La modelo de Victoria's Secret defiende en una carta su derecho a la intimidad.
Sara Sampaio en el desfile de Tommy Hilfiguer en Nueva York, el pasado 2015. cordon press
La modelo portuguesa Sara Sampaio, uno de los ángeles de Victoria's Secret, ha
cargado contra los paparazis después de la publicación de unas fotos de
sus vacaciones en Saint Tropez, en las que aparece tomando el sol en un
baro sin la parte superior del bañador. Las fotos imágenes publicadas en el Daily Mail han enfurecido a la modelo, que ha publicado en su perfil de Facebook una carta abierta
a los fotógrafos que captaron y vendieron las imágenes. "Me siento
violada", ha dicho Sampaio en el texto. "¿Cómo se sentirían si una
mañana se encuentran en todo Internet fotos de su hija de 25 años
haciendo toples? Ella no ha hecho nada malo, tomaba el sol, no estaba en
un lugar público", comienza la carta abierta a los paparazzi ¿Cómo se
sentirían si una mañana se encuentran en todo Internet fotos de su hija
de 25 años haciendo toples? La modelo, de 25 años, asegura que estaba de vacaciones en el sur de
Francia y no sabía que había alguien "con un gran objetivo telescópico"
fotografiándola. Sampaio admite que algunos pensarán que es una figura pública y
debería estar acostumbrada a ser fotografiada. "Hay una diferencia, sin
embargo. Es mi trabajo, cobro por ser fotografiada, pero doy mi
consentimiento". Remarca que todos tienen una vida profesional y otra
privada, que debe ser respetada. "¿Qué tipo de sociedad es ésta en la
que la gente cobra por espiar a los demás, fotografiarlos e invadir su
privacidad? Como mujer joven, me siento violada". La modelo exige a la
prensa que muestre más amor y compasión en estos casos. "A quienes
vendieron mis fotos, de verdad espero que no llegue el día en que se
levanten y encuentres fotos de vuestras hijas desnudas por toda la red".
En la carta, que ya han leído más de 20.000 personas, recrimina a
aquéllos internautas que han hecho comentarios atacándola por su
figura. “Yo tengo mi vida profesional y tengo mi vida privada. Todos
nos vamos al trabajo, a algunos a una oficina, a algunos a un estudio,
pero cuando llegamos a casa la gente debería respetar nuestra
privacidad”. Sara Sampaio comenzó su carrera como modelo profesional tras ganar el concurso Pelo Pantene
de Portugal en 2007, con apenas 16 años. Está considerada como una de
las mejores de su profesión que desarrolla por todo el mundo. Muchos ven
en ella a la nueva Adriana Lima. Esta carta se suma a la de Renée Zellweger que se ha defendido de los medios de comunicación que hablan de sus cirugías plásticas y al artículo de Jennifer Aniston
escribió sobre el acoso que sufre de la prensa que no para de
preguntarle si está embarazada: “No estoy embarazada, estoy harta”, se
quejó.
William
Wyler dirigió a Charlton Heston en uno de los míticos, gracias a su
carrera de cuadrigas, péplums de la historia del cine.
Charlton Heston, en la famosa carrera de cuadrigas.
Pocas veces una misma historia ha salvado dos veces la existencia de un gran estudio. Pocas veces un remake ha ganado el Oscar a la mejor película. Y pocas veces un filme ha logrado 11 estatuillas de la Academia de Hollywood. Ben-Hur
no es solo una gran carrera de cuadrigas, sino una de esas obras
titánicas, con descomunal derroche de talento y dinero, que aún hoy
asombra, gracias a la dirección de William Wyler. El cineasta, conocido por sus extenuantes rodajes (repetía tantas tomas para cada plano que le conocían como Noventa tomas Wyler),
el hombre que colocó a tantos actores ante el Oscar -aunque a sus
espaldas se quejaran de sus métodos de trabajo-, fue el responsable de
títulos como La loba, Los mejores años de nuestra vida, Cumbres borrascosas, La carta,Horizontes de grandeza, Vacaciones en Roma, El coleccionista o Ben-Hur. En 1948 entró en vigor la ley antitrust que desmoronó a las grandes empresas de Hollywood. La nueva legislación prohibía que las majors
poseyeran a la vez estudios, compañías distribuidoras y salas de cines.
