos de una tienda de helados. CORDON PRESS
El actor, mientras tanto, no se ha dejado ver tras concluir la promoción de su última película, Aliados, protagonizada con Marion Cotillard. 
Algunos medios internacionales haciéndose eco de amigos de Pitt aseguran que este ha pasado la Navidad en alguna playa con sus padres y algún íntimo y han añadido que para él han sido "las peores" vacaciones de su vida. 
Eso sí antes de viajar pudo ver un rato a sus niños y darles sus regalos de Navidad pero siempre bajo la supervisión de un terapeuta.
"La angustia de Brad es evidente en este momento.
 Ha echado mucho de menos estar con sus hijos en Navidad y Año Nuevo", explica una fuente próxima al actor a medios de EE UU quien añade: "Estas visitas supervisadas son un verdadero infierno para él. 
Rompe a llorar tantas veces... ya no tiene vergüenza de llorar".

La guerra entre quienes durante años fueron la pareja adorada de Hollywood continúa. 
El pasado día 23 de diciembre Brad Pitt acusó a Angelina Jolie, de revelar detalles sensibles sobre su acuerdo de divorcio. 
Según la revista People, el actor asegura que su expareja ha facilitado varios documentos legales a los medios de comunicación.
El equipo legal del protagonista de El club de la lucha, de 53 años, ha presentado un memorando jurídico esta semana en la Corte Superior de California aportando razones específicas para justificar que todo el procedimiento sobre la custodia de sus seis hijos debe permanecer bajo secreto.
En los documentos, a los que han tenido acceso varios medios estadounidenses como Page Six o People, el intérprete acusa a Jolie de exponer a sus hijos "haciendo públicos los nombres de sus terapeutas y de otros profesionales de salud mental" y añade que ella "no tiene un mecanismo de autocontrol para evitar que la información sensible salga a la luz".
"Jolie parece que está decidida a ignorar incluso los mínimos acordados para proteger a sus hijos", dicen los documentos, donde se pide al juez del caso, Richard J. Burdge Jr., que conceda una moción para sellar el caso. 
La audiencia se celebrará el próximo 17 de enero.

 

Teresa Romero: “Sentía que la muerte me acechaba, un ente apoyado en mi hombro”



La auxiliar de enfermería española, primer caso de ébola adquirido fuera de África, describe ahora su "calvario".

La auxiliar Teresa Romero, tras recibir el alta médica, en el Hospital Carlos III.
El último brote de ébola mató a 11.323 personas, el 40% de las afectadas.
 La inmensa mayoría se infectó en África occidental.
 El virus provocó en ellas su letal rutina: fiebre, dolores de cabeza insoportables, vómitos, diarrea incontenible, hemorragias por la boca y el recto e incluso sangrado por los ojos.
La española Teresa Romero es una de las 17.323 personas que sobrevivieron a la enfermedad.
 “Sentía que la muerte me acechaba, un ente apoyado en mi hombro me esperaba tranquilo. 
Algo que no se puede explicar con palabras. Todavía hoy en día no sé cómo pude salir de ahí”, rememora ahora.
Los recuerdos del calvario de Romero aparecen en un artículo científico publicado en la revista Enfermería Clínica.
 En el trabajo, firmado por tres especialistas de la Unidad de Aislamiento de Alto Nivel para enfermedades altamente contagiosas del Hospital Universitario La Paz-Carlos III de Madrid, se detallan los cuidados de enfermería en el primer caso de ébola adquirido fuera de África.
Romero comienza su relato el 7 de octubre de 2014, cuando fue trasladada en una cápsula hermética al hospital madrileño, donde pasaría 25 días en aislamiento estricto en la habitación 6008. 
Dos meses antes, como auxiliar de enfermería, había atendido al religioso Miguel Pajares, de 75 años, el primer español infectado por el virus del Ébola, repatriado desde Liberia.
El 23 de septiembre, Romero cambió el pañal a un segundo enfermo, repatriado desde Sierra Leona: el sacerdote Manuel García Viejo, de 69 años. 
El 26 de septiembre, tras la muerte del misionero, la auxiliar entró de nuevo en la habitación para limpiarla. 
Se desconoce en qué momento se infectó. 

