Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

22 ago 2016

Los errores más comunes de las españolas en peluquería y maquillaje............................... RITA ABUNDANCIA

El estereotipo patrio se perfila tímido a la hora de mostrar su verdadera personalidad y poco dado a probar cosas nuevas.

 

Los errores más comunes de las españolas en peluquería y maquillaje
Para las españolas estar morena es sinónimo de estar guapa.
Foto: Getty
 Un pasatiempo a realizar en los aeropuertos internacionales es jugar a descubrir la nacionalidad de los transeúntes.
 No hay que generalizar, pero los estereotipos se cumplen en muchas ocasiones. 
La norteamericana, excesivamente artificial y orgullosa de serlo; la inglesa, para la que el adjetivo excéntrico dista mucho de ser peyorativo sino algo deseable, aunque sea en pequeñas dosis; la francesa, con su elegancia natural o la nórdica, con su interesante versión del minimalismo coqueto y confortable.
 Las españolas somos también fácilmente identificables, aunque tal vez necesitaría tener otra nacionalidad y vivir fuera para poder definir el estilo patrio en una sola frase.
 Lo que se conoce como perspectiva para tener una visión de conjunto. 
Si me atrevería a apuntar esa compartimentación que divide a las compatriotas en grupos fácilmente identificables, estéticamente, y que cumple a rajatabla ciertas reglas. 
 Plantillas de las que uno no puede salirse.
 La señora de clase alta, con la ropa como acabada de comprar que no olvida su pañuelo para viajar en avión; la mochilera, a la que le está prohibido el maquillaje o cualquier tipo de frivolidad; la funcionaria, que en sus vacaciones visita las capitales europeas y es adicta al normcore en cuerpo y alma o la seguidora de tendencias, aunque éstas últimas no la sigan a ella.
Lo más acusado en la mujer española es el miedo a desarrollar la propia personalidad, a sobresalir, a ser diferente”, comenta Sara Largo, directora de tuasesordeimagen.es y presidenta de la Asociación Española de Asesores de Imagen y Personal Shoppers (ASEDAI). “Somos muy conservadoras, incluso en Madrid que, si la comparamos con otras capitales europeas a nivel estético, es muy poco vanguardista.
  Asesoro en cuestión de imagen a muchas ejecutivas, profesionales que han llegado muy alto gracias a su esfuerzo y siempre me piden lo mismo: quieren estar bien y correctas pero pasar desapercibidas.
 Cero concesión a la frivolidad o feminidad en un mundo laboral dominado por hombres, porque su mayor temor es que los demás piensen que han alcanzado su estatus por razones al margen de los estrictos méritos profesionales”, apunta Largo.
El alto poder adquisitivo no va siempre unido a un mismo nivel cultural.
 Algo que se aprecia en todo el mundo y que, en España, deja su huella.
 “Una persona cultivada lo refleja en su forma de vestir y arreglarse. Pero, a veces, tener dinero se traduce aquí en llenarse de colores, maquillarse en exceso o adornarse con excesivas joyas o abalorios”, apunta esta asesora.
 Envejecer con dignidad es otra de las asignaturas pendientes de la estética nacional, que pierde con los años.
 La juventud es siempre una garantía de buen aspecto pero, una vez perdida se encuentran pocos ejemplos de lo que es mantener la naturalidad y el estilo. 
“Más que intentar parecer más joven, lo deseable sería conservarse lo mejor posible, dentro de la edad que uno tiene. 
Yo soy partidaria de abrazar el minimalismo a medida que se cumplen años.
 Hay que ser cada vez más austera y apostar por colores neutros, pero veo que aquí mucha gente hace lo contrario y, por ejemplo, en ropa se decantan por los estampados o brillos”, sostiene Sara Largo.
Al final, todas acabamos rubias
La máxima de que los tonos claros suavizan los rasgos ha hecho que la mayoría de la población, pasados los 40, tenga el mismo color de pelo
. Sin embargo, Yolanda Aberasturi, la prestigiosa peluquera vasca, matiza que “esta regla es aplicable si se tiene la tez blanca, pero si la piel es morena o aceitunada hay que tener cuidado porque se puede conseguir el efecto contrario”.
 Sara Largo es partidaria de seguir la naturaleza con alguna ayuda extra, “nuestro color natural de pelo es, casi siempre, el que más nos favorece porque va acorde con el tipo de piel. 
Se puede aclarar uno o dos tonos con los años, pero no más. 
Yo siempre digo que lo ideal es conseguir el que teníamos de pequeños, antes de que empezara a oscurecerse.
 Una de las primeras cosas que hacemos cuando alguien nos pide asesoría en imagen es hacer un estudio del color para ver los que más le favorecen.
 Pero, debido a una mala elección en el tinte, en muchos casos el color que le va bien al pelo no corresponde con el de la piel y hay un desajuste”.
Ni que decir tiene que las canas son, todavía, el pecado nacional, aunque cada vez hay más mujeres que se atreven a llevarlas y que deben soportar las reprimendas de sus compañeras de género, ¡ay si te tiñeras, parecerías 10 años más joven! 
En opinión de Aberasturi, “el problema del look con canas es que hay que cuidarlo minuciosamente.
 El corte es fundamental al igual que los cuidados para evitar tener un aspecto desaliñado o que el pelo blanco se vuelva amarillo o crespo.
 Pero, debidamente atendido, da un toque de sofisticación natural”.
El abuso de las mechas o su mala utilización tiene también un capítulo en la estética capilar española.
 “Hay muchas formas de hacerlas para conseguir un efecto natural y no recargarlas en exceso.
 Lo ideal es dibujarlas de forma degradada, muy suaves, tanto en color como en grosor.
 Hay que partir de la zona superior e ir disminuyendo en intensidad a medida que bajamos en largura”, señala la peluquera bilbaína.
errores en peluquería 
Maquillaje. Básicos hispanos: polvos bronceadores y kohl
“La relación de las españolas con respecto al maquillaje es más bien extremista. 
Están las que no se maquillan en absoluto y las que lo hacen en dosis excesivas”,
 apunta Pedro Cedeño, maquillador y peluquero para Talents. Según este profesional, los errores más comunes entre las españolas son “el abuso de los polvos bronceadores, que además se extienden por toda la cara; el kohl negro –esa raya que va por dentro del ojo- y el perfilador de labios, mal utilizado.
 A veces, incluso, sin el uso de color, solo con el gloss. La española tiene incrustado en su ADN que estar guapa es sinónimo de estar morena y tener buen color y uno de los fallos más corrientes es no dar con el tono adecuado para la base de maquillaje –tender a oscurecerla- y usar la misma para verano e invierno”.

