Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

10 sept 2016

Mucha gente quiere ayudar....................................................... Boris Izaguirre

Felipe Juan Froilán de Marichalar y Borbón durante una feria taurina en Santander. GTRESONLINE
 
Parece mentira pero hay mucha gente dispuesta a ayudar a los demás. 
Por ejemplo, la madre Teresa de Calcuta, que ayudaba siempre que comulgases con ella.
 O Mariano Rajoy, dispuesto a ayudar a sus amigos, como ahora con el exministro Soria, con esa candidatura divina y fallida para el Banco Mundial.
 Sin amiguismo no hay paraíso.
Soria renunció a la candidatura y rápidamente De Guindos encontró un sustituto. 
A todos nos ha asombrado ese sueldazo de 250.000 euros anuales, libres de impuestos.
 ¡Qué ilusión! La sede del Banco Mundial es en Washington, DC, una de las ciudades más aburridas y vigiladas de América
. Mi prima Maritza Izaguirre fue representante de Venezuela ante esa institución.
 Nos contaba que la ciudad era pavorosamente fría, en clima y en personalidad.
 Y una exquisita amiga me contó que acudió a una recepción en una embajada en esa ciudad a la que llegaron 10 minutos antes de la hora fijada y ya en el parking había decenas de coches con los invitados dentro esperando que el reloj diera las 19.00 horas para al fin entrar en la recepción.
 ¿Puede existir una imagen más desoladora de la vida social?
La familia del ministro De Guindos parece tener otra idea de Washington.
 Antes de encontrar sucesor para Soria, ya tenían empleo dos sobrinas suyas en la capital.
 Son Beatriz y Leticia. Leticia pasó de ser veterinaria a agregada en la embajada española en Washington. ¡También hay fieras en las embajadas! Beatriz trabaja en el propio Banco Mundial. 
 El tema ha sido tan familiar que opacó por un momento el interés por la boda de Rociíto y Fidel.
 Pienso que habría que ver todo esto del Banco Mundial como algo solidario: quienquiera que sea el elegido, tendrá el calor y cariño de las sobrinas De Guindos.
 Un entorno familiar para esos solitarios y largos domingos en Washington donde los restaurantes y bares cierran a las 22 horas y pocos abren el fin de semana.
 Los norteamericanos tampoco se abren, puedes pasar décadas viviendo entre ellos sin conocerlos.
 Sería de buenos amigos advertirle a los candidatos para el sueldazo libre de impuestos que en esa ciudad vivieron los Urdangarin-Borbón hasta que tuvieron que marcharse de su casa en Georgetown, del cargo en Telefónica y, lo más importante, de Whole Foods, la cadena de supermercados orgánicos donde los precios están pensados para justificar los sueldos del Banco Mundial.

Felipe Juan Froilán de Marichalar y Borbón durante una feria taurina en Santander. GTRESONLINE

Puede que Washington sea una nueva Siberia, pero Mallorca está que arde con el supuesto romance de su obispo, monseñor Javier Salinas, con Silvia Valenzuela, una colaboradora cuyo cometido era ocuparse de la relación de la diócesis con otras instituciones de la isla. ¡Sabemos que mantener las relaciones no es fácil!
 Los denunció el marido, Mariano de España, que además de celoso pertenece a la aristocracia isleña.
 Siguió y grabó a su esposa con investigadores privados. Mallorca puede ser un pequeño infierno disfrazado de bondad. 
El presunto romance era un secreto a voces pero aún así el obispo besaba la mano de los reyes religiosamente, como si nada.
 El detalle que me ha conmovido es que los infieles crearon un grupo de oración que estaba integrado exclusivamente por ellos dos.
 Ahora los separan, a él lo destinan a Valencia. El Vaticano no debería castigarlos con tanta severidad.
 ¿Cuántas otras veces la curia no ha visto para otro lado?
En la era de Instagram parece muy fácil ser relaciones publicas y luego no es así. 
Sino fíjense en el caballero que acompaña a Felipe Froilán en su primera entrevista concedida a la televisión, al programa Espejo público. Froilán, muy serio, nos informa de que su pasión taurina es algo familiar, como los puestos en las embajadas o en el Banco Mundial. 
Pero, inevitablemente, la curiosidad, los ojos se nos van al amigo. Un joven, de belleza omeya, esos califas que poblaron Córdoba y con el aspecto de los relaciones públicas de su generación en los clubes madrileños: pelo recogido, barbita y pulseritas como las de la abuela de Froilán.
 En algunos medios han sido inseparables este verano, o sea que es una persona que también quiere ayudar.
 Es probable que la excesiva exhibición, tanto en la entrevista de Espejo público como en las páginas del corazón, fastidien un poco la buena voluntad de ese muchacho y terminen por distanciarlo de Froilán.
 Es lo que tiene querer ayudar: nunca se sabe cuándo la solidaridad se vuelve interés.

