Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

4 sept 2016

Ingobernables............................................................................................ Carlos Boyero

Jorge Luis Borges se permitió formular un viejo anhelo: “Con el tiempo, mereceríamos no tener gobiernos”

El comienzo de esta declaración de principios es falsamente inocente y el final, demoledor, elitista, desdeñoso. 
Dice así: 
“Me sé del todo indigno de opinar en materia política, pero tal vez me sea perdonado añadir que descreo de la democracia, ese curioso abuso de la estadística”.
 Su autor también se permitió formular un viejo anhelo: “Con el tiempo, mereceríamos no tener gobiernos”.
 Son opiniones del ciudadano Jorge Luis Borges, uno de los escritores auténticamente grandes del siglo XX, dueño de una escritura que seguirá fascinando por los siglos de los siglos.

Recuerdo el deseo ácrata y utópico del creador de Historia universal de la infamia sobre la ausencia de gobierno en una época abusivamente tediosa, en la que ni cristo entre los que aspiran a dirigir la vida del resto se pone de acuerdo sobre quién debe dirigir el timón del barco.
 Personalmente no me afecta demasiado, no distingo los beneficios o los desastres de que el insustituible Rajoy (así lo afirma su bien alimentada tribu) vuelva a imponer su breviario de podredumbre o de que le busquen un sustituto para seguir salvando España. 
Me afectaría si al entrar en mi casa no hubiera luz ni gas.
 Pero sospecho que aunque se repitieran diez veces las elecciones, esas cositas tan elementales seguirían funcionando, ajenas a que nadie presidiera el imprescindible gobierno de la patria. 
 Pero si eso fuera forzoso, que lo hicieran políticos que todavía no hayan tenido tiempo para envilecerse, que no hayan dispuesto de esa cosa tan golosa llamada poder absoluto y posibilidades de meter la pezuña en la caja.
Y hay que despreciar mucho el nivel mental del receptor para continuar con la matraca de que gracias a ellos ha llegado la recuperación económica para España. 
Y lo cuentan sabiendo que el último día de agosto trescientas mil personas han perdido su grandioso empleo de dos meses. 
Y cada uno a lo suyo. Y sálvese quien pueda.

 

La magia del bien..........................................................................................Rosa Montero

La maldad individual nos ensucia a todos, pero no hay que olvidar que la humanidad sigue viva y en pie por la solidaridad de la especie. 

