El cantante celebra sus 60 años de vida y 40 de carrera con su primer disco y concierto acústico' para la MTV.
El cantante Miguel Bosé, ayer en Madrid. Álvaro García
Nadie es nada para juzgar a nadie. Y menos por un encuentro de 20
minutos con un ídolo de masas en el mejor cuarto de un hotel de lujo
durante una sesión de entrevistas de promoción en la que todos
formulamos las mismas preguntas y todos obtenemos las mismas respuestas. Sin embargo, a ojo de buena cubera, cabe reseñar un par de novedades en
el aspecto, la mirada y la actitud de Miguel Bosé respecto a otro par de encuentros mantenidos hace cuatro años con el mismo personaje en similares circunstancias. Digamos
que Bosé —la estrella—, porque así gusta de autodenominarse para
diferenciarse de Miguel —el hombre— ha perdido peso, ha ganado empatía
con el de enfrente y su armadura parece haber cedido algún milímetro
cúbico. “Me miro al espejo cada día y me siento el mismo, pero si tú lo
dices será cierto”, concede, cordialísimo, el escaneado a ojímetro.
“Engordo y adelgazo como un acordeón desde los 47 años, tengo buenos y
malos días como todos, y la coraza consistía y consiste en hablar de lo
que quiero y no de lo que no quiero”, concluye, interpelado al respecto. Y a fe que esto último es absolutamente cierto.
El cantante Miguel Bosé, ayer en Madrid. Álvaro García
Miguel Bosé,
ya se ha visto, está de un humor excelente, pero no se sale un
milímetro del guión que ha venido a interpretar en esta ocasión
concreta.
Llega nimbado por el aura de los muy divinos, posa diez
minutos para cuatro escogidos fotógrafos frente a un mural con el logo
del producto que viene a vendernos —su nuevo disco, su primer acústico,
un Unplugged para la
colección de la MTV — y se marcha a conceder un número equis de
entrevistas como esta en medio de un revuelo de asistentes susurrándose
solícitos por sus pinganillos las idas y venidas del jefe.
Así que he aquí a Miguel Bosé,
la estrella, 60 años cumplidos, con sus ojos miel subrayados con lápiz
negro, sus exquisitos huesos dibujándole la calavera y su personalísima
voz tomada por el constipado que le ha pegado alguno de sus cuatro hijos
—Diego, Tadeo, Ivo y Telmo, de entre 4 y 6 años—, que le esperan en su
casa de Panamá, adonde se mudó desde Madrid hace tiempo para no tener
que separarse tanto de ellos durante sus frecuentes viajes por
Latinoamérica. Por ellos son las prisas. Ellos son ahora, dice, su
prioridad absoluta. Y ha sido ahora, con cuatro hijos, 60 años de vida y 40 de
carrera, cuando Bosé se ha visto “maduro, seguro y a punto” para
desenchufarse. Para transformar en “orgánico” el sonido “informático”
que es su marca. “Hubo ocasiones antes, pero tenía miedo. Temía perder
mi identidad. Solo cuando Nicolás Sorin, mi productor desde Cardio,
me sugirió caminos, y perdí la obsesión por comparme conmigo mismo fue
cuando estuve listo”, explica. El resultado, un vídeo y un disco grabado
en mayo en México, tardó aún año y medio en concretarse. El tiempo
necesario para cuadrar su agenda, la de los invitados —Juanes, Pablo
Alborán, Maná—, y la producción exacta de cada tema, desde Nena a Bandido o una nueva bachata de Juan Luis Guerra, a gusto del jefe.
Se le ve satisfecho con el producto. No hay mucho tiempo
para hablar del resto. “Claro que me interesa la política. A pesar de
los descorazonamientos, esta no deja de ser mi patria, y nunca dejará de
serlo. Me duele lo que pasa. Pero me temo que, por mucho interés que
tengas, esto no tiene remedio. La situación es extrema. Pero no solo
aquí, sino en todo el mundo. El sistema no funciona, hay que resetearlo. Desde los barones hasta los príncipes se tienen que ir a la mierda. Y
nosotros tenemos que reaccionar. No somos inocentes, nosotros lo hemos
permitido. El cambio pasa por la conciencia ciudadana y un activismo
profundo, diario y constante”. Su prioridad, sin embargo, no deja de asomar la cabeza. Hay un momento en su concierto desenchufado en el que advierte al público de que no sabe si aguantará la próxima canción sin que la emoción le rompa. Se trata de Estaré,
el tema que compuso cuando su hijo Tadeo, alumbrado como sus hermanos
mediante gestación subrogada, le preguntó cuándo volvería de un viaje y
al Miguel padre se le cayeron los palos del palio del Bosé artista. “Quería explicarles que, si quieren sentirme, cuando no esté con ellos, o
cuando deje de estar, no tienen más que cerrar los ojos y buscar en su
corazón. Pero también por qué están aquí. Son hijos de padre soltero,
hijos del deseo. Que entiendan que los tuve porque deseé mucho tenerlos.
