Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

17 jul 2016

Europa o el milagro de los panes y los peces

Europa o el milagro de los panes y los peces

Crece el euroescepticismo mientras muchos vecinos anhelan la integración
Xavier Vidal-Folch
La Unión Europea es la región del globo más perjudicada por la gran recesión. 
Y se retrasa en recuperar su economía, su cohesión social y su vertebración territorial. 
Nuevos peligros acechan: la dificultad del manejo de las oleadas de refugiados, un débil horizonte económico mundial, las renovadas tensiones norte-sur y este-oeste.
 Pero todo eso no desmiente el hecho indiscutible de que durante los últimos 40 años la Europa comunitaria se ha multiplicado en tamaño y prosperidad. 
Por eso muchos vecinos quieren apuntarse al club, para seguir la estela de España o Polonia.
Pese a todos los desastres y angustias, Europa sigue siendo un modelo de éxito. 
Como sucedió con la bíblica multiplicación de los panes y los peces, la Unión Europea (UE) es hoy un club mucho más nutrido, relevante y potente que la Comunidad Europea de hace 40 años.
La Unión de hoy triplica a la Comunidad de entonces en número de Estados miembros socios del proyecto, que han pasado de nueve a 28. La duplica en habitantes, que han aumentado de 259 millones a 508 millones. 
 Y la multiplica por 16 en el tamaño de su economía: de 900.340 millones de euros en 1975 a 14’6 billones en 2015 (PIB en términos corrientes). 
 Incluso sus peores fracasos políticos pueden leerse como el envés de sus logros.
 Si el Reino Unido sufre más que nunca la tentación separatista, también sigue activada la pulsión atractiva del proyecto, puesto que muchos vecinos pretenden integrarse.

Si de puertas adentro crece el euroescepticismo, de puertas afuera otros países pugnan por asociarse entre sí mediante acuerdos regionales comerciales (Pacífico) o imitando el modelo de integración europeo (Mercosur).
 Si los Veintiocho han sido egoístas e inoperantes en el manejo del gran flujo de refugiados de las guerras de Siria y Libia en busca de asilo, sería iluso olvidar la obviedad de su causa.
 Que la Unión ha sabido garantizar a sus ciudadanos seis decenios de paz, su (cumplido) objetivo principal.
Además de por la paz, Europa es objeto del deseo por la prosperidad (y su reparto), que se contagia a quienes se incorporan. La UE es desigual. 
Mientras que la diferencia entre el Estado más próspero y el más pobre de los EE UU es del doble, el abismo entre Luxemburgo y Bulgaria es de casi seis veces.
 Pero ello deriva de la continuada absorción de miembros
. El grueso de los ingresados este siglo ostentaba en la fecha de su incorporación un PIB per cápita cercano a un tercio de la media.

Conviene interrogarse
sobre si podrá en el futuro
incrementar o mantener
sus logros del pasado

Winona Ryder: “Vuelvo al lugar que me corresponde”......................................... Rocío Ayuso

Tras dos años de retiro voluntario, la actriz regresa con la serie de Netflix ‘Stranger Things’.

Winona Ryder en el desfile de Marc Jacobs el pasado septiembre. CORDON PRESS / TRÁILER 'STRANGER THINGS'

Desde el momento en el que Winona Ryder abre la puerta para conversar con EL PAÍS, una ráfaga de nostalgia sabor años ochenta llena la habitación.
 La chica que solía usar botas Dr. Martens y tenía un aire gótico que enamoró Johnny Depp apenas ha cambiado
. "Me lo dicen mucho. Es agradable escuchar algo así. Pero, bueno...", suspira agradecida.
 Tampoco ha cambiado su tono de voz suave, como un susurro, que acompaña a sus ojos expresivos. Ryder, a sus 44 años, es la misma intérprete que con 17 años ya había conquistado Hollywood como musa de Tim Burton.
 Es la misma pero a la vez una mujer nueva, esa que sin pesares ni arrepentimientos confiesa que ha vivido
. "Y es toda una liberación, porque finalmente interpreto mujeres de mi edad.
 Me encuentro en el lugar que me corresponde", afirma la protagonista de Inocencia interrumpida (1999).
 Liberada pero, como siempre, tímida, porque Winona Ryder encontró la fama pero nunca la buscó.
Y esa dualidad la ha acompañado toda su carrera, en los momentos de gloria, en los de vergüenza ajena y en los que ahora disfruta, volviendo a aquello que más le gusta, la interpretación.

