Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

21 dic 2016

El menosprecio de dos personajes antónimos.................. Javier Casqueiro

Aznar ya notó que se había equivocado de candidato en la primera campaña electoral de Rajoy en 2004 cuando no fue lo contundente que él quería contra Zapatero.

El líder del PP, Mariano Rajoy (d), junto a José María Aznar (i), en una foto de archivo. CLAUDIO ÁLVAREZ ATLAS
En el verano de 2003, José María Aznar puso su dedo sobre Mariano Rajoy y le eligió como su sucesor, tras albergar ya entonces dudas sobre el teórico preferido del PP, Rodrigo Rato, que no midió bien meses antes su autodescarte en conversaciones privadas, y sin considerar siquiera las opciones reales de Jaime Mayor Oreja. 
Unos meses más tarde, en la campaña electoral de 2004, Aznar ya notó que se había equivocado profundamente. 
Desde entonces, según su criterio, todo ha ido a peor porque Rajoy se confirmó como lo que todos los que les conocían a ambos tenían muy claro: son dos personajes antitéticos, con perfiles y caracteres opuestos, discursos antónimos y maneras de ser abismalmente diferentes.
El choque no es un enfrentamiento ideológico. Rajoy fue cuatro veces ministro, vicepresidente y responsable de las campañas de Aznar. 
Nunca le discutió nada. 
Hacía su tarea, no se complicaba en la encomienda e intentaba no levantar polémicas, ni ruido ni dar guerra. 
Pero no eran tampoco grandes amigos. No había un aprecio mutuo especial.
 Ese menosprecio por la falta de empatía se ha agigantado durante el mandato de Rajoy, que Aznar descalifica sobre todo por su falta de empuje, de fuerza y de contundencia.

“Aznar es un martillo, un activista, es impaciente, perseguía grandes objetivos y empeños estupendos, con los que se podría o no estar de acuerdo, y Rajoy es su contrafigura: elástico, puro flujo, el agua, la paciencia, y, si es posible, no hacer nada no vaya a ser que se empeore la cosa”. 
La definición la aporta uno de los principales colaboradores de ambos presidentes del PP al máximo nivel.
 Y no la añade ni para ensalzar a Aznar ni para cuestionar a Rajoy. “Su distancia temperamental es formidable”, apuntilla.
“Aznar es un martillo, un activista, es impaciente, perseguía grandes objetivos y empeños estupendos, con los que se podría o no estar de acuerdo, y Rajoy es su contrafigura: elástico, puro flujo, el agua, la paciencia, y, si es posible, no hacer nada no vaya a ser que se empeore la cosa”. La definición la aporta uno de los principales colaboradores de ambos presidentes del PP al máximo nivel. Y no la añade ni para ensalzar a Aznar ni para cuestionar a Rajoy. “Su distancia temperamental es formidable”, apuntilla.
 
 El primer punto de inflexión evidente ocurrió en aquella nefasta campaña electoral de 2004.
 Al PP se le juntó todo el averno de contratiempos políticos. 
En la teoría, Aznar solo debía de pasar el testigo del bastón de mando de La Moncloa a Rajoy, según lo previsto por sus estrategas, pero apareció la guerra de Irak, las mentiras, la reacción del entonces presidente popular y su equipo al atentado de Madrid del 11 de marzo, el descaro contagioso del aspirante socialista, José Luis Rodríguez Zapatero, y las encuestas situaron a ambos candidatos en inesperada posición de disputa en plena recta final de la campaña.
 El gurú electoral de Aznar, Pedro Arriola, diseñó una estrategia meliflua, sin duelos ni enfrentamientos a cara de perro. 
En los últimos días Rajoy se hundió y Aznar se molestó.
Aznar sabía cómo era Rajoy y le había seleccionado a propósito para afianzar la idea en el PP y entre el electorado de que tras su etapa convulsa venía entonces un político “templado”. Su contraparte. 
Aznar sintió pronto el desengaño con Rajoy del que no cumple con lo que él tenía planeado. 
Nunca ha querido reconocer abiertamente entre su equipo, tampoco a puerta cerrada en la FAES, que se equivocó con aquella elección. 
Aznar nunca admite errores.
 Sigue teorizando que, sobre el papel, Rajoy era la mejor opción posible, pero le gustaría que fuese más expeditivo, firme, menos paciente y que en su relación personal guardase algunos detalles, cierto cariño, posibles gestos. 
Pretendía que Rajoy no fuese Rajoy.
 Nada de eso está en la personalidad de Rajoy, según constatan varios colaboradores de ambos.
 