Si ves a Diego caminar, soy yo. Estoy en sus células. Mi memoria estará
en sus células”, te dice, mirándote a los ojos, y, aunque te haya dicho
poca cosa, te vas tan contenta de que Miguel Bosé te haya dejado cinco minutos más de los que estaban agendados.
El poeta malagueño gana el mayor bote de la historia de Telecinco.
David Leo tras ganar el premio en 'Pasapalabra'.
“Ranzón” es el dinero que se entrega como
rescate para redimir a un cautivo y, para David Leo García, malagueño
de 28 años, la palabra que le ha servido para embolsarse el mayor premio
de la historia de un concurso de Telecinco: un total de 1.866.000
euros. Anoche respondió correctamente a las 25 definiciones del Rosco, la prueba final de Pasapalabra.
Surge ahora la pregunta obvia: ¿qué hará con tanto dinero? Leo, quien con 17 años ganó (ex aequo con Ben Clark) el premio Hiperión
de poesía y que sigue siendo el poeta más joven en lograrlo, responde a
EL PAÍS:
“El mayor lujo es poder vivir sin angustias, centrado en la
literatura”.
Afincado desde hace cuatro años en Barcelona con su novia, contó con la ayuda de la presentadora Paz Padilla y de Sete Benavides,
diploma olímpico en piragüismo en Londres 2012 y Río 2016, en la
jornada en que, tras 109 programas —en 13 de ellos se quedó a las
puertas del gran premio—, por fin superó una prueba que, según confiesa,
es el gran reto de los concursos televisivos, su Tourmalet. Los deportes, precisamente, le tumbaron cuando en marzo de 2007, con 18, debutó ante las cámaras en Gran Slam (en
Cuatro). “Recuerdo la imagen, mi cara era la de alguien a quien le
acabaran de dar una patada”, dice en conversación telefónica. Quien le
batió entonces, Sebastián Cárdenas, tiene también en su currículo el
título de campeón de Pasapalabra, igual que Alberto Izquierdo,
con quien igualmente coincidiera en ese plató. Ahora, los tres ruedan
juntos en Madrid un programa que tendrá un Rosco especial en el que a
Leo le haría ilusión, tanta como congoja, volver a verse las caras con
ellos en un cruce.
Visto su punto débil, decidió ponerle remedio y, aunque no
ha logrado convertirse en fanático de ninguno, ha visto competiciones de
todo tipo en los últimos Juegos Olímpicos. Aduce, sin embargo, que
nunca ha conseguido "tragarse" un partido entero de fútbol, "ni siquiera
la final del mundial de Sudáfrica que ganó España”. Prefiere emplear
esa hora y media en ver una película. El cine, tras la poesía, los
viajes, ¿el trivial —ha llegado a jugar en bares a cambio de copas de
whisky— y los concursos?, es su otra gran pasión. Después de su primera experiencia vinieron Cifras y letras, en
Canal Sur (2010), donde para apaciguar los nervios se atiborró de
valerianas y fue incapaz de pensar con fluidez, y Gafapastas (2011, en
La 2), donde una sola pregunta le impidió derribar al campeón reinante. Los 54.000 euros de Avanti le dieron la llave a la emancipación
(ya había pasado un año en la Fundación Antonio Gala, el convento
rehabilitado en el centro de Córdoba donde el autor de La pasión turca o Más allá del jardín
beca cada año a artistas de varias disciplinas para que trabajen
juntos, y donde coincidió con una generación brillante, con nombres como
el también poeta y dramaturgo Javier Vicedo, el novelista Juan Gómez Bárcena o el compositor José Pablo Polo; y otro de Séneca en Madrid). Y, de allí, pasó a Saber y ganar, entrenamiento para este momento. Leo cree que lo que él hace, responder preguntas, no
demuestra saber, una Cultura con mayúscula, sino más bien el esqueleto
de la misma. Es un deporte mental, como el ajedrez, disciplina que le ha
ayudado a concentrarse en las mañanas en las que desde el desayuno al
almuerzo se aprendía el Diccionario de la RAE y en las tardes, enseñando español a extranjeros, diseñaba roscos y usaba a los alumnos griegos para repasar etimología. Antes de plantearse el siguiente paso, planea una estadía en
Japón, de cuya sociedad admira ese puntito de locura que desprende, o
en Argentina. Seguiría concursando para seguir sintiendo cómo él, que se
considera introvertido, se crece ante la cámara, pero ¿dónde ir tras
este éxito? Descarta embrollar intereses y presentarse al casting de,
por ejemplo, Pekin exprés. Sí tiene clara una cosa: dejará de preocuparse por cómo pagar el alquiler o de qué vivirá, y se sentará a escribir. Dime qué (DVD ediciones),
su último poemario, se publicó hace ya un lustro. Seguro que, como a
sus titubeos con los deportes, también quiere ponerle remedio a eso.
