Eugenia de
York revela en 'Harper's Bazaar' que su rutina comienza a las 6.45
horas con una sesión de ejercicio antes de ir a trabajar.
La princesa Eugenia, el pasado mes de junio en un servicio religioso oficiado en Londres. CORDON PRESS
La princesa Eugenia de York ha querido dar una visión realista sobre la nobleza en la última edición de Harper's Bazaar y, para ello, ha narrado su día a día entre las páginas del editorial de moda
. Con un vestido de 10.000 dólares firmado por Alberta Ferretti, la princesa, de 26 años, inicia la conversación asegurando que su jornada comienza a las 6.45 de la mañana.
Antes de ir a la oficina, Eugenia de York lee los correos
electrónicos y realiza una sesión de ejercicio, bien en un parque o en
un gimnasio solo para mujeres.
A las nueve de la mañana ya está lista
para entrar a trabajar —se maquilla en el coche: "Soy buena
maquillándome en marcha", relata— en la sede londinense de la galeríaHauser & Wirth. Esta princesa, que se confiesa devota del arte, se ocupa principalmente
de planificar proyectos especiales, apoyar a los artistas en la galería y gestionar eventos. "Sabía que no iba a ser pintora, pero sí tenía claro que
la industria era para mí. Me encanta ser capaz de compartir mi pasión
por el arte con la gente. Si alguien no entiende algo, tienes la
capacidad de sugerir: 'Quizá puedes verlo de esta forma'. Esto es lo que
encuentro más excitante de trabajar en una galería", cuenta Eugenia de
York a la revista de moda.
Las princesas y las reinas jóvenes han hecho de los altos
tacones su uniforme en eventos públicos, sin embargo Eugenia es clara:
"No los aguanto". Por eso, para trabajar en Hauser & Wirth
elige zapatos y botas planas. La prima de los príncipes Enrique y
Guillermo de Inglaterra explica que sus marcas favoritas para vestir son
Sandro, Maje, Zara y Topshop.
Eugenia de York se mantiene informada a diario
consultando medios en Internet, además su rutina laboral incluye leerse
entera la sección de arte del New York Times . Como buena millennial,
también conoce la importancia de las redes sociales y reconoce que
selecciona cuentas de Instagram para mantenerse al día de las novedades
de la industria del arte. Almuerza todos los días en Detox Kitchen, un
restaurante del moderno mercado del centro de Londres Kingly Court. "Hacen la mejor comida, y muy sana . Se suele formar cola fuera. Intento
no comer en mi mesa porque es mejor salir a que te de el aire,
especialmente en verano, además es muy divertido explorar el Soho. A lo
largo del día bebo desde té verde, café, Coca Cola Light o agua con
gas", afirma la nieta de Isabel II. Después de comer, en Hauser & Wirth suelen
mantener reuniones de equipo para discutir los proyectos, como el
próximo Biennale de Venecia, donde Phyllida Barlow representará a Reino
Unido y Mark Bradford, a Estados Unidos. Por la tarde, Eugenia de York
suele tener compromisos relacionados con su familia, pero en su oficina
son comprensivos: "Trabajo hasta las cinco de la tarde. Mi hermana Bea y yo somos patronas de algunas organizaciones de caridad. Además, tratamos de apoyar a mi abuela [la reina Isabel] y a mi abuelo en todo lo que podemos, porque para eso está la familia", explica.
Así que Eugenia vuelve a su casa para cambiarse de ropa y acude al evento que toque. "Me gusta probar nuevos looks,
no encasillarme. ¿Llevaste lo mismo dos veces? ¡Genial! ¿No lo hiciste?
¡Genial! Y si eso significa lucir un vestido verde de Sandro, ¡genial!
Lo llevé al cumpleaños de la abuela —Isabel II cumplió 90 años en mayo—".
Las princesas Eugenia y, a la derecha, Beatriz de York, en Ascot, en 2015. Cordon Press
Y, ¿qué colecciona alguien que lo tiene todo?
