Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

12 sept 2016

Los Reyes acompañan a Leonor y Sofía en su primer día de colegio

Leonor comienza sexto de primaria y Sofía, cuarto.

Los Reyes han acompañado esta mañana a sus hijas, en su primer día del curso. EFE ATLAS
La princesa Leonor y la infanta Sofía han comenzado el curso escolar este lunes. 
Los Reyes de España las han acompañado.
 Don Felipe conducía su coche y la Reina iba en el lugar del copiloto. Doña Letizia ha bajado la ventanilla y ha aprovechado para saludar a la prensa allí presente, que aguardaba la llegada de la familia real.
Para no alterar el funcionamiento del centro de Santa María de los Rosales en el que estudian, los monarcas han preferido no posar y entrar así en coche.
 Desde el año 2012 no se ha vuelto a captar a las niñas con los Reyes a las puertas del colegio donde también estudió su padre siendo Príncipe de Asturias.
 En otras casas reales es habitual que este primer día de clases haya un posado.
 
Leonor y Sofía, en un acto oficial. GTRES
A punto de cumplir 11 años, la primogénita comienza sexto de primaria. Sofía, de 9 años, hará cuarto. Ambas hermanas dan clases de ballet y música, además de participar en el aula medioambiental con que cuenta el colegio
. Las dos hablan muy bien inglés ya que una de sus niñeras es británica.
 Además, la familia Borbón y Grecia suele usar habitualmente el inglés. El colegio Nuestra Señora de los Rosales es privado y laico que imparte clases de religión si los padres así lo quieren para sus hijos. Don Felipe y doña Letizia pagan en torno a 700 euros al mes por cada una de sus hijas.
 El uniforme del colegio es falda gris, jersey azul, zapatos oscuros y abrigo azul.
 Las clases comienzan a las 9.30 y acaban a las 17.30, de lunes a jueves.
 El viernes, la salida se adelanta a las 15.45.

 

Hillary Clinton abandona los actos del 11-S mareada por una neumonía........................... Amanda Mars

La candidata cancela su viaje previsto para el lunes a California. El percance alimenta la línea de ataque de la campaña de Trump sobre la salud de la candidata.

La candidata Hillary Clinton al ausentarse de la ceremonia del 11-S. ANDREW HARNIK (AP) / EL PAÍS VÍDEO
Los médicos diagnosticaron a Hillary Clinton una neumonía el pasado viernes.
 La enfermedad trascendió este domingo después de que la candidata tuviera que abandonar de forma precipitada el acto de homenaje del 11-S en Nueva York al sentirse indispuesta.
 Su campaña lo atribuyó en un principio a un “exceso de calor”, pero su doctora, Lisa Bardack, afirmó más tarde que se había deshidratado y sufría una neumonía.
 Tras el percance en el homenaje, había sido examinada de nuevo en su casa en el norte de Nueva York. 
Por la noche, anunció que cancelaba un viaje de campaña este lunes a California.
Este episodio alimenta la última línea de ataque de su rival republicano, Donald Trump, sembrar dudas sobre la salud de la exsecretaria de Estado. 
También es combustible para quienes acusan a Clinton de no ser transparente, por revelar forzada por los acontecimientos, aunque la comunicación de esta dolencia frena especulaciones más graves sobre su salud que circulan en algunos foros de la derecha más antiClinton.
 

Clinton al salir del piso de su hija en Nueva York. AP
Su rival, Trump, se refirió al incidente a primera hora del lunes: "Espero que se recupere y vuelva a la campaña, la veré en el debate", dijo el republicano, que recalcó que "la salud [de los candidatos] es un asunto [de campaña]", informa Reuters.
 El magnate, que tiene 70 años, dos más que la demócrata, anunció vagamente que difundirá información sobre su propia salud: "La semana pasada me hice una revisión física... cuando tenga los números, difundiré números muy, muy específicos"
El acto, en el que participaba también Trump junto a los últimos tres alcaldes de Nueva York y otras autoridades, comenzó sobre las 8.30 de la mañana, justo unos minutos antes de que hace 15 años se estrellara el primer avión contra una de las dos torres del World Trade Center. 
 Cuando había transcurrido alrededor de hora y media, Clinton abandonó la ceremonia deshidratada e indispuesta. 
En un vídeo difundido en Twitter y por varios medios se la ve tambalearse al subir a la furgoneta.