Aquel 7 de octubre, Romero, de 44 años, llegó al hospital tumbada boca arriba, con el cuerpo cubierto por entero por un buzo blanco, unos guantes y una capucha. 
“Apenas podía respirar en tan pequeño habitáculo”, recuerda. “Aquella situación me imponía porque iba empapada en mis propios fluidos.
 Era un momento muy angustioso, sentía humedad por todas partes”.
Cuando llegó al ala norte del hospital, la esperaban tres compañeros vestidos con los equipos de protección. “Teresa, venga para adelante, que este fin de año tenemos que cenar juntos”, le dijo uno.
“Era inevitable pensar en los dos pacientes con enfermedad por el virus del Ébola repatriados de África que había atendido y de su triste final.
 Me veo en el mismo destino, el pánico se apodera de mí, no quiero dormir, sentía que si lo hacía ya no volvería a despertar”, rememora en la revista Enfermería Clínica.
 
El 8 de octubre, su situación empeoró. “Mis pulmones estaban empezando a fallar, sentía que me ahogaba y me costaba respirar, era una situación de agonía.
 Entraron dos compañeros para aumentar el caudal de oxígeno. Les miré y les supliqué que me ayudaran a morir”, confiesa. 
 Entonces comenzó la fase crítica de la enfermedad. Sus recuerdos se borran.
Hasta 108 personas, 87 mujeres y 21 hombres, entraron en la habitación de Teresa Romero aquellos días, jugándose la vida. Fueron 352 entradas, el 82% de ellas realizadas por el equipo de enfermería, según subrayan los autores del estudio, encabezados por la enfermera Alicia Cerón.

Incluyendo a los dos pacientes anteriores, 165 trabajadores del hospital se expusieron en 762 ocasiones al ébola.
 El único contagio fue el de Teresa Romero, pese a que “vestía adecuadamente el equipo de protección individual”, recalcan los firmantes. “Es fundamental que se creen unidades especializadas para enfermedades altamente contagiosas con entrenamiento y formación periódicos”, afirman.
A pesar del ejército de profesionales que no quitaban el ojo las 24 horas del día a la habitación 6008, y con media España pendiente de su salud, Romero se sentía sola. 
“El resto del mundo no existía, solamente era yo luchando por sobrevivir.
 Me confortaba saber que tenía conectada una bomba de perfusión donde se podía leer la palabra morfina”, narra. 
 En la otra vía en sus brazos, estaba conectada al suero de la religiosa Paciencia Melgar, que se infectó junto al misionero Miguel Pajares en Liberia y sobrevivió.
 Romero también recibía por vía oral un fármaco experimental antiviral, el favipiravir. Era uno de los mejores momentos del día. “Me gustaba mucho tomarlo porque tenía buen sabor y como iba disuelto en agua y pasaba mucha sed, ansiaba el momento de tomarlo”, recuerda.

Pese a todos estos esfuerzos médicos y científicos, Romero revela otra versión sobre su curación.
 “Factores condicionantes para superar la enfermedad: infundir esperanza, dar cariño y positividad, poder comunicarme, no sentir dolor, no sentir emociones negativas, poder respirar, poder dormir, disponer de tratamiento antiviral y suero de convaleciente, pero esto puesto en duda si es realmente efectivo en la enfermedad”, escribe.
Finalmente, el 19 de octubre, un análisis para detectar el material genético del virus da negativo.
 Romero está limpia. Se lo comunican dos médicos vestidos todavía con el equipo de protección individual.
“Yo, lejos de alegrarme por tan esperada noticia, rompo a llorar por el recuerdo de mi perro, ejecutado por las autoridades sanitarias el 8 de octubre de 2014”, lamenta la auxiliar, en referencia a Exkalibur, su mascota sacrificada por el equipo del Centro de Vigilancia Sanitaria Veterinaria (Visavet) de la Universidad Complutense de Madrid, para evitar riesgos.
“Quizá me haya dejado muchos detalles sin escribir, nadie puede imaginar lo que yo viví en octubre de 2014 exceptuando los supervivientes de ébola”, concluye Romero.
 

 

el momento exacto en el que un rayo impacta sobre una mujer

La víctima, de 25 años, sufrió una parada respiratoria en una playa de São Paulo.

 

Un fotograma del momento en el que el rayo impacta a la joven. EPV
Taline Campos, de 25 años, caminaba sola por la orilla del mar, en Praia do Sonho, São Paulo (Brasil), cuando un rayo impactó sobre ella.
 Los servicios de emergencia tardaron menos de 15 minutos en atender a la joven, que tuvo que ser sedada y entubada, según informa Eduardo Martos en su cuenta de YouTube, donde subió el vídeo. 
 A continuación, fue trasladada al hospital con un paro cardíaco.
 
