Los
problemas del príncipe Enrique en el colegio y el amor entre sus dos
hijos, entre los temas sobre los que Diana de Gales escribía al
mayordomo del palacio de Buckingham.
Diana de Gales con sus dos hijos, Guillermo y, a la derecha, Enrique de Inglaterra. cordon pressLa figura de Lady Di sigue despertando curiosidad y admiración a partes iguales. Así lo demuestra, por ejemplo, que tres de sus vestidos fueran vendidos
el pasado 13 de diciembre por 80.000 euros. Ahora un nuevo trozo de la
vida de Diana de Gales, de quien el año que viene se cumple el 20 aniversario de su muerte,
sale a la venta. El próximo 5 de enero se subastarán las cartas nunca
vistas que la princesa mandó a un empleado del palacio de Buckingham, y
en las que, entre otras cosas, muestra su faceta más íntima y cariñosa
hablando de sus dos hijos. “Enrique no deja de meterse en líos” o “Guillermo no deja de darle besos a su hermano” son solo algunas de las frases escritas de puño y letra por Diana de Gales
en unas cartas que le enviaba a Cyril Dickman, mayordomo durante varias
décadas de Buckingham hasta su jubilación, y que falleció hace pocos
años. Tras su muerte, fue su nieto quien encontró estas cartas que Diana
de Gales empezó a escribir en los años ochenta y que terminaron a
principios de los noventa. Su puja en la casa de subastas Cheffies de
Cambridge se espera que supere los 20.000 euros (el precio de salida de
las cartas son 15.000 libras, unos 17.500 euros). "La Familia Real lo
quería mucho. Cuando estuvo enfermo, casi al final de su vida, el
príncipe Carlos fue a verlo a su hogar en Londres", contó su nieto
Matthew Dickman a Cambridge News.
“La reacción que se ha producido al nacimiento de Enrique
y las muestras de cariño que hemos recibido nos han desbordado a mí y a
Carlos”, escribe en una de sus primeras cartas, el 20 de septiembre de
1984, poco después del nacimiento de su segundo hijo cuando Diana
Spencer tenía 23 años y el joven matrimonio estaba abrumado por la
cantidad de flores que recibió en su casa.
El matrimonio que por esas
fechas aún parecía feliz a ojos de los británicos.
“Guillermo adora a su
hermano menor y pasa todo el tiempo encima de Enrique con un sinfín de
abrazos y besos, y apenas deja que los padres se acerquen”, escribía en
la misma carta, en la que también le agradece a Cyril Dickman su
felicitación
Lady Di, con su hijo Enrique en brazos y Guillermo de Inglaterra, en 1985. cordon press
Carlos y Diana de Inglaterra, con sus dos hijos, durante su visita a los Reyes Juan Carlos y doña Sofía a Mallorca, en 1988. cordon press
Las misivas se suceden a lo largo de los años, siempre con el mismo
destinatario, el mayordomo principal de palacio a quien le llega a
hablar del fallecimiento de su abuela, la baronesa Fermoy, en 1993. “Los
chicos se encuentran bien, están disfrutando del internado aunque
Enrique no para de meterse en líos”, le relata en una misiva en octubre
de 1992, cuando Enrique de Inglaterra, hoy quinto en la línea de
sucesión al trono británico, tenía 8 años. Ambos estudiaban en colegio
privado Ludgrove School, en Berkshire. Por entonces ella y el príncipe
Carlos ya se habían separado, aunque aún no estaban divorciados oficialmente.
Pero en ninguna de las cartas hace referencia alguna a la crisis de
pareja, y sí a los fuertes lazos que parece que desde pequeños han unido
a Guillermo y Enrique de Inglaterra.
Si Aznar quiere ver su tiempo reflejado en la ficción tendrá que esperar un rato.
Ana Botella y José María Aznar, en las playas de Oropesa en 1998. reuters
Mi marido ha venido a pasar las fiestas en Miami. Y le ha encantado mi arbolito de Navidad.
