Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

8 sept 2016

Natalie Portman muestra las 50 sombras de ‘Jackie’............................................................ Álex Vicente......................

El chileno Pablo Larraín firma una biografía estimulante pero algo reverenciosa de la viuda de Kennedy.

Natalie Portman caracterizada como Jackie Kennedy en un fotograma del filme de Pablo Larraín.
¿Por qué rodar una biografía de Jacqueline Kennedy en 2016? “¿Y por qué no?”, contraatacaba ayer el director chileno Pablo Larraín, que presentó su debut en lengua inglesa en la competición de la Mostra de Venecia, donde las quinielas ya dan por segura su presencia en el palmarés.
 Jackie fue un encargo del cineasta Darren Aronofsky, quien pensó en rodarla a principios de esta década junto a su ex compañera sentimental, la actriz británica Rachel Weisz
 Su ruptura dejó el proyecto en suspenso, hasta que Aronofsky coincidió con Larraín en la Berlinale de 2015 y le propuso que tomara las riendas.
 “No soy estadounidense y no tengo el mismo apego por su historia que por la de mi país, pero me pareció una oportunidad increíble”, afirma Larraín, responsable de títulos como No, El club o Neruda.

Jackie es una biografía por la tangente: se centra únicamente en los días posteriores al asesinato de John F. Kennedy, en noviembre de 1963, cuando la primera dama estadounidense, a quien interpreta Natalie Portman, intenta recuperarse del choque mayúsculo que acaba de vivir subida al vehículo presidencial en Dallas.

 A esa mujer vestida en un traje rosa de tweed manchado de sangre se la sigue considerando hoy uno de los grandes enigmas de la política estadounidense del siglo pasado. 

 Aunque, en realidad, desde 2011 lo sea bastante menos. 

Para conmemorar el 50º aniversario de la presidencia de Kennedy, la familia aceptó publicar una larga conversación en siete partes que Jackie acordó a Arthur M. Schlesinger, un historiador amigo que había tenido un cargo de asesor especial de JFK en la Casa Blanca. 

Fue solo una de las tres entrevistas que concedió tras la muerte de su marido y la última donde habló de su presidencia, lo que no volvería a hacer hasta su muerte en 1994. 

El encuentro se produjo a principios de 1964, solo algunas semanas después del asesinato, y fue grabado en una serie de cintas secretas que también vieron la luz hace cinco años

. La imagen cándida de la primera dama quedaba parcialmente desmentida.

 En ellas, se descubría a una mujer arisca y clasista, de lengua viperina y tendencia al revisionismo –véase el uso de la leyenda sobre JFK y su pasión por el musical Camelot, incluida en la película–, que la conmoción que debía de seguir experimentando no logra excusar del todo.

 Por ejemplo, llamaba “falso” a Martin Luther King, a quien acusaba de organizar orgías, “ególatra” a Charles de Gaulle y “lesbiana” a la congresista Clare Boothe Luce.

 Lejos de su imagen de mujer sumisa a los deseos de su marido y agnóstica respecto a todo militantismo, a años luz de personajes como Eleanor Roosevelt o la primera Hillary Clinton, Jackie Kennedy demostraba un conocimiento profundo de la vida política de su país y del personal que rodeaba a su marido, entre los que repartía premios y castigos en la grabación.

Larraín admitió ayer haberse inspirado en esas cintas, aunque no tengan un reflejo directo en la película.

 Pese a servirse de una sugerente narración no lineal y una acertada puesta en escena, fundamentada en planos pegados al rostro de su protagonista, a Larraín se le descubre más encorsetado que de costumbre, demostrando una amabilidad excesiva respecto al personaje.

 La película parece esforzarse exageradamente en no molestar a nadie: esa doble cara de Jackie aparece en algunas secuencias, aunque siempre con timidez.

 Por su parte, Portman logra imitar la inconfundible dicción de la primera dama en una demostración técnica bastante impresionante, en la que se entremezclan la fuerza y la vulnerabilidad, aunque también esté algo exenta de alma.

 “Me pareció uno de mis papeles más peligrosos, porque todo el mundo sabe qué aspecto tenía, cómo sonaba y cómo caminaba. Nunca había interpretado a un personaje así y nunca me había considerado una gran imitadora”, admitió la actriz. 

