28 ago 2016
¿Una medida de seguridad?...............................................................Juan José Millás
Esta maldita sociedad de enfermos..............................................................Rosa Montero
Ciento veinte millones de niñas han sufrido un coito forzado.
AÚN RESUENAN los ecos del escándalo creado por Gustavo Cordera, ese viejo rockero argentino de 54 años proveniente de una banda alternativa llamada Bersuit Vergarabat.
Cordera, que va de moderno, soltó un roñoso pensamiento arcaico en una escuela de periodismo.
Dijo: “Hay mujeres que necesitan ser violadas para tener sexo porque son histéricas y sienten culpa por no poder tener sexo libremente”.
Luego ha intentado justificarse diciendo que se sacaron sus palabras de contexto
. Pamemas. Lo que dijo es exactamente lo que dijo, y además añadió otras perlas estupendas.
Por ejemplo, preguntado por las denuncias por abusos sexuales contra otros dos músicos, contestó: “Aldana hace mucho que coge con pendejas [menores], ¿ahora eso es abuso?”.
Se refiere al también cantante argentino Cristian Aldana, a quien la Fiscalía acusa penalmente de seis casos de abuso sexual agravado y corrupción de menores.
Qué criaturitas tan encantadoras estos buenos rockeros .
Pero lo más terrible del asunto no es que hayamos dado por casualidad con unos descerebrados y feroces machistas, con las ovejas negras que toda sociedad tiene.
No, lo peor es que no son ovejas negras, sino sucias, esto es, de un color parduzco de lo más común.
Transcribo la frase atroz de Cordera sobre las violaciones y lo que me acongoja es pensar en cuántos hombres (y quizá algunas mujeres) sentirán que en el fondo no le falta razón.
Y hablo de España en el siglo XXI y de los lectores de El País Semanal, no de los talibanes ni del Isis.
Porque a lo que nos estamos enfrentando es a una enfermedad social.
Nuestro mundo arrastra una honda, espantosa patología sexista que ningunea, tortura y sojuzga a las mujeres.
Si no estuviera tan asentada en nuestro cerebelo la idea de que las mujeres no tienen voluntad propia, de que en el fondo están hechas para el placer del varón y de que el hombre es el dueño de sus cuerpos y de sus destinos, no sucederían hechos tan alucinantes como la presunta violación colectiva de los sanfermines o tantas otras agresiones sexuales semejantes.
Veinteañeros aparentemente normales que, de pronto, parecen enloquecer y no sólo violan en masa a chicas jovencísimas, sino que además se sienten tan seguros y tranquilos ante lo que han hecho que incluso se graban llenos de jolgorio mientras las agreden.
Esa violencia real se asienta sobre la violencia mental y verbal de quienes opinan como Cordera.
Y por desgracia estamos tan acostumbrados a escuchar semejante tipo de basuras (ya digo que esta sociedad perversa nos educa a hombres y a mujeres dentro del sexismo) que conviene darle la vuelta al argumento para apreciar bien su aberración.
O sea, sería como decir que hay hombres que necesitan ser violados analmente porque el prejuicio machista les impide saber lo mucho que les gustaría ser atravesados por un varón.
Puede que ese sea exactamente el caso de Cordera, miren por dónde.
Puede que la violación de un gigante de dos metros le salve de sí mismo y de su histeria.
A fin de cuentas, ¿qué sabe el rockero de sus propios deseos y de su cuerpo?
Quien de verdad sabe lo que él necesita es su violador. En fin, le deseo amigablemente a Cordera que lo encuentre.
En 1993, la Asamblea General de la Onu firmó la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres.
Pero 23 años después no hemos avanzado nada: una de cada tres mujeres que hay en el mundo sigue sufriendo violencia física o sexual.
Ciento veinte millones de niñas (un poco más de 1 de cada 10) han sufrido un coito forzado, y 200 millones de niñas y mujeres han sido mutiladas en 30 países, la mayoría antes de los cinco años.
Y debo añadir aquí algo muy importante: este NO ES UN PROBLEMA DE MUJERES.
Es un asunto que nos atañe a todos, porque sin duda los varones también querrán librarse de esa marca infamante de verdugos y de violadores.
Se trata de una patología colectiva, y va siendo hora de que los muchos hombres y muchas mujeres a los que nos espanta la situación actuemos de manera radical.
O cambiamos la sociedad y la educación desde su misma base, o seguiremos viviendo en la enfermedad y en el delirio.