¡Por fin una buena noticia! Los adornos incluyen unos Elvis Presley con
distintos trajes, una princesa Disney y bolas de cristal de 99 céntimos
de dólar comprados en esos bazares con farmacia que dominan Estados
Unidos, como Wallgreens, CVS y WalMart, donde así como te compras estos
adornitos también puedes adquirir un jarabe o un rifle. Es la primera vez que no celebramos las Navidades en España. Y con el turrón ha llegado la noticia de que José María Aznar renuncia a la presidencia de honor del partido
que lo llevó al gobierno. La verdad, me he quedado de piedra, tan duro
como ese turrón. Pero me lo temía desde este verano, cuando las revistas
del corazón no publicaron ninguna fotografía suya en bañador. Me lo
callé porque pensé que me hacía quedar nostálgico recordar esa época en
la que Kyril de Bulgaria y José María Aznar competían por quién lucía
más pulseritas y abdominales. La verdad es que Aznar ha estado enfurruñado, quizás porque
las cosas no le salían como él quería. Amigos en común me han dicho que
cada vez que aparece una fotografía de Francisco Correa
saludando en la boda de su hija Ana, pierde masa muscular. Debe de ser
duro que una boda que planeaste con tanto mimo y seguridad de Estado
termine siendo el retrato de tu gestión presidencial. Y que sea una de
las pocas bodas de ese nivelazo que culminó con tantos invitados en la
cárcel. Por eso, a mí lo que me ha “movido”, como diría Kate del Castillo, es que, unos días antes de enviar su renuncia, Aznar acudió a una representación de El holandés errante
en el Teatro Real. Se trata de una ópera un poquito más popular que
otras de Wagner, concebida en una época de penurias del compositor y
durante un tormentoso viaje en barco desde Riga a Londres. Es la
historia de un capitán que vendió su alma a Satanás y está condenado a
navegar errante hasta que un verdadero amor lo libere. Musicalmente es
muy celebrada porque introduce el leitmotiv, ese tema central y
recurrente que persigue y define a los protagonistas. Es posible que
Aznar sienta que esta ópera le toca o le acaricia. Que él también yerra y
busca que una redención lo salve y haga olvidar esas otras cosas que
siempre le recordamos, como la guerra de Irak, Rodrigo Rato o el nombramiento de su sucesor como si estuviéramos en los tiempos del Rey Arturo. Mientras José María se aleja, Raphael y Raffaella regresan a televisión .
Aznar podría reunirse con ellos y preguntarles el secreto de su
permanencia. A mí me lo contó el propio Raphael en una entrevista.
“Tienes que saber estar en la primera fila. Pero también en la segunda. Y
en la tercera. Pero no más atrás”. Carrà, por su parte, me enseñó su
truco: “Ensayarlo todo. Dónde me voy a sentar, cómo me voy a levantar,
cuándo sujeto el micrófono”. Parecen cosas baladíes pero pueden explicar
que Rafaeella Carrà anuncie su retiro sin nombrar sucesora. Miguel Ángel Silvestre y Paula Echevarría en el último capítulo de la serie 'Velvet'.
Viendo el último capítulo de Velvet
confirmé que otro secreto para el éxito de nuestra ficción es que
suceda en el pasado. Por eso, sospecho que si Aznar quiere ver su tiempo
reflejado en la ficción tendrá que esperar un rato. Aunque mucha de la
ficción nos lleva hacia atrás, todo tiene su final y Velvet se acabó con una sensación temible en el aire: ¿Quién podrá sucederle? Suceder a alguien no es tan fácil. Hay gente insustituible, como Zsa Zsa Gabor, que era famosa por su fama, la precursora de Kim Kardashian. A su manera, también erró buscando siempre que el amor la salvara y
redimiera. Se casó nueve veces, con el heredero de los hoteles Hilton
(que también se casó con Elizabeth Taylor, que rivalizaba con Zsa Zsa en
matrimonios) y también con el inventor de la muñeca Barbie, quien
bromeaba con que la inspiradora de la célebre muñeca no fue Zsa Zsa,
sino su hermana Eva. Zsa Zsa tenía un don irrepetible: disparaba
titulares como nadie. “Nunca he odiado a un hombre lo suficiente como
para devolverle sus diamantes”. Zsa Zsa nunca habría acreditado a
Kardashian como su sucesora, intuía que en el momento en que lo haces
comienzas a parecerte al holandés errante.
Un estudio
saca a la luz la guerra de exterminio que el Gobierno mexicano, apoyado
por EE UU, libró hace un siglo contra el revolucionario con armas
químicas, deportaciones y torturas masivas
Emiliano Zapata, con rifle y sable.