Las españolas son más dadas a seguir las tendencias en moda que en maquillaje. 
Aquí, y según Cedeño, “suelen utilizar el mismo maquillaje toda la vida, una vez que dan con el que creen que más les favorece. Hay que decir que esta costumbre está cambiando con las nuevas generaciones, que parecen más preocupadas en aprender a utilizar mejor los productos y a combinarlos adecuadamente.
 La mayor parte de la gente que me hace preguntas son chicas jóvenes a las que maquillo, ¿qué color de labios me va mejor?, ¿cómo aplico la sombra de ojos o el antiojeras sin que parezca un oso panda?, ¿la manera correcta de usar las sombras de ojos? Intuyo que las nuevas generaciones se van a preocupar más en cuidar su piel y no tanto en taparla, como han hecho sus madres. Las mujeres de entre 40 y 50 están muy preocupadas en como hacerse pequeños arreglos que las ayuden a mantener un buen aspecto sin que se note demasiado, puesto que disponemos de sobrada información visual de lo que no nos gusta”.

El escaso interés en cambiar nuestra manera de maquillarnos y de seguir de forma inteligente las tendencias en este campo viene, según este profesional, de una falta de información adecuada.
 “La gente desconoce las novedades y corrientes en maquillaje y creo que la culpa de esto está en parte en los medios de comunicación.
 No hay revistas especializadas en el tema, solo las de moda tratan el asunto en unas páginas y, a veces, de una forma no demasiado clara ni explicativa.
 Cuando fui por primera vez a Nueva York me llamó la atención el hecho de que en las tiendas de cosmética todo el mundo estaba probando los productos. 
Aquí, hasta hace muy poco, la dependienta te veía con malos ojos si usabas el probador y te preguntaba si ibas a comprar algo.
 La televisión también parece algo desfasada y el maquillaje que llevan presentadoras y contertulios es muchas veces excesivo, sobrecargado. 
 La tecnología ha cambiado, tenemos pantallas de plasma que nos muestran hasta el último poro y los maquilladores todavía usan la misma técnica de años atrás”.
Las festividades o eventos importantes son momentos en los que la mayoría recurre a un peluquero, pero pocas contratan a un maquillador profesional para que saque lo mejor de una misma.
 La consecuencia es, según Cedeño, que “para muchas arreglarse es echarse años encima o disfrazarse y perder por completo su estilo y personalidad”.