COLUMNISTAS-REDONDOS_ROSAMONTERO 
ESTOY PASANDO unos días de vacaciones fuera de España.
 Desde la ventana de mi apartamento veo la piscina de la comunidad. 
Todos los días, una mujer gordita de unos 65 años baja a bañarse con su hijo
. El chico ya debe de haber cumplido los 40 y obviamente tiene alguna discapacidad psíquica.
 Lo primero que hace la mujer es ayudarle a ponerse el flotador, maniobra no exenta de dificultades porque al hijo parece costarle entender que debe levantar ambos brazos por encima de la cabeza para poder meter la rueda de goma.
 Al fin los alza, con una inocencia de movimientos que resulta chocante para su edad y muy conmovedora. 
Ya abrazado a su flotador, indefenso y niño, la madre lo mete en la piscina y se pasa por lo menos una hora dentro, dando vueltas por la pileta, llevándolo de aquí para allá, salpicándole juguetonamente con paciencia infinita. 
Me imagino que cuando salen del agua están los dos arrugaditos como pasas. Y felices. 
 Un par de veces me he encontrado a esa mujer a la entrada de la urbanización, sacando a su hijo a pasear.
 Siempre sola (¿qué habrá sido del padre, se murió, se borró?), siempre con una sonrisa en los labios, como si la vida fuera maravillosa. 
Leo en el último y aterrador informe de Amnistía Internacional que 300 presos mueren por torturas al mes en las cárceles sirias. 
Les infligen espeluznantes tormentos porque sí, ni siquiera para extraerles información, sólo con sádica crueldad. Pero, claro, como ahora estamos sobrecogidos por el miedo a los integristas, ya no nos acordamos de la dictadura siria. Todo ese dolor y ese horror con el que convivimos (está sucediendo ahora, en este mismo momento) nos mancha el corazón, nos ensucia el karma, nos condena como humanidad a un destino nefasto.
 Creo o más bien siento que la especie se toca, que somos como un cardumen de peces de movimientos sincronizados y nerviosos, que existe una interacción profunda entre los individuos.
 Es una intuición poética, digamos, que algunos científicos como Jung o el biólogo Sheldrake han intentado desarrollar en diversos niveles, pero que de alguna manera está en nuestra conciencia desde siempre.
 Recordemos la leyenda de Sodoma y Gomorra de la Biblia: Dios estaba dispuesto a salvar las ciudades si Abraham encontraba a 10 justos.
 Esto es, el contrapeso de la bondad de una decena de humanos hubiera servido para salvarlos a todos.
Como ese Dios primitivo, yo presiento que la maldad individual nos ensucia a todos, pero también que la bondad personal puede rescatarnos.
Y hay tanta bondad, en realidad.
 La humanidad sigue viva y en pie por la solidaridad de la especie. 
Estoy convencida de que, dentro de las estrategias evolucionistas de supervivencia, hay muchas más basadas en la empatía y la colaboración que en la depredación. Kant se admiraba de que el ser humano no se dejara llevar siempre por la ley del más fuerte.
 Le extrañaba, por ejemplo, que un soldado no matara a toda anciana desvalida que encontrara para robarle el dinero.
 De esa constatación de que el mal no triunfa siempre, ni mucho menos, terminó sacando su idea del imperativo moral.
 Y es cierto, actuamos bien casi siempre. 
Ayudamos a los demás, cuidamos, protegemos. 
Todo ello fomenta la perdurabilidad de la especie.
 El hecho mismo de que nos horrorice tanto el mal y de que sucesos como las torturas de las cáceles sirias nos espanten indica que estamos fundamentalmente dirigidos hacia el bien.
 Si fuéramos intrínsecamente malvados, esas noticias nos dejarían indiferentes.
 En España hay unos cuatro millones de personas que invierten unas cinco horas semanales en labores de voluntariado.
 Pero eso no es más que la punta del iceberg.
 Mi asistenta Julia, de 64 años, dedica sus domingos a tomar varios autobuses y, tras dos horas de viaje, visitar a una anciana para la que antaño trabajó y que ahora está internada en una residencia en Guadalajara. 
Sé que la generosidad de Julia también me alcanza de rebote a mí. 
Al igual que la de esa madre que baña cada día a su hijo: su amor tan puro compensa muchos horrores. Cuando llegan a la piscina, se ilumina el mundo.
 Es la magia poderosa del bien, que nos protege.
 
 
 

Deterioro cognitivo..............................................................................Javier Marías

Se piden castigos y “filtros” para las opiniones, exactamente lo mismo que llevaba a cabo el franquismo.COLUMNISTAREDONDA_JAVIERMARIAS 
 
