El traje
que lució la Reina durante los premios Princesa de Asturias recuerda a
un modelo del dominicano que llevó Nicole Kidman en 2014.
Desfile de Oscar de la Renta en 2013 y, a la derecha, la reina Letizia en los Premios Princesa de Asturias, en 2016. Cordon press/Gtres
Después de la Fiesta Nacional, el pasado 12 de octubre, los medios acusaron a Felipe Varela de haberse inspirado demasiado' en un modelo de Óscar de la Renta para vestir a doña Letizia. Y la historia se repite. El mismo tuitero que encontró el parecido al vestido del desfile militar, Miquel M. Albero, ha vuelto a resaltar en las redes sociales que el look
elegido por la Reina para los Premios Princesa de Asturias —firmado
también por Varela— se parece a otro de la colección otoño/invierno 2013
del diseñador dominicano.
Este vestido de Óscar de la Renta lo lució la actriz Nicole Kidman en
marzo de 2013 durante una gala Omega. Algo que refuerza aún más la
teoría que sostienen algunos críticos de moda sobre que doña Letizia
elige modelos más adecuados para una estrella de Hollywood que para una
reina. Las buenas críticas que habían recibido la Reina
y su modisto de cabecera, Felipe Varela, el pasado viernes durante los
Premios Princesa de Asturias se han visto ahora empañados por una nueva
acusación de copia. Ambos modelos están compuestos por lágrimas de
cristales negros Swarovski sobre un tul invisible y un forro de color nude. El estampado es el mismo, lo único que cambia es la largura y la forma de los tirantes. Albero ha escrito en Twitter que le parece "indecente" que la Reina
siga vistiendo prendas de un diseñador tan controvertido que, además, ha
recibido acusaciones de plagio. El tuitero refleja un malestar
existente en la industria de la moda española desde hace tiempo. Aunque
doña Letizia haya ampliado su armario a nuevas propuestas de diseñadores
españoles como Juan Vidal o firmas low cost como Mango y Zara, muchos se quejan de que la monarca no apoye a otros creadores como sí hace, por ejemplo, Michell Obama.
El pasado domingo, doña Letizia hizo una excepción en su reducida
cartera de firmas y lució un abrigo fucsia de un diseñador asturiano,
Marcos Luengo, en su visita a Los Oscos (Asturias), Pueblo Ejemplar de
2016.
En Oviedo también llevó un traje de Carolina Herrera que ya se
había puesto antes
Nicole Kidman en la fiesta de Omega de 2014. cordon pres
Este sentimiento campa a sus anchas en las empresas, en las redes sociales y en las vidas personales de cualquier mortal.
La envidia tiene un componente evolutivo
universal y su efecto es tan fuerte que incluso genera dolor físico.
Puede que para reconocerla tengamos que remontarnos a nuestra
adolescencia, como cuando aquel compañero sacaba mejores notas; o a
anécdotas cotidianas, como cuando vemos al vecino con un maravilloso
coche.
Pero no cabe duda que campa a sus anchas en las empresas, en las
redes sociales y en las vidas personales de cualquier mortal. Y si
tenemos éxito, muy probablemente lo generemos a nuestro alrededor aunque
no siempre seamos conscientes.
Así pues, si deseamos neutralizar su
efecto, veamos qué cuatro pasos podemos dar para conseguirlo.. Reconoce la emoción y qué te lo produce
La envidia surge cuando alguien tiene algo que uno no posee y que querría también. Puede ser desde una relación de pareja, un mejor tipo físico o un
ascenso en la empresa. Hay dos tipos de envidia: la sana y la nociva,
podríamos decir. La sana es cuando solo deseamos el objeto que el otro posee como, por ejemplo, las vacaciones del compañero de trabajo a un destino paradisíaco. Cuando sentimos envidia sana no nos alegramos por el mal ajeno, sencillamente queremos también lo que el otro tiene, como ha demostrado Niels van de Ven. Sin embargo, la envidia a secas es más complicada y nos alegramos de que al otro le vayan mal las cosas,
como que le caiga un diluvio y no pueda salir del hotel durante esos
días. En Brasil o en Rusia las diferencian como envidia blanca y negra, y
como es de suponer, aunque ambas son dañinas, es peor la negra. Así
pues, el primer paso es identificar con honestidad qué tipo de envidia
sientes y qué es exactamente lo que te lo despierta.
Tenemos dos tipos de reacciones posibles ante la envidia: la respuesta depresiva o la hostil.
La primera nos sumerge en el lamento tipo “calimero”: el “pobrecito de
mí”, “soy peor”, “no valgo”… Pero no hacemos nada más que
“automachacarnos” (que ya es mucho, la verdad).