Las emociones humanas en el mundo.............................................................Gerver Torres
En contra de lo que pudiera parecer, las emociones positivas predominan
sobre las negativas entre la población global.
Aun así, una quinta parte experimenta rabia y tristeza gran parte de los días.
En España gana la sensación de sentirse respetado.
L A PROLIFERACIÓN diaria de noticias angustiosas desde múltiples lugares del planeta nos puede hacer creer que en el mundo prevalecen emociones y experiencias negativas, como la rabia, el estrés o la preocupación, sobre aquellas otras de signo positivo como el disfrute, la risa, el sentirse respetado o bien descansado.
No es así.
Gallup pregunta a la gente en alrededor de 140 países sobre diez emociones o experiencias, cinco positivas y cinco negativas, que pudieron haber experimentado durante el día anterior a la encuesta. Luego, con las respuestas obtenidas crea un índice para cada categoría.
Van de 0 a 100, y los valores más altos indican mayor prevalencia de las emociones de que se trate.
Al mirar el índice mundial de emociones positivas, destacan dos cosas: lo elevado del número y lo estable en el tiempo.
En los últimos 10 años, que son los que lleva Gallup haciendo estas mediciones, ese índice se ha movido entre 68 y 71.
Ha permanecido en 71, su valor más alto, durante los últimos tres años.
¿Qué dice la gente? El 85,5% de la muestra mundial se sintió respetada durante la mayor parte del día anterior a la entrevista; el 71% rio o sonrió; el 69% disfrutó; el 67% se sintió bien descansado; el 53,5% hizo o aprendió algo interesante.
Es decir, en general, y a juzgar por lo que dicen los propios entrevistados, el mundo no lo está pasando tan mal.
Por supuesto, hay países que atraviesan situaciones muy difíciles, como Siria, cuyo índice global lo coloca en el último lugar del planeta en emociones positivas.
Allí, ninguna de estas llega a ser experimentada ni siquiera por la mitad de la población.
Pero los países en esa situación son los menos. En el caso de España, el índice de experiencias provechosas ha estado en alza durante los últimos cuatro años, si bien ese incremento es, en buena medida, una recuperación de los valores alcanzados entre 2008 y 2011.
Entre las vivencias positivas que Gallup evalúa, la predominante entre los españoles es la de sentirse respetado, que, con el 93,8% de respuestas positivas, se convierte en uno de los porcentajes más altos en el mundo.
En el extremo opuesto se encuentra la experiencia de haber disfrutado gran parte del día anterior, a lo cual responde afirmativamente casi un 65% de la muestra; una proporción de todas maneras alta.
Entre las variables analizadas que mejor predicen las emociones positivas están la existencia de redes sociales en las cuales la gente encuentra apoyo, así como la generosidad y la libertad.
Mientras que los ingresos o el dinero son el predictor individual más importante de cuán feliz la gente afirma sentirse, no lo es así de las emociones positivas que experimenta.
Una mayor ganancia nos puede hace pensar que somos más felices, pero no necesariamente nos hace experimentar más sensaciones gratas en nuestra vida diaria.
Por otro lado, está el índice de emociones negativas.
En los últimos 10 años, este índice se ha mantenido también en un rango bastante estrecho, entre 24 y 28, siendo este último valor el que alcanzó en 2015.
Valga aclarar que las experiencias positivas y negativas no están inversamente relacionadas; es decir, que porque una persona perciba mucho de unas, no va a tener poco de las otras.
Hay individuos y poblaciones que reportan altos niveles de sensaciones de los dos tipos a la vez, lo cual nos lleva a referirnos a ellas como las más emocionales.
España, por ejemplo, aparece por encima del mundo en ambos tipos de experiencias.
¿Cuáles son las emociones negativas que experimentan los valores más altos y más bajos?
Mundialmente, el estar preocupado es la sensación negativa más extendida.
En 2015 lo soportaba el 39% de la población mundial; y en el caso de España un porcentaje aún mayor, un 47.
A la preocupación le sigue el estrés (34%), el dolor físico (31%), la tristeza (23%) y la rabia (20%).
Como es de suponer, estas experiencias negativas también se distribuyen de manera desigual en el mundo.
Los países en guerra como Siria e Irak reflejan estados de tristeza y rabia muy extendidos que afectan a la mayoría de la población.
Este cuadro general de emociones positivas y negativas nos dice que, si bien el mundo no anda tan mal como a veces creemos, hay materia para pensar: ¿no sigue siendo mucho que alrededor de una quinta parte de la población mundial esté experimentando rabia y tristeza gran parte de sus días?
