Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

22 dic 2016

Irene es la ganadora de ‘La Voz 4’

La concursante del equipo de Malú vence en la cuarta edición del programa.

Irene Caruncho, de 21 años, es la ganadora de La voz 4 (Telecinco). Por primera vez en la historia del programa, una mujer se ha hecho con la victoria. 
Irene, del equipo de Malú; Thais, del de Alejandro Sanz; Carlos, del de Manuel Carrasco; y Mario, del de Melendi, fueron los cuatro finalistas en el concurso que la cadena produce en colaboración con Boomerang TV y Talpa.
 La primera eliminada de la noche fue Thais, seguida por Mario.
rene es una estudiante de Ferrol.
 Toca el piano y el clarinete y dio el paso de participar en los castings de La Voz animada por sus amigos.
 Con Metallica como grupo predilecto, Irene logró que los cuatro coaches se giraran en las Audiciones a ciegas, incorporándose al equipo de Malú. 
En Las Batallas batió a su rival y se aseguró su clasificación directa tras su interpretación de Cry me out, de Pixie Lott.
 En los Directos sorprendió con The trouble with loves is, de Kelly Clarkson, y con Let it be, de The Beatles en las semifinales
. La ganadora será recompensado con un contrato discográfico con Universal Music. 

Irene es una estudiante de Ferrol.
 Toca el piano y el clarinete y dio el paso de participar en los castings de La Voz animada por sus amigos. 
Con Metallica como grupo predilecto, Irene logró que los cuatro coaches se giraran en las Audiciones a ciegas, incorporándose al equipo de Malú.
 En Las Batallas batió a su rival y se aseguró su clasificación directa tras su interpretación de Cry me out, de Pixie Lott.
 En los Directos sorprendió con The trouble with loves is, de Kelly Clarkson, y con Let it be, de The Beatles en las semifinales.
 La ganadora será recompensado con un contrato discográfico con Universal Music.

En la velada, los cuatro finalistas actuaron en solitario, acompañados por sus respectivos coaches y por los artistas invitados de la noche: Laura Pausini, Raphael, Pablo López, India Martínez y Sergio Dalma.
 La gala también tuvo cuatro momentos emotivos en los que todos los participantes de esta edición interpretaron juntos cuatro canciones, cada una de uno de los coaches.
Según Telecinco, este talent show musical ha alcanzado su desenlace tras liderar su franja de emisión en todas y cada una de sus entregas con un promedio del 24,1% de share y 3.061.000 espectadores de media.


 

21 dic 2016

Muere Michèle Morgan, los ojos del cine francés............. Álex Vicente

Considerada la Greta Garbo gala, saltó a la fama junto a Marcel Carné y fue la primera opción para 'Casablanca'.

 

La actriz Michèle Morgan (i) y el actor Jean Gabin en 'El muelle de las brumas' en 1938. AFP
La gran actriz francesa Michèle Morgan, emblema del cine francés rodado en el ecuador del siglo pasado, falleció este martes a los 96 años. 
“Los ojos más bellos del cine se cierran definitivamente”, confirmó su familia en un comunicado.
 Su legendaria mirada era su principal rasgo distintivo desde que saltó a la fama, a los 18 años, gracias a El muelle de las brumas (1938), a las órdenes del cineasta Marcel Carné.
 Vestida de Coco Chanel, Morgan protagonizó junto al actor Jean Gabin, un mito de su tiempo, una de las escenas más recordadas del cine francés de todos los tiempos, en la que él elogiaba sus despampanantes ojos mientras ella le ordenaba: “Embrasse-moi” (“Bésame”).
 La pareja, que también lo fue brevemente en la vida real, se convirtió en uno de los hitos del cine de su tiempo.
Su verdadero nombre era Simone Roussel, que se cambió porque consideraba que no tenía “cara de llamarse Simone”.
 Nació en 1920 en Neuilly-sur-Seine, privilegiado suburbio adosado a París, antes de mudarse a la ciudad portuaria de Dieppe, en el norte industrial de Francia.
 A los 14 años, se fugó a París para conseguir un papel de figurante en Mademoiselle Mozart (1936), protagonizada por la que se convertiría en su gran rival, Danielle Darrieux, desde ahora última superviviente de aquella lejana era dorada del cine francés (en 2017 cumplirá 100 años). 
Tras su revelación junto a Carné, ganó un premio de interpretación en Cannes por La sinfonía pastoral (1946), adaptación de una novela de André Gide
Hollywood, ya entonces sediento de actrices francesas, llamó a su puerta.
 Morgan llegó a firmar un contrato con la RKO, una de las cinco grandes majors, que tenía a Katharine Hepburn y Cary Grant en su plantilla. 
Rodó un par de películas de propaganda sobre la intervención estadounidense en la Segunda Guerra Mundial, pero su carrera anglófona nunca despegó.
 “La RKO esperaba un estereotipo de la French girl, morena, desvergonzada, sensual y picante, pero vio llegar a una rubia de ojos azules una actriz dramática que hablaba inglés sin acento, lo que me perjudicó”, explicó hace años. 
Morgan se casó con el actor Bill Marshall e hizo construir una mansión en las colinas de Hollywood, en la que después viviría Roman Polanski
Allí matarían a su esposa Sharon Tate en 1969.
Morgan no siempre tuvo el olfato necesario ni supo renovar su carrera.
 Rechazó protagonizar Senso de Luchino Visconti y La noche de Michelangelo Antonioni.
 “Me pareció demasiado osada, fui una idiota”, reconoció una vez. Fue la primera opción para Casablanca, pero cuentan que Ingrid Bergman la sustituyó al aceptar cobrar la mitad que ella.
 Se tuvo que conformar con aparecer en su secuela, la menos gloriosa Pasaje a Marsella (1944). Más tarde, rodó también frescos históricos como Napoleón (1954), de Sacha Guitry, donde interpretó a Josefina de Beauharnais; o María Antonieta, reina de Francia (1955), donde interpretó el papel protagonista.
Considerada la Greta Garbo francesa, de rictus melancólico y ademán trágico —“la tristeza es lo mío”, solía decir—, Morgan encarnó “una versión sublimada y elegante de la francesa media”, según el semanario Télérama, a veces también algo burguesa y altanera.
 Cuando irrumpió la iconoclastia de la Nouvelle Vague, Morgan perdió definitivamente su lugar: encarnaba a la perfección ese cine de qualité al que tanto se opusieron Truffaut y Godard.
 A partir de los sesenta, se apartó progresivamente del cine para dedicarse a su segunda pasión: la pintura. 
Solo abandonó ese retiro voluntario para rodar con René Clair, Michel Deville o Claude Lelouch, que la supieron observar desde una perspectiva más madura y humana. 
Al final de su trayectoria como actriz, Morgan recibió un César de Honor en 1992 y un León de Oro por toda su carrera en 1996.