La leyenda dice que Emiliano Zapata
nunca murió. La historia lo demuestra cada día. Casi cien años después
de su asesinato, la figura del revolucionario, general en jefe del
Ejército Libertador del Sur, sigue inflamando la imaginación de los
mexicanos. Proletario, rebelde y en muchas ocasiones visionario,
Zapata (1879-1919) encarna como nadie los ideales de una época convulsa. Sus años de lucha y gloria son los de un país en guerra consigo mismo. Un tiempo despiadado sobre el que México edificó su estructura actual y
del que ni siquiera Zapata pudo escapar. Lejos de las edulcoradas
visiones que ha proporcionado la iconografía oficial, una detallada
investigación del historiador Francisco Pineda muestra cómo Zapata, ya
un mito en vida, fue perseguido con saña por el régimen de Venustiano Carranza
(1859- 1920) y también cómo para derrotarle el Gobierno
constitucionalista no dudó en desatar una guerra de exterminio . Armas
químicas, torturas indiscriminadas y hasta la esclavización de los
prisioneros fueron empleados para doblegar a un hombre que jamás se
arrodilló.
“La Revolución Mexicana fue paradójica y compleja. Y hay un intento
de ciertos sectores de reivindicar la obra de Carranza y convertir la
Constitución, de la que se cumple cien años el 5 de febrero, en un
símbolo de continuidad y estabilidad, cuando no es así: México es una
nación en permanente conflicto, traumática y fascinante. Esa es la
lección de Zapata”, explica el profesor-investigador del Colegio de México, Carlos Marichal. La guerra de exterminio, de la que se conocían pocos datos, ilustra
uno de los momentos más oscuros de la Revolución Mexicana. El 26 de
septiembre de 1915, ya derrocado el general Victoriano Huerta pero con
el país en llamas, Carranza ordenó a uno de sus hombres de confianza, el
general Pablo González, aplastar la Revolución del Sur, el movimiento
de liberación campesino liderado por Zapata.
Antiguo agricultor y caballerango militar, el revolucionario había
entrado en la arena de la historia tras dirigir las protestas agrarias
en Morelos y sumarse en 1910 al levantamiento de Francisco I. Madero que
inició la Revolución. Pero lograda la victoria y exiliado el dictador
Porfirio Díaz, Zapata trazó su propio rumbo y rechazó desmovilizar sus
tropas. Para él la guerra tenía otro fin. Conseguir la colectivización
de las grandes haciendas y liberar a miles de campesinos de siglos de
opresión latifundista. Y no sólo eso.
Pancho Villa y Emiliano Zapata en el Palacio Presidencia el 1914.
Con una visión mucho más avanzada que Pancho Villa y otros señores de
la guerra, el sureño abogó por el derecho de huelga, el reconocimiento
de los pueblos indígenas y la emancipación de la mujer. Pero su fuerza
no sólo radicaba en un programa político capaz de hacer saltar por los
aires las convenciones burguesas. Aquel campesino devenido en
revolucionario tenía a un lado a un ejército dispuesto a morir a sus
órdenes y al otro, a miles de campesinos a los que había devuelto el pan
y el orgullo. No pasó mucho tiempo hasta que fue visto como el gran
enemigo a batir por el poder carrancista. La ofensiva fue implacable.
“Para ello el Gobierno contó con la ayuda de Estados Unidos. Carranza en
diciembre de 1914 apenas disponía de 1.700 fusiles; en menos de un año
Washington le proporcionó más de 53.000”, señala Pineda. Con este respaldo, Carranza y su general se pusieron manos a la obra y
ya en febrero de 1916 empezaron a fabricar, con maquinaria importada de
Estados Unidos, las espoletas para el gas asfixiante con el que
pensaban aniquilar a los zapatistas. “Posiblemente se prepararon con
fosgeno, un veneno incoloro y con olor a maíz verde, cuyos síntomas no
son inmediatos”, explica Pineda. Junto al arsenal químico, los
carrancistas diseñaron un plan de guerra siguiendo los pasos de las
sangrientas campañas cubanas del general español Valeriano Weyler. Asimismo, aseguraron el Distrito Federal con una línea de trincheras de
más de 100 kilómetros y recopilaron información de inteligencia,
mediante el empleo generalizado de la tortura, para conocer al milímetro
la ubicación y movimientos del enemigo. El 12 de marzo de 1916 dio comienzo la invasión. La máquina del
terror se desplegó. Se incendiaron pueblos y destruyeron siembras. Cientos de campesinos fueron ejecutados sumariamente, y miles fueron
concentrados y deportados. “El objetivo era obligar a que los zapatistas
se ocuparan más de sobrevivir que de combatir. Esto facilitaba las
tareas de exterminio”, dice Pineda. El primer golpe tuvo éxito. La estrategia de tierra quemada hizo
retroceder a los zapatistas y devastó a la población civil. Inmensas
columnas de mujeres, niños y ancianos deambulaban por los páramos en
busca de comida. Cuando no les mataba el hambre, lo hacían las balas. El
terror les perseguía.