En definitiva, tenían que desgajarse. Y la llegada de la televisión
pegaba al sofá a los espectadores. Para salvar los muebles, los
directivos de la MGM recurrieron al mismo truco con el que en 1926
habían regateado la bancarrota: Ben-Hur.
El drama de Judá Ben-Hur, príncipe judío que vive en la misma época
que Jesucristo y con el que se cruza en diversos momentos, surgió de la
pluma de un general del ejército de la Unión, Lewis Wallace.
En 1880 publicó Ben-Hur, una historia de Cristo, un best seller
que una década más tarde ya era el segundo libro más vendido de la
historia de EE UU tras la Biblia, con más de medio millón de ejemplares.
Por si fuera poco, dos productores de Broadway la convirtieron en obra
de teatro
En los 16 años que se estuvo la obra en cartel por todo Estados Unidos,
la vieron 10 millones de espectadores y recaudó 20 millones de dólares.
Charlton Heston, en la famosa carrera de cuadrigas.
El desastre actual
Este viernes se estrena la sexta y última versión de ‘Ben-Hur’,
coproducción de MGM y Paramount junto a Mark Burnett, productor de
series de televisión de tema religioso. De ahí que Jesús (encarnado por
Rodrigo Santoro) salga más en pantalla que en las versiones precedentes.
Pero ha sido un desastre en taquilla: tras costar 100 millones de
dólares solo recaudó en su primer fin de semana en cines 11 millones. . En 1907, la Kalem
Company rodó una película de 16 secuencias (en un rollo) basada en la
novela. Pero no tenía los derechos y los herederos del general, muerto
en 1914, demandaron a la productora y ganaron el juicio. Por primera vez
en la historia se reconoció el derecho a la propiedad intelectual.
Los herederos de Wallace demostraron ser bastantes perspicaces con
los negocios. En 1923 vendieron los derechos al cine a la Goldwyn
Company a cambio de un porcentaje de los beneficios. Un año después,
reconvertida la productora en MGM y casi en ruinas comenzó su rodaje con
Fred Niblo como director y Ramón Novarro
como protagonista. Resultó tan espectacular que la versión de 1959
calca casi plano por plano su carrera de cuadrigas. Y uno más del montón
de ayudantes de dirección de Niblo fue Wyler. En una muestra de humor,
en 1958 el cineasta reunió a todos sus ayudantes antes del rodaje y les
dijo: “Me pregunto cuál de ustedes será el director del próximo Ben-Hur”. Sergio Leone no estuvo en esa arenga, pero fue asistente de la segunda unidad. Judá Ben-Hur, castigado en las galeras.
William Wyler comprendió desde el principio la obligación de fichar a
un actor musculado, un tipo que llenara el traje, como protagonista En 1953 los ejecutivos de MGM retomaron Ben-Hur
para salvar la compañía. El primer director en recibir una oferta fue
Wyler, que durante días dudó hasta que su amigo Billy Wilder le soltó:
“Si quieres dejar a tu familia con dinero de por vida, haz la película”. Wyler siguió su consejo. Como declaró años después su hija: “Solo un
judío sería capaz de hacer un buen filme sobre Cristo”.
El estudio pensó en actores como Burt Lancaster (lo rechazó después de
leer el libreto), Marlon Brando, Kirk Douglas (no quería otro rodaje
épico tras Los vikingos), Paul Newman (que acababa de finalizar La túnica sagrada
y se negó en redondo aduciendo que sus piernas eran muy feas para
enseñarlas) o Rock Hudson.
Wyler llegó a plantearse un reparto
encabezado por Hudson como Ben-Hur y Charlton Heston como Messala.
Heston ya había trabajado con Wyler en Horizontes de grandeza
y le respondió: “O Ben-Hur o nada”.
Un acierto de Wyler consistió en
contratar a actores británicos para los papeles de romanos y a
estadounidenses para los de judíos: la diferencia de acento daba cierta
coherencia a los personajes.
Para el personaje de madre de Judá, la
actriz inicialmente prevista fue sustituida por Martha Scott.