Clinton en la ceremonia del 11-S junto a el alcalde de Nueva York. AP
Desde allí se dirigió al apartamento de su hija, Chelsea, en la ciudad, para reponerse. 
Al cabo de un rato, salió de allí sonriente y diciendo que se encontraba bien.
 Después la candidata se refugió en su casa de Chappaqua, un pueblo en el norte del estado de Nueva York.
En el comunicado, la doctora Bardack afirma que la exsecretaria de Estado ha estado experimentado "tos relativa a alergias".
 "El pasado viernes, en un seguimiento de esta tos, se le diagnosticó neumonía.
 Se le administraron antibióticos y se le aconsejó reposo y un cambio en su agenda. En el acto de esta mañana, se acaloró y deshidrató.
 La acabo de examinar y ahora está rehidratada y recuperándose adecuadamente", explica. 
Su agenda de los próximos días, más allá de la cancelación de California, queda ahora por confirmar.
La salud de Clinton, de 68 años, se ha convertido también en un asunto de la campaña electoral para las presidenciales del 8 de noviembre. 
Partidarios de Trump difundieron rumores a lo largo del verano –con informes falsos incluidos- sobre un presunto deterioro de la salud de la candidata, quien en 2012 tuvo que ser tratada por un coágulo formado por una caída que sufrió al desmayarse.
La rumorología y la batalla electoral hacen que un ataque de tos sufrido por Clinton hace unos días en un acto público se convierta en material incendiario contra la campaña.
 En este clima, la noticia de una neumonía puede resultar explosiva.
En agosto, Trump la acusó de no tener “el aguante mental ni físico”, para hacer frente a la amenaza terrorista del Estado Islámico (ISIS, en las siglas en inglés).
 Además, le retó a hacer público su historial médico completo: “Creo que ambos candidatos, tanto la deshonesta Clinton como yo, deberíamos hacer públicos nuestros historiales médicos. 
Yo no tengo problemas en hacerlo, ¿los tiene Hillary?”, dijo en su cuenta de Twitter.

El empresario, por su parte, no ha difundido su historial, sí una nota breve sobre su estado
. En el caso de Clinton, en 2015 hizo público un informe médico que afirmaba que los daños de la conmoción de 2012 estaban superados y que gozaba de buena salud para afrontar el reto presidencial.
 Este verano, saliendo al paso de los rumores, su médico habitual afirmó en otra nota que Clinton se encuentra en “una excelente condición física pata servir como presidenta de Estados Unidos”.
El estado de quien pretende dirigir el país más poderoso del mundo es un asunto de interés público.
 Y los rumores y ataques de estos meses tienen, como transfondo, la edad de los actuales candidatos: Trump y Clinton tienen 70 y 68 años, respectivamente. 
Eso hace que los americanos necesiten “saber más” sobre la salud de ambos, en palabras de David L. Schneider, profesor de Medicina en la Universidad de Illinois. 
 En un artículo publicado hace dos días en The Washington Post, recordaba que Trump, de salir elegido, sería el presidente más mayor al entrar en la Casa Blanca, y Clinton sería la segunda, por detrás de Ronald Reagan.
 “A esa edad, empiezan a pasar cosas”, dice Schneider.


 

Jane Birkin fue más moderna que tú


Otello nació en Kankakee.......................................................... Rubén Amón

El tenor americano Gregory Kunde abre la temporada del Real y los fastos del bicentenario erigido en el mejor protagonista de la ópera de Verdi.


Fotografía del tenor Gregory Kunde y el barítono George Petean durante el ensayo de 'Otello'. EFE
No estaba previsto que el Otello del siglo XXI pudiera nacer en una localidad de Illinois de resonancias cacofónicas. 
Kankakee se llama.
 Y probablemente la ha puesto en el mapa su vecino más ilustre. Que nació allí en 1954 y que se ha convertido en misionero de la ciudad -24.000 almas- sin pretenderlo ni imaginarlo.