"Tarjetas de visita de restaurantes y billetes de avión. Un día los voy
a juntar todos y los voy a pegar en la puerta del armario de mi
habitación", asegura la hija de Sarah Ferguson
y el príncipe Andrés. Con esta frase se desvela también que Eugenia es
una amante de la gastronomía y que, en su ajetreado día, consigue sacar
tiempo para disfrutar de sus amigos alrededor de una mesa: "A mi novio y
a mis amigos les encanta probar nuevos sitios. Mis restaurantes
favoritos en Londres son Bocca di Lupo y el Palomar, en el Soho . A
veces también cocino para cenar, pero cuando estoy muy cansada... pido
una pizza al Basilico. Mi bebida favorita es el vodka con soda y un
montón de lima. Nadie supera eso". También hace confesiones que la acercan un poco más
al común de los mortales: "Me encanta ver la televisión y series. Ahora
estoy enganchada a Cómo defender a un asesino —Viola Davis es insanamente buena— y Outlander, mi favorita. Cuando estoy con Jack [Jack Brooksbank, su novio] vemos The Walking Dead, con la que estamos obsesionados. Creo que la próxima será Juego de tronos", asiente la princesa de York. Ni las princesas se libran de las consecuencias de
irse a la cama sin desmaquillarse, así que se lava el rostro con el
limpiador Eucalyptus & Mint de la marca Jo
Malone.
"Mi cuarto está lleno de fotografías que hicieron mis padres.
Hay una de un elefante expulsando agua que es increíble.
Y tengo zapatos
por todos los lados", describe sobre su habitación.
ampliar fotoLos duques de York con su hija en 2001, el día que la pricesa Eugenia iniciaba sus estudios en St. Georges School. cordon press
Sarah Ferguson y el príncipe Andrés se separaron en 1996,
seis años más tarde de que naciera Eugenia. Sin embargo, ella siempre
ha querido mantenerse al margen de las disputas de sus padres y confiesa
que lo más importante que tiene en su vida es su familia.
"Creo que la
gente se va a sorprender al saber que tengo un trabajo a tiempo
completo. Y que tengo unas barras de metal que me mantienen la espalda
recta.
Nací con escoliosis y me operaron a los 12
. Esas varillas viven
conmigo de forma permanente", finaliza Eugenia, tras relatar toda su
rutina diaria.
Un relato que quizá se ha animado a contar después de que
los medios británicos hayan criticado a su hermana, la princesa
Beatriz, por su ociosa forma de vida.
El avión de Emirates, tras sufrir un accidente en Dubái.EL PAÍS VÍDEO
Uno de los pasajeros que salió vivo la semana pasada del accidente de avión del vuelo EK521 en el aeropuerto de Dubái ha sido afortunado por partida doble. Mohammad Abdul Bashir Khadar,
originario de India y de 62 años, acaba de ganar un premio de lotería
de un millón de dólares (alrededor de un millón de euros) gracias a un
boleto que compró precisamente en ese mismo centro.
"He estado trabajando en Dubái desde hace 37 años.
Vivo una vida
sencilla, y ahora que es mi hora de retirarme, siento que Dios me dio
una segunda vida tras sobrevivir al accidente de avión, y que me bendijo
con este dinero", ha explicado Khadar al diario Al Arabiya
. El
afortunado ha utilizado el dinero para pagar los gastos del hospital en
el que atienden a su hijo, que sufre una parálisis causada por una
caída sucedida al poco de nacer.
Su número premiado fue el 0845 —elegido de manera aleatoria— y lo
compró en el mismo aeropuerto internacional de la ciudad árabe del que
el pasado tres de agosto salió como uno de los 300 supervivientes que
evitaron el incendio que calcinó el avión poco después de que
desembarcaran. En el accidente, murió un bombero.
El afortunado tiene la intención de retirarse dentro de cuatro meses y
dedicarse a algún "trabajo humanitario" de vuelta a su casa, en en el
estado de Kerala (India).