Solo 10
años mayor que su hijo cinematográfico, Scott ya había sido la madre de
Heston-Moisés en Los diez mandamientos.
Para el personaje de
Tirza, la hermana de Judá, el director no buscó muy lejos y seleccionó a
Cathy O’Donnell, una intérprete dotada para dar en pantalla la imagen
de la inocencia (como demostró en Los mejores años de nuestra vida) y cuñada en la vida real de Wyler.
Messala recayó en Stephen Boyd,
un secundario sin mucha experiencia y que en su carrera nunca volvió a
obtener el éxito que logró con su caracterización de romano apuesto,
odioso y vengativo. Boyd, irlandés de Belfast, debió de ponerse
lentillas para oscurecer sus ojos. Orden de Wyler, que en los ensayos se
fijó en que todo el reparto principal tenía los ojos claros. Boyd pagó
el pato.
Ramón Novarro (a la derecha), en el 'Ben-Hur' de 1926.
Tierra Santa renació en Italia.
La mayor parte de los
decorados se construyeron en los famosos estudios romanos de Cinecittá.
Aunque el rodaje en sí duró 10 meses de 1958, parte del equipo residía
en la capital italiana desde finales de 1957: había que erigir un circo
(comenzaron en enero de 1958), crear toda una nueva Jerusalén y
resucitar la grandiosidad de la Roma clásica.
Y todo a tamaño natural.
MGM repitió Roma para un Ben-Hur, a pesar del mal sabor de boca
dejado 30 años antes, por sus costes más bajos, por el tamaño (inmenso,
60 hectáreas) de Cinecittá y por beneficios empresariales.
Con un
presupuesto de 10 millones de dólares (que finalmente superaron los 15),
la principal partida económica recayó en pagar a Heston (por eso los
otros actores eran baratos) y los costes de producción: solo la
secuencia de las cuadrigas costó un millón de dólares
Para Ben-Hur se erigieron 300 escenarios diferentes y 3.000
decorados gracias a 15.000 dibujos, se construyó un circo de ocho
hectáreas de pista y gradas para 15.000 personas con 500.000 kilos de
yeso y 40.000 toneladas de arena (el decorado más grande de la
historia), se esculpieron 500 estatuas a tamaño real, en el vestuario
trabajaron 100 costureras, sastres y peleteros, solo en la villa de
Quinto Arrio se recrearon 40 fuentes, se construyeron 40 galeras en
miniatura y dos a tamaño real para la batalla naval, se reprodujo la
puerta de Joppa con su torre de 21 metros de altura y 20 manzanas de
Jerusalén... La MGM mandó destruirlo todo al final del rodaje para que
los productores italianos no reutilizaran los decorados en sus péplums
de segunda. En el proceso de preproducción el estudio contactó con diversos
expertos para que les aconsejaran sobre el circo. El primero respondió:
“Romano”; el segundo dijo: “Al estilo fenicio”. Y el tercero fue
sincero: “¿Estadio? No tenía ni idea de que hubiera habido uno en
Jerusalén”. Así que imitaron el de la película de 1926, incluida la isla
central, un añadido anacrónico necesario como fondo de imagen que
evitaba que se vieran las gradas vacías. A inicios de la primavera de 1958 William Wyler se mudó a Roma. Allí
llevaba ya dos meses Charlton Heston, que se había puesto a estudiar
italiano. Para él, “hacer Ben-Hur fue algo así como un baño
turco. Casi te ahogas mientras lo tomas pero luego sales oliendo a
rosas”. Heston recuerda con cariño las instrucciones de Wyler: “Will me
dijo que no expresara ninguna emoción en la secuencia de la crucifixión. Ben-Hur había visto demasiadas muertes y una más no podía afectarle”.