Pancho Villa y Emiliano Zapata en el Palacio Presidencia el 1914.
.
Venustiano Carranza.
El alto mando carrancista afiló la guadaña. Ordenó deportaciones
masivas al Yucatán y esclavizó a poblaciones enteras en campos de
trabajo. Todo aquel que intentase huir era pasado por las armas sin más
preámbulos. También aquellos que se acercasen a menos de 60 metros a una
vía férrea o que anduviesen por caminos y veredas sin salvoconductos o
que simplemente se sospechase que sirviesen al zapatismo. No había
perdón para el enemigo. Tras un repliegue inicial, los zapatistas lograron reagrupar fuerzas y
en julio desencadenaron su contraofensiva. El espíritu de una
revolución y el genio militar de Zapata les abrieron paso . Los rebeldes
se multiplicaron ante unas tropas perplejas y en exceso confiadas. El
pulso se libró en todos los frentes. Cayeron Tepoztlán y Santa Catarina. El general Pablo González contestó recrudeciendo la represión. El
castigo a la población civil se disparó. Las garantías constitucionales
fueron suspendidas en todo el territorio revolucionario. Morelos,
Puebla, Guerrero, el Estado de México, Tlaxcala y parte de Hidalgo
sintieron el yugo de Carranza. Pero nada de ello bastó. A principios de 1917, Zapata había logrado expulsar de su territorio al
invasor. Dio inicio entonces un periodo corto e intenso de la
insurrección zapatista. En marzo, el líder proclamó “el gobierno del
pueblo por el pueblo”. Rabiosamente antioligárquico, reabrió escuelas,
dio luz a nuevas formas administrativas y reorganizó el Ejército
Libertador del Sur. Aunque reducido a sus confines meridionales, su
ideario era pura nitroglicerina: “Cuando el campesino pueda gritar ‘soy
un hombre libre, no tengo amos, no dependo más que de mi trabajo’,
entonces diremos los revolucionarios que nuestra misión ha concluido,
entonces se podrá afirmar que todos los mexicanos tienen patria”, dejó
escrito. Como tantas cosas en aquellos días confusos, su proclama fue un hito y
un espejismo. Los carrancistas, decididos a aplastar la revuelta
campesina, pronto volvieron la carga. A finales de 1918 lanzaron la
segunda invasión. Y esta vez pusieron la mira en el mismo Zapata.
El cadáver de Emiliano Zapata, exhibido tras su asesinato el 10 de abril de 1919.
El coronel carrancista Jesús Guajardo fue enviado para matarle.
Primero hizo saber a los zapatistas que estaba dispuesto a desertar y
luego, como prueba de confianza antes de encontrarse con el líder
revolucionario, fusiló a 50 soldados federales. Ambos acordaron reunirse el 10 de abril de 1919 en la Hacienda de
Chinameca, en Morelos. Cuando Zapata cruzó el umbral, la traición cayó
sobre él. Aunque logró desenfundar su pistola, no pudo apretar el
gatillo. Siete balas acabaron antes con él. Su cadáver fue llevado ese
mismo día ante el general Pablo González y exhibido en público. El
traidor Guajardo fue ascendido. Con el tiempo cayó en el olvido. Zapata,
enterrado y llorado como pocos en México, sigue vivo desde entonces.
Todo sobre el revolucionario
La figura de Emiliano Zapata nunca descansa. Carismático y
revolucionario, su imagen forma parte de la iconografía del México
eterno. Y también del debate. Antecesor de las insurrecciones que a lo
largo del siglo XX sacudieron al país, Zapata es objeto de atención por
parte de los historiadores. En su estudio ha intervenido de forma
decidida el Colegio de México (Colmex), una de las instituciones
universitarias de élite en Latinoamérica. En noviembre pasado, el Colmex
organizó una exposición sobre Zapata y unas intensas jornadas de
revisión en las que se trató desde la vigencia de su legado hasta la
poco conocida ofensiva carrancista. Este esfuerzo se ha combinado con la
creación de un sitio interactivo,
denominado Rostros del Zapatismo, donde se puede tener acceso directo a
la digitalización de su archivo así como a los testimonios sonoros de
los testigos de la revolución.