UNO SE PREGUNTA qué se está deteriorando cuando ve, cada vez más a menudo, que personas en principio instruidas y que se reclaman de izquierdas o “progresistas” (valga el anticuado término) adoptan actitudes intolerantes y “reaccionarias” y además se muestran incapaces de percibir su propia contradicción.
 O que, al criticar algo virulentamente, no hacen sino dar la razón a lo criticado.
 Meses atrás publiqué una columna en la que terminaba anunciando que me traería muchos enemigos.
 Lejos de demostrarme lo equivocado que estaba con silencio o con argumentos, quienes se sintieron en desacuerdo se lanzaron al insulto y a la tergiversación, confirmando así mi vaticinio.
 Justamente lo que cualquier mediano estratega nunca haría.
 Uno bueno, de hecho, habría reaccionado de manera opuesta a la por mí pronosticada.
 Parece que ya no haya tiempo ni pesquis para esta clase de duelos: se lleva la embestida, aunque eso le suponga al embestidor acabar ensartado a las primeras de cambio.
En julio este diario publicó un artículo de la ruso-americana Cathy Young, colaboradora del Washington Post, el New York Times, el Boston Globe y otros medios, titulado “Las feministas tratan mal a los hombres”. 
Era una pieza moderada y razonable, en modo alguno antifeminista, que en esencia decía que “ridiculizar y criticar a los varones no es la forma de mostrar que la revolución feminista es una lucha por la igualdad y que queremos contar con ellos”, o, como rezaba su frase final, “el feminismo debe incluir a los hombres, no sólo como aliados sino como socios, con una misma voz y una misma humanidad”.
 Pues bien, según la Defensora del Lector, “nada comparable a la ola de indignación” que provocó dicha tribuna. 
Lo más llamativo de las protestas que citaba no era que discreparan de su contenido –de lo cual eran muy dueñas–, sino que condenaban su publicación. 
La más explícita en este sentido era una escritora: “Nos parece alarmante que cuando miles de mujeres en todo el mundo son asesinadas y violadas por hombres …, EL PAÍS publique un artículo que ataca no a los responsables …, sino a las feministas que lo denuncian. 
Dar voz a tan pocas mujeres, pero hacerlo con una que defiende tesis antifeministas, es una vieja y burda estrategia patriarcal … en la que un periódico como EL PAÍS, tradicional referente del lectorado progresista y democrático, no debería caer”.
 Pasemos por alto el palabro “lectorado” (palabro en este contexto). 
Lo que esta queja argüía y solicitaba es lo siguiente: a) si hay tantas mujeres violadas y asesinadas (y por desdicha las hay), se debe atacar a los responsables sin cesar (como si no se hiciera); b) eso convierte a su vez en inobjetables a las feministas que lo denuncian (como si fueran las únicas), y las blinda contra cualquier crítica (justo lo que Cathy Young veía como un error contraproducente); c) los lectores progresistas y democráticos de EL PAÍS sólo deben leer aquello que los complazca o halague, no las opiniones que los contraríen; luego, d) este periódico debería ejercer la censura y no publicar nada que no aplauda ese “lectorado”, que por suerte no es monolítico ni uniforme, como les gustaría a quienes protestaron.
 La discrepancia y la crítica a un texto son respetables y por lo general fructíferas.
 Lo que no es respetable, ni democrático, ni progresista, es exigir que no existan las voces que nos desagradan.
 O que, si las hay, se queden en el Washington Post y no se den a conocer aquí, y menos en EL PAÍS, del que por lo visto hay lectoras que se sienten custodias y depositarias .
Por las mismas fechas leo la columna de un prestigioso crítico en la que manifiesta su inconmensurable desprecio por las que publicamos en prensa “los escritores”, es decir, novelistas y demás indocumentados, aunque no sé si más indocumentados que el despectivo crítico. 
Nos tacha de “tertulianos”, “ilustradores de la línea ideológica” de nuestros respectivos diarios, representantes de “una desdichada tradición intelectual”, “llamativos envoltorios” y “comparsas”.
 No lo discuto, así será en muchos casos, y el prestigioso está en su derecho a despreciarnos ad nauseam. Lo preocupante y contradictorio (se trata de un prestigioso “progresista”) es que al final haga suyas las palabras de otro autor que en un libro reciente lamentaba “la impunidad reinante en el mundo de las letras”, que a los escritores no nos “pase factura” incurrir en “según qué excesos lamentables” (se supone que a su infalible juicio) y “la falta de filtros en la publicación de opiniones”. 
Ah, se piden castigos y “filtros” para las opiniones, exactamente lo mismo que llevaba a cabo el franquismo a través de sus quisquillosos y celebérrimos censores. 
En la presentación de ese mismo libro se pidió que los “escritores” fuéramos “expulsados, despedidos, eliminados”.
 Me imagino que para que ocupen nuestro lugar el autor de dicho libro y otros expertos afines y soporíferos, a los que ya no habría que “filtrar” nada porque serían aún más obedientes y serviles.
 Así como las feministas escandalizadas por encontrarse en “su” periódico una tribuna que no las adula ni les baila el agua. 
 
 
 
 
 
 

El gran morbo de ver a un famoso en pijama................................................................. Mábel Galaz

Tras el éxito de ‘Las Campos’ llega Ana Obregón. El fenómeno Kardashian continúa.