 

Genios de la moda, diablos de la vida.......................................................... María Contreras

La relación de los diseñadores y sus musas, al cine con McQueen y Blow como estrellas.

Alexander McQueen e Isabella Row.

 

Son musas, amigas, confidentes, paño de lágrimas, espíritus afines o mentoras y, en ocasiones, todo a la vez.
 El mundo de la moda tiene una larga tradición de relaciones intensas y casi siempre tortuosas entre genios creativos y mujeres visionarias que descubrieron en ellos una valía de la que el resto del mundo aún no era consciente. 
Pero ninguna de esas leyendas tuvo un final tan trágico como la de Alexander McQueen e Isabella Blow, cuya amistad, según acaba de anunciarse, será llevada al cine.
 The Ripper que se estrenará en 2017 y se centrará en los primeros años de su relación. 
 Issie y Lee, como todos los llamaban, se conocieron en 1992. Él era un diseñador recién licenciado en Saint Martins; ella, una estilista con sangre azul y un olfato infalible para descubrir talentos. 
Tanto le impactó a Blow la oscura belleza de la colección de fin de carrera de aquel joven (inspirada en la época de Jack el Destripador, incorporaba pelo humano debajo del tejido) que la compró entera por 5.000 libras y se propuso ayudarle a triunfar.

Son musas, amigas, confidentes, paño de lágrimas, espíritus afines o mentoras y, en ocasiones, todo a la vez.

Y vaya si triunfó; en 1996, con solo 27 años, fue nombrado director creativo de Givenchy. Dana Thomas, autora del libro Gods and Kings. The rise and fall of Alexander McQueen and John Galliano, asegura que la intercesión de Isabella fue determinante en su éxito: “Hizo mucho más que animarle.
 Le ofreció un sitio donde trabajar, le dio dinero para materiales, le presentó a gente como el diseñador Julien Macdonald o el sombrerero Philip Treacy, le introdujo en las revistas, organizó y protagonizó su primera sesión de fotos con el Vogue británico, llevó famosos a sus desfiles, le acompañó a museos... Su apoyo fue incalculable”.
Alexander McQueen e Isabella Blow en Londres, en 2003. Getty Images
Y como parece que los biopics de diseñadores siempre vienen de dos en dos —así sucedió cuando adaptaron a la gran pantalla las vidas de Saint Laurent y Coco Chanel—, The Ripper coincidirá en el tiempo con otra película sobre McQueen, dirigida por Andrew Haigh y basada en Blood beneath the skin,la biografía autorizada que el escritor Andrew Wilson publicó sobre él en 2015.
 Este autor cree que la excéntrica aristócrata y el hijo del taxista se hicieron inseparables. 
“Reconocieron en el otro una cierta oscuridad. En 1964, cuando Issie tenía cinco años y se suponía que tenía que vigilar a su hermano de dos, se distrajo.
El niño se atragantó con un trozo de galleta, se cayó a un estanque y murió.
 Lee también tenía demonios con los que lidiar: había sufrido abusos por parte de su cuñado, que además maltrataba a su hermana mayor”. 
Y añade: “Tanto Lee como Isabella utilizaban la moda como una forma de armadura. 
Aunque su relación tuvo altos y bajos —cuando Lee no le dio trabajo a Isabella en Givenchy, ella se sintió traicionada—, estaban unidos por un profundo amor.
 Cuando Isabella se suicidó bebiendo herbicida en 2007 creo que Lee se sintió culpable por no haber hecho más por ella”.
 El diseñador más brillante de su generación también era el más torturado. 
Nueve días después de la muerte de su madre y tres años después del suicidio de Blow, siguió sus pasos: ingirió un cóctel de cocaína y pastillas y se ahorcó en su piso de Mayfair. 