La respuesta hostil es
más agresiva y nos lleva desde criticar como locos el éxito del otro
bajo mil excusas o a acciones más feas.
El mundo de las redes sociales
ha dado voz a esta emoción y no es de extrañar que críticas feroces que
sufren los famosos tengan de telón de fondo la envidia (aunque quien lo
hace difícilmente lo reconocerá).
Por ello, como segundo paso, hazte una
pregunta: ¿a qué tiendes más, a la queja o a la crítica?
Comparamos y comparamos aunque no seamos conscientes. Pero, ¿sabes?
Siempre hay alguien mejor que nosotros en algo. O es más listo, o más
rico o más atractivo.
Por ello, el mejor termómetro que podemos tener es compararnos contra nosotros mismos en el pasado.
En el caso de hablar otro idioma, por ejemplo, no te compares con el
que es bilingüe, sino contigo mismo un año atrás.
De este modo, se
estimula el aprendizaje y se entierra esta emoción oscura.
Y por último, el gran avance consiste en alegrarse por el éxito deseado ajeno. Para ello, una buena técnica es ganar en autoestima, que lo conseguimos si tenemos presente nuestras fortalezas personales y nuestros propios logros, como han demostrado Tanya Menon y Leigh Thompson.
Se pidió a un grupo de profesionales pensar en el último plan de un
competidor del que sentían envidia.
A la mitad de ellos se les solicitó
además que hicieran un listado de sus éxitos personales y a la otra
mitad, no.
Pues bien, cuando se valoró el tiempo que estarían dispuestos
a estudiar el plan de su competidor, los que habían pensado también en
sus fortalezas, dedicarían un 66 por ciento más que los que no lo habían
hecho.
Motivo: la envidia te evita aprender de otros porque los desprecias.
Por ello, si nos sentimos también fuertes tendremos más capacidad de
aprender, de disfrutar de ser nosotros mismos y de sufrir menos. Vale la
pena, ¿verdad?
“Sé tú mismo, los demás puestos ya están ocupados” Oscar Wilde
Las peticiones del polémico hijo de Isabel II le enfrentan con su hermano Carlos.
Eugenia, Beatriz y su padre, Andrés de Inglaterra. GTRES
El príncipe Andrés quiere que
su madre, la reina Isabel II, asigne a sus dos hijas, Beatriz y
Eugenia, funciones oficiales a tiempo completo subvencionadas por el
contribuyente, según publica la prensa británica. El segundo hijo varón
de la monarca británica, Andrés ha reclamado además un nuevo alojamiento
en el palacio de Kensington, una petición que ha sido bloqueado por
Carlos de Inglaterra, el heredero a la Corona. La reina Isabel, de 90 años, se ha visto en medio de la trifulca real
entre sus dos hijos, que al parecer ha llegado hasta un punto en el que Andrés, de 56 años,
ha escrito a su madre exigiendo que Beatriz y Eugenia desempeñen tareas
reales definidas a tiempo completo, subvencionadas por los fondos
soberanos con los que se paga a los miembros de la familia real
británica. Andrés y Carlos de Inglaterra. GTRESEn la misiva dirigida a la monarca, cuyo borrador fue originalmente
redactado por la secretaria personal del duque, Amanda Thirsk, su
segundo hijo se lamenta de que los duques de Cambridge, Guillermo y
Catalina, así como el príncipe Enrique lleguen a hacer sombra a las
princesas cuando fallezca la soberana y Carlos se convierta en rey. Andrés ejerce un cargo como representante del comercio y negocios
británicos en el extranjero al tiempo que preside algunas organizaciones
benéficas y cumple con una serie de compromisos oficiales por los que
percibe una asignación. Según el citado tabloide, a la reina le sorprendió tanto recibir la
citada misiva, que se sintió incapaz de responder y encomendó el asunto a
su secretario privado, Christopher Geidt, quien abordó el tema
directamente con Carlos. De acuerdo con esta información, el primogénito de Isabel II
consideró que alguien en el seno del Gobierno debería informar a su
hermano de que aunque él continuará desempeñando un papel formal dentro
de la realeza, no ocurrirá lo mismo con sus hijas. La vida de Beatriz, la hija mayor del duque de York y Sarah Ferguson, ya ha estado en el pasado
en el punto de mira por su alto nivel de vida. La insistencia de
algunos medios británicos en criticar esa existencia regalada apunta en
realidad a la línea de flotación del progenitor, un príncipe que habría
legado a su hija su conocida afición a la buena vida, alimentada en gran
medida por los contactos en las altas esferas que le ha procurado su
condición de príncipe.