Como lo principal en la película era el espectáculo, al finalizar el
rodaje, el director bromeó con el actor: “Lo siento, Chuck. En otra
ocasión trataré de darte un papel mejor”. Lo que no había en Roma era guion. Desde Italia reclamaron al dramaturgo
británico Christopher Fry para que diera verosimilitud a los diálogos. Fry fue el responsable de que el inglés del libreto tuviera una forma
rebuscada, acorde con el supuesto envaramiento de los romanos. Otro
escritor que metió mano al libreto fue Gore Vidal,
entonces un joven que residía en Roma. En realidad, el mismo Wyler
escribió la mayor parte del guion durante las noches de los meses de
rodaje. El director planificó el rodaje como una gran campaña militar. Rodó
primero las secuencias más físicas (como la carrera de cuadrigas) y dejó
para el final las más dramáticas, para que el cansancio fuera real en
el rostro de los intérpretes. Para la secuencia de la carrera, solo 11 minutos del metraje final,
se destinaron cinco semanas de rodaje. Los 78 caballos -los blancos del
carro de Ben-Hur procedían de Eslovenia- habían sido entrenados durante
cuatro meses. Finalmente se seleccionaron 18. Wyler sabía que se momento
sintetizaba la película: “No se trata de una carrera cualquiera, sino
de una carrera a muerte que resume el odio entre Ben-Hur y Messala”. Para dirigirla, Zimbalist y Wyler (que sí realizó la planificación
previa y el montaje final) contrataron a Andrew Marton, un húngaro
afincado en Hollywood experto en filmes de acción y en encabezar las
segundas unidades. En taquilla, solo en EE UU ya superó los 80 millones de dólares, y ganó 11 de los 12 oscars por los que competía. Ben-Hur salvó de nuevo a MGM. Marton quiso dar la máxima verosimilitud a toda la
competición, y por eso recurrió a Yakima Canutt,
antiguo campeón de rodeos que con el tiempo se convirtió en el
especialista más famoso de la historia y en director de cine. En 1958 ya
estaba retirado, aunque volvió por el gusanillo del reto. Su hijo Joe
dobló a Heston. Algunos de los carros tenían solo tres caballos para que
las furgonetas con las cámaras pudieran pegarse a ellos y conseguir
primeros planos en los 23 segundos en que recorrían la longitud de la
pista. El día en que filmaron a Ben-Hur recogiendo el trofeo de vencedor
los extras se rebelaron porque no habían comido. Marton decidió seguir
rodando porque así “las masas gritan y en pantalla parecerá de euforia”.
Wyler lo confirmó: “La carrera ha sido uno de los grandes logros del
cine”. El reto había sido superado con creces.
El éxito editorial de Ildefonso Falcones celebra 10 años con la segunda parte de la novela y una serie televisiva.
Portada de la continuación de 'La catedral del mar'.
“Diez años no es una fecha especial. Diez años no son nada”, dice con
aparente ligereza Ildefonso Falcones (Barcelona, 1959). El escritor y
abogado habla así de liviano sobre la década que cumple su opera prima, La catedral del mar,
publicada por Grijalbo en 2006. Estuvo casi cuatro años escribiendo su
primera novela —“sacando tiempo por las mañanas y por las noches antes y
después del trabajo”—. No era un escritor conocido, pero al poco de
aparecer en las librerías, su historia se convirtió en un fenómeno de
ventas que conquistó una legión de seguidores. Ha pasado justo una
década desde esa publicación que cambió la vida de Falcones y el autor
regresa al universo que creó con Los herederos de la tierra, novela que se publica mañana y continúa la historia de la anterior. “Los protagonistas son nuevos, pero hay secundarios que sí están
relacionados como los hijos de los buenos, los hijos de los malos…”,
cuenta Falcones intentando no hacer spoilers de su nueva criatura, esperada con ansia por sus lectores. La publicación coincide con el arranque del rodaje de la serie La catedral del mar, ambiciosa producción que verá la luz en 2018, y una cuidada reedición de su primera novela. Tomando como fondo la construcción de la catedral barcelonesa Santa
María del Mar, que tardó cinco décadas en erigirse, Falcones relató en
su primera novela la vida de Arnau Estanyol, un joven humilde del barrio
barcelonés de la Ribera. A través de las más de 600 páginas del libro,
Estanyol, cuya vida está literaria y literalmente imbricada con la del
pelea, descubre la traición, se enfrenta a la Santísima Inquisición y
llega a promocionar socialmente hasta acabar como maestro arquitecto.