 

La comedia perfecta.................................................................. Gregorio Belinchón

CON FALDAS Y A LO LOCO

Billy Wilder creó una combinación explosiva de gánsteres y travestismo con Marilyn Monroe, Tony Curtis y Jack Lemmon.


Tony Curtis, Jack Lemmon y Marilyn Monroe, en 'Con faldas y a lo loco'. VÍDEO:TCM
Cuando Fernando Trueba recogió su Oscar por Belle époque, el director español aseguró que no creía en Dios, sino en Billy Wilder, y que por eso le agradecía la estatuilla a él.
 Con toda la razón. Tal vez Wilder no fuera un genio en su sentido más restringido: el del individuo que reforma radicalmente el arte en el que trabaja (cosa que sí hicieron Eisenstein, Chaplin o Coppola), y habrá críticos -el mismo Wilder lo aseguraba- que defiendan la supremacía en el terreno de la comedia de Ernst Lubitsch sobre su discípulo Wilder… aunque la película más redonda de Lubitsch fue Ninotchka, con guion de su amigo. 
Wilder solo no se atrevió con un género: el western. 
 En el resto, sencillamente, fue un maestro: Traidor en el infierno, El gran carnaval, Días sin huella, Berlín Occidente, La tentación vive arriba, Irma, la dulce, Uno, dos, tres, Perdición, Testigo de cargo, Sabrina, Primera plana; Con faldas y a lo loco, Fedora, El crepúsculo de los dioses y El apartamento, entre sus mejores títulos.
Muy pocos artistas han entendido a sus congéneres como Billy Wilder, con su visión de una humanidad culpable, pero a la vez llena de vida. A lo mejor Dios no existe, sin embargo, Billy Wilder sí lo hizo, y podemos disfrutar de sus obras.
Wilder realizó Con faldas y a lo loco a finales de los años cincuenta, después de Testigo de cargo y antes de El apartamento. Palabras mayores.
 Con esta comedia ambientada en los años veinte, comenzarán en la carrera de Wilder las colaboraciones con Jack Lemmon, con el que rodará seis películas más, y será su segundo trabajo con el guionista I. A. L. Diamond.
 Con su primer gran colaborador, Charles Brackett, Wilder sí tuvo una gran amistad; con Diamond, sin embargo, solo una relación profesional y de respeto mutuo.


Tony Curtis, Jack Lemmon y Marilyn Monroe, en 'Con faldas y a lo loco'. VÍDEO:TCM

 
El trío protagonista, en el rodaje en el hotel Del Coronado.
Wilder siempre sospechó que había una gran historia tras la comedia alemana Ellas somos nosotros, que a su vez se basaba en una película francesa, Fanfare d’Amour, de 1935.
 En ambos títulos los músicos protagonistas se disfrazan por hambre y se travisten y acaban ligando con una chica sexy.
 Cuando el cineasta y Diamond retomaron el proyecto, se lo vendieron a los hermanos Mirisch, quienes aprobaron un presupuesto de tres millones de dólares.
 En febrero de 1958, Wilder se acercó a la mesa que ocupaba Jack Lemmon en el restaurante Dominick’s y le dijo: “Tengo una idea para una película en la que me gustaría que intervinieras”. “Siéntate”, le ofreció el actor.
 “Ahora no tengo tiempo, pero te digo de qué trata. Son dos hombres que huyen de unos gánsteres porque corre peligro su vida, se disfrazan con ropa de mujer y se unen a una orquesta femenina”. En cuanto a la época en que se desarrolla esta comedia, Diamond explica: “Cuando la ropa de todo el mundo parece excéntrica, un hombre vestido de mujer no resulta llamativo”.
 Wilder fue quien encontró la clave de la huida: la matanza del día de San Valentín en el Chicago de 1929.
 