Para Larraín, el parecido físico no era lo importante: “La clave no es el maquillaje y las pelucas, sino el hecho de crear un parecido, una ilusión”.

 El director no considera que su película sea un biopic.

 “Es más bien un intento de meterse en su mundo y sus circunstancias”, explicó.

 “Al final tampoco sabes quién es ella, porque eso resulta imposible”. 


Natalie Portman caracterizada como Jackie Kennedy en un fotograma del filme de Pablo Larraín.

Pablo Larraín y Natalie Portman, en la presentación de 'Jackie' en Venecia. AFP
Una de las últimas secuencias resulta representativa del resultado. Jackie abandona la Casa Blanca subida a un coche oficial.
 De lejos, observa distintos maniquíes en el escaparate de una tienda.
 Todos ellos se le parecen: lucen un peinado similar y un conjunto que podría encontrarse en su armario, lo que la hace sonreír. Durante ese tramo final, no han dejado de repetirle que el país no olvidará que ha estado a la altura.
 “La recordarán por su dignidad”, la elogia un impertinente reportero de la revista Life.
 Es decir, por su saber estar, por su entereza y también su glamour: nada que no supiéramos ya. 
Portman se refirió indirectamente a esa escena en la rueda de prensa.
 “¿Cómo conservar tu humanidad cuando eres un símbolo para mucha gente, cuando todo el mundo te trata como si fueras un maniquí?”, se interrogó la actriz, sin dejar claro si hablaba de Jackie o de sí misma.
 Tal vez esa era la pregunta que la película debía responder.


Sale a subasta el vestido con el que Marilyn Monroe cantó ‘Cumpleaños feliz’

La casa de subastas Julien’s Auctions espera que la prenda alcance los 2,7 millones de euros. 

La pieza es una de las más icónicas de la actriz.

 

hábitos de las personas que caen bien............................................Dr. Travis Bradberry










Muchas personas sucumben a la creencia errónea de que la capacidad de caer bien es algo natural, que no se puede aprender y que solo tienen unos pocos afortunados (los guapos, los animales súper sociables y los más talentosos). 
Es fácil caer en esta concepción equivocada.
Cuando hablo para públicos reducidos, suelo pedirles que me describan a la persona más agradable con la que hayan trabajado. La gente, inevitablemente, suele ignorar las características innatas (como la inteligencia, la extroversión o el atractivo) y se centra en cualidades que escapan del control de la gente, como la cercanía, la humildad y el optimismo. 