Tal vez por su propia naturaleza efímera, esta industria no es ajena a este tipo de encuentros y desencuentros. 
La escritora Dana Thomas menciona otra relación que guarda con ellos ciertos paralelismos: “John Galliano también tuvo su musa aristocrática: Amanda Harlech.
 Ella comenzó como editora de moda, descubrió a Galliano después de su desfile de graduación en Saint Martins. 
Su huella en sus primeros años de él como diseñador fue profunda. Pero cuando a Galliano lo contrataron en Dior, no se llevó a Amanda; pensó que no la necesitaba.
 Karl Lagerfeld se dio cuenta de su talento y la fichó para Chanel, donde aún sigue hoy”.
Karl Lagerfeld con Inès de la Fressange en 2011. ALFRED/SIPA /Cordon Press /Cordon Press
La amistad de Yves Saint Laurent con Betty Catroux y Loulou de la Falaise, a quienes conoció a finales de los sesenta, también forma parte de la historia de la moda.
 A la primera la llamaba su “gemela”; hasta la muerte de él en 2008 lo compartieron todo, depresiones e ingresos en rehabilitación. Loulou, diseñadora de joyas y accesorios, cuidó de él y trabajó durante tres décadas en su atelier; dejó tal impronta en la marca que había quien la llamaba “Yves Saint Loulou”. 
Y relaciones como las de Lagerfeld con Inès de la Fressange (formaron un tándem inseparable en Chanel durante los ochenta, pero su relación se rompió al final de la década y tardaron 20 años en reconciliarse) o, más recientemente, la de Lady Gaga y su exestilista Nicola Formichetti también son material de guion cinematográfico. 
La moda los une, pero es Hollywood quien los hace inmortales.

Paesa resucita en el cine..................................................................Gregorio Belinchón

Se movía entre las sombras del espionaje y las cloacas del poder. Muy pocos lo conocen y nadie sabe si sigue vivo.
 Eduard Fernández, el actor del momento, resucita a Francisco Paesa en un vibrante ‘thriller’ político.
JULIO DE 2017. Un anciano de pelo blanco, gafas caladas y traje elegante saca una entrada de cine.
 El local está en la plaza del Centro Pompidou, en el corazón de París, repleta de turistas y de skaters.
 Apoyándose en un bastón, baja las escaleras, al sótano donde se esparcen las distintas salas dedicadas a cine internacional de autor. Entra a ver El hombre de las mil caras, de Alberto Rodríguez.
 A oscuras, con la proyección en marcha, a veces sonríe: eso no fue así, pero casi mejor, que nadie sepa cómo ocurrió; en otras se le agria el rictus, porque manipuló, mintió y engañó a la gente que le rodeaba, como cuenta la película. 
El anciano imaginario, de 81 años, es Francisco Paesa y está viendo su vida en la pantalla. 

En realidad no es tanto su vida como su año de relación con Luis Roldán.
 El exdirector de la Guardia Civil, perseguido por estafa y por enriquecerse con fondos reservados y comisiones, se entregó a la policía española en febrero de 1995 en el aeropuerto de Bangkok (Tailandia).
 Llevaba 304 días prófugo de la justicia y presentó unos documentos, negociados desde Laos con el Gobierno español, que garantizaban que solo podría ser juzgado por cohecho y malversación. 
Aquel episodio está envuelto en la bruma.
 En realidad, Roldán nunca pisó Laos y había pasado buena parte de aquellos 304 días en París, al amparo de un hombre que supuestamente no solo le estafó 10 millones de euros, sino que además le delató a las autoridades españolas por otros 1,8 millones de euros.
 Aquel hombre era –y sigue siendo, hasta que se demuestre fehacientemente lo contrario– el espía Francisco Paesa, el auténtico protagonista de El hombre de las mil caras, la película con la que Alberto Rodríguez concursa el sábado que viene en el Festival de Cine de San Sebastián –ya lo hizo con La isla mínima–. 
 Su estreno en salas comerciales está previsto para el próximo viernes 23.
 Carlos Santos encarna a Roldán, y Eduard Fernández, a uno de los tipos más enigmáticos y fascinantes que han trabajado en las cloacas del poder mundial, Francisco Paesa.