Curtis y Lemmon, en maquillaje.
A pesar de que Jack Lemmon ya había ganado un Oscar, no tenía tirón en taquilla, así que, según Tony Curtis, pensaron en él, Frank Sinatra y Mirzy Gaynor como trío protagonista.
 Wilder había conocido a Curtis en el rodaje de El gran Houdini y fue él quien apostó por el actor. 
En mitad de su contrato de siete años con Universal, Curtis fue cedido sin problemas a Mirisch. 
El siguiente a convencer fue Frank Sinatra. 
Billy Wilder quedó a comer con él. Nunca apareció.
 Marilyn Monroe llegó al proyecto tras enviar una carta a Wilder en la que confesaba con cuánto afecto recordaba su trabajo en La tentación vive arriba. 
 Por más pesado que hubiese sido aquel rodaje, a Wilder siempre le había parecido estupenda su actuación.
 “El papel de Sugar era el más flojo, así que el truco era que lo interpretara la actriz más fuerte”.
 Probablemente el sentimiento mostrado en la carta fuera cierto. Sin embargo, también era verdad que el matrimonio Arthur Miller - Marilyn Monroe necesitaba dinero para pagar los elevados gastos legales que estaba suponiendo el enfrentamiento de Miller contra el Comité de Actividades Antiamericanas. 
Monroe firmó tras haber leído sólo un resumen de dos páginas. Posteriormente renegó de él: comentó que era otro papel de rubia tonta, justo del tipo de los que quería alejarse.
Tampoco se dio cuenta de que la película era en blanco y negro hasta que no vio las tomas diarias en el rodaje.
 “Le dije que estaba muy bella, y que el blanco y negro era mucho más interesante que el color.
 Que lo necesitábamos para que no se notara el maquillaje de Curtis y Lemmon y por dónde se habían afeitado”, comenta Wilder. 
En abril de 1958 el trío protagonista, con Lemmon en el papel que iba a interpretar Curtis y Curtis en el de Sinatra, firmó el contrato. Monroe cobró 200.000 dólares más un 10% de los ingresos brutos. Los chicos, 100.000 dólares y otro porcentaje de los ingresos. Wilder, un fijo de 200.000 dólares más otro buen pellizco de los beneficios de taquilla. 