Desde el momento en el que Winona Ryder abre la puerta para conversar con EL PAÍS, una ráfaga de nostalgia sabor años ochenta llena la habitación.
La chica que solía usar botas Dr. Martens y tenía un aire gótico que enamoró Johnny Depp apenas ha cambiado.
 "Me lo dicen mucho. Es agradable escuchar algo así. Pero, bueno...", suspira agradecida.
 Tampoco ha cambiado su tono de voz suave, como un susurro, que acompaña a sus ojos expresivos. Ryder, a sus 44 años, es la misma intérprete que con 17 años ya había conquistado Hollywood como musa de Tim Burton.
  Es la misma pero a la vez una mujer nueva, esa que sin pesares ni arrepentimientos confiesa que ha vivido.
"Y es toda una liberación, porque finalmente interpreto mujeres de mi edad.
 Me encuentro en el lugar que me corresponde", afirma la protagonista de Inocencia interrumpida (1999). Liberada pero, como siempre, tímida, porque Winona Ryder encontró la fama pero nunca la buscó.
Y esa dualidad la ha acompañado toda su carrera, en los momentos de gloria, en los de vergüenza ajena y en los que ahora disfruta, volviendo a aquello que más le gusta, la interpretación.
El regreso de la última inspiración del diseñador Marc Jacobs se titula Stranger Things, una serie de Netflix donde interpreta a una madre trabajadora cuyo hijo desaparece súbitamente.
 La ficción ambientada en los años ochenta supone el vehículo que pondrá de nuevo a la actriz en el punto de mira.
 "Necesitaba tomarme un tiempo, poner mis pensamientos en orden, desenchufarme de todo y buscar otras cosas", confiesa la dos veces candidata al Oscar por La edad de la inocencia (1993) y Mujercitas (1994).
Estos dos últimos años en San Francisco los pasó estudiando Lingüística y Etimología.
 También fue oyente en las clases de Noam Chomsky en Berkeley
. "Con mis contactos tengo la suerte de asistir sin estar matriculada", ríe bribona la ahijada del escritor Timothy Leary que contaba con Allen Ginsberg o Lawrence Ferlinghetti como amigos de la familia.

Tiempo de reflexión

Además, aprovechó su retiro temporal para ver cine, mucho cine, "hasta 500 veces la misma película", recuerda. De Audrey Hepburn, Katharine Hepburn, Bette Davis, Gena Rowlands. "Papeles de mujeres rotas", apunta mientras añade que son sus preferidas.
 En este lapso ausente tuvo tiempo para disfrutar de su relación con el diseñador de moda Scott Mackinlay Hahn.
 "Llevo seis años muy felices", dice la estadounidense que por lo general es reservada con su vida privada.
 También fue un buen momento para reflexionar sobre sus años junto a Depp que como dice no tienen nada que ver con las acusaciones de abuso que pesan contra el actor.
 "No acabo de entenderlo", afirma confusa.
 "Lo nuestro fue hace mucho, mucho, tiempo y con ello no quiero ni desvirtuar la relación, que fue muy especial, ni aprovecharme de ella", antecede a su respuesta.
 "Pero yo solo conozco en Johnny a un tipo muy bueno, decente y maravilloso", le defiende.

 Volviendo al presente, Ryder no puede sentirse más satisfecha con su trabajo actual. 

Da igual que sea en televisión y parte de un reparto múltiple donde no se siente estrella. 

"Sé que es difícil de entender pero nunca quise ser el centro de atención. 

No me quejo y solo puedo dar las gracias por las oportunidades que he tenido en mi carrera, pero la fama te aísla.

 La presión me pudo cuando tenía 20 años. Ya me lo advirtieron y no lo entendí.

 Y mis 30 fueron años muy extraños, en eso estoy de acuerdo -acepta en una velada alusión al arresto y posterior juicio que vivió tras robar en unos grandes almacenes de lujo-. No quiero decir que saliera quemada pero lo que es cierto es que con la edad uno acaba sintiéndose más cómodo en su propia piel".

Un esfuerzo de titanes...................................................................Juan José Millás.



E S EVIDENTE que la cabeza humana está mal hecha, ya que no caben en ella todos los símbolos patrios.
 Ahí vemos el tricornio y la bandera, sí, pero dónde colocar la peineta, dónde la mantilla, dónde la bailarina flamenca, dónde el legionario con la camisa abierta, dónde la cabra, dónde la Virgen de la Macarena, por poner solo unos ejemplos.
 Estas son las cosas que le hacen dudar a uno de la existencia de Dios.
 De acuerdo en que cuando creó al hombre España no existía, pero debería haber imaginado que era una cuestión de tiempo.
 Entonces, ¿qué hacer cuando asistes a un partido de fútbol de la selección en el extranjero? ¿Con qué criterio eliges un tricornio, lo que implica arrinconar la montera del matador de toros? ¿No habría sido más lógico que, a los españoles por lo menos, nos hubiera creado con dos cabezas, incluso con dos cuerpos para ir simultáneamente de bailaor y de banderillero?
Hay países que se conforman con un símbolo. Estados Unidos tiene el dólar. Los suizos, el reloj de cuco. Los franceses, el queso camembert.
 Con esa simpleza carece de mérito desplazarse por el mundo. 
No tienes ni que facturar el equipaje porque te cabe todo, incluso las ideas, en una bolsa.
 Pero representar a España por ahí fuera requiere un esfuerzo de titanes, sobre todo cuando la tienes que representar en un estadio de fútbol, donde hay cientos de cámaras de televisión buscando el atuendo más étnico. 
No digamos si a lo netamente español, como lo señalado, te da por añadir la simbología de nacionalidades históricas tipo Cataluña o País Vasco.
 Un sinvivir, no me digas que no.
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Luis Sevillano
COLUMNISTAS-REDONDOS_JUANJOSEMILLAS

Voy a intentarlo..............................................................Rosa Montero

Me asombra y desconsuela que el nivel emocional del ser humano siga siendo tan voluble e insensato como el de los primeros pobladores de las cavernas. 