Francisco Paesa © Gorka Lejarcegi (10-12-1991) C-48558
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 En la primera imagen, foto icónica del espía publicada por EL PAÍS en los 90. En la segunda, el actor Eduard Fernández caracterizado de Paesa.

Quizá en ese hipotético estreno en Francia, en 2017, el Paesa real acuda al cine a ver el resultado. Quién sabe.
 Durante el rodaje de la película en París, Alberto Rodríguez y su equipo bromeaban con la posibilidad de que se acercara a espiar su trabajo.
 “No creo que ocurriera, pero en su naturaleza estaba la curiosidad. También la mentira y el encubrimiento. 
Desde que empieza en los años sesenta en Guinea Ecuatorial con una inmobiliaria hasta que se convierte en un timador internacional. Es difícil saber qué historias contadas sobre él son ciertas y cuáles pura leyenda.
 Colaboró con los servicios ­secretos españoles, vendió armas por todo el mundo y dos misiles antiaéreos a ETA con unos localizaciones que permitieron a la policía interceptar un importante zulo.
 Fue banquero… Incluso en 2010 engañó a un magnate ruso”, cuenta el cineasta sevillano.
 Y poseía un gran ego, junto a un curioso sentido del humor. “Que el sello de los papeles de Laos fuera de un Ayuntamiento y no del Ministerio de Exteriores de aquel país suena a broma de Paesa. Como las esquelas que anunciaron su muerte en 1998.
 Lo interesante de él es que sobrevivió 40 años mandara quien mandara y logró que la gente siguiera confiando en él”.
El hombre de las mil caras es un thriller, “una ficción basada en la realidad”, precisa su director. 
“Esta realidad es pretendidamente artificiosa. Saber la verdad es imposible.
 Hay tres o cuatro personas que puede que sepan lo que ocurrió, pero yo no”.
 Con todo, Rodríguez se ha hecho experto en Paesa y sabe, por ejemplo, que en París vivió en una pequeña plaza de la calle de Martignac porque allí también residía Catherine Deneuve.
 “Por desgracia, también fue un pionero, porque es de los primeros españoles que realizan grandes delitos internacionales, como muestran sus blanqueos de capitales en Suiza”.
Paesa ganó y perdió dinero, atravesó grandes altibajos económicos y sociales. 