“Caprichos de los ex”

“Rajoy no es un relaciones públicas, ni con Aznar ni con nadie, y en el equipo del actual presidente tampoco ayudan mucho, no son previsores, no hablan con él, no le explican antes las cosas, no le reservan y preparan un papel especial para el próximo congreso”, indica un dirigente que ha trabajado con los dos presidentes populares.
Aznar tiene ahora entre ceja y ceja otro frente abierto con orgullo. Quiere convertir a la FAES, la fundación que preside, que fundó y que hasta octubre estuvo ligada al PP, en un ente libre, totalmente ajeno e independiente del partido.
 A Rajoy no le gustó mucho la idea, pero transigió.
 “Caprichos de los ex, que necesitan que se les haga siempre más caso y, claro, Rajoy no hace caso de casi nadie”, concluye un exmiembro del equipo de Aznar.

 

La doctora Victòria Bertrán............................... Patricia Gabancho

La médico fue asesinada el lunes por su marido el periodista Alfons Quintà.

Minuto de silencio en el centro médico de Barcelona donde trabajaba la doctora asesinada.
Victòria Bertrán, asesinada este lunes por el periodista Alfons Quintà, era mi doctora.
 Dicen que la pareja estaba en crisis, que ella lo quería dejar.
 No lo sé. Soy incapaz de imaginarlos como pareja, no tenían nada que ver. 
Ayer por la mañana pasé por el CAP de Les Corts para confirmar el drama y mucha gente parecía ajena a la noticia: lo sabrán de aquí a unos días.
 Cualquier mujer asesinada es igual de importante, y cada una deja un vacío: siempre hay alguien que siente que le han arrancado un pedazo de vida, más grande o más superficial. 
No hay diferencia. Pero cuando te toca de cerca, de alguna manera también eres una víctima.

 

Victoria era serena y empática, una excelente profesional.
 Generaba confianza, tenía sentido del humor, era prudente y sensata.
 A pesar de que sabía quién era yo, nunca me hizo ningún comentario sobre esa extraña pareja que había constituido.
 De manera que ahora sólo me queda una enorme impotencia.
 No estoy segura de que la sociedad pueda hacer mucho más contra la violencia de género, quizás una mayor protección de las mujeres que denuncian.
 Pero sé, por otros casos, que muchas mujeres no dan el paso porque saben que significa destapar definitivamente la olla podrida y piensan que, mientras, podrán controlar la situación. 
Tienen miedo pero se lo tragan.
 Eso lo sabemos y somos conscientes de todas las violencias que las mujeres soportamos en esta sociedad.
 Las discutimos, las comentamos.
Creo, sinceramente, que es hora de que esta reflexión la hagan los hombres.
 Que tomen conciencia que llevan dentro este instinto depredador, que no se manifiesta normalmente, pero que en el peor de los casos puede aparecer en una crisis.
 Sobre todo si se mezcla el orgullo, la desesperación o ese odio instantáneo de las situaciones finales, que debería durar segundos pero que puede llevar a hacer un disparate.
 Son los hombres los que tienen que estar preparados para doblegar a este instinto si se lo reconocen, para acallarlo, parar huir de él.
Respeto profundamente a aquellos que se suicidan. 
Todo el mundo tiene derecho a decidir qué es vida y qué no.
 Pero no hay ninguna razón para matar a la otra. Mátate, si quieres, pero deja vivir. Por favor.
Patricia Gabancho es periodista y publica en la sección de opinión de EL PAÍS.

 

España, 12 años sin atentados................................... José María Irujo

No es una casualidad que en la última década nos hayamos librado del zarpazo yihadista que azota Europa.