Una vida relatada a la sombra de una iglesia, imposible no encontrar
analogías con Los pilares de la tierra, publicada por Ken Follet en 1989. “Estoy encantado”, reconoce al autor, “Los pilares…es una gran novela y que comparen mi obra con ella para mí es un gran honor”. Como la gran novela histórica de Follet, La catedral del mar no solo triunfó en España sino que conquistó a lectores de todo el mundo;
ha sido traducida a más de 15 idiomas y se ha publicado en más de 40
países con éxito de ventas. Y, al igual que la obra del británico, la prosa de Falcones se va a convertir en imágenes; en formato de serie de televisión. “Una historia de venganza, amor y traición en una época histórica
marcada por la intolerancia religiosa y la segregación social”, como la
vende la productora. No puedo decir nada, solo que es la serie con más recursos que he
hecho”, reconoce Jordi Frades, director de la adaptación y que fue
responsable de Isabel, ficción televisiva que relata la
historia de los Reyes Católicos. “Es de las series más caras que se han
hecho hasta ahora en España”, apuntan desde Atresmedia, coproductora de
la ficción junto con Diagonal, TV3 y Netflix (que ha comprado sus
derechos para su emisión global cuando termine de emitirse en Antena 3).
“La única semejanza con Los pilares es que hay una catedral.
Cualquier otro parecido es una coincidencia”, aclaran desde la
productora. “Esta es una historia de emociones donde el templo simboliza
la vida de un niño que comienza con la construcción de la catedral y
continúa hasta que se inaugura”. Después de cuatro años de “duro” trabajo, el rodaje comenzó el pasado
26 de agosto. Va a durar cinco meses y la recreación de la historia de
Falcones se rodará en Toledo, Madrid, Oropesa (Toledo), Segovia y,
claro, Barcelona, cuyo pasado es otro de los protagonistas de la novela.
En la producción intervendrán más de 150 actores, “y todo son
importantes”, apunta Frades. El reparto está encabezado por Aitor Luna y
Michelle Jenner, como Arnau y Mar, respectivamente. Pero encontrar al
Arnau de la ficción no fue fácil; antes que Luna sonaron los nombres de
Quim Gutiérrez o Yon González como protagonistas. “[El papel] Ha dado
tantas vueltas que al final ha acabado en mis manos”, bromeaba Luna al
hacerse con el personaje. Los protagonistas están acompañados por, entre
otros, Silvia Abascal, Pablo Derqui, Ginés García Millán, José María
Pou, Sergio Peris-Menchetta o Natalia de Molina. Y la serie verá la luz
antes de junio de 2018.
Huma Abedin anuncia su separación del excongresista Anthony Weiner.
Huma Abedin, una de las asesoras de mayor confianza de la candidata
presidencial demócrata, Hillary Clinton, anunció este lunes que se
separa de su marido, el excongresista demócrata Anthony Weiner.
El
motivo es el mismo que ha lastrado buena parte de su matrimonio, que
destruyó la carrera política de Weiner en 2011 y que hizo tambalearse
también la de su influyente esposa: el envío de fotos y mensajes de
cargado contenido sexual a otras mujeres.
El nuevo escándalo, destapado por The New York Post,
tiene un agravante, más allá de la reincidencia: Anthony Weiner no solo
posa en una de las fotos que mandó a una mujer en ropa interior,
tumbado en la cama, sino que su hijo pequeño sale a su lado. “Tras una larga y dolorosa consideración, y después de trabajar por
mi matrimonio, he tomado la decisión de separarme de mi esposo”, dijo
Abedin, de 40 años, en un comunicado remitido este lunes a varios medios
de comunicación estadounidenses. “Anthony y yo seguimos dispuestos a
hacer lo que sea mejor para nuestro hijo, que es la luz de nuestras
vidas”, agregó la asesora de Clinton, que además pidió respeto a su
privacidad “durante estos momentos difíciles”. Anthony Weiner y Huma Abedin, en enero de 2011. Charles DharapakAP
Anthony Weiner y Huma Abedin, en julio de 2013.ERIC THAYER (REUTERS) / EL PAÍS VÍDEO
El nuevo escándalo, destapado por The New York Post,
tiene un agravante, más allá de la reincidencia: Anthony Weiner no solo
posa en una de las fotos que mandó a una mujer en ropa interior,
tumbado en la cama, sino que su hijo pequeño sale a su lado.
