Si atendemos a su cine, a sus programas de televisión y radio, a su
prensa escrita, España es el país peor hablado de cuantos conozco.
18 sept 2016
17 sept 2016
El 7º de caballería está en funciones.......................................................... Javier Casqueiro
Los casos Soria-Guindos y Barberá reabren la división sobre cómo hacer política en este Gobierno y el PP.
Así definió el ministro Luis de Guindos este viernes en 13tv los movimientos y rencores internos que se han registrado estos días en el PP y el Gobierno de Mariano Rajoy contra su actuación en el caso Soria.
Guindos, en pleno roadshowde la presentación de sus memorias esta complicada semana por los medios, asegura que no está en esas batallas, porque tiene que seguir en su cruzada por todo el mundo para salvar a España de recaer en la crisis.
Esa actitud, atribuyéndose para él y su equipo los méritos de evitar el rescate, y esa suficiencia reafirmada estos días de que él sí es independiente, no milita, trabaja sin parar en cosas importantes y no piensa en seguir en el Gobierno, le ha distanciado toda la legislatura de sus compañeros de gabinete y del partido que sí continúan en su carrera por preservar el poder.
El error de “sensibilidad política” admitido por Guindos en el caso Soria, y la diferente visión sobre cómo afrontar la corrupción en el PP, han reabierto la herida generacional y política en el partido y el Gobierno sin funciones que maneja silente Rajoy.
Y ha subrayado la intensidad de su agenda, con Eurogrupos, Econfines, G-20, citas en China, Nueva York y Bruselas, para descartarse de las miserias internas y señalar que nunca ha estado ni está en funciones.
Esta semana se ha concedido un resuello. En enero empezó la redacción de sus memorias, España amenazada, y ahora las está publicitando porque se había autoprogramado que a estas alturas ya estaría fuera de escena.
El miércoles se las presentó, en la Fundación Rafael del Pino, el presidente Rajoy. No fue efusivo.
Tampoco sus compañeros de gabinete y del PP, más bien ausentes.
Rajoy se permitió apuntarse también algún tanto en haber sorteado en 2012 la quiebra de España.
En su libro, Guindos cuenta que entonces y más tarde cuando saltó el escándalo de las tarjetas black de Cajamadrid y Rodrigo Rato, notó la tensión con algunos de sus colegas, aunque Rajoy siempre le apoyó.
El día de sus memorias no aparecieron por la sala ninguno de los ministros o dirigentes del área económica en La Moncloa próximos a Soraya Sáenz de Santamaría que tan mal se han llevado estos años con Guindos.
Cristóbal Montoro excusó su asistencia “porque nunca va a ese tipo de actos a esas horas”.
Empezó a las 19.00 horas. Álvaro Nadal, responsable de la Oficina Económica, tenía “comprometida su agenda”.
Tampoco fue Fátima Báñez, de Empleo, ni ninguno de los nuevos vicesecretarios del PP.
Algunos de esos dirigentes hasta cuestionan que la confianza de Guindos en permanecer en el euro haya sido siempre tan fiel.
Sí acudió la vicepresidenta, que encabeza en teoría el sector del Gobierno opuesto al extinto G-8 que montaron los ministros más veteranos para mofarse de sus ambiciones juveniles.“Ha venido para disimular”, conjeturó uno de sus críticos.
“Confirmó su presencia desde el primer momento precisamente para que no se pudiera decir nada”, defienden en el entorno de Santamaría.
“Algunos están demasiado en funciones y tienen poco que hacer”, señaló otra fuente de La Moncloa.
En plena resaca del caso Soria-Guindos el Tribunal Supremo avanzó el martes su intención de investigar por presunto blanqueo a Rita Barberá, la histórica exalcaldesa de Valencia.
Rajoy, en cuanto se enteró, llamó al vicesecretario de Organización del PP, Fernando Martínez Maillo, y le encargó el marrón: “Ponte a ello”.
Maíllo y su jefa, la secretaria general del PP, Dolores de Cospedal, llevaban días llamando a la interfecta
. Fueron charlas correosas. Pretendían, con la aquiescencia de Rajoy, que Barberá se diera de baja del PP y devolviera su escaño. No lo lograron.
En la tarde del miércoles, harto de negociar y recibir desplantes de Barberá (“Que me lo digan de arriba”), Maillo se plantó en el despacho de Cospedal para que oficializara el ultimatum.