Mario Vaquerizo y Alaska, dos pioneros en los 'realities'. GTRES
La Fábrica de la Tele y Telecinco se han apuntado un tanto este verano con la emisión en dos entregas de un docureality titulado Las Campos.
  Las audiencias han acompañado el experimento con más de dos millones de espectadores cada día. 
Ver en pijama desayunando a María Teresa Campos o a su hija Terelu luchando por no comer han enganchado al público tanto que la cadena se plantea prorrogar e incluso llamar a la puerta de otros famosos. 
Pero hay más proyectos en marcha.
El éxito del programa de Bertín Osborne En tu casa o en la mía el día que visitó a Ana Obregón terminó de convencer a los directivos del canal DKiss de que la mediática actriz y presentadora era una buena candidata para protagonizar un espacio de este tipo.
 La nueva emisora de la TDT ha fichado a Obregón y ha comenzado a grabar.
 La próxima semana será la presentación oficial. DKiss no aporta más detalles, solo que seguirá la estela de realities como el de las Kardashian.
 
Kris Jenner, la segunda a la izquierda, con sus hijas Kourtney, Kim y Khloe Kardashian. CORDON PRESS
Hasta el éxito de Las Campos solo Alaska y Mario Vaquerizo se habían aventurado con éxito a abrir las puertas de sus casa.
 La pareja grabó cuatro temporadas sobre su vida.
 Comenzaron a rodar cuando estaban preparando su boda civil en el año 2011 y han mostrado a la audiencia desde cómo preparan un concierto hasta cómo se divierten en sus días de fiesta con sus amigos
. En un principio se iba a limitar a ocho capítulos, pero su éxito ha hecho que la productora quiera continuar con el proyecto. La última temporada se emitirá este septiembre en el canal MTV.
 
Mario Vaquerizo y Alaska, dos pioneros en los 'realities'. GTRES

Kris Jenner, la segunda a la izquierda, con sus hijas Kourtney, Kim y Khloe Kardashian. CORDON PRESS

La actriz y presentadora Ana Obregón. GTRES
“Se está dando la vuelta a la fama. Antes se llevaban a un personaje conocido a una isla, ahora se opta por entrar en su intimidad, por observar por la mirilla de su casa”, dice Concepción Cascajosa, profesora de Comunicación Audiovisual de la Universidad Carlos III.
 “Este formato no es nuevo pero en España hasta ahora no se había desarrollado hasta Alaska y Mario”, añade.
La televisión española no ha inventado nada al subirse al éxito de esta vuelta de tuerca al reality clásico. 
De hecho, ha tardado años en importarlo de EE UU. Allí incluso hay canales como E! dedicados a ellos. En 2002, la conejita de Playboy Anna Nicole Smith fue una de las primeras en dejar entrar a las cámaras literalmente hasta la cocina para contar su dramática existencia. 
Ese año, el líder del grupo heavy Black Sabbath, Ozzy Osbourne, repetía la jugada con The Osbournes, que hizo de su esposa y su hija iconos más presentes en televisión que el excéntrico patriarca. Aquel éxito del famoseo friki hizo a los programadores insaciables.
Desde entonces muchos han probado suerte con irregular éxito. Todos compartían dos cualidades: tenían una fastuosa mansión y una fama marchita. Fernando Lamas, la mujer de Clint Eastwood, Paris Hilton, Lindsay Lohan, Hulk Hogan o Gene Simmons fueron efímeras estrellas de reality.
Pero nadie le sacó tanto partido como la familia Kardashian, que convirtió el género en un modo de vida. 
Las Kardashian pronto se convirtieron en una gran factoría y cualquier cosa que hiciera un miembro del clan era buena excusa para hacer un nuevo programa.
 Si Khloe se casaba con Lamar Odom: programa. Si Kim y Kourtney se mudaban a Miami: programa. Y si el padrastro Bruce Jenner se convertía en mujer: se grababa.
El reality de famosos es una realidad mejorada.
 El drama es un drama de culebrón y todas las tramas encajan con el argumento.
 Su montaje y guion está mucho más medido que en el reality más clásico y utiliza los elementos de la ficción para enganchar al espectador: hilo argumental, personajes secundarios y finales que dejan pegados a la tele.
 El género ha tenido incluso parodias como el muy digno My life on the D-List sobre la vida de la humorista Kathy Griffin o la serie The Comeback, sobre una actriz venida a menos interpretada por Lisa Kudrow. Pero a veces no es cosa de risa. 
Anna Nicole Smith se suicidó cuatro años después de su reality. Hoy su programa parece un grito de atención desesperado sobre la necesidad de estos personajes de mantener su fama a cualquier precio.
 Un cruel teatro de lo real.