Estas cualidades, entre otras, son propias de personas con inteligencia emocional. 
Los datos de más de un millón de individuos recogidos en un estudio de TalentSmart demuestran que la gente que tiene estas cualidades no solo cae bien, sino que supera a aquellos que no caen bien con una gran diferencia.
 El 90% de los que mejor resultado obtuvieron en el estudio de TalentSmart tenían mucha inteligencia emocional; la gente que tiene más inteligencia emocional gana una media de 29.000 dólares (casi 26.000 euros) más al año que la gente que tiene menos inteligencia emocional. 
Además, cada punto más de inteligencia emocional supone un aumento de 1300 dólares (unos 1160 euros) en el salario. 
Caer bien es una cuestión de inteligencia emocional que escapa de nuestro control.
 A diferencia de las características fijas e innatas, como el cociente intelectual, la inteligencia emocional es una cualidad flexible que se puede mejorar con esfuerzo.
Con el objetivo de ayudarte a aumentar la inteligencia emocional, he investigado un poco para encontrar los hábitos clave que hacen que las personas emocionalmente inteligentes caigan bien.
1. Son auténticas. Ser auténtico y sincero es esencial para caer bien.
 A nadie le gustan las personas falsas. La gente gravita alrededor de las personas auténticas porque sabe que puede confiar en ellas.
 Es difícil estar a gusto con alguien que no sabes cómo es de verdad o que no sabes cómo se siente realmente.
La gente que cae bien se conoce a sí misma. 
 Tiene la seguridad suficiente como para estar cómoda siendo como es. 
Si te concentras en lo que te motiva y lo que te hace feliz como persona, te convertirás en una persona mucho más interesante que si intentas ganarte el cariño de la gente tomando decisiones que tú crees que harán que caigas bien.
2. Hacen preguntas consideradas. El mayor error que cometemos en general a la hora de hablar con los demás es que nos centramos tanto en lo siguiente que vamos a decir o en cómo nos va a afectar lo que está diciendo la otra persona que no escuchamos a nuestro interlocutor.
 Oímos las palabras altas y claras, pero el significado se pierde. Esto se puede evitar fácilmente haciendo muchas preguntas. A la gente le gusta saber que la están escuchando y algo tan sencillo como una pregunta aclaratoria demuestra que, además de que estamos atentos, nos preocupamos por lo que nos están diciendo.
 Te sorprenderá el respeto y el aprecio que recibirás solo por hacer preguntas. 
3. No juzgan. Si quieres caer bien, tienes que tener la mente abierta. 
Tener la mente abierta te hace cercano e interesante a los ojos de los demás. Nadie quiere tener una conversación con alguien que se ha formado una opinión preconcebida y no está dispuesto a escuchar.
Tener la mente abierta es crucial en el entorno de trabajo, donde la cercanía implica accesibilidad a nuevas ideas y ayuda. 
 Para eliminar juicios e ideas preconcebidas, lo que hay que hacer es ver el mundo desde la perspectiva de otras personas. 
Esto no significa que tengas que creer en lo que creen los demás o justificar su comportamiento, simplemente significa que dejas de juzgar el tiempo suficiente como para entender qué es lo que les mueve. Solo entonces les estarás dejando ser quienes son en realidad.
4. No buscan llamar la atención. A la gente no le atraen las personas que están desesperadas por llamar la atención. 
No hace falta desarrollar una gran personalidad o ser extrovertido para caer bien. Lo único que necesitas para ganarte a la gente es ser amable y considerado.
 Si hablas de una forma amable, segura y concisa, te darás cuenta de que la gente te presta más atención que si intentas demostrarles que eres una persona importante. 
La gente percibe tu actitud rápidamente y se siente más atraída por la actitud que muestres que por los conocimientos que tengas o la gente a la que conozcas. 



CHICA

Diana, hija......................................................................................... Luz Sánchez-Mellado

Otros desaparecidos no son tan jóvenes ni tan guapos ni tan poderosos y no les echamos tanta cuenta.

Diana López-Pinel, búsqueda de Diana Quer 26/08/2016
Tengo dos adolescentes, apiadaos de nosotras. 
De mí, por madre trabajadora, hiperprotectora y ansiosa —valgan las redundancias—, bregando con dos mujercitas que exigen pista libre en la calle al tiempo que wifi y alpiste en casa. 
De ellas, por hijas tan modelo como rebeldes, hartas de pan y hambrientas de vida —valgan los oxímoron—, lidiando a la vez con la vieja de su madre y sus hormonas salvajes; las hormonas de las tres, se entiende.
 Solo quien la vive en vivo sabe de qué va esa película.
 Esa aventura, esa comedia, ese dramón, ese thriller. Ese parto continuo, con sus dolores y sus gozos.
 La desaparición de Diana Quer López-Pinel en una noche de fiesta ha puesto bajo la lupa la intimidad de una familia de aquí y ahora. Por eso, si no somos de fibra óptica, además de conmovernos y angustiarnos, nos fascina.
 Otros desaparecidos no son tan jóvenes ni tan guapos ni tan poderosos y no les echamos tanta cuenta.
 Pero en este caso todos tenemos una opinión y, a veces, apesta. 
No hay más que ver los comentarios que suscita cualquier novedad al respecto.
 Que si una chica nunca debería ir sola por semejante paraje. Que si esos pantalones a media nalga que llevan 9,5 de cada 10 chavalas son inapropiados.
 Que si la madre, que si el padre, que si la hermana.
 Siempre hay alguien mostrándonos el recto camino desde el púlpito de su superioridad moral y de la otra. 
Yo lo que veo es a una madre y a un padre y a una hermana acusando la ausencia de una mujer mayor de edad que sigue siendo la niña de sus ojos.
 Mientras los periodistas aireamos sus dimes y diretes sin plantearnos si los vendemos porque nos los compran o si nos lo compran porque los vendemos, muchos probos ciudadanos creen que eso nunca les pasaría a ellos. 
Bien: a mí podría pasarme.
 Diana podría ser mi hija. Por eso, como con las mías, rezo lo que recuerdo con fervor de atea para que la película no acabe de mala manera.