Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

27 oct 2016

El hartazgo de Morgana................................................................. Juan Cruz

La hija de Mario Vargas Llosa se pronuncia sobre los últimos rumores.

El escritor Mario Vargas Llosa.
Morgana Vargas Llosa abrió el pasado martes en Madrid una exposición sobre la vida de los humildes campesinos del alto Perú. Fotógrafa desde hace más de veinte años, trabajó en EL PAÍS hasta su regreso a su país. 
 Ella nació en Barcelona, hija de Patricia Llosa y de Mario Vargas Llosa
. La notoriedad de su padre, premio Nobel de Literatura, convierte a la fotógrafa en un arma habitual de las redes sociales y otros medios, analógicos y digitales, que hurgan en la vida de los otros con ocurrencias y otros dimes y diretes, habitualmente sin otras confirmaciones que la existencia de otros rumores a los que dan crédito sin citar fuentes.
 Su viaje a España (que continúa ahora por Andalucía, donde hace otros trabajos fotográficos) la ha convertido otra vez en pasto de esas llamas, en forma de reportajes o rumores sobre la vida privada de su familia que ella ha querido atajar con sus propias palabras y con un comunicado que firma su padre, Mario Vargas Llosa.
Así quiso contar a EL PAÍS su hartazgo la hija del Nobel: “No suelo contestar artículos ni noticias que salen en la prensa rosa española.
 Sin embargo, me informan que hoy este tipo de prensa ha llegado a una bajeza que sobrepasa los límites.
 Aquí les dejo un comunicado de mi papá para zanjar de una vez las mentiras que difunden con totalidad impunidad ciertos medios: ´Debido a las informaciones falsas que circulan, les pido por favor que dejen fuera de especulaciones a mi familia, que nada tiene que ver con las elecciones que yo hago en mi vida. Mario Vargas Llosa”.
 Isabel Preysler hace un desmentido sobre la crisis de ambos, ella que jamás desmiente nada. Es posible que no esté dispuesta a ir a Conferencias de su actual pareja y él esté cansado de tanto vacío en la vida de su amada....dicen que él está decepcionado porque ella hace la vida que hace. No sé ni me importa, pero crisis si que la hay. Con lo que gana Isabel en sus actividades de no hacer nada sino salir como exposición de joyerias y azulejos, poco esfuerzo y poca preparación intelectual, es posible que ambos estén cansados de ambos.

 

Últimos polvos............................................................................................ Luz Sánchez-Mellado

Ay, señor, líbranos si acaso de quienes nos aman, que de quienes nos dan lecciones de amor ya nos libramos nosotros.

Cementerio de La Almudena de Madrid
Mi abuela Gabina era analfabeta, diabética, anémica y asmática perdida, pero más lista que el hambre que pasó en la posguerra para darle de comer a su prole.
 La doña, porque doñísima era aunque no fuera bachillera, pasó sus últimos años yendo de casa en casa y de nuera en nuera con tres hatos de diario, el de los domingos, media docena de sostenes y bragas hasta la axila y la mortaja almidonada en la maletilla.
 Sí, la mortaja. Un sayón castaño oscuro que se cosió en cuanto se quedó viuda y se dispuso a vagar muerta en vida, como nos hipaba a los nietos mientras se ponía ciega a guirlache todas las Pascuas de Dios hasta que este le hizo caso y se la llevó con su hombre de su alma. 
Porque no quedará ni despojo, que si no, así estaría ella, la estoy viendo, más ancha que larga bajo tierra.
 Tan sencilla, curiosa y limpica como quiso pasar y pasó a mejor vida, cualquiera le llevaba la contraria.
 No tantos años después, ay, mi padre, Ángel, el chico pequeño de la Gabina, expiró también ahogadito vivo al haber heredado su azúcar, su asma y su mala sangre.
 Lo que no heredó fue ni su fe ni su mando omnímodo sobre sus deudos.
 Dicho dejó que no quería novenas ni lápidas ni hostias.
 Que lo quemáramos y aventáramos sus cenizas por el cerro de La Mira para ver desde el éter los molinos del pueblo donde jugó de niño.
 Como si hubiera dicho misa, oye. Mi madre salió con que qué menos que un triste oficio en su recuerdo.
 Los amigos, con que qué menos que una triste cruz en su memoria. Así que hubo cura y responso y funerales cada año hasta que se fue mi madre, y hoy hay una cruz de cantos tallada por sus compadres en el lugar donde flotan sus últimos polvos, y todo está bien porque todos le queríamos hasta los tuétanos. 
Y ahora salta el Papa prohibiendo no sé qué honras a los difuntos. Ay, señor, líbranos si acaso de quienes nos aman, que de quienes nos dan lecciones de amor ya nos libramos nosotros.

 

La sombra de la mentira es muuuy alargada................................................................... Juan Cruz

Aquellos a quienes afecta la maledicencia están obligados a convivir con las mentiras como reos de las redes sociales.