El relajado ambiente prerrodaje ya se estropeó en la fiesta que Harold Mirisch organizó para celebrar el regreso de Monroe a Hollywood.
 Allí Miller pilló por banda a Wilder y a Diamond, y les sermoneó sobre cómo debían rematar el texto.
 Al director no le hizo ni pizca de gracia. En julio empezaron los ensayos.
 Wilder recordaba con afecto a Barbette, un travesti al que había conocido en Berlín y París, y le trajo de su retiro para que diera clases a Lemmon y a Curtis. 
Porque no todo era cuestión de maquillaje, cejas depiladas y pechos falsos bien puestos.
 Tony aprendió muy rápido. “Yo mezclaba el estilo de Barbette con las maneras de Mae West, que marcaba mucho el movimiento de caderas mientras andaba, y con los gestos de mi madre”, recuerda el actor.
 Pero Lemmon fue harina de otro costal. Barbette pronto lo dio por imposible.
 Su Daphne no tenía ninguna gracia ni estilo.
 “El mentecato que yo interpretaba no podía mostrar mucha pericia andando con tacones. 
Tenía que hacerlo solo lo bastante bien como para parecer una mujer torpe”, se defendía Jack
. A cambio su Daphne era un ser incontenible. El personaje masculino de Lemmon era un quejica; su álter ego, una mujer con mucha iniciativa desde el mismo momento que le grita a Sweet Sue: “¡¡Soy Daphne!!”.
 El gran Orry-Kelly, que iba a confeccionar el vestuario de Marilyn, también crearon el de los chicos.
 Curtis cuenta: “Él y su ayudante toman las medidas a Jack. 
Tanto de manga, tanto de cintura, tanto de cuello... Después entro yo.
 Tanto de cadera, tanto de cintura, tanto de pierna... Salgo y entra Marilyn. 
Lo mismo. Tanto de cintura, tanto de brazo. Y Orry-Kelly le suelta: ‘¿Sabe? Tony tiene un culo mejor que el suyo’. Marilyn se desabrochó la blusa, se sacó un pecho y le respondió: "Pero no tiene tetas como estas”.
 Curtis remata asegurando que los pechos de Monroe eran un desafío constante a la gravedad.
El éxito en las pruebas de maquillaje era fundamental para que el público se creyera la trama. 
“Billy nos envió al baño de mujeres del estudio”, rememora Curtis. “Nos pusimos delante de un espejo a retocarnos el maquillaje mientras entraban y salían las chicas.
 Las saludábamos y ellas nos correspondían con risas.
 Tras un rato, sale la última, yo le suelto: "¡Adiós!"; y ella me mira y dice: "Hasta luego, Tony". 
La idea general era que yo acentuara un estilo Grace Kelly, y Jack... bueno, Jack debía acercarse a una prostituta”.
 Cuando arrancó el rodaje, el 4 de agosto de 1958, Wilder y Diamond se reunían, tras la jornada laboral del plató, a pulir el libreto de ocho y media a once de la noche.
La filmación comenzó en los estudios Goldwyn en Hollywood.
 A esas alturas el título de la comedia había cambiado de Not tonight Josephine a Some like it hot, traducible libremente como A algunos les va la marcha.
 Monroe llegaba a tiempo al estudio, pero tarde al rodaje.
 Se entretenía en su camerino sola o con su maquillador, su peluquera y Paula Strasberg, la esposa del mítico Lee, el hombre que llevó el método de interpretación de Stanislavski a Estados Unidos gracias a la academia Actors Studio. 
 Durante esos primeros días ya quedó claro que el rodaje iba a convertirse en uno de los más difíciles de la historia. 
Wilder les dijo a Lemmon y a Curtis: “Cuando ella lo haga bien, esa será la toma buena.
 Así que no os metáis donde no os llaman”. “Nunca he oído instrucciones tan inteligentes como las que le daba Billy”, comentaba Lemmon, “pero nada surtía efecto hasta que ella se convencía de que había salido bien. 
 Simplemente le decía una y otra vez: "Lo siento, tengo que volver a hacerlo". Y si Billy le aconsejaba: "Bueno, te diré una cosa, Marilyn, si fuera posible que...", entonces ella respondía: "Espera un momento, Billy, ahora no me hables porque olvidaré cómo quiero hacerlo”.
 La culpable de esas dudas era Paula Strasberg. Cada vez que se oía el “¡Corten!”, la actriz miraba a su maestra.
 Un día, harto, tras parar el rodaje, Wilder se dio la vuelta y gritó: “Paula, ¿te parece buena esta toma?”. Strasberg nunca más volvió al plató.
 Con faldas y a lo loco está repleta, como todas las películas de Wilder, de grandes resoluciones visuales (como la de omitir a los chicos travistiéndose: pasamos de ellos como hombres a ellos / ellas cogiendo el tren), de frases ingeniosas y de multitud de anécdotas alrededor de su rodaje. 
La última: la secuencia final la escribieron los dos guionistas un fin de semana en el estudio
. El famoso “Nadie es perfecto” lo pilló Diamond de un chiste popular de la época. “No nos gustaba aunque no se nos ocurría nada mejor.
 Pensamos que en un doblaje posterior lo cambiaríamos. Pero llegamos a un preestreno en Westwood y el público estalló”.

  Con sus ganancias, Wilder aumentó su colección de arte con una pintura y un dibujo de Paul Klee, un cuadro de Egon Schiele y otro de Braque. 
 Él sí era perfecto.
 
Joe E. Brown y Jack Lemmon, en la secuencia final de 'Con faldas y a lo loco'.



 

 

La naturaleza al límite................................................................Juan Manuel García-Ruiz

Dicen que es el lugar más cruel de la Tierra. Situado entre Etiopía, Eritrea, Yibuti y el mar Rojo, el desierto salado del Danakil es de una belleza deslumbrante.
 Y también lo más parecido al infierno.
 En este rincón único, científicos españoles y franceses buscan los secretos del origen de la vida.
MÁS CALIENTE que las cavernas que esconden los cristales gigantes de Naica. 
Más irrespirable que los géiseres de Yellowstone o del Tatío.
 Pero en este desierto salado a 120 metros por debajo del nivel del mar, la Tierra ha sacado la mejor de sus paletas para crear un inimitable paisaje de formas minerales.
 Es el infierno del Dallol, en Etiopía.
En la superficie del continente africano, la geología está escribiendo una enorme Y.
 Lo hace porque la corteza oceánica emerge a la superficie abriendo titánicas grietas que se ensanchan a velocidades imperceptibles y que cuando se inundan se convierten en mares.
 Dos de esas grietas comenzaron a formarse hace 30 millones de años, y hoy son el mar Rojo y el golfo de Adén.
 La tercera, el pie de la Y, comenzó algo antes, aunque puede que se aborte.
 Aun así, ya ha dejado una inmensa marca que sube desde Tanzania a través de Kenia y Etiopía.
 En el punto de unión de esas tres grietas se encuentra un desierto de sal, la llamada depresión del Danakil, una extensión de más de 100 kilómetros cuadrados que a primera vista parece una interminable alfombra de sal, pero que esconde fascinantes fenómenos minerales y –quizá– también las respuestas a preguntas cruciales sobre la naturaleza de la vida.