“En realidad, la gran pregunta es por qué hacía lo que hacía”, prosigue el director. 
“Creo que por cierto amor a estar en el meollo de las cosas”. Un extraño afán de aventuras peligrosas de las que sin embargo salió sin recibir un tiro en la nuca. 
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El reparto de la película 'El hombre de las mil caras'.
Y a ese hombre le da vida en pantalla Eduard Fernández (Barcelona, 1964), actor como pocos en España, experto en personajes turbios a los que crea muchas veces desde la contención. Marca de la casa Fernández: con un par de adustos gestos, tanto en pantalla como en la sesión de fotos de este reportaje, reaparece Paesa ante los ojos del público.
 “Sobre Paesa existen muchos datos, pero eso le sirve más al guionista que al actor”, cuenta Fernández. 
“Yo recordé mucho dos anécdotas de su infancia: que le dolía que no le hubieran enseñado a usar los cubiertos con corrección y que, mientras sus amigos jugaban, él se tenía que ir a hacer la compra con una bolsa de aquellas de red.
 Complejos de clase, querer aparentar lo que no es, amoral, ilusionista… Fui construyendo con esos detalles a mi Paesa”. Ganador de dos goyas, intérprete curtido en el teatro antes que en el cine, adonde llegó en 1999 cuando ya pensaba que se le cerraba esa puerta, Fernández recopiló más información:
 “Me entrevisté con un agente del CNI [Centro Nacional de Inteligencia], que me contó que Paesa se metía en lo que no quería nadie.
 Sospecho que necesitaba la adrenalina del peligro y del poder para vivir, más allá del dinero.
 Amaba su puesta en escena, como un dandi con su encendedor y su pañuelo. 
Y creo que no tenía nada de empatía con nadie, algo ideal para sus trabajos”. 
 Fernández confiesa que tiene que actuar para “ser feliz” y que este es su año.
 En salas está ya Lejos del mar; estrena en 10 días El hombre de las mil caras y, el 2 de diciembre, 1898. Los últimos de Filipinas; interpretará en español –ya lo ha hecho en catalán– el drama Panorama desde el puente, dirigido por Georges Lavaudant, y empezará la grabación de la serie La zona.
 Con Paesa le conecta la pasión por fumar. 
No tiene pelos en la lengua para hablar sobre su profesión y sobre la situación política, “repleta de ladrones”. 
Y, sí, le encantaría que Paesa estuviera vivo –algo que duda Alberto Rodríguez–. “Me gustaría charlar con él un rato, aunque no le sacara nada.
 Ver cómo se mueve y respira”. Ahí aparece uno de los grandes secretos de Fernández: “Me gusta espiar la vida real. Sentarme y ver a la gente. A mi madre también le pasa”.
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Eduard Fernández caracterizado de Francisco Paesa. Ximena Garrigues y Sergio Moya
 Este barcelonés procede de una familia de clase media: “No me fomentaron ser actor, pero no se opusieron. 
Y eso que empecé como mimo”. Su padre, que murió hace cinco meses, nació en el barrio chino.
 “De clase muy humilde. En cambio, mi abuelo materno era militar, franquista y una excelente persona. 
Por tanto, equivocado”. Y estalla en una carcajada. “Mis cuatro abuelos eran de fuera de Cataluña. 
Yo soy bilingüe completamente, aunque mis dichos infantiles fueron en castellano”. 
Antes de actuar, su primera pasión fue el waterpolo y llegó a ser subcampeón juvenil de España.
 Luego llegó la interpretación. Estudió algo, pero prefirió trabajar y trabajar. “Fui haciendo, haciendo. 
En Els Joglars, compañía que dejé para tener algo de vida personal, con Boadella, Pasqual, Bieito… Todos muy grandes.
 Ah, y Lluís Homar, que no se me olvide”. Al cine saltó con Los lobos de Washington y Zapping
“Gracias a Sara Bilbatua, una enorme directora de casting, cuando pensé que ya se me había pasado la hora”.
 En su ductilidad, antes de Paesa encarnó a un etarra arrepentido, “otro personaje muy para adentro”, en la excepcional Lejos del mar, de Imanol Uribe, película que ha sufrido para encontrar su hueco en salas.
 “Ha sido inexplicable… y reflejo de los malos tiempos que vivimos”.
Fernández reconoce que ha pasado “despistado” tres años: “Me separé, salí por la noche más de lo que debería.
 Por suerte, siempre tuve trabajo. Tanto en teatro, un sitio mágico, como en cine, un arte más preciso”. 
Interrumpe la charla: llama por teléfono su hija, Greta Fernández, también actriz y estrella en Instagram.
 “No pude oponerme a sus decisiones”, ríe de nuevo. “Las conversaciones entre actores me cargan mucho. No me gusta hablar sobre la profesión, sí sobre la ­construcción del personaje”. 
Y vuelve a insistir: “Creo que es mi momento.
 Me siento optimista en lo mío, porque, en cambio, con la que está cayendo política y socialmente… No me queda y no nos queda otra que encarar de forma positiva lo que viene”. 
 

9 sept 2016

libros de esta semana

'El universo en la palma de tu mano', 'La desfachatez intelectual' o los 'Muertos de la estepa', las críticas de Babelia.