Mustafá Setmarian junto a Osama Bin Laden en las montañas de Tora Bora (Afganistán) en 2001. EL PAÍS
El atentado terrorista protagonizado en el corazón de Berlín era un secreto a voces.
 Como los protagonizados por la yihad global en Niza, Bruselas o París. 
Todos los servicios de información europeos esperaban un ataque en Navidad, aunque ninguno sabía ni dónde ni cómo se iba a producir. Barcelona y Madrid, por ese orden, también estaban en el radar. 
El autodenominado Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés), más acorralado que nunca en Siria e Irak, busca hacerse de nuevo visible fuera de sus dominios.
 Y una vez más lo ha conseguido, sea o no el inductor o inspirador de esta nueva matanza cuya autoría se atribuye
El incremento de atentados yihadistas en suelo europeo es una evidencia que destaca un reciente informe de Europol con datos estadísticos irrefutables.
 El Centro Europeo Contra el Terrorismo (ECTC), que dirige el coronel español de la Guardia Civil Manuel Navarrete, alertó del regreso a Europa de decenas de terroristas formados por el ISIS y Al Qaeda Central en el frente sirio. Ocurrió lo mismo tras las guerras de Bosnia y Afganistán.
 Hasta el momento España se ha librado de esta ofensiva, pero el zarpazo si no nos ha alcanzado todavía no es por casualidad.
Hemos pasado de ser, quizás, los más indefensos e infiltrados a estar mejor protegidos que el resto de nuestro vecinos.
 ¿Qué ha ocurrido desde el 11 de marzo de 2004?
 Entonces, fuimos los primeros en sufrir el mayor atentado en la historia de la Unión Europea: 192 muertos y centenares de heridos. La obsesión de nuestros servicios de información en el terrorismo etarra facilitó que desde mediados de los años noventa los sirios Mustafá Setmarian, Imad Eddin Barakat, y el argelino Alekema Lamari, sembraran a su antojo las primeras semillas de la yihad aprovechando la parálisis policial y judicial.
La importancia de estos tres personajes, entonces irrelevantes, pero interesantes para los pocos observadores de la Unidad Central de Información Exterior (UCIE) de la Policía que tuvieron el olfato de investigarlos, la demuestra su meteórica trayectoria.
 El pelirrojo Mustafá logró la nacionalidad española y un pasaporte europeo con un falso matrimonio de conveniencia.
 Acabó convertido en el número tres de Al Qaeda Central, tras Osama Bin Laden e Ayman Al Zawahiri;
 Imad se casó con una madrileña y logró la hazaña de que su nombre y dirección en Madrid apareciera en la agenda de Said Baiahi, uno de los miembros del comando que protagonizó los ataques del 11-S en EE UU;
 el solitario Alekema no tuvo tiempo de casarse con una española porque antes de morir bajo los escombros del piso de Leganés (Madrid) en el que se suicidó el comando que protagonizo el 11-M ya estaba obsesionado con su virginidad.
Los tres y su legión de acólitos hicieron bien su trabajo y a principios del 2000 convirtieron a España en la principal base de Al Qaeda en Europa, en centro de retaguardia de los salafistas que huían de operaciones policiales en otros países, como el intento de atentado frustrado en un mercadillo de Navidad en Estrasburgo, entonces ya pensaban en la Navidad como símbolo a golpear, en caja financiera y salón de proselitismo y reclutamiento de ex miembros del Grupo Islámico Armado (GIA) que entonces se pasaban a las filas de Bin Laden.
En 1995, en el aeropuerto de Barajas unos pocos policías a las órdenes del entonces comisario Mariano Rayón, hoy jubilado, observaban como el sirio Imad Eddin Barakat despedía o recibía a los muyahidines que viajaban a Afganistán, Bosnia o Chechenia. Tipos como el marroquí Amer el Azizi, casado con Raquel, una española, que vivía junto a la plaza de toros de Las Ventas, tomaba el té en el café Alhambra de Lavapiés y rezaba en la mezquita de la M-30, llegó hasta la jefatura de operaciones exteriores de Al Qaeda en Waziristán (Pakistán);
 o Selaheddin Benyaich, un marroquí condenado por los atentados de Casablanca al que ingresaron en una clínica de Madrid para que se restableciera de la pérdida de un ojo en Bosnia. 
Entonces no eran detenidos como ahora, se les daba cuerda para saber hasta donde eran capaces de llegar.
 Algunos les veían como luchadores románticos en lejanos desiertos, en tipos inofensivos en nuestro país.
En los noventa algunos veían a los yihadistas como románticos
El monstruo se hizo mayor ante la pasividad policial y la indiferencia general.
 Ni el Gobierno, ni la judicatura, ni la clase política levantaron la voz. Tampoco los medios de comunicación. 