No podía imaginárselo Gregory Kunde ni siquiera habiendo estudiado canto ni desempeñándose como tenor.
 O despeñándose como tenor, más bien, pues su debut en Europa proporcionó a su carrera tantas frustraciones como carcajadas proporcionó a los espectadores de la Ópera de Niza en la temporada de 1984.
Desvaría Wikipedia cuando relaciona aquel acontecimiento -Los pescadores de perlas, Bizet- con un flechazo del público continental.
 Pues sucedió al revés.
 A Kunde se le rompió la voz y se le rompieron los nervios. Parecía malograrse prematuramente una carrera sin ambiciones. Porque Kunde era un “tenorino”, diminutivo de tenor ligerísimo que aspira a papeles ligerísimos y que sólo una mutación inverosímil podría transformarlo en Otello. Casi dándole la vuelta al escarabajo de Kafka.
Y Otello es Kunde.
 O es el Otello del siglo XXI, tal como demuestra su agenda, su reputación, su identificación con el supremo rol verdiano.
 Aquel tenor frágil y pusilánime que interpretaba a Nadir en Niza, que sobrepasó un cáncer de testículos -1994- y que pudo haberse resignado al mejor cantante de Kankakee, se ha erigido en una figura hegemónica del escalafón y en el reclamo de la apertura de la temporada en el Teatro Real este mismo miércoles.
Allí comparece en una suerte de éxtasis conmemorativo. Primero porque Otello implica un recordatorio al quinientos aniversario de la muerte de Shakespeare, cuyo patrimonio teatral permitió a Verdi dar lo mejor de sí mismo (Macbeth, Otello, Falstaff) y explorar hasta sus últimas consecuencias el concepto de la “palabra escénica” en su embrión dramatúrgico.
Y en segundo lugar porque este mismo Otello, ramificado en 13 funciones con la coproducción de la English National Opera, remarca el inicio de los fastos que celebran el bicentenario del Teatro Real. No llegó a concebirse la primera función hasta 1850, pero fue en 1818 cuando se colocó la piedra inaugural.
 Y fue en octubre de 1890 cuando se estrenó Otello en el Teatro Real, dos años después de haberse alumbrado en la Scala de Milán y con una acogida bastante aséptica de los espectadores.
Le corresponde ahora a Gregory Kunde remediar el malentendido.
 Lo hace representando él mismo un caso muy impresionante por su mutación de tenor ligero o ligerísimo a tenor dramático (y viceversa). 
Más o menos como si Fred Astaire se hubiera metamorfoseado en James Cagney, aunque la mayor proeza de semejante "elasticidad" consiste en que Kunde, provisto de una técnica prodigiosa, es capaz de hacer reversible el camino.
Sigue cantando Rossini y Donizetti, como si una mariposa pudiera convertirse en gusano.
 De hecho, el tenor norteamericano conserva en su repertorio, al mismo tiempo, el "Otello" rossiniano y el papel de Verdi.
 El único enlace entre ambos consiste en el trasunto del drama shakespereano, pero compaginarlos equivale pedirle a un boxeador de los pesados que compita a la vez en la categoría de los pesos ligeros.
Y resulta que Kunde lo hace, quizá para cuestionarnos si el Otello que eligió el propio Verdi para su ópera, o sea, Francesco Tamagno, acaso no era menos robusto y corpulento de cuanto hayan podido acreditarlo los Otellos que han representado con más acierto el papel del moro de Venecia en el siglo XX, es decir, el triunvirato absoluto que conforman los casos de Ramón Vinay, Mario del Mónaco y Plácido Domingo (no sobrarían en el banquillo ni James McCracken ni Jon Vickers).
La vida tras el telón del Teatro Real. La institución, inaugurada en 1850, hierve de actividad en su día a día. CARLOS ROSILLO
Kunde es menos “oscuro” que ellos en cuestiones de color vocal, pero ha conseguido una asombrosa equidistancia con el gran repertorio, más o menos como si pudiera permitirse alternar las pruebas de un velocista olímpico con las competiciones de un corredor de fondo.
La temporada que se avecina representa un buen ejemplo al respecto, puesto que su Otello de Madrid, que luego repetirá en Londres, antecede en el propio Teatro Real al estreno de la Norma de Bellini, una nueva incursión belcanista a la que luego suceden experiencias veristas -Andrea Chénier en Roma y Bilbao-, un Trovador londinense y una inmersión en el patrimonio francés -Sansón y Dalila, en Turín- con la que el tenor de Kankakee reivindica su condición de omnívoro.
Es la prueba de que se ha convertido en un cantante total. No forma parte de los tenores más conocidos, pero es probable que este matiz obedezca a que Kunde abjura de la mercadotenia, tiende a evitar los de los estudios de grabación -la excepción es un disco de arias que va a poner en órbita Universal brevemente- en beneficio de una carrera a la antigua usanza: en los teatros, en vivo, como si cada función fuera la última. Y como si Kunde se muriera como Otello, dejando escapar entre sus manos el cabello de Desdémona.