Formaciones hidrotermales en lo más alto del Dallo, una mezcla de agua caliente, magma y minerales. El aire huele a azufre y al amanecer la temperatura sobrepasa ya los 30 grados. 
 Olivier Grunewald
Es lo que se denomina el Valle del Rift (valle de la grieta). 
En realidad, el Danakil no está cubierto por una alfombra, sino por un manto de sal de dos kilómetros de espesor depositado durante las sucesivas ocasiones en que el mar Rojo ha invadido esta depresión en los últimos 200.000 años.
 Bajo ese estrato salino existe un magma caliente que trata de alcanzar la superficie.
 El yacimiento de sal, plástico e impermeable, aguanta las embestidas magmáticas, pero se quebró finalmente dejando salir los líquidos, vapores y gases atrapados en su interior.
 Al cerro creado por el empuje del magma y moldeado por la mineralización se le conoce como el Dallol, un lugar que los afar, los pobladores de la región, consideran la morada de un espíritu maligno.
Al Dallol se sube por una cuesta color chocolate.
 Al amanecer, la temperatura ya supera los 30 grados. 
El paisaje es árido. No hay rastro de vida.
 El ambiente que se respira es inquietante, por el olor a azufre que percibes y por la presencia de los soldados etíopes que nos escoltan en esta insegura frontera con Eritrea.
El Dallol es un campo hidrotermal único.
 Por doquier hay fuentes termales donde el agua surge a borbotones a la temperatura de ebullición.
 Esa agua es en realidad una salmuera supersaturada en cloruro sódico.
 Cuando brota, toda esa sal que sobra cristaliza formando pilares que inicialmente son de un blanco brillante y puro.
 La acidez de las aguas es brutal, casi 500 veces más ácida que el limón.
 Tras la sal, cuando la temperatura del agua baja unas decenas de grados, condensa el azufre que pinta de amarillo flúor los pilares inactivos.
 Las aguas ácidas se embalsan gracias a represas construidas por la cristalización de la propia sal.
 El hierro, en contacto con el oxígeno de la atmósfera, se oxida bajando el pH hasta el valor más bajo medido en un medio natural, casi 10.000 veces más ácido que el limón.
 Las sucesivas mineralizaciones debidas a la oxidación tiñen las aguas de colores cálidos, desde el verde lima al verde jade, desde el naranja al rojo, los ocres y chocolates.
 Caminas sobre una costra de sal que sabes hueca y quebradiza. Notas que bajo los pies hay algo que amenaza con salir a la superficie. 
El intimidador borboteo que se oye y se siente bajo el suelo ardiente por el que escapan los gases y vapores hace que te pienses cada nuevo paso que das.
 Ese vapor de agua salada construye estructuras de fina costra que parecen huevos de sal.
. Cuando las fuentes termales surgen bajo el agua embalsada, la salmuera cristaliza formando una tubería por la que llega hasta la superficie.
 Allí precipita una costra circular alrededor del surtidor creando hermosas estructuras en forma de seta que parecen nenúfares flotando sobre aguas multicolores.
 Si a todo esto lo quieren llamar arte, subrayemos que es arte efímero.
 Todo es fugaz en el Dallol, como corresponde a la extraordinaria geodinámica de la zona. 
Todo es cambiante. Las zonas que ayer estaban tranquilas hoy tienen una inquietante actividad.
 Las fumarolas que ayer humeaban al oeste hoy lo hacen al este. Las flores de sal que lucían blancas hoy están amarillas, y pasado mañana, rojas.
 Y desaparecerán para germinar en otros lugares. A un par de kilómetros de aquí ha aparecido un incipiente campo de fumarolas y fuentes termales.
 Lo ha hecho junto a una laguna llamada “negra” cuya composición es una disolución saturada de una sal de magnesio.
 Nos llevó toda una tarde muestrear esa laguna, porque caer en ella era una muerte segura.
 El agua está a 70 grados centígrados y su concentración es tan alta que tiene la consistencia de un gel, del que debe ser imposible salir.
 . A unos kilómetros al sureste se ha formado otra laguna, llamada “amarilla”, mortalmente bella, decorada con nenúfares de sal y rodeada de cadáveres de aves engañadas por el diablo del Dallol que despiden un hedor repugnante.
QUEREMOS CONOCER HASTA QUÉ PUNTO ESTE INFIERNO Está yermo, o si ha sido colonizado por una vida microbiana