Los mayores premios en España
El mayor premio dado por un concurso televisivo en España se otorgó en el programa Boom de Antena 3 el pasado 8 de junio. El obtenido por David Leo se sitúa en tercer lugar. ‘Boom’, en Antena 3. 2.300.000 de euros. 8 de junio de 2016. ‘Pasapalabra’, en Antena 3. 2.190.000. 8 de mayo de 2006 ‘Pasapalabra’, en Telecinco. 1.866.000. 10 de octubre de 2016 ‘¿Quiere ser millonario?’, en Telecinco. 300.000 euros. 13 de septiembre de 2000. ‘El precio justo’, en TVE. 240.000 euros. 1991
La película de Juan Antonio Bayona recauda 3,6 millones de euros en su primer fin de semana en taquilla.
Fotograma de 'Un monstruo viene a verme'.VÍDEO: TRÁILER
Un monstruo viene a verme, la tercera película de Juan Antonio Bayona,
se ha alzado al número 1 de la taquilla del fin de semana con una
recaudación de 3,6 millones de euros, lo que la convierte en el mejor
estreno español de 2016, según datos de la consultora Comscore Movies
Spain.
La película protagonizada por Lewis McDougall, Felicity Jones y Sigourney Weaver ha doblado los 1,56 millones que logró Cien años de perdón,
de Daniel Calparsoro, hasta ahora el mejor estreno español del año. En
el ránking general de estrenos ocupa el tercer lugar, después de Mascotas y El libro de la selva. Mientras que en el top mundial de las películas más vistas se situa en el puesto 20.
Sin embargo, las cifras están lejos de las alcanzadas por el propio Bayona con sus anteriores filmes. El orfanato (2007) amasó casi seis millones de euros en los tres primeros días, y Lo Imposible
(2012), más de 8,9 millones de euros. Ambas figuran además se
encuentran entre las diez películas españolas más taquilleras de la
historia. Lo imposible recaudó en total 42,4 millones de euros y El orfanato, 25 millones. Un monstruo viene a verme
está basada en la novela de Patrick Ness y con ella el director español
completa su trilogía cinematográfica sobre las complejas y emotivas
relaciones entre madre e hijo. La segunda película más vista del fin de semana ha sido la cinta de animación Cigüeñas, con un millón de euros de recaudación; seguida por El Hogar de Miss Peregrine para Niños Peculiares, la nueva cinta de Tim Burton (0,9 millones de euros); La fiesta de las salchichas (0,9 millones) y Mechanic: Resurrection, secuela de The Mechanic (0,5 millones).
Surrealismo del bueno en museos de la capital francesa, pero ahí fuera, de 'sureality show'.
Naty Abascal. Carlos ÁlvarezGetty Images
Anna Malagrida en el Pompidou. París era una fiesta.
Y mientras Los Panteras rosas —son los posibles ladrones, aún sin confirmar— desplumaban a Kim Kardashian
y se llevaban más de 14 milloncetes de euros en joyones, la vida
seguía.
Esa misma vida que ha retratado la artista barcelonesa Anna Malagrida, laureada con el premio Carte Blanche PMU y que expone —solo quedan 10 días para verla— en el Centro Pompidou de la ville lumière.
Con
fotografías, vídeos, textos y otras piezas reconstruye el corazón de la
metrópolis, compuesto de millones de pequeños seres insignificantes
como nosotros. Ella nos convierte en arte.
Sureality shows. París está de lo más
latino. Y surrealista. A dos pasos de Anna Malagrida también expone una
argentina, Alejandra Riera. Y a otros dos pasos, René Magritte.
Surrealismo del bueno en el museo, pero ahí fuera, de surealityshow. Lo de Kardashian, digo. Hay muchos que esperamos, cual fans
quinceañeras, película de las de robo con mítica frase: “Sincronicemos
los relojes”. Pink Panthers: The Movie, o algo así. De la Semana de la Moda de la capital francesa ni hablamos. Hoy, la aristocracia del reality made in USA sería protagonista de una versión millennial de la película Prêt-à-Porter.
París era un fiestón.Naty Abascal también estaba en París. Y en una fiesta: la suya, homenajeada por Aquazzura, la firma de zapatos en la que se inspira Ivanka Trump. Se inspira tanto, tanto, que tiene una bonita demanda por plagio. Por
favor, busquen la foto en Internet, comparen y, si encuentran alguna
diferencia entre los zapatos de Ivanka y los originales de Edgardo
Osorio, manifiéstense. Ya lo hará el juez. Naty se llevó con ella la
fiesta a París, y allí aparecieron con lunares y peinetas Nieves
Álvarez, Ariadne Artiles y Bibiana Fernández. ¡Olé! Naty es nuestra Diana Vreeland de Sevilla. Que nadie se eche las
manos a la cabeza, que el lectorado anda sensible y el de la moda, más. ¿Quién más puede presumir aquí de salir en una película de Woody Allen,
aparte de ella y Penélope Cruz?