Todo está en su lugar y no falta nada. El caballo barbudo y el hombre
con cabeza de pájaro, el único homínido representado en esta gruta hace
cerca de 20.000 años. Los ciervos y los caballos trazados con los
mismos pigmentos rojos y negros que utilizaron los hombres de Cromañón. El llamado divertículo axial, que concentra más de un centenar de
dibujos de vacas y visones . Y la espectacular sala de los toros, que
recoge una estampida de uros que casi parecen cobrar movimiento. También
la luz tenue y la sensación de humedad: la temperatura ambiente es de
13 ºC, la misma de la caverna original, situada en la misma colina, a
solo medio kilómetro. Todo está ahí, pero todo es falso. Nos encontramos en Lascaux 4,
el nuevo complejo de 11.000 m2 proyectado por el estudio noruego
Snøhetta, que alberga un facsímil íntegro de la gruta descubierta por
cuatro adolescentes en 1940, además de un museo de arte parietal, un
cine en 3D y un centro de conferencias, que aspiran a volver a situar
Montignac, la localidad del suroeste francés donde se halla la cueva, en
el mapa del turismo cultural. Desde la semana pasada, grupos de 30
personas recorren, acompañadas de un guía, sus recién estrenadas
galerías, tan tortuosas como las del original. “Se trata de una copia
perfecta. Solo se han aumentado algunos centímetros de anchura para
permitir la circulación en silla de ruedas. La única diferencia es la
emoción intelectual de saber que estás en la cueva verdadera”, explica
el arqueólogo Jean-Pierre Chadelle, miembro del comité de expertos que
ha supervisado el proyecto e investigador de la Universidad de Burdeos. ¿No es esa “emoción intelectual” un aspecto fundamental ante toda obra
de arte? “Para mí, no. Podemos sentir una emoción fortísima ante la
reproducción de un cuadro. Puede ser preferible analizar hasta el más
mínimo detalle de una copia fotográfica de La Gioconda que visitar el original detrás de un tropel de turistas japoneses en el Louvre”, responde Chadelle. ¿El futuro pasa por la copia? “El uso del facsímil y la noción de la
autenticidad serán una cuestión central en el museo del mañana”, afirma
la canadiense France Desmarais, directora de programas del Consejo
Internacional de Museos (ICOM). “El acceso y la compra de las
colecciones arqueológicas es cada vez más difícil, por motivos legales y
morales. La relación del visitante con el original es, en muchos casos,
imposible. Las nuevas tecnologías permiten, en cambio, un estudio
profundizado de esos originales. Mientras no se haga creer al visitante
que está viendo un original, el código deontológico está siendo
respetado”.
La cueva de Lascaux cerró su perímetro a los visitantes a principios de
los sesenta, cuando se descubrió la presencia de algas en su interior. El ministro francés de Cultura, André Malraux,
echó el cerrojo a la gruta, por la que llegaban a pasar dos millares de
personas al día. En 1983 se inauguró su primera réplica, que reproducía
parte de la caverna en un centro anexo. Desde entonces, estas neocuevas
se convirtieron en un modelo a seguir, pese a enfrentarse a una
incomprensión pública casi sistemática. En 1977, cuando se decretó el
primer cierre de Altamira
a causa de los daños provocados por el dióxido de carbono producido por
los visitantes, la entonces alcaldesa de Santillana, Blanca Iturralde,
lo consideró una injusticia para sus conciudadanos. Cuatro décadas más
tarde, la neocueva de Chauvet, el espectacular facsímil inaugurado en
2015 en la región francesa de la Ardèche, también dividió. El crítico de
arte Jonathan Jones
lo llamó “un sinsentido condescendiente” respecto al visitante. “Ningún
amante del arte quiere ver una réplica de Rembrandt, un Lucian Freud
falso o un simulacro de Seurat. ¿Por qué se considera entonces
perfectamente razonable ofrecer arte falso de la Edad de Hielo como una
atracción cultural?”, escribió en The Guardian. En Lascaux, el
Gobierno francés retiró parte de su financiación en 2012, al considerar
que el proyecto, cuyo coste se ha elevado a 57 millones de euros, no era
“prioritario”. En tiempos de liquidez menguante, ¿merece la pena vaciar
las arcas públicas para construir una reproducción susceptible de disneylandizar el arte prehistórico? “Lascaux se sometió a un estrés tremebundo, tanto por los visitantes