Solo este grupo de agentes dirigidos por los inspectores José Manuel Gil y Rafael Gómez Menor seguían los pasos del sirio Barakat y de sus acólitos en una investigación judicial de cinco años del juez Baltasar Garzón y del fiscal Pedro Rubira que retrató la efervescencia de aquel grupo de salafistas que alimentaron a la bestia.
 La semilla germinó tan rápido que el egipcio Mohamed Atta, jefe de los suicidas del 11-S, eligió Tarragona para entrevistarse durante dos semanas, en julio de 2001, con el yemení Ramzi Binalshibh y comunicarle los objetivos del ataque más grave que ha sufrido EE UU desde Pearl Harbour.
En aquellos años el agente del FBI Randall Benett se preguntaba en su despacho de Karachi (Pakistán) a que se debía el flujo de yihadistas paquistaníes y magrebíes que regresaban a Europa vía Madrid desde los campos de entrenamiento de Al Qaeda en Afganistán.
 El hombre que intentó salvar la vida del periodista del Wall Street Journal Daniel Pearl, secuestrado por Al Qaeda y degollado por Khalid Seik Mohamed, el cerebro del 11-S, no sabía que España era el terreno mejor abonado de Europa.
 Ignoraba que entre Policía, Guardia Civil y CNI menos de 150 agentes, la mitad dedicados a tareas burocráticas, seguían la huella de los barbudos.
 “España es retaguardia, no vanguardia del terrorismo yihadista”, se decía en los despachos de la UCIE. Benett lo entendió todo más tarde, cuando vino destinado a Madrid tras salir ileso de un ataque con un coche bomba colocado bajo la ventana de su oficina.
Pero el ataque del 11 M, el primer éxito de la yihad en Europa, lo cambió todo.
 Desde entonces estamos mejor preparados. Más de 3.000 agentes de seguridad analizan las redes sociales, el nuevo escenario de reclutamiento para los que quieren viajar a Siria o Irak, o vigilan a los centenares de sospechosos en muchos rincones de nuestro país. España se han convertido en punta de lanza del combate a la yihad en territorio europeo con más de 600 detenidos, 140 condenados desde 2004, y un centenar de expulsados que no podrán regresar en diez años.
 Hasta ahora ninguno lo ha hecho.
Estamos en el centro de la diana, el peligro continúa  y su intensidad no baja
A las detenciones preventivas —se actúa al menor indicio de actividad para evitar sorpresas como las del 11-M— se suman ahora las órdenes de detención “exprés” contra los yihadistas que viajan a Siria, algo impensable antes de la aparición del ISIS. La iniciativa policial la apoyan los jueces y fiscales de la Audiencia Nacional, un órgano en el que la implicación de sus profesionales en esta lucha es total
. El 23% de las investigaciones de este tribunal están relacionadas con sospechas de yihadismo.
 Ahora se les detiene antes de que empiecen a andar.
 Esta política ha evitado durante los últimos 12 años varios atentados.
Pero el peligro continúa y su intensidad no baja. La determinación de los que fueron a Siria o Irak y el riesgo a que regresen formados como terroristas lo demuestran las llamadas a sus esposas de los primeros ceutíes que se fueron para no volver: 
“ Si muero no te darán el pésame, te felicitarán como si fuera un bautizo”, le dijo Piti a Samra Mohamed Hamed, su esposa. 
“No hay esperanzas porque no pienso volver. 
¿Quieres que te dé falsas esperanzas? ¿Quieres que te mienta?”, le espetó el yihadista ceutí antes de que esta rompiera a llorar.
 Algunos de sus compinches del barrio de El Príncipe confesaron a sus mujeres que ellos no iban porque querían “hacer la yihad aquí”.
El número de muyahidines que han viajado desde España a Siria es pequeño en comparación con otros países europeos, aunque la efervescencia salafista sigue viva.
 El barbudo Mustafá Maya, de 54 años, ha confesado en un despacho de la Audiencia Nacional que postrado en su silla de ruedas con un ordenador en sus rodillas ha enviado desde su casa de Melilla “a más de doscientos” procedentes de diez países. Los jueces y fiscales franceses y españoles que le escucharon no salían de su asombro
. Además, nuestra situación geográfica como puerta de entrada a Europa nos hace muy vulnerables a las amenazas procedentes de Libia y del inestable Sahel, el refugio de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI).
España sigue en el centro de la diana, estamos en el siniestro radar de los mismos que han atacado en París, Niza, Bruselas y Berlín, pero 12 años sin atentados demuestran que, al menos, ahora es mucho más segura que hace una década.