Si usted lo cree así, ahora tiene un motivo más para preocuparse.
Aun así, una quinta parte experimenta rabia y tristeza gran parte de los días.
En España gana la sensación de sentirse respetado.
L A PROLIFERACIÓN diaria de noticias angustiosas desde múltiples lugares del planeta nos puede hacer creer que en el mundo prevalecen emociones y experiencias negativas, como la rabia, el estrés o la preocupación, sobre aquellas otras de signo positivo como el disfrute, la risa, el sentirse respetado o bien descansado.
No es así.
Gallup pregunta a la gente en alrededor de 140 países sobre diez emociones o experiencias, cinco positivas y cinco negativas, que pudieron haber experimentado durante el día anterior a la encuesta. Luego, con las respuestas obtenidas crea un índice para cada categoría.
Van de 0 a 100, y los valores más altos indican mayor prevalencia de las emociones de que se trate.
Al mirar el índice mundial de emociones positivas, destacan dos cosas: lo elevado del número y lo estable en el tiempo.
En los últimos 10 años, que son los que lleva Gallup haciendo estas mediciones, ese índice se ha movido entre 68 y 71.
Ha permanecido en 71, su valor más alto, durante los últimos tres años.
¿Qué dice la gente? El 85,5% de la muestra mundial se sintió respetada durante la mayor parte del día anterior a la entrevista; el 71% rio o sonrió; el 69% disfrutó; el 67% se sintió bien descansado; el 53,5% hizo o aprendió algo interesante.
Es decir, en general, y a juzgar por lo que dicen los propios entrevistados, el mundo no lo está pasando tan mal.
Por supuesto, hay países que atraviesan situaciones muy difíciles, como Siria, cuyo índice global lo coloca en el último lugar del planeta en emociones positivas.
Allí, ninguna de estas llega a ser experimentada ni siquiera por la mitad de la población.
Pero los países en esa situación son los menos. En el caso de España, el índice de experiencias provechosas ha estado en alza durante los últimos cuatro años, si bien ese incremento es, en buena medida, una recuperación de los valores alcanzados entre 2008 y 2011.
Entre las vivencias positivas que Gallup evalúa, la predominante entre los españoles es la de sentirse respetado, que, con el 93,8% de respuestas positivas, se convierte en uno de los porcentajes más altos en el mundo.
En el extremo opuesto se encuentra la experiencia de haber disfrutado gran parte del día anterior, a lo cual responde afirmativamente casi un 65% de la muestra; una proporción de todas maneras alta.
Entre las variables analizadas que mejor predicen las emociones positivas están la existencia de redes sociales en las cuales la gente encuentra apoyo, así como la generosidad y la libertad.
Mientras que los ingresos o el dinero son el predictor individual más importante de cuán feliz la gente afirma sentirse, no lo es así de las emociones positivas que experimenta.
Una mayor ganancia nos puede hace pensar que somos más felices, pero no necesariamente nos hace experimentar más sensaciones gratas en nuestra vida diaria.
Por otro lado, está el índice de emociones negativas.
En los últimos 10 años, este índice se ha mantenido también en un rango bastante estrecho, entre 24 y 28, siendo este último valor el que alcanzó en 2015.
Valga aclarar que las experiencias positivas y negativas no están inversamente relacionadas; es decir, que porque una persona perciba mucho de unas, no va a tener poco de las otras.
Hay individuos y poblaciones que reportan altos niveles de sensaciones de los dos tipos a la vez, lo cual nos lleva a referirnos a ellas como las más emocionales.
España, por ejemplo, aparece por encima del mundo en ambos tipos de experiencias.
¿Cuáles son las emociones negativas que experimentan los valores más altos y más bajos?
Mundialmente, el estar preocupado es la sensación negativa más extendida.
En 2015 lo soportaba el 39% de la población mundial; y en el caso de España un porcentaje aún mayor, un 47.
A la preocupación le sigue el estrés (34%), el dolor físico (31%), la tristeza (23%) y la rabia (20%).
Como es de suponer, estas experiencias negativas también se distribuyen de manera desigual en el mundo.
Los países en guerra como Siria e Irak reflejan estados de tristeza y rabia muy extendidos que afectan a la mayoría de la población.
Este cuadro general de emociones positivas y negativas nos dice que, si bien el mundo no anda tan mal como a veces creemos, hay materia para pensar: ¿no sigue siendo mucho que alrededor de una quinta parte de la población mundial esté experimentando rabia y tristeza gran parte de sus días?