No quiere dar dinero a ninguna organización o
levantar un negocio, solo quiere salir y "ayudar a personas que
realmente lo necesiten".
Pues nunca hubiera pensado en el entierro de unas personas que matan y se matan, la verdad que recuerdo algo de forma muy vaga con los suicidas que no se enterraban en los habituales cementerios......serían cosas de las monjas pero no se hablaba de eso mucho, al limbo los no bautizados pequeñitos o no se contemplaba que fueran adultos. Pero era un tema muy lejano.....bueno eso de que no existe el limbo ya no recuerdo donde se quedarían...
El rechazo
de un imán a dar sepultura al asesino de un cura francés reaviva una
cuestión ya presente tras los ataques de Madrid, Nueva York y Londres.
Familiares y amigos del
terrorista de los atentados de París Brahim Abdeslam entierran sus
restos en Schaerbeek (Bélgica), el pasado 17 de marzo. AFP
Al día siguiente del atentado de Normandía, el imán de la mezquita
local dejó claro que no se hará cargo de la sepultura de Adel Kermiche, uno de los dos yihadistas que degolló a un sacerdote en plena misa.
A los pocos días rectificó, indicando que si la familia así lo pide, se
recurrirá a un religioso exterior a Saint-Etienne-du-Rouvray, donde
tuvo lugar el ataque y donde vivía Kermiche.
La delicada cuestión del
entierro de los terroristas yihadistas, que se ven como
“soldados” de un Estado virtual y reniegan de su ciudadanía, se ha
convertido en tristemente habitual en Francia.
La mayoría de los que han
atentado en los últimos años son franceses de segunda generación.
Antes
que Francia, Estados Unidos, España y Reino Unido se han enfrentado a
un dilema similar. Cada uno ha optado por respuestas diferentes.
“El imán de Saint-Etienne-du-Rouvray no quiere ocuparse del entierro
porque se trata del enemigo de todo el pueblo, incluso de toda la
humanidad, hay un problema de apropiación del cuerpo”, relata la socióloga Riva Kastoryano, autora de ¿Qué hacer con los cuerpos de los yihadistas? Identidad y Territorio (ed. Fayard), en el que compara lo ocurrido en Estados Unidos tras el 11-S, en España tras el 11-M y en Reino Unido tras los atentado del 7 de julio de 2005
.
“Estamos en guerra, pero de otro tipo, no existen héroes de guerra con
sus propios cementerios, ningún país quiere apropiarse esos restos”,
añade.
“Al final, se trata de un deber humanitario respecto a las
familias, que no tienen nada que ver”, concluye.
“En Estados Unidos, no se plantean la cuestión, para ellos es una
guerra en la que se niega al enemigo”, explica Kastoryano.
Tras el 11-S,
la principal preocupación ha sido la de separar los restos de los
terroristas de los de las víctimas entre la cenizas de las Torres
Gemelas.
Nadie reclamó los cuerpos de los 19 autores de los ataques,
procedentes de diferentes países y que habían viajado por medio mundo.
Según le indicó el FBI a la académica años después de los atentados, sus
restos seguían en sus dependencias. Oficialmente, no han sido
enterrados en ningún lugar
. El cuerpo del líder de Al Qaeda, detrás del
ataque, Osama Bin Laden, abatido en 2011 por las fuerzas
estadounidenses, fue por su parte lanzado al mar
. “El cuerpo en el agua
fluida, por oposición a la tierra firme, prueba la determinación de
Estados Unidos a hacerle desaparecer”, analiza en su libro.
En España, los siete terroristas que se detonaron en un piso de Leganés
un mes después de los atentados de Atocha, eran inmigrantes de primera
generación: cinco marroquíes, un tunecino y un argelino.
El Gobierno
español explica haber repatriado la mayoría de los cuerpos, pero en
Marruecos nadie confirma haber recibido esos restos mortales. “Impera la
censura y el silencio, nadie sabe nada”, cuenta Kastyorano.