Un fotograma del momento en el que el rayo impacta a la joven. EPV

Inmediatamente después, la mujer, residente en Guarulhos, al norte de São Paulo, fue atendida en el centro de atención primaria de Jardim Sabaúna en estado grave. 
La mañana del lunes fue trasladada a un hospital.
 Al menos diez personas caminaban alrededor de la chica en el momento del accidente, pero ninguna resultó herida.

2 ene 2017

No hay cadáver pero sí libro........................... Jorge A. Rodríguez

Fàtima Llambrich desmenuza un doble crimen por el que cumple condena Ramón Laso.

 

Ramón Laso y Fátima Llambrich, en uno de sus encuentros en prisión.
Ramón Laso no es inocente, aunque nada demuestre lo contrario. Está en la cárcel por matar a dos personas, su esposa y su cuñado, de quienes se tiene la certeza de que no están vivos, aunque no haya pruebas directas de que estén muertos.
 Los cuerpos nunca se han encontrado, Laso jamás confesó, no hay arma del crimen, ni rastros biológicos ni testigos. 
Nada. La periodista Fàtima Llambrich ha construido sobre este caso –histórico en España aunque pasó casi inadvertido- la obra Sin cadáver (Now Books, 2016), con los cimientos de la investigación de los Mossos d’Esquadra, las 50 entrevistas que tuvo con su protagonista en presidio, un cuaderno azul en letra apretada que el condenado escribió solo para ella y una profunda búsqueda en su pasado.
 Y en sus secretos.


El libro de hechos reales novelados de Fàtima Llambrich (L’Ametlla de Mar, Tarragona, 1980) desconcierta.
 No toma partido. Deja abierta al lector la decisión de si Ramón Laso (Quesada, Jaén, 1955) es un asesino psicópata, un lobo con piel de cordero, o una víctima de una investigación prejuiciosa. “Claro que yo tengo una opinión sobre él, pero no quiero decirlo para no contaminar al lector, para que no juzgue a Ramón solo por etiquetas sino como si lo hubiera conocido”, explica.
 Como ese detenido de quien sus vecinos dicen que siempre saludaba
Llambrich desmenuza la investigación que la Unidad Central de Personas Desaparecidas de los Mossos llevó a cabo hasta convencerse (y convencer al jurado) de que Ramón Laso, sepulturero y conductor de ambulancias, había matado en 2009 a su segunda esposa, Julia Lamas, y a Maurici Font, su cuñado, que habían desaparecido de Els Pallaresos (Tarragona).
 Los investigadores llegaron a la conclusión de que los eliminó porque le estorbaban, ya que Laso mantenía una relación sentimental con Mercedes Lamas, hermana de Julia y esposa de Maurici.
Llambrich, periodista de TV-3, trufa la investigación con sus anotaciones de las entrevistas con Ramón Laso en la cárcel (50 encuentros desde 2012, con mampara de por medio), una inmersión en el pasado del criminal y un cuaderno azul que el condenado escribió tras su encarcelamiento.
 “Él lo redactó para mí porque sabía que estaba escribiendo el libro”, admite. 
Laso no hace ni una confesión: lo niega todo y parece más molesto por el hecho de que no le hayan probado de forma directa sus crímenes que por que realmente le acusen de ellos.
La autora mezcla periodismo e investigación criminalística (es licenciada en Criminología) para presentar un caso que hizo historia en España, montado por cadenas de indicios, analogías y antecedentes, pero sin pruebas directas: ni una, de hecho. 
Algo inédito aquí pero relativamente habitual en Estados Unidos.
En sus 357 páginas va presentando a un Laso amable con sus conocidos, colaborador con los investigadores, trabajador, concienzudo y minucioso.
 Un hombre que tiene su celda de la cárcel de Barcelona en la que pena 30 años (la sentencia confirmatoria del Tribunal Supremo es de julio pasado) impoluta, ordenada de forma tan obsesiva que tapa con plásticos los mandos a distancia de sus aparatos electrónicos. Pero un ser despiadado a ojos de los investigadores. 
Quien no conozca la historia de Laso tiene que transitar la mitad del libro para llegar al secreto que guardó durante años, del que sus dos víctimas (sin cadáver) ni su entorno en Tarragona tenían ni idea: en 1993 fue condenado por matar a su primera esposa, Lolita Camacho, simulando un suicidio, y a su hijo Daniel, de 6, en un aparente accidente de tráfico
. Entonces también tenía una amante. 
Tampoco confesó, ni hubo testigos, ni prueba directa. 
Fue condenado a 56 años, pero a los ocho quedó libre. De ello quizás aprendió que en un crimen no hay que dejar cadáver. Porque, como sostiene el forense José Antonio García-Andrade, “los muertos cuentan muchas cosas”.