Exactamente cinco días después del deprimente Brexit recibí un e-mail de la empresa encargada de la promoción de la alcaldía londinense, London & Partners, preguntándome si me interesaría publicar en España un artículo escrito por su director general, Gordon Innes.
 El texto, traducido ya a nuestra lengua, explicaba con apasionado énfasis por qué Londres sigue siendo un destino global para los negocios, a pesar del desenlace del referéndum.
 El mensaje me dejó turulata, porque no tengo ninguna relación con London & Partners, ni con el alcalde de Londres, ni con Gordon Innes.
 Lo cual, unido al hecho de que tampoco dispongo de ningún medio en el que publicar el artículo, me hace pensar que han debido de mandar el texto a voleo a decenas de personas (a miles en todo el mundo en diversos idiomas), urgidos por un ataque de aguda desesperación que comprendo muy bien.
 Londres, mi amada Londres, cercada por las hordas retrógradas de su propio país y lanzada sobre una cáscara de nuez al furioso mar de la incertidumbre.
Ya se sabe que, tras el inesperado resultado, diversos medios publicaron que muchos ciudadanos pro-Brexit se habían arrepentido de su voto.
 La revista norteamericana Slate recogía tuits y entrevistas de tipos perplejos que decían que creían que no iban a ganar y que lamentaban haber votado de ese modo, y al parecer el día siguiente al referéndum cuestiones como “¿Qué va a pasar tras la salida de la UE?” y una desconcertante 
“¿Qué es la UE?” estuvieron entre las preguntas más googleadas  en Reino Unido. 
Supongo que los partidarios de la permanencia están intentando ridiculizar a los ganadores y exageran el número de ignorantes y de arrepentidos.
 Pero lo innegable es que el Brexit  ha vencido gracias a los votos de la gente mayor y proveniente de los pueblos más deprimidos. 
Me temo que la mayoría, en efecto, no debe de tener ni idea de lo que es la UE y que votaron por rabia ante su propia situación y sus carencias, por la sensación de que nadie les hace caso (de todo esto tiene en parte responsabilidad Europa) y por el peligroso populismo de unos políticos que les hicieron creer que la culpa de todo la tienen esos extranjeros de la UE y los emigrantes. 
Tras el Brexit  se han multiplicado los ataques racistas y xenófobos en Reino Unido. 
Estamos mal, muy mal.
 Recordemos que el nazismo triunfó en Alemania porque la sociedad se encontraba económicamente exhausta tras el Tratado de Versalles y el crash mundial de 1929.
 Y también entonces buscaron chivos expiatorios. Pero lo peor de todo esto es que esa ignorancia y esa irracionalidad política no son algo privativo de los británicos.
 Me asombra y desconsuela que el ser humano haya sido capaz de llegar a logros intelectuales y científicos tan tremendos como deducir un probable comienzo del universo hace 13.800 millones de años, o predecir las ondas gravitacionales y cien años después desarrollar una tecnología capaz de detectarlas, y que al mismo tiempo su nivel emocional siga siendo tan voluble, insensato y atrabiliario como el de los primeros pobladores de las cavernas.
 En nuestra vida ciudadana nos movemos por impulsos tribales, elementales. 
Por furibundias varias y sectarismos tenaces
. ¿Nos parecen irresponsables los que han votado el Brexit?  Yo misma caigo en esa irresponsabilidad, en esa frivolidad, diez veces al día; basta con que se me caliente un poco la boca al discutir, basta con que la pasión anegue y asfixie mi cerebro. 
Los humanos tenemos el corazón de yesca y ardemos enseguida.
Me gustaría que fuéramos capaces de aprender del Brexit. Y no hablo sólo de las enseñanzas políticas que deben extraerse, como la de construir una Europa más cercana al ciudadano y menos al servicio de los poderosos.
 No, la enseñanza que busco es más importante.
Sueño con una sociedad en la que todos nos esforcemos en reflexionar cada una de nuestras decisiones sociales.
 En la que procuremos estar por encima de la banalidad y los prejuicios. 
Einstein decía que para ser un buen científico hay que pensar durante una hora al día lo contrario que uno piensa. Creo que para ser un buen ciudadano también habría que hacer lo mismo. Yo voy a intentarlo.COLUMNISTAS-REDONDOS_ROSAMONTERO