  • "Llévate a la playa una caja de cartón, de esas grandes que sueles usar para las mudanzas, y llénala de arena fina. Recluta mediante un crowfunding a otros 300 voluntarios para que hagan lo mismo. Subid todos a lo alto de la estatua del almirante Nelson de la plaza de Trafalgar, en el mismo centro neurálgico de Londres. Y luego arrojad la arena sobre el asfalto y los adoquines intentando que cubra toda la plaza. Estaréis viendo una metáfora apta de la Vía Láctea, la galaxia que nos vio nacer y nos verá morir, donde cada grano de arena representa una estrella, probablemente con planetas que orbitan a su alrededor, de los que tal vez alguno, o quizá millones de ellos, albergue vida, quién sabe si vida inteligente. Con este tipo de imágenes, metáforas y conceptos profundos ha construido su libro Cristophe Galfard". Por JAVIER SAMPEDRO
    Un viaje al entendimiento "Llévate a la playa una caja de cartón, de esas grandes que sueles usar para las mudanzas, y llénala de arena fina.
     Recluta mediante un crowfunding a otros 300 voluntarios para que hagan lo mismo. Subid todos a lo alto de la estatua del almirante Nelson de la plaza de Trafalgar, en el mismo centro neurálgico de Londres.
     Y luego arrojad la arena sobre el asfalto y los adoquines intentando que cubra toda la plaza. Estaréis viendo una metáfora apta de la Vía Láctea, la galaxia que nos vio nacer y nos verá morir, donde cada grano de arena representa una estrella, probablemente con planetas que orbitan a su alrededor, de los que tal vez alguno, o quizá millones de ellos, albergue vida, quién sabe si vida inteligente.
     Con este tipo de imágenes, metáforas y conceptos profundos ha construido su libro Cristophe Galfard". Por JAVIER SAMPEDRO Ir a noticia
     

    • "Hay buenas razones para leer Yeruldelgger, muertos en la estepa, y la primera es que no estamos hablando de bajos fondos en Los Ángeles, de las praderías de ­Devon­shire, de desiertos mexicanos ni de barrios suecos zarandeados por la prostitución o el espionaje, sino de Mongolia. El universo creado por Ian Manook con gran verosimilitud transcurre entre yurtas y caminos poblados por nómadas incansables fieles a muy pocas cosas, pero cosas importantes: y cuidar para siempre el alma de una niña muerta es una de ellas". Por BERNA GONZÁLEZ HARBOUR
      Buenas noticias desde el subsuelo "Hay buenas razones para leer Yeruldelgger, muertos en la estepa, y la primera es que no estamos hablando de bajos fondos en Los Ángeles, de las praderías de ­Devon­shire, de desiertos mexicanos ni de barrios suecos zarandeados por la prostitución o el espionaje, sino de Mongolia.
       El universo creado por Ian Manook con gran verosimilitud transcurre entre yurtas y caminos poblados por nómadas incansables fieles a muy pocas cosas, pero cosas importantes: y cuidar para siempre el alma de una niña muerta es una de ellas". Por BERNA GONZÁLEZ HARBOUR Ir a noticia
       