De la creatividad a la copia........................... Estel Vilaseca

El nuevo ritmo de la moda ha hecho que el plagio no sea solo patrimonio de las marcas ‘low cost’.

 Dos diseñadores sacan los colores a las firmas de lujo.

 

 
Propuesta de la colección de verano 2013 de Balenciaga. A la derecha, propuesta para el verano de 2017 de Jacquemus.

‘El editor de libros’ y el atrevido escritor............................ Juan Cruz

El caso de Perkins no es único en la historia, pero esta no es época para Perkins.

Jude Law, a la derecha, y Colin Firth, en 'El editor de libros'. Marc Brenner | Trailer de la película 'El editor de libros'.
Thomas Wolfe se murió a los 38 años, había nacido con el siglo XX.
 Su tormentosa vida, también atormentada, estuvo signada por la gracia de la escritura y la desgracia de su carácter, que volvió locos a los que estuvieron con él. 
Era un escritor magnífico, y tuvo un magnífico editor, Maxwell E. Perkins, que reunía todos los valores canónicos de quien se dedica a ese oficio.
 En la película que está ahora en los cines, El editor de libros, parece que se idealizan esas cualidades, pero en realidad se enuncian a través de metáforas que es útil refrescar.
 Perkins se sorprende ante la escritura del autor nuevo, alcanza una fe ciega en su porvenir y se dispone a trabajar con él como si tuviera delante a la literatura misma.
 Como hacían Brancusi, Moore o Chillida con las piedras que tuvieron a su disposición, se dedicó a moldearlo hasta confundirse con su estilo y con su vida.
Por otra parte, Perkins creyó tanto en esa piedra ya perfilada que era Wolfe con 29 años que lo acompañó en una carrera que antes parecía destinada a las plumas negras del despilfarro y a las banalidades del alcohol.
 Cumplió con su deber: le advirtió de los excesos y trabajó con él, encerrado, como si estuviera viendo nacer un planeta. 
En el prólogo que Perkins hace a la edición de El ángel que nos mira, tras la muerte del novelista y antes de su propio fallecimiento, en 1947, explica que quizá no debió acortarle tanto los textos. Aunque, añade, esos cortes luego resucitaban vivísimos en las obras siguientes del impetuoso joven al que él había descubierto. Todas son metáforas del trabajo de un editor: paciencia, buen juicio, respeto por la escritura.
 La película pone de manifiesto esos valores, que muchas veces se olvidan o se desdeñan. 
El autor no es un incordio, es el don principal de la literatura. En una ficción reciente, Musa (Anagrama), Jonathan Galassi, editor también, recoge una broma: “Editar sería maravilloso sin esos puñeteros autores”.
 Pero el legendario Mario Muchnik, tiene este título de su autobiografía editorial: Lo peor no son los autores.  
Peter Mayer, otra leyenda, dice que un editor es aquel capaz de advertir en medio de una multitud qué está queriendo leer la gente, identifica un título y encuentra al autor capaz de escribirlo.

Lo peor no son los autores, ni los editores, en absoluto.
 El caso de Perkins no es único en la historia, pero esta no es época para Perkins; la crisis editorial, y también de la lectura, así como los lugares comunes que persiguen a lo que debe y no debe ser una novela, han despeñado las posibilidades de los Perkins de hoy para convencer a sus autores de la importancia que tiene la escritura, su vigor y su lenguaje. 
La historia importa, pero sin lenguaje no hay escritura.
Lo que sorprendía de aquel Wolfe alocado que entraba con su baúl lleno de folios desordenados en Scribner’s era que estaba seguro del fracaso porque su literatura no iba a tener lectores.
 Lo que sorprende hoy de Perkins es que lo hubiera adoptado como si estuviera fundiéndose, sobre esa piedra que entonces era el joven Wolfe, una literatura. 
Ahora hay Perkins también, claro, pero los Wolfe no están muy seguros de mandarles sus manuscritos. 
Todos somos culpables de que nos echen para atrás, en los medios, en las editoriales, en el mundo que vivimos, libros que empiecen así: “…
Una piedra, una hoja, una puerta ignota; de una piedra, una hoja, una puerta. Y de todas las caras olvidadas”.
Pues así empieza El ángel que nos mira.
 Y aquel hombre, Perkins, no pudo dejar de leer ese libro que parecía escrito por un loco para iluminar la cruda oscuridad. 
La vanguardia está herida de muerte, a no ser que la sociedad literaria empiece a romper lo que le amarra al entretenimiento como única manera de comunicar literatura.
 Depende de que se atrevan los escritores y de que los editores se atrevan con ellos.