Cospedal se resistió: “!Para qué voy a tener que llamarla yo si ya se lo has dicho tú¡”.
Al final lo hizo y Barberá capituló.
Al día siguiente, Cospedal ofreció a su veterana amiga una declaración tan neutral para demandar su retirada del Senado que ninguno de los nuevos vicesecretarios del PP, que tanto se habían mojado en público o en privado, entendió.
Ganan los buenos. Pues qué bien................................................................. Carlos Boyero
El filme 'La doctora de Brest' me resulta monocorde, previsible, plana, con un final que deseas rápido pero que se alarga hasta provocar el bostezo.
Independientemente del estado de ánimo, el subidón es transparente
cada vez que llego a esta preciosa ciudad.
La tensión desciende placenteramente: si ha salido un sol razonable, es fantástica, pero si cae un diluvio y el mar ruge, aún es mejor; la melancolía y la hipnosis que provoca algo tan inclemente como ver llover tiene efectos curativos en mi caso.
Únase esto al terrible y metafísico dilema de tener que elegir un restaurante o un bar excelente cada noche para que tu sentido gastronómico se alborote y reencontrarte con amigos de siempre para percibir la llegada de la euforia.
¿Y el cine, que es la presunta y más trascendente razón para aterrizar aquí a mediados de septiembre durante más de 30 años? Bueno, pues rezas aunque seas agnóstico para que la mayoría del tiempo que permanezcas en la oscuridad te regale sensaciones gratas, descubras películas y autores en posesión de algo mágico, o simplemente que te interese, que te entretenga, que no ejerza el intolerable pecado del aburrimiento.
Y aunque entre mis vicios no figure el de pasarme horas consultando el catálogo de lo que se va a exhibir durante nueve días, no soy tan frívolo e irresponsable como para no echarle un vistazo.
Y en él puedes encontrarte con directores cuya obra conoces y que te hacer concebir esperanza, expectativas o puro terror y otros de los que no sabes nada.
Y quieres confiar en el criterio de aquellos que lo han seleccionado, anhelando la calidad en nombre de tu propio bien pero también deseando el éxito de los responsables del festival que dirige con esfuerzo proteico mi cálido y entrañable amigo José Luis Rebordinos.
Sabes que la parte del león se la llevan los festivales de Venecia y de Toronto, inmediatamente anteriores a este, y que el olfato debe ir acompañado de la suerte para estrenar aquí grandes títulos.
Sabes que no tienen problemas para que el cine español más selecto se preste a figurar en San Sebastian (las últimas películas de Alberto Rodríguez y de Juan Antonio Bayona se estrenarán aquí), pero no solo del buen cine español vive el paladar del cinéfilo.
Y San Sebastian siempre ha cuidado los horizontes latinos, que según la nueva moda que quieren lanzar los impostores de siempre es el cine más valioso que se realiza en la actualidad.
Y dices: “Vale”.
Pero también me encuentro en el programa con la fascinante noticia de que un maestro del cine coreano y otro del cine filipino van a presentar a sus nuevas criaturas.
Pero como mi insensibilidad es lamentable respecto a la mayoría de presuntas obras de arte del cine oriental, empiezo a sudar. Ojalá que al final de esta larga cita conserve la sonrisa.
Me resulta monocorde, previsible, plana, con un final que deseas rápido pero que se alarga hasta provocar el bostezo.
La historia que cuenta es real, supuestamente confirma que alguna vez David ha podido vencer a Goliat.
Yo creo que esa leyenda es inventada, que Goliat siempre le arranca la cabeza al infrecuente y heroico David mientras que está preparando el lanzamiento de su piedra.
Pero es inevitable que se afronte muy de vez en cuando el desafío del invulnerable monstruo.
Aquí la vileza está encarnada por las farmacéuticas, capaces de comercializar unas pastillas que entrañan riesgo de muerte para los diabéticos y los obesos que las consumen.
Una médico aparentemente insignificante pero con una tenacidad y un sentido de la justicia ilimitados se enfrentará a los tiburones y ganará pagando una notable factura en su vida cotidiana, sintiéndose acorralada y calumniada, a punto de perder las cosas que más le importan.
¿Recuerdan la magistral El dilema, la lucha de un productor de televisión y de un químico para demostrar como las compañías tabacaleras enganchan con metodología siniestra a su clientela y mienten sobre su responsabilidad?
Pues La doctora de Brest solo se parece en su temática. La forma de contarlo es lamentable.