REUTERS
La sensación que domina hoy es que todo se puede decir y que además nada importa nada.
 La tienen, sobre todo, aquellos a los que no les afecta lo que se dice. A aquellos a quienes afecta la maledicencia están obligados a convivir con las mentiras como reos de una maraña que adquirió el nombre de redes sociales solo para simplificar.
En ese espectáculo informe de falacias que se publican caemos todos, porque la maledicencia es un estiércol que huele mal tan solo cuando el estiércol nos afecta.
 Cuando no nos afecta, ese estiércol es desayuno, almuerzo y cena de los que se frotan las manos cuando escuchan o leen (o ven) que al otro lo están poniendo a caer de un burro.
No es, por otra parte, algo que afecte solo a desvergonzados anónimos; hay gente con sus nombres y sus apellidos que tuitean o retuitean, o publican, en otros soportes distintos de Twitter, y se sienten ya alentados a dar carta de naturaleza a lo que no han comprobado.
 En la reciente escandalera de los llamados papeles de Panamá todo el mundo metió su cuchara, aunque solo algunos tuvieron en sus manos los papeles propiamente dichos.
 Pero quienes tuitearon, retuitearon, publicaron y republicaron lo que otros estaban controlando (con tanto celo que cuando decidieron que la fuente se había secado dieron orden de parar, sin explicar por qué) no tuvieron el cuidado de comprobar la dimensión del ruido que se había formado. 
Se unieron al carro y tuvieron mucho éxito en forma de retuiteos y otras famas derivadas de machacar en el clavo ajeno.
La sombra alargada de la mentira contamina el conocimiento. 
Si hoy preguntas qué pasó con tal actor o con tal empresario o con tal escritor o con tal cineasta, quienes nunca han sabido si es verdad o mentira lo que se dijo sobre ellos dirán, entre los juicios que le merezcan esas personas, su juicio madurado sobre las vilezas económicas que les han adjudicado quienes jamás vieron un papel verdadero en el que se pudiera comprobar la suposición de patas largas que les cayó encima.
El último sábado, sin ir más lejos, expresando su comprensión hacia la rabia que debían sentir los estudiantes que se manifestaron contra Felipe González y Juan Luis Cebrián en la Autónoma de Madrid, la diputada Carolina Bescansa, de Podemos, dijo en laSexta Noche que había que entender que uno era consejero de Gas Natural (dejó de serlo) y el otro estaba en esos famosos papeles.
 Lo dijo hasta ocho veces, lo debía de tener muy comprobado. En puridad, ambas acusaciones son mentira. 
 Nadie en esa multitudinaria tertulia, ni el director del programa ni los pinganillos que lo auxilian, sacaron a Bescansa del error. 
Ella tampoco ha debido de salir del error porque aún no ha pedido disculpas por alargar la sombra de tales mentiras.
 Pero esto es así; como decía Sinuhé el Egipcio, “así ha sido y será siempre”.
 Pero quienes lo sufren tienen derecho a estar hartos de que sea verdad siempre lo que se repite aunque sea mentira.

 

26 oct 2016

Mujeres............................................................................................ David Trueba

De Nuria Espert, además de su talento, me encanta recordarla en los últimos días de Amparo Rivelles.

Nuria Espert durante la ceremonia de los Premios Pricesa de Asturias. WireImage
Si hoy es martes, no será extraño que alguna mujer mayor ande salvando el país.
 Tengo la certeza de que a España la salvan las mujeres mayores, que resistieron la época feroz y opresiva para capitanear la revolución menos ruidosa y más eficaz de cuantas hemos presenciado.
 Hay mujeres que nacieron en torno a los años treinta del siglo pasado y asumieron tras ser niñas de la guerra una callada resistencia que se ha hecho expresiva muchos años después. Participan de la vida cultural con más ahínco que muchos jóvenes y suelen ser el público mayoritario de toda conferencia, concierto o proyección de interés
. Me he acordado de esta generación de mujeres al escuchar las palabras con las que Nuria Espert acompañó la concesión de su premio Princesa de Asturias.
 No sé si la futura reina estuvo atenta al detalle de que más que reivindicación se trató de un diagnóstico. Le conviene guiarse más por esas figuras de resistencia que por toda la panoplia de esclavas de las marcas que desfilan por Instagram.
 También me acordé de esa generación de mujeres españolas al morir Elena Santonja.
 Su hermana Carmen, miembro de las Vainica Doble, puso el humor en primera línea de la canción española, como su íntima Chus Lampreave puso las risas en tantas secuencias del cine. Fueron gente libre.
 Elena contaba que la echaron de su primer trabajo en TVE, donde triunfaría décadas después con su programa de cocina.
 Era una tertulia para jovencitas bajo la lupa de una Iglesia comprometida con la sumisión de la mujer.
 A una de las muchachas, la más cursi y pazguata, le sugerían trucos de maquillaje o de peinado cuando Elena le soltó: chica, tu problema es que tienes cara de pera y cuando tienes cara de pera, olvídate, estás fea te pongas como te pongas. 
Al parecer la jovencita estaba colocada a dedo por algún gerifalte del régimen, ¿les suena?, y a Elena la echaron.
 Pero podían echarte del trabajo, que la libertad no la perdías nunca.
De Nuria Espert, además de su talento, me encanta recordarla en los últimos días de Amparo Rivelles.
 Se habían conocido tarde en sus carreras, pero se hicieron íntimas tras trabajar juntas.
 La Espert iba cada tarde a acompañar a la Rivelles, enferma de osteoporosis, y a ratos jugaban al parchís partidas a las que se unía de tanto en tanto Lina Morgan.
 Me las imagino a las tres, rotas las costuras de tanto prejuicio teatral, de tanta etiqueta endilgada por otros, y estoy seguro de que en aquel tablero había más inteligencia convocada que en la más destacada cátedra nacional.