“Tras una larga y dolorosa consideración, y después de trabajar por
mi matrimonio, he tomado la decisión de separarme de mi esposo”, dijo
Abedin, de 40 años, en un comunicado remitido este lunes a varios medios
de comunicación estadounidenses. “Anthony y yo seguimos dispuestos a
hacer lo que sea mejor para nuestro hijo, que es la luz de nuestras
vidas”, agregó la asesora de Clinton, que además pidió respeto a su
privacidad “durante estos momentos difíciles”.
Anthony Weiner y Huma Abedin, en enero de 2011. Charles DharapakAP
Según el New York Post, que entrevistó a la mujer con la que Weiner supuestamente se intercambiaba las fotos de contenido sexual, la relación de sexting se extendió de enero de 2015 hasta este mismo mes, mientras Abedin acompañaba a Clinton en la campaña que la tiene viajando por todo el país desde hace más de un año. La mujer con la que Weiner volvió a las andadas es el polo opuesto de
Abedin, que ha construido toda su carrera a la sombra de Clinton, a la
que conoció como becaria en la oficina de la primera dama de la Casa
Blanca en 1996 y de quien es asistente personal y asesora desde 2000. La
“otra” mujer, cuya identidad no ha sido revelada, es una “declarada
seguidora del candidato presidencial republicano, Donald Trump,
y de la Asociación Nacional del Rifle (NRA) que ha criticado en las
redes sociales tanto a Clinton como al actual presidente demócrata,
Barack Obama”, destaca el rotativo.
Tras mandar la foto con su hijo pequeño a su lado, en medio de un
intercambio de mensajes subidos de tono sobre salones de masaje en horas
de la madrugada del 31 de julio de 2015, Weiner tuvo un momento de
pánico al pensar que había tuiteado la foto en su cuenta en vez de
enviarla por un mensaje directo privado. Fue un error similar el que
destapó su costumbre de enviar fotos en ropa interior a mujeres en 2011, hecho que acabó con su hasta entonces prometedora carrera política. Después de un mea culpa público, Weiner intentó en 2013 relanzar su
carrera política presentándose a la alcaldía de Nueva York, maniobra que
fracasó cuando se conoció que el político había vuelto a enviar fotos
de sus genitales bajo el seudónimo de Carlos Danger.
Anthony Weiner, en Nueva York. TIMOTHY CLARYAFP
Este año se estrenó el documental Weiner, que expone crudamente la
implosión de la campaña a la alcaldía y la difícil posición de Abedin
que, como su mentora Clinton en el caso Lewinsky, tuvo que soportar la
humillación pública de apoyar a su marido tras conocerse su escándalo sexual. Hasta ahora, cuando el nuevo episodio, conocido en el tramo final de
una dura campaña electoral, ha colmado la paciencia de la mano derecha
de la candidata demócrata. Abedin, además, era consciente de que Weiner
siempre constituyó un flanco débil por el que se le podía atacar y, por
ende, a su jefa y amiga. “Su persona número uno, Huma Abedin, está casada con Anthony Weiner,
que es un depravado y un pervertido. No me gusta que Huma vaya a casa
por la noche y le cuente a Weiner todos los secretos”, dijo Donald Trump
a finales de julio en una rueda de prensa, recordaba este lunes el
diario Politico. El republicano no ha perdido ahora tiempo en explotar el asunto y
acusar otra vez a Clinton “negligencia”, insinuando de nuevo que Weiner
podría haber tenido acceso a información confidencial. “Me preocupa que Hillary Clinton fuera descuidada y negligente y
permitiera que Weiner tuviera tanta proximidad a información altamente
clasificada”, dijo el candidato republicano en un comunicado sobre el
“pésimo criterio” de su rival demócrata. “Esto no es más que otro
ejemplo del pésimo juicio de Hillary Clinton. Es posible que nuestro
país y su seguridad se hayan visto muy comprometidos por esto”, aventuró
Trump, que ataca constantemente a Clinton por el escándalo de los
correos electrónicos que envió desde su servidor privado durante su
etapa como secretaria de Estado, asunto en el que también sale a menudo
el nombre de Huma Abedin.