Y me pone muy nervioso la interpretación de Sidse Babett Knudsen, la admirable protagonista de la serie Borgen.
No para de hablar y de chillar, pone caritas todo el rato, no la soporto.
Imagino que obedeciendo ordenes de la directora Emmanuelle Bercot.
La tensión desciende placenteramente: si ha salido un sol razonable, es fantástica, pero si cae un diluvio y el mar ruge, aún es mejor; la melancolía y la hipnosis que provoca algo tan inclemente como ver llover tiene efectos curativos en mi caso.
Únase esto al terrible y metafísico dilema de tener que elegir un restaurante o un bar excelente cada noche para que tu sentido gastronómico se alborote y reencontrarte con amigos de siempre para percibir la llegada de la euforia.
¿Y el cine, que es la presunta y más trascendente razón para aterrizar aquí a mediados de septiembre durante más de 30 años? Bueno, pues rezas aunque seas agnóstico para que la mayoría del tiempo que permanezcas en la oscuridad te regale sensaciones gratas, descubras películas y autores en posesión de algo mágico, o simplemente que te interese, que te entretenga, que no ejerza el intolerable pecado del aburrimiento.
Y aunque entre mis vicios no figure el de pasarme horas consultando el catálogo de lo que se va a exhibir durante nueve días, no soy tan frívolo e irresponsable como para no echarle un vistazo.
Y en él puedes encontrarte con directores cuya obra conoces y que te hacer concebir esperanza, expectativas o puro terror y otros de los que no sabes nada.
Y quieres confiar en el criterio de aquellos que lo han seleccionado, anhelando la calidad en nombre de tu propio bien pero también deseando el éxito de los responsables del festival que dirige con esfuerzo proteico mi cálido y entrañable amigo José Luis Rebordinos.
Sabes que la parte del león se la llevan los festivales de Venecia y de Toronto, inmediatamente anteriores a este, y que el olfato debe ir acompañado de la suerte para estrenar aquí grandes títulos.
Sabes que no tienen problemas para que el cine español más selecto se preste a figurar en San Sebastian (las últimas películas de Alberto Rodríguez y de Juan Antonio Bayona se estrenarán aquí), pero no solo del buen cine español vive el paladar del cinéfilo.
Y San Sebastian siempre ha cuidado los horizontes latinos, que según la nueva moda que quieren lanzar los impostores de siempre es el cine más valioso que se realiza en la actualidad.
Y dices: “Vale”.
Pero también me encuentro en el programa con la fascinante noticia de que un maestro del cine coreano y otro del cine filipino van a presentar a sus nuevas criaturas.
Pero como mi insensibilidad es lamentable respecto a la mayoría de presuntas obras de arte del cine oriental, empiezo a sudar. Ojalá que al final de esta larga cita conserve la sonrisa.
David contra Goliat
¿Y el arranque? Se titula La doctora de Brest. No tengo nada contra las buenas intenciones, a condición de que estén dotadas de arte. Y aquí no lo percibo.Me resulta monocorde, previsible, plana, con un final que deseas rápido pero que se alarga hasta provocar el bostezo.
La historia que cuenta es real, supuestamente confirma que alguna vez David ha podido vencer a Goliat.
Yo creo que esa leyenda es inventada, que Goliat siempre le arranca la cabeza al infrecuente y heroico David mientras que está preparando el lanzamiento de su piedra.
Pero es inevitable que se afronte muy de vez en cuando el desafío del invulnerable monstruo.
Aquí la vileza está encarnada por las farmacéuticas, capaces de comercializar unas pastillas que entrañan riesgo de muerte para los diabéticos y los obesos que las consumen.
Una médico aparentemente insignificante pero con una tenacidad y un sentido de la justicia ilimitados se enfrentará a los tiburones y ganará pagando una notable factura en su vida cotidiana, sintiéndose acorralada y calumniada, a punto de perder las cosas que más le importan.
¿Recuerdan la magistral El dilema, la lucha de un productor de televisión y de un químico para demostrar como las compañías tabacaleras enganchan con metodología siniestra a su clientela y mienten sobre su responsabilidad?
Pues La doctora de Brest solo se parece en su temática. La forma de contarlo es lamentable.
Y me pone muy nervioso la interpretación de Sidse Babett Knudsen, la admirable protagonista de la serie Borgen.
No para de hablar y de chillar, pone caritas todo el rato, no la soporto.
Imagino que obedeciendo ordenes de la directora Emmanuelle Bercot.
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