 

La justicia europea obliga a la banca a devolver todo lo cobrado por ‘cláusulas suelo’


El Tribunal de la UE falla en contra del sistema financiero español, que debe retornar al menos 3.000 millones abonados por los hipotecados antes de 2013.

Formidable varapalo judicial a la banca. 

Las entidades financieras españolas deberán devolver íntegramente el dinero cobrado por la aplicación de las cláusulas suelo en las hipotecas, que impiden que los clientes se beneficien de las rebajas de los tipos de interés.

 El Tribunal de Justicia de la UE ha dictaminado hoy a favor de establecer una retroactividad total en la devolución de las cláusulas suelo.

 La factura para el sector financiero es tremenda, entre 3.000 y 5.000 millones de euros adicionales, y ha provocado un batacazo en Bolsa de los bancos más afectados.

 Apenas minutos después de la sentencia, las entidades sufrían ya fuertes caídas, de más del 6% en el caso del Banco Popular y el Sabadell.

La banca llevaba meses en vilo, a la espera de saber si tenía que devolver el dinero de las cláusulas suelo desde 2013 (cuando una sentencia de Supremo las declaró ilegales) o desde más atrás, desde 2009.

 La diferencia es enorme: entre 3.000 o 5.000 millones, según diferentes cálculos de los especialistas.

 El Banco de España estima el sobrecoste en algo más de 4.000 millones; Analistas Financieros Internacionales cree que será algo más, unos 4.500 millones.

 Solo para las entidades cotizadas, devolver el dinero que estaba en juego les supone una factura de más de 2.000 millones de euros, según los cálculos de EL PAÍS. 

El caso viene de lejos. 

El 9 de mayo de 2013, el Tribunal Supremo declaró nulas las cláusulas abusivas por "falta de transparencia", aunque limitó las devoluciones hasta esa fecha para evitar una sacudida en el sector apenas unos meses después del multimillonario rescate de la UE. 

Varios juzgados acudieron al Tribunal de Justicia de la UE para preguntar si la retroactividad debía ser total: las cláusulas empezaron a activarse a partir de 2009, con la rebaja de índices hipotecarios como el euríbor, que algunos bancos nunca trasladaron a las hipotecas en virtud de la letra pequeña de los contratos.

 El abogado general de la UE se pronunció en julio a favor de los bancos: apuntó que las devoluciones podían tener límites temporales por las "repercusiones macroeconómicas asociadas": por "circunstancias excepcionales", ante la posibilidad de alterar una vez más la estabilidad del sector financiero. 

 La Corte de Luxemburgo echa por tierra esa argumentación. Y deja hoy claro que la banca debe devolver íntegramente el dinero (puedes leer aquí la sentencia completa), en lo que supone un revés formidable para el sector financiero.

 Los abusos relacionados con las cláusulas suelo se suman a una retahíla de reveses por parte del sector bancario español en los últimos tiempos. 

 Las entidades han sufrido lo que en la jerga del sector se conoce como riesgos reputacionales —en plata: mala imagen— por los problemas derivados de sus relaciones con las sociedades de tasación en los tiempos de la burbuja inmobiliaria, su papel en los miles de desahucios o la colocación de preferentes entre su clientela, calificada de "abuso" por el ministro de Economía, Luis de Guindos.