      • "Hace unos meses Esperanza Aguirre sentenció que al PP le había fallado “el relato”. A su vez, Íñigo Errejón pedía a los novelistas ficciones que acompañaran el cambio político. Ambas invocaciones hacen oportuno El hilo perdido, nuevo ensayo de Jacques Rancière (Argel, 1940), filósofo muy citado en las asambleas del 15-M. Digamos que ficción no es “fantasía”, sino algo parecido a una gramática de los hechos: “La acción política que nombra sujetos, identifica situaciones, enlaza acontecimientos e imposibilidades utiliza la ficción como los novelistas o los cineastas”, escribe Rancière. Por ello El hilo perdido analiza, con el foco puesto en la nueva política, a cierta avanzadilla del movimiento moderno: Büchner, Flaubert, Woolf, Conrad y los poetas Keats y Baudelaire. En ellos se evidencia la democratización del “reparto de lo sensible”, una emancipación del vivir desjerarquizado. Escriben contra la tiranía de la Poética de Aristóteles porque sus reglas “sostienen los principios que reclaman como propios la acción política realista, las ciencias sociales o la comunicación mediática”. Es decir, huyen de la trama, del relato orgánico que subordina las partes a un centro y, sobre todo, del concepto de verosimilitud: según Aristóteles ha de preferirse lo posible a lo real, pero “el escritor verídico sólo trata (…) las cosas como son y nunca como deberían ser”, escribe Rancière a propósito de Conrad". Por CARLOS PARDO
        La política y las bellas artes "Hace unos meses Esperanza Aguirre sentenció que al PP le había fallado “el relato”.
         A su vez, Íñigo Errejón pedía a los novelistas ficciones que acompañaran el cambio político.
         Ambas invocaciones hacen oportuno El hilo perdido, nuevo ensayo de Jacques Rancière (Argel, 1940), filósofo muy citado en las asambleas del 15-M. Digamos que ficción no es “fantasía”, sino algo parecido a una gramática de los hechos: “La acción política que nombra sujetos, identifica situaciones, enlaza acontecimientos e imposibilidades utiliza la ficción como los novelistas o los cineastas”, escribe Rancière. Por ello El hilo perdido analiza, con el foco puesto en la nueva política, a cierta avanzadilla del movimiento moderno: Büchner, Flaubert, Woolf, Conrad y los poetas Keats y Baudelaire.
         En ellos se evidencia la democratización del “reparto de lo sensible”, una emancipación del vivir desjerarquizado.
         Escriben contra la tiranía de la Poética de Aristóteles porque sus reglas “sostienen los principios que reclaman como propios la acción política realista, las ciencias sociales o la comunicación mediática”. Es decir, huyen de la trama, del relato orgánico que subordina las partes a un centro y, sobre todo, del concepto de verosimilitud: según Aristóteles ha de preferirse lo posible a lo real, pero “el escritor verídico sólo trata (…) las cosas como son y nunca como deberían ser”, escribe Rancière a propósito de Conrad". Por CARLOS PARDO  
         
         
       

      • "La peripecia biográfica y literaria de José María Fonollosa (Barcelona, 1922-1991) es hoy conocida, pero cuando en 1990 apareció Ciudad del hombre: Nueva York, con prólogo de Pere Gimferrer, muchos se preguntaron quién era ese poeta desconocido, y otros creyeron que se trataba de una farsa, del heterónimo de alguna figura poética famosa. Sin embargo, ese escritor ignorado y secreto, alejado de modas y círculos literarios, no sólo existía sino que fue, tras la publicación póstuma en 1996 de otra antología de su obra, Ciudad del hombre: Barcelona, el poeta que en los noventa tuvo más reediciones, proclamando su importancia y singularidad en la historia de la poesía, aunque su perseguida gloria literaria tuviera una escasa existencia: desde la presentación en mayo de 1990 de su primera recopilación poética, hasta su muerte, en octubre de 1991, habían pasado un año y pocos meses". Por ANTONIO ORTEGA
        El poeta de la ciudad "La peripecia biográfica y literaria de José María Fonollosa (Barcelona, 1922-1991) es hoy conocida, pero cuando en 1990 apareció Ciudad del hombre: Nueva York, con prólogo de Pere Gimferrer, muchos se preguntaron quién era ese poeta desconocido, y otros creyeron que se trataba de una farsa, del heterónimo de alguna figura poética famosa. Sin embargo, ese escritor ignorado y secreto, alejado de modas y círculos literarios, no sólo existía sino que fue, tras la publicación póstuma en 1996 de otra antología de su obra, Ciudad del hombre: Barcelona, el poeta que en los noventa tuvo más reediciones, proclamando su importancia y singularidad en la historia de la poesía, aunque su perseguida gloria literaria tuviera una escasa existencia: desde la presentación en mayo de 1990 de su primera recopilación poética, hasta su muerte, en octubre de 1991, habían pasado un año y pocos meses". Por ANTONIO ORTEGA
     

 