como por los tratamientos que se aplicaron ante los males que la
aquejaban. Si ese modelo no funciona, es normal que se acabe con él”,
concede el arqueólogo Roberto Ontañón, director del Museo de Prehistoria
y Arqueología de Santander y de las Cuevas Prehistóricas de Cantabria,
que también forma parte de los consejos científicos de Lascaux y
Chauvet. “Pese a todo, la solución no consiste en cerrar a cal y canto
todos los sitios arqueológicos. En Cantabria, mantenemos seis cuevas
abiertas al público con régimen restrictivo. Nuestra monitorización nos
indica que no existe un deterioro evidente, aunque el riesgo nunca sea
inexistente. En el momento en que haya algún indicio de desperfecto, no
nos temblará la mano para volver a cerrarlas”. Ante la fragilidad del patrimonio histórico, algunos museos también
abogan más por la copia que por el original . En las salas del Museo
Arqueológico Nacional de Saint-Germain-en-Laye, en las afueras de París,
se expone un facsímil de la venus de Brassempouy, una de las obras
maestras del arte paleolítico, cuyo marfil no se encuentra en buen
estado y es sensible a los cambios de temperatura. Para visitar el
original hay que inscribirse y hacer la visita con un guía. Solo entre
40 y 60 personas pueden descubrirlo cada semana. El pasado abril, una
fundación científica llamada Instituto de Arqueología Digital erigió una
reproducción del famoso arco de Palmira en plena Trafalgar Square de Londres,
una réplica a escala 2:3. Mientras tanto, en el Pirineo leridano, las
pinturas románicas de Sant Climent de Taüll, declaradas patrimonio de la
Unesco, son presentadas desde 2014 a través de una proyección de
frescos originales sobre las paredes del ábside y el presbiterio de la
iglesia. La copia de los originales sobre yeso que exponía la iglesia se
había degradado. En Washington, una institución de referencia como el Smithsonian
utiliza, cada vez más, las copias en 3D. La exposición itinerante Exploring Human Origins (explorar los orígenes humanos)
recoge un centenar de cráneos prehistóricos copiados con una impresora
ZPrinter 850, que se exponen en distintas bibliotecas del territorio
estadounidense hasta el próximo abril. En el dilema entre la
autenticidad y la accesibilidad, han acabado escogiendo lo segundo. “La
réplica tiene un valor añadido: permite que cualquier visitante la
toque, facilita el acceso de las personas con discapacidad visual y,
cuando se trata de originales microscópicos, nos habilita a agrandarlos
para descubrir sus rasgos”, explica la directora de exposiciones del
Smithsonian, Susan Ades. Sin embargo, no es partidaria de generalizar su
uso. “Nunca querría ver una exposición formada solo por réplicas. El
meollo de la experiencia de ir a un museo tiene que seguir siendo poder
observar lo auténtico”. La historiadora británica Mary Beard, premio Princesa de Asturias de
Ciencias Sociales, también considera que esta generalización del
simulacro acarrea peligros. En abril, durante el pasado festival
literario de Oxford, rompió una lanza por un regreso a la autenticidad,
por muchos riesgos que esta suponga. “El mundo no se detendrá porque
Pompeya pierda una casa”, expresó. “La idea de que tendría que ser
preservada hasta el punto de que solo un puñado de académicos, gente
rica y cámaras de televisión sean aceptados a entrar en ella, mientras
diez kilómetros más abajo construimos una réplica para la plebe, resulta
abominable”, concluyó Beard.
Se apostó entonces por una manera innovadora de
recrear este tesoro del románico catalán. “El uso del facsímil y la
noción de la autenticidad serán una cuestión central en el museo del
mañana”, afirma la canadiense France Desmarais, directora de programas
del Consejo Internacional de Museos (ICOM). “El acceso y la compra de
las colecciones arqueológicas es cada vez más difícil, por motivos
legales y morales. La relación del visitante con el original es, en
muchos casos, imposible. Las nuevas tecnologías permiten, en cambio, un
estudio profundizado de esos originales. Mientras no se haga creer al
visitante que está viendo un original, el código deontológico está
siendo respetado”.