Si usted lo cree así, ahora tiene un motivo más para preocuparse.
El cadáver gratuito.................................................................................... Juan Tallón
Pensé en una anécdota del estreno de 'La ventana indiscreta' cuando un portavoz de Ciudadanos dio 48 horas al PP para cerrar un acuerdo, o todo se iría al traste.
En el estreno de La ventana indiscreta, en 1954, Alfred Hitchcock estaba sentado al lado del actor Joseph Cotten y su mujer, la pianista Leonore Kipp.
La proyección discurrió con normalidad hasta la escena en la que Grace Kelly registra la habitación del asesino, y de pronto este aparece por el pasillo.
Kipp se puso tan nerviosa en su butaca que se volvió hacia su marido, lo agarró por un brazo y le dijo: “Haz algo, haz algo”.
No soportaba tanto suspense.
Pensé en esta anécdota cuando un portavoz de Ciudadanos dio 48 horas al PP para cerrar un acuerdo, o todo se iría al traste.
“El tiempo se acaba”, añadió, intensificando el suspense.
El ultimátum sonó como un grito en la oscuridad, después del cual se escucha un “¡ohhhh!”
Si dos partidos rivales pretenden establecer un acuerdo, las reglas de la narración casi los obligan a que, un poco antes de sellarse, parezca que va a descarrilar.
Eso removerá al espectador en su silla.
Lo contrario sería sensato, eficaz y aburrido. Incluso podría despertar suspicacias.
En cambio, la amenaza del fracaso empuja el relato hacia delante. Cosa distinta es que el ultimátum sea un recurso trillado, predecible, que se emplea hasta para obligar a los niños a comer lentejas.
Llega un día en que no da miedo.
Este peligro también lo advirtió Hitchcock, mientras buscaba el mejor modo de hacer creer al espectador que un personaje podía acabar asesinado.
El director británico le explicó a François Truffaut durante la entrevista de cincuenta horas que mantuvieron en 1962, que lo habitual es filmar “una noche oscura” en la plaza de una ciudad y situar a la víctima “de pie en el círculo luminoso de un farol”, mientras espera.
A continuación, se añade un primer plano de un gato negro a la carrera, otro de una ventana más allá de la cual se intuye el rostro de alguien que mueve los visillos, y, finalmente, se ve un coche negro aproximándose.
Ya todo está preparado para que intenten asesinar al personaje.
Muy utilizado, puede que el espectador ya no se tape los ojos, muerto de miedo.
En cierto sentido, PP y Ciudadanos cumplen también con lo que se hace habitualmente en caso de negociación: amenazar con que el pacto se va a pique.
Pero ¿es suficiente? Para Hitchcock no lo sería.
En Con la muerte en los talones quiso grabar lo contrario a la escena oscura del farol, y producir el mismo suspense.
¿Qué hizo? Trasladar a Cary Grant a una llanura desierta, a pleno sol, sin ventanas, ni gatos, ni banda sonora, y en ese escenario rodar cómo alguien intentaba matarlo desde una avioneta.
Cabe alegar que una negociación no es ningún intento de asesinato. Verdad.
No sería la primera vez, sin embargo, que un acuerdo deja cadáveres al acabar, a veces amistosamente.
No parece que vaya a ser el caso del pacto PP-Ciudadanos.
Y eso que no hace tanto que Rivera soñaba con deshacerse de Rajoy.
Pero una escena así, con un cadáver caído del cielo, gratis, no consiguió rodarla ni Hitchcock.
Y lo intentó. Fascinado por las fábricas de automóviles de Ford, trabajó en una escena dialogada entre Cary Grant y un contramaestre de la fábrica ante una cadena de montaje.
Tras ellos -le contó a Truffaut-, el automóvil empezaría a ajustarse pieza a pieza, desde cero.
Al final del diálogo, Grant y el empleado se volverían a contemplar el coche totalmente montado a partir de un simple tornillo, y comentarían: “¡Es formidable, eh!”.
Y en ese instante, abrirían la puerta del automóvil y caería un cadáver.
A Truffaut le pareció una idea maravillosa. Pero se suscitaba un problema. ¿De dónde había salido el cadáver?
Del coche no, porque al principio de la escena no era más que un tornillo.
El cadáver había caído de la nada, sin más.
La idea era tan bella y gratuita que Hitchcock, que amaba las escenas gratuitas, no logró integrarla en la historia.
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