  • "En 1996, Fuegos con limón, la primera novela de Aramburu, nos deslumbró a bastantes lectores. Era un relato extenso, sin prejuicios ni pudores, aparentemente salvaje, pero que hablaba de la fe de unos muchachos en la virtud salvadora de la literatura. Y, en su fondo, dejaba ver los perfiles de esa piedra cruel y berroqueña que la hipocresía nos hace llamar “el conflicto vasco”, “el conflicto” para sus íntimos. Veinte años después, Aramburu es algo más que un escritor de culto, y aquel pedrusco infame, ya algo cuarteado por fortuna, ha ocupado el primer plano de unos conmovedores relatos, Los peces de la amargura (2006), y de una breve e intensa novela, Años lentos (2012), cuyas estrategias narrativas —la mezcla de distancia e implicación, de autoflagelación y lucidez— nos hicieron pensar en las novelas africanas de J. M. Coetzee". Por JOSÉ-CARLOS MAINER
    Patria voraz "En 1996, Fuegos con limón, la primera novela de Aramburu, nos deslumbró a bastantes lectores. Era un relato extenso, sin prejuicios ni pudores, aparentemente salvaje, pero que hablaba de la fe de unos muchachos en la virtud salvadora de la literatura.
     Y, en su fondo, dejaba ver los perfiles de esa piedra cruel y berroqueña que la hipocresía nos hace llamar “el conflicto vasco”, “el conflicto” para sus íntimos. Veinte años después, Aramburu es algo más que un escritor de culto, y aquel pedrusco infame, ya algo cuarteado por fortuna, ha ocupado el primer plano de unos conmovedores relatos, Los peces de la amargura (2006), y de una breve e intensa novela, Años lentos (2012), cuyas estrategias narrativas —la mezcla de distancia e implicación, de autoflagelación y lucidez— nos hicieron pensar en las novelas africanas de J. M. Coetzee". Por JOSÉ-CARLOS MAINER

    • "Regresa Calasso con El ardor (2010), su última obra traducida al español —Adelphi ha publicado este año otra hermosa enciclopedia, Il cacciatore celeste—, y a la que tal vez convenga darle acomodo, a pesar de su palmaria filiación con la materia védica, no entre la bibliografía que contribuye a la arqueología del saber antiguo, que el autor florentino domina sin parangón, sino entre la que despliega argumentos que iluminan nuestra sociedad occidental y que proporcionan códigos para la resolución de sus enigmas y fundamentos que contribuyen a explicar el atascadero que la coerce, y las causas de que presente síntomas de agotamiento y de debilidad. Reflejándolo en el espejo ajeno de la sabiduría de la antigua India, trata de arrojar luz sobre nuestro propio rostro, desen­cajado por su conciencia de desvalimiento, desfigurado por el daño que le inflige contemplar el erial visible entre el laicismo cándido e inerme y el fundamentalismo conminatorio y por la paradoja de que “el mundo sea hoy una totalidad secular cuajada de religiones fundamentalistas”. Por JAVIER APARICIO MAYDEU
      Occidente ante el espejo de India "Regresa Calasso con El ardor (2010), su última obra traducida al español —Adelphi ha publicado este año otra hermosa enciclopedia, Il cacciatore celeste—, y a la que tal vez convenga darle acomodo, a pesar de su palmaria filiación con la materia védica, no entre la bibliografía que contribuye a la arqueología del saber antiguo, que el autor florentino domina sin parangón, sino entre la que despliega argumentos que iluminan nuestra sociedad occidental y que proporcionan códigos para la resolución de sus enigmas y fundamentos que contribuyen a explicar el atascadero que la coerce, y las causas de que presente síntomas de agotamiento y de debilidad
      . Reflejándolo en el espejo ajeno de la sabiduría de la antigua India, trata de arrojar luz sobre nuestro propio rostro, desen­cajado por su conciencia de desvalimiento, desfigurado por el daño que le inflige contemplar el erial visible entre el laicismo cándido e inerme y el fundamentalismo conminatorio y por la paradoja de que “el mundo sea hoy una totalidad secular cuajada de religiones fundamentalistas”. Por JAVIER APARICIO MAYDEU