Los militares que nos escoltan han recibido la orden de abandonar el campamento.
 La frontera está llena de bandidos que andan al acecho y el cañón de sal que nos provee de la irrisoria pero única sombra que hay en los alrededores es un lugar difícil de defender por los jóvenes soldados que nos custodian.
 Bajamos apresuradamente del Dallol para recoger los laboratorios y nuestros bártulos. 
Un camión militar traslada el campamento a un lugar abierto, con visibilidad de 360 grados, desde donde vemos incluso las tranquilizadoras luces del poblado de Ahmed Ela. 
 Aquí, cada mañana nos despertamos contemplando el paso de las caravanas de camellos que los cristianos tigray conducen hacia el salar, donde los afar –musulmanes– cortan los bloques de sal que cargarán de vuelta hasta Berhale.
 Cada mañana es idéntica para ellos desde hace siglos.
 Es su fuente de riqueza.
 Un trabajo durísimo, anacrónico, que realizan con herramientas ancestrales sin la mínima protección del sol y de la sal.
 Un despropósito que hoy solo está justificado por la belleza y la épica.
Al verlos pasar tienes la certeza de que no solo lo mineral es inestable en el Dallol.
 El pasado de esta gente dura, elegante y orgullosa dependió de su habilidad para extraer la riqueza de esa sal que cargan, pero su futuro está supeditado a su capacidad para controlar la extracción de otras sales de otros metales que han puesto este desierto en el punto de mira de grandes compañías mineras. 





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El profesor García-Ruiz, autor de este reportaje, recupera agua a más de 100 grados en una chimenea hidrotermal. / OLIVIER GRUNEWALD.
 
Más allá de la belleza, que por sí sola justifica el estudio y la conservación de este museo mineral, el Dallol es importante por dos razones. 
La primera es conocer hasta qué punto este infierno está yermo o, si por el contrario, ha sido colonizado por una vida microbiana que cada día sabemos más universal.
 Buscar señales de esa existencia en estas condiciones extremas de acidez, salinidad y temperatura es la principal tarea de Purificación López-García y de su equipo de microbiólogos del francés Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS) y de la Universidad de París Sur.
Determinar los límites físico-químicos de la vida en la Tierra nos permitiría extender el tipo de ambientes en los que buscar vida en otros planetas y nos ayudaría a conocer mejor los primeros estadios de la vida en este, cuando su superficie debió ser menos hospitalaria que ahora.
 Por otro lado, se sospecha que en estos ambientes químicos extremos existen estructuras minerales autoorganizadas que pueden haber jugado un papel crucial en la Tierra primitiva, cuando aún no había aparecido la vida sobre un planeta que andaba jugando a crear las moléculas orgánicas que la permitirían.
 Esa búsqueda, desde los extremadamente alcalinos lagos de las tierras masáis de Kenia hasta estos lagos ultraácidos del territorio afar, es la tarea de mi equipo de cristalógrafos y geólogos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Trabajamos al alimón, entre París y Granada, al amparo de sendos proyectos del European Research Council, con la esperanza puesta en que esta tierra de Lucy, la australopiteco que alumbró el origen del hombre, desvele también secretos sobre el origen de la vida.

POR Juan Manuel García-Ruiz

Profesor de investigación del CSIC del Laboratorio de Estudios Cristalográficos (LEC) de Granada (España).

Desde el trópico de Cáncer: [Cuentos para la edad adulta] Hoy, con "Macario", de Juan Rulfo

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